Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 16 de mayo de 2011

Las murallas de Sevilla, y -II.

Nos habíamos quedado en la Puerta Nueva o de San Fernando. Estaba formada por un arco de medio punto de gran tamaño, con una pareja de columnas a cada lado, dóricas las exteriores y jónicas las de dentro. No era una puerta espectacular, pero tampoco de mal gusto, contando en su favor el que en el momento de su derribo debía estar todavía en perfecto estado. Desgraciadamente no pudo salvarse.
Puerta de San Fernando.
Un nuevo paño de muralla, totalmente recta, unía la Puerta Nueva con la Puerta de Jerez. Este tramo existe todavía y, aunque queda oculto por la hilera de casas del lado derecho de la calle san Fernando, puede contemplarse perfectamente desde el Jardín Inglés del Alcázar. O al menos éso se creía ya que, a causa de las obras de instalación del Metrocentro, se descubrió que, en realidad, estaba situada en el centro de la actual calle San Fernando. Los restos se catalogaron y luego se cbrieron de nuevo, tal como sucedió en otros puntos del recorrido del nuevo medio de transporte urbano.
Lienzo de muralla entre la Puerta de Jerez con la antigua Puerta de San Fernando. Solo se ve desde el interior del Alcázar, pues las casas de la calle San Fernando impiden su visión. Aunque popularmente se cree que formaba parte de la primitiva muralla, no es así, ya que la antigua muralla discurría por el centro de la calle, según se pudo comprobar durante las obras del Metrocentro.
La Puerta de Jerez, ya existente en la época musulmana, estaba formada por dos torres unidas por un gran rastrillo que se bajaba durante la noche. En ella se situaba la placa de mármol mencionada anteriormente y que tan parecido texto tenía al de la grabada en la Puerta de la Carne.

En 1.836 se remodela significativamente, eliminando el rastrillo y las torres y dándole a la puerta un aspecto más moderno. Desgraciadamente, pocos años después, concretamente en 1.864, es derribada.
Puerta de Jerez y, a su lado, el puente sobre el arroyo Tagarete.
La Puerta de Jerez, en la actualidad.
La antigua muralla de Sevilla continuaba en línea recta por la actual calle Almirante Lobo, rodeando la parte trasera de la Casa de la Moneda y haciendo un fuerte ángulo agudo respecto al Paseo de Colón, sin llegar a unirse, como muchos creen equivocadamente, a la Torre del Oro. Ésta se encontraba exenta, aunque a muy poca distancia, de la muralla.

Sí se unía, en cambio, en la calle Santander a la Torre de la Plata, junto a la que se encontraba el Postigo del Carbón, a la altura de la calle Temprado. Conocido antigua y sucesivamente con los nombres de Postigo de las Atarazanas, Postigo de los Azacanes o Postigo del Oro, fue derribado en 1.868, quedando tan sólo un trocito que podemos ver en la unión de las calles Santander (antigua calle del Carbón, por la cantidad de carbonerías que albergaba) y Temprado, junto a la Torre de la Plata. En él se colocó, ya en el siglo XX, un azulejo que representa a la Virgen del Carmen. Hace no muchos años, con la construcción primero del edificio Helvetia (entonces Previsión Española) en el Paseo de Colón y el derribo más tarde del Garaje Torre del Oro de la calle Santander, quedó a la vista un buen tramo de muralla que, junto a la Torre de la Plata, fue restaurada, quedando ambas en buen estado.
Tramo de muralla junto al Postigo del Carbón y Torre de la Plata, 
vistos desde al aparcamiento de superficie de la calle Santander.
Otra toma del mismo sector.
Nuevo lienzo de la muralla.
Arco de comunicación cegado.
La Torre de la Plata, junto a que se situaba el Postigo del Carbón.
La Torre de la Plata, antes refugio de indigentes y ahora restaurada, aunque no visitable.
Postigo del Carbón. Extremo del tramo de muralla conservado.
Este tramo también es visible desde la entrada del aparcamiento del edificio Helvetia.

