Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 25 de julio de 2011

Iglesia de Santa María Magdalena, y II.

Procedamos ahora a recorrer las naves laterales del templo. Si regresamos sobre nuestros pasos y nos colocamos en la habitual puerta de entrada (calle san Pablo), en el mismo distribuidor, a nuestra izquierda, observaremos la Capilla del Dulce Nombre de Jesús o de la Quinta Angustia.

Su distribución actual es el resultado de la unión de tres antiguas capillas, de Medina, de Rosales y de Gómez de Espinosa, cerrándose  a continuación su comunicación con la nave principal. Es una capilla tan grande que se puede considerar como una iglesia dentro de otra iglesia. Consta de una planta rectangular, dividida en dos tramos, y presbiterio, cubierto todo por tres bóvedas ochavadas decoradas con lacerías que datan de alrededor de 1.400; restos, por tanto, del primitivo templo mudéjar. El zócalo de azulejo que recorre toda la parte inferior de la capilla fue realizado por Cayetano Sánchez y Pineda.
Capilla del Dulce Nombre de Jesús o de la Quinta Angustia.
Retablo de la Capilla del Dulce Nombre.
Está presidida por el misterio titular de la Hermandad, el Señor del Descendimiento, atribuido a Pedro Roldán sobre 1.660. El Misterio (los Santos Varones, las Santas Mujeres y san Juan Evangelista) son de Pedro Nieto Montañés (1.633). La Santísima Virgen es obra moderna de Vicente Rodríguez Caso, de 1.933.

Se veneran asimismo un Cristo Resucitado y la imagen del Dulce Nombre de Jesús, que procesiona en el Corpus, ambas obras de Jerónimo Hernández, junto a unos magníficos ángeles. Igualmente alberga una serie de óleos de Valdés Leal realizada para el Retablo Mayor de la desaparecida iglesia de san Benito de Calatrava, que hoy cobija la Capilla: el Calvario, la Inmaculada, san Miguel, san Antonio Abad, san Antonio de Padua, san Juan Bautista, san Andrés, santa Catalina y san Sebastián.
Templete en el que procesiona durante el Corpus la imagen del Dulce Nombre de Jesús.
El Dulce Nombre de Jesús, durante el Corpus.
La Capilla está cerrada para las visitas mediante una reja, por lo que entramos en la nave principal y giramos a la izquierda, en dirección al Coro. Recorreremos la nave de la Epístola desde los pies al presbiterio.

Llegamos hasta el espacioso y oscuro sotocoro, cerrado también mediante reja, que perdió su sillería original, y guarda en dos ornamentadas hornacinas imágenes de Nuestra Señora del Rosario y santo Domingo de Guzmán, patronos de la Orden de Predicadores, vulgo dominicos.

