Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

jueves, 10 de febrero de 2011

Leyenda de San Hermenegildo, el primer rey de Sevilla.

El dominio visigótico se afianza y organiza en España durante el reinado de Leovigildo. Asociado primero a su hermano Liuva, quedó después como único soberano en el año 573. Tan pronto como quedó solo, asoció al gobierno del reino a sus dos hijos, Hermenegildo y Recaredo, destinados en su proyecto a que le sucedieran en el trono visigótico, al menos, alguno de los dos. Este sistema para prevenir la elección del sucesor y asegurar la monarquía en la propia familia constituía un tiránico abuso del poder, en contra del principio germánico para la libre designación del monarca. Posiblemente a esta causa hubieron de atribuirse muchas de las conjuras abortadas durante su reinado, surgidas en el seno de la nobleza, que veía así menoscabados sus derechos al trono, y atizadas posiblemente por los reinos vecinos, deseosos de minar de cualquier forma la pujanza creciente de Leovigildo.
En segundas nupcias había contraído matrimonio con la viuda del rey Atanagildo, Godsuinta o Godvinta, de quien algún cronista nos dice que era tuerta de cuerpo y alma. Godsuinta, mujer elemental, tenía clavada en las entrañas una trágica espina, pues una de sus hijas, habidas de su primer matrimonio, Gelesuinta, casada con el rey franco Luilperico de Rouen, había sido asesinada por orden de su esposo, quien la hizo matar en el mismo lecho conyugal. El hecho de que un católico como Luilperico hubiera dado muerte a su hija dejó en el alma arriana de Godsuinta un poso tal de amargura y deseos de venganza contra todo lo católico, que tendría muy pronto trascendentales y sangrientas consecuencias.
El año 579 trajo jornadas jubilosas para el reino visigótico. En él se verificó el enlace matrimonial de la princesa Ingunde con el primogénito Hermenegildo. La esposa era nieta de la reina Godsuinta, que a su vez era madrastra de Hermenegildo.
Apoteósis de san Hermenegildo. Francisco de Herrera, el Viejo, hacia 1.620.
Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Las perspectivas de felicidad se vieron enturbiadas: Ingunde era católica; los componentes de la familia y corte real eran arrianos. Entre ellos influía poderosamente Godsuinta, que albergaba contra los católicos un odio visceral de madre vengativa. Intentó perseverantemente, primero con ternura de abuela, después con amenazas de reina violenta, que Ingunde renunciase al catolicismo y recibiera el bautismo arriano.
El templo, visto desde el convento de Capuchinos.
Para evitar escenas violentas que no pudieron menos de trascender desde la intimidad doméstica al pueblo, integrado en su mayoría por hispano-romanos católicos, se arbitró el recurso de trasladar al nuevo matrimonio desde la corte de Toledo a Sevilla, territorio fronterizo con el de los bizantinos y que necesitaba un representante del rey digno de toda confianza y seguridad. Allí el matrimonio viviría en paz, no estorbarían las medidas persecutorias contra los católicos, proyectadas por Leovigildo, y con el tiempo se pondría fin a la firmeza religiosa de Ingunde, que debía ser casi una adolescente.  
Instalado Hermenegildo en Sevilla como gobernador de la Bética, rodeado de una corte adicta, vio renacer la paz doméstica. Ingunde pudo profesar libremente su catolicismo y gozar de las primicias maternales con el nacimiento de un hijo, a quien se puso de nombre Atanagildo.
Coincide la llegada de Hermenegildo con el pontificado de San Leandro, el primogénito de aquellos cuatro santos hermanos que, oriundos de Cartagena, pasaron al territorio visigótico, donde desde las cátedras episcopales o desde el claustro se constituyeron en lumbreras y ejemplos de la época.
Aquí vemos la entrada principal de la iglesia y, en el pavimento, la traza de un tramo de muralla ya desaparecido.
Como consecuencia al continuado trato del príncipe con el obispo y a las reiteradas insinuaciones de Ingunde, Hermenegildo se convirtió al cristianismo. La conversión de Hermenegildo produjo dos efectos encontrados: en la corte toledana enfureció al monarca, aguijoneado por la irreprimible cólera anticatólica de Godsuinta y su círculo de fanáticos arrianos. En la Bética, por el contrario, los resistentes se agruparon en torno al gobernador de la provincia, en quien adivinaban al defensor de sus ideales religiosos y políticos. El duelo estaba entablado desde el primer momento trágicamente. Los pueblos limítrofes, suevos, bizantinos y francos, católicos todos, midieron la magnitud de los acontecimientos que se avecinaban y se pusieron alerta para sacar de ellos el mejor partido.
Leovigildo, puesto al tanto de los acontecimientos, exigió a su hijo que volviera al arrianismo, así como su presencia inmediata en la corte de Toledo. Ignorando ambas órdenes, Hermenegildo se proclamó rey de la Bética.
No tardó el rey toledano en armar un poderoso ejército que, tras someter castillos y poblaciones afines al rey católico, sometió a la ciudad de Sevilla a un prolongado asedio. Leovigildo, estratega astuto,  incluso desvió el curso del Guadalquivir para impedir el auxilio de las tropas bizantinas.