Muralla en la parte trasera del edificio Helvetia.
Otra vista del mismo tramo.
La muralla continuaba hasta la mitad de la calle Santander, donde se unía al lienzo que llegaba desde el Alcázar. De la unión de ambos tramos nacía uno nuevo que, con ángulo de noventa grados, se dirigía, entre espacio comprendido entre la avenida de la Constitución y la trasera del Hospital de la Caridad, hasta la calle Arfe, esquina Almirantazgo, lugar en el que se sitúa el Postigo del Aceite que, afortunadamente, aún se conserva.
Postigo del Aceite.
Postigo del Aceite, extramuros. A la derecha, las Reales Atarazanas; a la izquierda, 
el antiguo Mercado del Arenal, hoy día dedicado a la Artesanía.
Su origen se remonta al año 1.107, en tiempos de  Ben Yusuf, aunque fue muy reformado en el siglo XVI por Benvenuto Tortello, previo encargo del primer conde de Barajas. En el siglo XII tuvo una función diferente, y era conocida como bad al-Qatay (Puerta de Barcos), ya que a su lado se levantaban las atarazanas para la construcción de navíos. Más adelante consta en algunas fuentes como Puerta de la Alhóndiga, Puerta del Aceite o Puerta de la Aceituna.
Pilar de protección en una esquina del Postigo.
En la zona extramuros del Postigo, insertado en la pared de las atarazanas podremos observar un azulejo que representa al Cristo de la Misericordia y la Virgen de la Piedad, titulares de la cercana Capilla del Baratillo, obra de Alfonso Chaves, en los años cuarenta del siglo pasado.
Cristo de la Misericordia y Virgen de la Piedad, junto al Postigo, en la zona exterior.
En la parte interior del Postigo, sobre el arco, destaca una representación en piedra labrada de San Fernando, con los obispos Isidoro y Leandro y, bajo ella, una lápida que da fe de la reforma de Tortello.
El Postigo del Aceite, desde el interior.
Escudo con san Fernando y los obispos san Isidoro y san Leandro.
Debajo, la lápida que recuerda la reforma realizada por Tortello. 
En el interior del arco se pueden observar los rieles donde se colocaban los tablones para frenar las constantes inundaciones del río.

En el siglo XVIII se abrió en el lado derecho intramuros una pequeña capilla, en la que se venera la imagen de la Pura y Limpia Concepción, atribuida a Pedro Roldán.
Capilla de la Limpia y Pura Concepción, a la izquierda del Arco, intramuros.
Continuaba la muralla por la actual Plaza del Cabildo , en la que se conserva un pequeño trozo del muro:
Plaza del Cabildo.
Lienzo de la antigua muralla, en la Plaza del Cabildo.
Nueva toma.
De allí seguía por la calle Arfe apenas cien metros hasta llegar a la Puerta del Arenal, en la confluencia de las calles Mar (actualmente García de Vinuesa), Arfe y Castelar. Recibía el nombre del amplio arenal que a partir de ella se abría hasta el Guadalquivir, extendiéndose desde la Torre del Oro hasta la Puerta de Triana, en lo que hoy es el barrio de la Carretería. A este lugar llegaban los barcos procedentes de las Indias y de otros lugares del mundo. Lejos estamos ya de aquella época dorada de la Carrera de Indias en la que calafates, carpinteros de ribera, toneleros, emplomadores y un sinfín de obreros realizaban sus labores frente a las numerosas embarcaciones atracadas en el muelle, configurando todo un espectáculo multicolor de velas, gallardetes y estandartes. Marineros, mercaderes, soldados, frailes, pícaros y busconas completaban el paisaje humano de este lugar que, inevitablemente, vio surgir pequeñas barriadas gremiales relacionadas con las diversas actividades del puerto a la par que florecieron alojamientos, casas de juego y burdeles para atender a tan amplio contingente humano. Todo este pequeño universo quedó reflejado en obras de Cervantes, Quevedo o Lope de Vega.