Nuestra primera parada fotográfica en esta nave es la Capilla Bautismal, en cuya pila se cristianó el uno de enero de 1.618 el gran pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo. En esta capilla se sitúa actualmente el Cristo de Confalón o Gonfalón, cuya autoría se relaciona con Nicolás de León en el siglo XVI y que antes residía en la sacristía.
Vista frontal de la Capilla Bautismal.
Cristo del Gonfalón o Confalón, situado actualmente en la Capilla Bautismal.
Pila en la que fue bautizado Bartolomé Esteban Murillo.
Placa que recuerda el bautismo de Murillo.
El Bautismo de Cristo.
Cúpula de la Capilla Bautismal.
Junto a la capilla, ya mirando hacia el presbiterio, vemos a nuestra derecha el retablo de Santa Rita de Casia,  del siglo XVIII, con La liberación de san Pedro en el ático.
Retablo barroco de santa Rita de Casia. Siglo XVIII.
La Liberación de san Pedro. Ático del retablo de santa Rita de Casia.
A continuación encontramos un relieve del siglo XVIII, enmarcado por yeserías doradas, que representa La Aparición de la Virgen a san Cayetano.
Aparición de la Virgen a san Cayetano. Siglo XVIII.
Pasando delante de la puerta de entrada, seguimos adelante y, si miramos hacia la parte superior del muro, veremos un fresco, también enmarcado con yeserías doradas: La Virgen del Rosario protegiendo las naves españolas en la Batalla de Lepanto, obra de Lucas Valdés. Sobre una nube podemos ver a la Virgen del Rosario que según la tradición intercedió el 7 de octubre de 1.571 para que las tropas cristianas lograran la victoria tras la oración del Papa Pío V.
La Virgen del Rosario protegiendo las naves españolas en la batalla de Lepanto. Lucas Valdés.
A continuación encontramos la Capilla Sacramental. En la pared frontal a la entrada nos muestra en una vitrina (lástima de los reflejos en el vidrio) que contiene la magnífica Custodia Procesional de 2,25 metros de altura iniciada por Cristóbal Sánchez de la Rosa en 1.678, continuada por Juan Laureano de Pina y rematada por Blas Amat y Cortés, en 1.790. Esta custodia es propiedad de la hermandad Sacramental de la parroquia.
Vista frontal de la Capilla Sacramental. La espléndida reja es de 1.588.
Custodia de la Hermandad Sacramental de la Magdalena.
La Custodia de la Magdalena, en todo su esplendor, durante la procesión del Corpus.
En el camarín de su retablo neoclásico, podremos admirar una bellísima Inmaculada de mediados del siglo XVIII, flanqueada por los arcángeles san Miguel y san Rafael, atribuidas las tres obras a Pedro Duque Cornejo.
Camarín neoclásico de la Capilla Sacramental.
Inmaculada Concepción, de Pedro Duque Cornejo.
Ático del retablo de la Capilla Sacramental.
En el mismo muro de la entrada, a la derecha según se entra, dos grandes joyas pictóricas de Zurbarán: La Curación milagrosa del Beato Reginaldo de Orlèans por intervención de la Virgen y La entrega milagrosa del verdadero retrato de Santo Domingo en el monasterio de Soriano.
Las dos mencionadas obras de Zurbarán.
En el cuadro superior se representa en este cuadro un milagro que tuvo lugar tras la oración de santo Domingo. La Santísima Virgen acompañada de dos jóvenes, santa Cecilia y santa Catalina, se apareció ante el lecho de Reginaldo de Orlèans que se encontraba enfermo por unas fiebres que hacían temer por su vida. La Virgen ungió la cabeza del paciente, quedando este completamente restablecido.

La otra pintura representa el momento en que, la noche del 15 de septiembre de 1.530, la Santísima Virgen acompañada de santa Maria Magdalena y santa Catalina, se aparecieron en el convento dominico de Soriano, en Calabria, al hermano sacristán fray Lorenzo da Grottaria, y le entregaron un lienzo con la imagen de santo Domingo para que lo colocara sobre el altar. Desde entonces, esta imagen ha gozado de gran devoción, y nobles, reyes y papas han contribuido al engrandecimiento del santuario.

Salimos de la Capilla Sacramental y, justo antes de llegar al brazo del crucero encontramos una de las más valiosas obras escultóricas de la parroquia. Se trata de un retablo con el relieve de la Asunción de la Santísima Virgen, de Juan de Mesa en 1.619.
Asunción de la Santísima Virgen. Juan de Mesa, 1.619.
Otra imagen de la Asunción de la Virgen.
A su lado, cuadro de la Virgen del Perpetuo Socorro.