Tras varios meses, Hermenegildo huyó, acompañado de tan sólo veinte caballeros, al castillo de San Juan de Aznalfarache, donde resistió el asedio varios días más, hasta que la fatiga y el hambre consiguieron su rendición.
Cargado de cadenas, Hermenegildo regresó a Sevilla, siendo confinado en la Torre de la Puerta de Córdoba, lugar en el que hoy día se encuentra precisamente la Iglesia que lleva el nombre del rey católico. Se intentó que abjurara de su fe, pero el monarca fue inquebrantable. Finalmente, y ante el temor de un levantamiento popular, fue trasladado a Tarragona, lugar en el que fue decapitado por el conde Sisberto el 13 de abril de 585.
Parte superior de la portada de la iglesia de san Hermenegildo.
Portada principal de la iglesia de san Hermenegildo.
Puerta de Córdoba, adosada a la muralla y a la iglesia.
Aquí podemos ver más claramente el acceso en recodo de la Puerta de Córdoba.
Al parecer, su cuerpo fue trasladado de Tarragona a Sevilla, produciéndose durante el recorrido diversos prodigios milagrosos que motivaron la construcción bajo su patronazgo de varias ermitas o capillas en lugares significativos del itinerario seguido. Un ejemplo lo encontramos todavía en la localidad granadina de Alquife donde se conserva la ermita y se celebra una tradicional fiesta extraordinaria en honor del santo.
Según la tradición, durante la dominación musulmana de la ciudad hispalense la cabeza pudo salvarse del ultraje y fue depositada en Zaragoza. De igual modo, la tradición más antigua afirma que ciertas reliquias custodiadas en diferentes puntos de España formaron parte del cuerpo del santo. Algunas de las más importantes se conservan en Ávila, Plasencia y Sevilla (donde se hace fiesta de su memoria y recibe culto especial).
Al cumplirse el milenario del martirio, el papa Sixto V, a petición de Felipe II, canonizaba a San Hermenegildo, el 14 de abril de 1.585.
En esta iglesia de San Hermenegildo, sita en la Ronda de Capuchinos, ya sin uso la Puerta de Córdoba, se puede ver una lápida de mármol, a baja altura, que en latín y castellano nos indica:
Oh, tú, cualquiera que pasa,
venera rendido este lugar,
consagrado con la sangre
del Rey Hermenegildo.
Placa de mármol que recuerda el martirio de san Hermenegildo.
La actual iglesia de es del siglo XVII, aunque ya en el siglo XV los cofrades del Santo celebraban justas el día de su onomástica en el sitio que hay desde la Puerta de Córdoba a la del Sol. No sólo cuidó esta Hermandad del culto en su capilla, sino que fundó un hospital dedicado al Santo Rey, que estuvo situado en la calle del Azofaifo.
Acceso desde la iglesia al lugar de confinamiento de san Hermenegildo.
Diminuta capilla mudéjar situada en la primera planta de la Puerta de Córdoba.
Interior de la Torre-Puerta, donde se sitúa el calabozo en el que san Hermenegildo estuvo confinado hasta su ejecución.
Cuando en 1.787 tuvo lugar la reducción de hospitales, este de San Hermenegildo quedó en poder de su Hermandad, y de él labraron dos casas para su renta. Atraídos por la santidad del sitio, algunos sacerdotes y devotos se instalaron allí, entregados a una vida de penitencia como anacoretas, y tanto aumentó su número que el Duque de Alcalá (Hermano Mayor y protector de la Hermandad, alcalde perpetuo de todas las torres de las murallas de Sevilla) concedió espacio dentro de dichas torres para ampliar las celdas.
Con todo y con eso el acomodo resultaba insuficiente, pues hubo de edificarse nueva capilla, para lo cual el Municipio otorgó el terreno solicitado, por auto del año 1.606. Alma de dichos trabajos fue Cristóbal Suárez de Ribera, a quien por esta acción sepultaron en la nueva Capilla Mayor y en ella pusieron su retrato, hoy en el Museo de Bellas Artes, que algunos estiman ser obra juvenil de Velázquez.
El templo se estrenó con la mayor solemnidad en 1.616, invirtiéndose en la hechura más de 20.000 ducados. Por otra parte consta que la Hermandad de San Hermenegildo estuvo primeramente agregada a la Sacramental de San Julián, hasta que en 1.598 se trasladó a este sitio, a instancias del referido Cristóbal Suárez.
Vista desde el sotocoro.
Altar principal.
Retablo Mayor.
Parte alta del Retablo Mayor.
San Hermenegildo, figura central del Retablo Mayor.
Imágenes junto al Retablo Mayor.
Retablo lateral.
San Fernando, titular del retablo lateral.
Otro retablo lateral, con la imágenes de San Bernardo, la Virgen con el Niño y San Felipe Neri.
El retablo mayor, en madera de roble en su color, tiene tres cuerpos con ornamentación pictórica, relacionada con el estilo de Alonso Vázquez y en él destaca una elegante escultura del Santo Titular, en madera policromada, cuya prestancia y buena calidad hicieron atribuirla gratuitamente a Montañés. En este templo, que bien merece llamarse iglesia por sus dimensiones, y que no debe de ser confundido con la sala homónima sita junto a la plaza del Duque, se celebra el rito de la Adoración Nocturna al Santísimo Sacramento.
Altar lateral, con imágenes de San Juan Nepomuceno,
San Antonio Abad y San Francisco Javier.
San Juan Nepomuceno.
San Antonio, abad.
San Francisco Javier.
Busto de Dolorosa.
Algunas de las numerosísimas lápidas sepulcrales que encontramos
en los suelos de la iglesia de san Hermenegildo.