De origen almohade y gran tamaño, presentaba en sus muros varios bustos de piedra y escudos de armas muy elaborados. Por su estado de ruina, fue derribada y reedificada en 1.566 y, posteriormente, en 1.734 volvió a ser renovada, según recoge la placa de mármol que lucía en su fachada:

CURA RERUM PUBLICARUM
A honra y gloria de Dios renovose año MDCCXXXIV.

Era otra de las puertas de Sevilla que permanecía abierta veinticuatro horas.

En la calle Arfe se colocó, en 2.008, un bonito azulejo de cerámica, realizado por Heredia y patrocinado por la Asociación de Vecinos Torre del Oro Centro Monumental y Barrio del Arenal, que nos recuerda el aspecto que tenía esta desaparecida puerta.
Puerta del Arenal.
Pero la muralla continuaba: Castelar, Plaza de Molviedro y Santas Patronas,  hasta llegar a Reyes Católicos, donde se encontraba la Puerta de Triana. Al igual que sucedió con la del Arenal, existió una primitiva Puerta de Triana, localizada en la unión de las calles Gravina, San Pablo, Reyes Católicos y Zaragoza. Era la única que poseía tres arcos, por lo que se le llamó Puerta Trina, que rápidamente derivó en Triana por tratarse de la comunicación natural con dicho barrio a través del puente de barcas.
Fotografía de la Puerta de Triana a mediados del siglo XIX.
En el siglo XVI fue derribada, siendo el afamado Juan de Herrera el encargado de edificar la nueva puerta, que como es natural, era de estilo renacentista. Se componía de un solo cuerpo y presentaba dos altas y elegantes fachadas de esmerado gusto, no en vano siempre fue considerada como al acceso más artístico de la ciudad. En el centro, mostraba un gran arco de medio punto y, a los lados de éste, sendas parejas de columnas con fustes estriados, que sostenían una espaciosa cornisa sobre la que se destacaba un balcón corrido. El remate del monumento lo componía un ático triangular adornado con estatuas y seis pirámides. En la parte inferior de la cornisa perteneciente al balcón aparecía una lápida con la siguiente inscripción:

"Siendo poderosísimo rey de las Españas y de nuestras provincias por la parte del orbe Felipe II, el amplísimo regimiento de Sevilla juzgó deber, ser adornada esta puerta nueva de Triana, puesta en nuevo sitio, favoreciendo la obra y asistiendo a su perfección Don Juan Hurtado de Mendoza y Guzmán, Conde de Orgaz, superior vigilantísimo de la misma floreciente ciudad en el año de la salud cristiana de 1588".

En el espacio o hueco intermedio entre ambas fachadas existía un amplio salón llamado "el Castillo", que se utilizaba como prisión para los reos pertenecientes a la nobleza.
Puerta de Triana.
El recorrido de la muralla continuaba por calles Julio César y Gravina hasta unirse a la Puerta Real. Conocida inicialmente por Puerta de Goles (se cree que es una degeneración musulmana del nombre de Hércules, cuya efigie coronaba la puerta), pasó a conocerse con el nombre de Real por entrar en la ciudad, a través de ella, Fernando III en 1.248 con motivo de la conquista de la ciudad y, más de tres siglos después, Felipe II en el año 1.570, tras su enlace con Ana de Austria. Aunque si nos fijáramos sólo en el número de reyes que cruzan una puerta, la que debería haberse llamado Puerta Real debería haber sido la de la Macarena, bajo cuyo arco pasaron nada menos cinco monarcas. Sin embargo, parece que la celebración por la visita de Felipe II fue tan grande y popular que la de Goles fue la que se llevó el nombre de Real.
Puerta Real o de Goles.
Estaba situada en la intersección de las calles San Laureano, Alfonso XII, Gravina y Goles, en una pequeña placita en la que se encuentra un pequeño resto de la muralla original almohade, que ostenta una lápida de mármol, en la que se refleja la visita real.