Llegamos ya al brazo de la Epístola del crucero. A nuestra derecha, un retablo barroco (primer cuarto del XVIII), que cobija en la actualidad una imagen moderna del Sagrado Corazón de Jesús. En el ático luce una escultura de santo Tomás de Aquino.
En esta imagen vemos una esquina del brazo de la Epístola del crucero, con los altares
 de san José (izquierda) y el Sagrado Corazón de Jesús (derecha). 
Retablo del Sagrado Corazón de Jesús. En el ático, santo Tomás de Aquino.
Sagrado Corazón de Jesús.
Como hemos visto en una foto anterior, haciendo ángulo de noventa grados con este retablo se encuentra el de san José, al lado del cual vemos el cajón de la puerta exterior que lucía la escultura de santo Domingo de Guzmán, junto al cual se exhibe para su veneración una imagen de vestir de la Virgen del Carmen. En la siguiente foto veremos mejor la distribución:
Retablo de san José.
Retablo de san José.
Virgen del Carmen.
Nuevo ángulo de noventa grados a nuestra izquierda y ya vemos las dos últimas capillas de esta nave de la Epístola. En primer lugar está la capilla de san Antonio; la hornacina central del retablo cobija una talla del titular del siglo XVIII. Tiene a los lados esculturas de la Virgen Dolorosa y san Juan, ambas del mismo siglo. En el ático hay un relieve de La Estigmatización de santa Catalina de Siena (se debe a que este altar estaba anteriormente consagrado a dicha santa). Hay una cabeza de un Cristo en la parte inferior del retablo de la escuela de Ruiz Gijón.
Capilla de san Antonio.
Imagen de san Antonio y, bajo él, cabeza de Cristo.
Cabeza de Cristo, del taller de Ruiz Gijón.
Ático del retablo de san Antonio. Representa La Estigmatización de
Santa Catalina de Siena
, anterior titular de la capilla.
La última de la Epístola es la capilla del Santísimo Cristo del Calvario, dedicada originariamente a santo Domingo de Guzmán. El espectacular Crucificado de Francisco de Ocampo, fechado en 1.612, recibe el culto junto a la bellísima Dolorosa de la Presentación y san Juan Bautista, obras ambas de Juan de Astorga en el siglo XIX. En el ático vemos un relieve de La Entrega del Rosario a santo Domingo y santa Catalina de Siena, del siglo XVIII. Entre ambas capillas se muestra hornacina con una imagen de santa Mónica atribuida a Pedro Roldán.
Capilla del Calvario, con la imagen de Santa Mónica a su derecha.
Capilla del Calvario. 
Ático de la Capilla del Calvario, con la representación de La entrega del Rosario a
santo Domingo y a santa Catalina de Siena
. Siglo XVIII.
Cristo del Calvario. Francisco de Ocampo, 1.612.
Ahora realizaremos el mismo recorrido, pero por la nave del Evangelio. Para ello, retrocedemos hasta el sotocoro (al que no se puede acceder y en el que se sitúan los pasos de la Hermandad del Calvario), cruzamos la nave central y, bajo el inmenso Coro, veremos la capilla de Nuestra Señora del Rosario. En el centro se venera efigie de vestir de la Virgen del Rosario, obra de finales del siglo XVIII, de Cristóbal Ramos, que fue la titular de la primera hermandad rosariana de san Pablo.
Capilla de Nuestra Señora del Rosario. 
Nuestra Señora del Rosario. Cristóbal Ramos, 1.787.
Las dos siguientes imágenes escoltan a la Virgen del Rosario en su retablo, pero no he podido encontrar referencia alguna sobre ellas. La  primera fotografía  puede corresponder a santo Domingo de Guzmán, por la estrella que porta en su mano izquierda), mientras que la derecha podría ser santa Catalina de Siena, muy vinculada al Santo Rosario. Conste que no deja de ser una elucubración de un servidor.
¿Santo Domingo de Guzmán?
¿Santa Catalina de Siena?
Banco artísticamente tallado del retablo de Nuestra Señora del Rosario.
Seguidamente hay un altar barroco presidido por una pequeña Inmaculada, acompañada por dos frailes dominicos de los que no he podido obtener información. Hay que señalar que este espacio estaba ocupado antiguamente por el Nazareno de las Fatigas, que ahora se ha situado en la parte del Evangelio del crucero.
Retablo de la Inmaculada.
Retablo de la Inmaculada.
Ático del retablo de la Inmaculada.
A continuación el Altar de Ánimas, que en realidad es un retablo-marco con un lienzo de las Ánimas del Purgatorio de mediados del siglo XIX. 
Altar de las Ánimas del Purgatorio.
El retablo de Nuestra Señora del Buen Consejo es un relieve moderno colocado en un retablo barroco, en el que aparece la Virgen con el Niño de medio cuerpo, escoltados por dos tallas meritorias barrocas de santa Bárbara y santa Catalina. Después encontramos dos lienzos, uno con El Éxtasis de Santa Teresa y otro con La Piedad, ambos del XVII. 
Retablo de la Virgen del Buen Consejo.
La Virgen del Buen Consejo.
Ya en el lado del Evangelio del Crucero vemos el nuevo emplazamiento del Nazareno de las Fatigas, que se ha colocado sobre el retablo tallado con imágenes de la vida de san Pablo que se situaba antes en la Capilla de la Milagrosa. Fue tallado por Gaspar de Ávila en 1.586 y restaurado muy a fondo (incluso con manos y pies nuevos) por Francisco Berlanga de Ávila, bajo la asesoría del Doctor en Historia del Arte José Roda Peña en el año 2.010. A los lados, imágenes de santo Tomás de Aquino y san Vicente Ferrer, tallas del XVIII.
Retablo del Nazareno de las Fatigas.
Nazareno de las Fatigas. Gaspar de Ávila, 1.586.
A ambos lados de la puerta que comunica con la Sacristía encontramos dos retablos del primer cuarto del XVIII. En el primero se encuentra la bellísima Virgen de las Fiebres, obra de Juan Bautista Vázquez, el Viejo de 1.565. A esta Virgen pedían protección las mujeres de la época contra las calenturas del post-parto, causa por aquel entonces de la gran mortandad femenina. También afirma la leyenda que, estando Pedro I gravemente enfermo, su madre, María de Portugal se encomendó a esta Virgen (en realidad a la primitiva, que quedó destruida a causa de un derrumbe), prometiéndole una estatua de su hijo orante realizada en plata; como el rey curó, tanto él como su madre cumplieron la promesa y donaron la mencionada obra para que se colocara a los pies de la Virgen. Desgraciadamente, la victoria de Enrique de Trastámara desaconsejó mantener la efigie en su lugar, desapareciendo sin que a partir de entonces se haya tenido noticias de ella.
Retablo de la Virgen de las Fiebres.
Virgen de las Fiebres. Juan Bautista Vázquez, el Viejo, 1.565.
Al otro lado de la puerta de la sacristía hay un grupo escultórico que representa a San Joaquín y Santa Ana dando lecciones a la Virgen, vinculable a Francisco Ruiz Gijón, en la segunda mitad del siglo XVII. Aclarar que la desproporción entre las imágenes de los sagrados abuelos se debe a su procedencia: ocupaban altares distintos en la primitiva Iglesia de la Magdalena.
San Joaquín y santa Ana dando lecciones a la Virgen.
Las imágenes, del siglo XVII, se atribuyen al círculo de Ruiz Gijón.
Entre los dos altares anteriores, la entrada a la Sacristía nos permite ver el Cristo del Perdón, un crucificado del siglo XVII, que al parecer perteneció a la antigua parroquia de la Magdalena. La iglesia no conserva ningún tipo de documentación sobre la imagen. 
Cristo del Perdón.
La capilla de la Milagrosa, antes dedicada a san Pablo, se cierra con una reja fechada en 1.723. En su interior alberga en la actualidad la imagen de la Virgen de la Antigua, dolorosa de talla completa al estilo granadino, ejecutada entre 1.650 y 1.651 por Pedro Roldán. La Virgen llama la atención por lo inusual de su representación en Sevilla, pues no es de vestir, y se acerca más a la estética castellana. Aparece arrodillada, con la mirada hacia arriba y las manos entrelazadas, aparte de no ser de tamaño natural. Fue titular de una rica y floreciente Cofradía hasta el siglo XVIII, siendo una de las imágenes marianas de devoción más extendida en la Sevilla barroca. Pasó al convento una vez extinguida su Hermandad, abandonando su hermosa capilla ubicada en el compás del cenobio, donde hoy se sitúa la Hermandad del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y Nuestra Señora de Montserrat.
Capilla de la Milagrosa.
Virgen de la Antigua, que preside la Capilla de la Milagrosa. 
Pedro Roldán, 1.650-1.651.
En la pared frontal del crucero del Evangelio aparecen en su parte superior, y dentro de hornacinas, esculturas de san Gregorio y san Agustín, obras de Pedro Roldán. En la zona intermedia un gran fresco de Lucas Valdés, como comentaba anteriormente, que representa La Entrada de Fernando III en Sevilla.

La hornacina siguiente se dedica a Santa Rosa de Lima, imagen barroca de candelero que representa con candor a la santa americana.
Santa Rosa de Lima.
Junto a la anterior, encontramos finalmente la capilla de la Virgen del Amparo, cerrada por medio de una reja del primer cuarto del siglo XVIII. El retablo es de estilo salomónico de esa misma época, y en sus calles laterales se muestran imágenes de san Gabriel (o san Miguel) y san José, san Joaquín y santa Ana. La imagen de Nuestra Señora del Amparo, obra del flamenco Roque Balduque, preside desde el camarín la Parroquia y la feligresía, de la que es Patrona.
Capilla de Nuestra Señora del Amparo.
Nuestra Señora del Amparo. Roque Balduque, siglo XVI.
En la esquina entre esta capilla y el Presbiterio se alza este hermoso púlpito que muestro a continuación:
Púlpito.
Y hasta aquí he llegado, en la medida de mis posibilidades, a la descripción de una de las más grandes y artísticas (tanto en continente como en contenido) iglesias de nuestra ciudad. El lector que haya tenido la paciencia de ver ambas entradas se habrá percatado de que el estado de tan magno edificio está lejos de ser óptimo. De hecho, la prensa ha informado que se han realizado cuestaciones entre los fieles para la restauración, tanto del templo como de su contenido, empezando por el Retablo Mayor. Sin embargo, lo recaudado ha resultado del todo insuficiente y ha sido preciso interrumpir los trabajos.