Ferrea Fernandus prepegit claustra Sevilla
Fernandi nomem splendit ut astra polli

"Fernando quebrantó las férreas puertas  de Sevilla,
y el nombre de Fernando brilla como los astros del cielo"
Resto de muralla en la Puerta Real.
Lápida conmemorativa de la reconstrucción de 1.565.
La Puerta Real original constaba de dos cuerpos: un gran arco romano adornado con pilastras, sobre cuyas cornisas se alzaba el segundo, terminando en un frontispicio rematado por varias pirámides. En 1.565 se reconstruyó totalmente, perdiendo los rastrillos y otros elementos de defensa que ya eran inútiles. Se colocó mármol en la escalera, se quitó la escultura de Hércules que estaba en la parte alta, y a cada lado de ella se hicieron unas hornacinas; en la derecha se puso en lo alto un lienzo con Nuestra Señora de la Merced en su pequeño retablo, y en lo bajo un Calvario pequeño; a la izquierda se colocó un cuadro de San Antonio y en la parte baja se hizo un cuarto para el guarda del lugar.

La primitiva hornacina se amplió hasta formar una Capilla, que dio lugar en 1.730 a la formación de una Hermandad de Gloria: “Rosario del Alba de María Santísima de las Mercedes”. En el año 1.859, antes de la Revolución del año 68, fue derribada la Puerta Real y entonces ganó algún terreno la Capilla, destinándose el bajo para iglesia y el alto para sala de la Hermandad. En 1.930 se hundió la Capilla, siendo restaurada diez años después y manteniéndose en la actualidad.
Actual Capilla de la Merced.
La muralla continuaba siguiendo el trazado de la calle Torneo hasta el Postigo de San Antonio. Estaba situado entre las calles Curtidurías y Santa Ana, detrás del convento de San Antonio de Padua, cuya entrada principal sigue siendo por la calle San Vicente. Fue abierto en el siglo  XVII para comodidad de los frailes de dicho convento a la hora de administrar los Santos Sacramentos a enfermos y moribundos.
Entrada principal del convento de San Antonio de Padua.
En la parte trasera se situaba el Postigo de San Antonio.
Muy cercana, a la altura de  la calle Guadalquivir, se hallaba la Puerta de San Juan, (hasta el siglo XV llamada Puerta del Ingenio), llamada así por estar situada en el barrio de San Juan de Acre. Frente a ella existía un muelle en el que se descargaban mercancías procedentes del Nuevo Mundo, que siguió en uso hasta el año 1.574, en que entró en servicio el nuevo muelle construido junto a la Torre del Oro.
Tramo final de la calle Guadalquivir, rebautizado recientemente como
Puerta de San Juan, a la altura de la calle que ocupaba la misma.
La Puerta de San Juan estaba formada por un solo arco, muy alto y estrecho, colocado entre dos torreones cuadrangulares coronados por almenas. El lienzo de muralla que unía esta puerta y la siguiente (Puerta de la Barqueta) estaba jalonado por doce torreones circulares, forma nada habitual en las murallas de la ciudad. 


Fue reedificada en 1.757, como atestiguaba la lápida de mármol que existía con el siguiente texto:

"Se hizo esta obra de reedificación de murallas por dirección del Señor Marqués de Monte Real, del Consejo de Su Majestad en el Real de Castilla. Asistente Superintendente General de todas las Rentas Reales. Año de MDCCLVII”. 

Se derribó en 1864.