¿Cuál es la solución? Las administraciones públicas no están (y menos en los tiempos que corren) por la labor de aportar ni un duro para conservación de patrimonio religioso, y en cierto modo lo veo bien. Aceptar dinero del poder, ya sea local, autonómico o estatal no deja de suponer hipotecar en cierto modo el futuro. Además, puede haber ciudadanos no católicos que sientan que se usa mal su dinero para estos menesteres, al igual que yo me sentiría si el importe de mis impuestos se usara para construir una mezquita o una sinagoga.

Descartando esta opción sólo nos quedan dos alternativas. La primera es dejar la cosa como está: la parroquia para sus fieles, aunque se desplome cualquier día (verbi gratia: san Leandro, santa Catalina); pongamos trabas a los turistas: se les dice que el horario de visitas es de 8,30 a 11,00 horas, pero no se les comunica que  hay misa cada media hora, con pausas de menos de diez minutos de una a otra. El que quiera fotos, que se pegue aquí toda la mañana, y a las once y un minuto, puerta. Si preguntamos los horarios por teléfono, nadie sabe nada y mediante internet ... ¿éso que es?

La otra solución es hacer como la Catedral. Abrir la iglesia al exterior, establecer un horario de visitas en condiciones (¿qué tal de 11,00 a 14,00 horas?), rotular todas las obras de arte del templo, iluminarlas como Dios manda, que en el horario de apertura haya una persona que aclare dudas, que podría ser el mismo taquillero o taquillera (como se dice ahora); porque de eso se trata, señores, de cobrar la entrada, como se hace en la mayoría de las ciudades de España. Un "poné": en Toledo, por unos ocho euros te ponen una pulserita muy mona que te da derecho a visitar seis monumentos (iglesia de Santo Tomé, la mezquita del Cristo de la Luz, el monasterio de san Juan de los Reyes, la iglesia de los jesuitas, la iglesia del Salvador, la sinagoga de Santa María la Blanca). Con el dinero recaudado hay más que de sobra para restaurar lo que haga falta y crear unos cuantos puestos de trabajo. Y si no, que se lo pregunten al Cabildo catedralicio, que pasó de estar "tieso total" a manejar cifras millonarias. Habrá quien vea en esta última opción una especie de rendición, una transformación del patrimonio religioso en "museo temático religioso" (como he leído a menudo en la prensa sobre la Catedral), pero es lo que hay. Los tiempos cambian, los fieles cada vez son menos, la iglesias y conventos siempre están cerrados y algo hay que hacer. Renovarse o desaparecer. Todavía me escuece que no me dejasen entrar en san Clemente a las 11,30 de la mañana ni para comprar dulces, después de la millonada que se gastó en su restauración la administración pública en 1.991.

Un ejemplo de estas rutas que propongo: iglesia de san Luis-Santa Marina-san Marcos-convento de santa Isabel-convento de santa Paula-iglesia de san Román-iglesia de los Terceros-santa Catalina-san Pedro-convento de santa Inés-iglesia de la Anunciación. Como esta se pueden hacer media docena más (más largas o más cortas cobrando proporcionalmente al recorrido). Y otra solución no veo, porque de milagros anda la cosa cortita.