La Puerta de la Barqueta, también llamada Puerta de Vib-Arragel o de la Almenilla, estaba situada en la calle Calatrava, en la plazoleta del Blanquillo. El nombre que ha perdurado, Puerta de la Barqueta, se debe al servicio de barcazas que hacían el cruce a un lado y otro del río y no, como a veces se cree equivocadamente, a que allí se encontrara el puente de barcas que, como hemos visto anteriormente, estaba en el sitio que hoy ocupa el Puente de Triana.
Puerta de la Barqueta o de la Almenilla.
La arquitectura de esta Puerta era bastante sencilla: un arco de medio punto cuyos estribos descansaban en dos torreones o castillos. Pero, en cambio, se hallaba rodeada de una serie de murallas y torreones dignos de figurar en cualquiera plaza fuerte de importancia. Próximo a ella se encontraba "El Blanquillo", antes llamado "Patín de las Damas", conformado por una gran plaza de armas, de forma trapezoidal, de sesenta metros de longitud, defendida por ocho grandes torreones, cinco cuadrangulares y tres redondos, de los cuales cuatro daban vista al río y los otros cuatro al interior del Blanquillo.

Esta puerta constituía la primera línea de defensa contra las crecidas del río Grande. Sin embargo, los terrenos circundantes se elevaban cada vez más, fruto de obras que definían la zona como paseo y mirador, lo que provocó que la clave del arco estuviese casi en el plano del pavimento. Debido a esto, y para evitar los constantes peligros que se presentaban en épocas de riadas, en el año 1387, se hicieron grandes obras para elevarla.

Con los años se repitió el fenómeno, por lo que fue necesaria una segunda reforma en el año de 1.627, siendo Asistente de la Ciudad don Lorenzo de Cárdenas y Valda, según atestiguaba una gran lápida escrita en latín colocada en el lado interior de la torre, lindando con el costado izquierdo de la Puerta. Además, para acentuar la defensa, se construyeron al poco tiempo unos muros llamados malecones.

Aún fue necesaria, por las mismas causas, una tercera intervención, que finalizó en el año de 1.779.

La Puerta de la Barqueta fue demolida en el año 1.864, descubriéndose que de un lateral de ella partía un subterráneo que, tras varios quiebros y al cabo de unos cientos de metros, daba entrada a un espacio cuadrado y abovedado que contenía una gran piedra en su centro, que parecía haber servido de mesa. En este espacio aparecían también dos puertas tapiadas, una que apuntaba en dirección este y otra hacia el sur. Por el tipo de obra, se le supuso un origen romano, pero no se pudo detallar más, ya que fue ordenado su relleno con escombros, olvidándose a partir de entonces. Afortunadamente, Alfonso Álvarez-Benavides recogió el hecho en uno de sus artículos publicados en “El Noticiero Sevillano”, que en 2.008 reeditó en formato facsímil la Universidad de Sevilla.

El Postigo de la Feria o de la Basura (parece obvio el motivo del segundo nombre), se situaba al final de la calle Feria, esquina con la calle Bécquer. Tiene el dudoso honor de ser la entrada a Sevilla (junto con el Postigo del Jabón) sobre la que existe menor información.

La muralla continuaba recta por la calle Bécquer hasta enlazar con la Puerta de la Macarena.

Como hemos ido viendo, la inmensa mayoría de puertas y postigos desaparecieron en la década 1.860-1.870 en pos de la modernidad y el crecimiento de la ciudad. Por ello, el repaso de lo que nos queda de aquella magnífica obra defensiva es breve: Puerta de la Macarena, Puerta de Córdoba, Muralla del Valle, Murallas del Alcázar y Postigo del Aceite. Restos: lápida de la Puerta de Jerez,  Postigo del Carbón y trocito de la muralla de la Puerta Real, con lápida incluida. Restos de murallas interiores: plaza del Cabildo y calle Fabiola.

Ya hemos terminado nuestro recorrido. Si lo hubiéramos realizado "del tirón" llevaríamos en nuestro cuerpo la friolera de más de siete kilómetros (sin contar murallas interiores) y habríamos rodeado una extensión de terreno superior a las trescientas hectáreas. No hay duda que Sevilla fue una ciudad monumental ... en su tiempo. Hoy es simplemente una ciudad grande. Si alguien quiere hacerse una mejor idea del conjunto amurallado de la época, puede visitar el Museo Histórico Militar, en la galería de la Plaza de  España, en el que se expone una gran maqueta de las murallas durante la época del asedio de Fernando III.