Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 1 de agosto de 2011

El Hospital de los Venerables Sacerdotes.

El Hospital de los Venerables Sacerdotes o simplemente Hospital de los Venerables, como se le conoce popularmente, comienza su funcionamiento de la mano de la Hermandad del Silencio, que en 1.627 decide amparar a los sacerdotes ancianos, pobres e impedidos, alquilando para ello una casa en la que se les daba cobijo, asistencia y manutención. Esta tarea continuó hasta que en el año 1.673 la misma Hermandad funda otra, cuyo fin sería el de cubrir exclusivamente la tarea que venían desempeñando desde el año 1.627, y se decide construir el Hospital. El gran impulsor de la obra, que fue el canónigo de la Catedral Justino de Neve y Yébenes, no llegó a verla conclusa, ya que falleció doce años antes de finalizar las obras.
Portada principal del Hospital de los Venerables, en la calle Jamerdana.
Parte alta de la fachada principal. En la hornacina central, arriba, se adivina un San Fernando, con la bola del mundo en la mano izquierda y al que le falta la espada en la derecha. Es una lástima que la calle sea tan estrecha, pues no permite apreciar en todos sus detalles esta bella portada, sobre todo en su parte alta.
Entrada de la portada principal. El espacio entre la reja y la puerta corresponde en realidad al sotocoro de la iglesia. Sobre este rectángulo se sitúa el coro, con el espléndido órgano que veremos más adelante.
La institución funcionó sin problemas hasta 1.805 gracias a las limosnas y las facilidades otorgadas por los distintos monarcas, pero a partir de ese año la situación se hizo insostenible. La puntilla la dio la ley de Mendizábal que expropió el edificio, debiendo trasladarse los acogidos a una sala cedida por el Hospital de la Caridad. Las quejas de la Hermandad fundadora consiguieron que en el año 1.848, bajo una Real Orden, le fueran devueltos sus bienes, regresando los venerables sacerdotes de nuevo a su antiguo hogar. 

El Hospital de los Venerables siguió realizando su función hasta 1.970.
Fachada de la entrada al edificio, por la plaza de los Venerables.
El edificio es uno de los mejor conservados globalmente de la arquitectura sevillana de la segunda mitad del siglo XVII, fase de desarrollo del estilo barroco. La construcción comenzó en 1.676, bajo la dirección del arquitecto Juan Domínguez, concluyéndose en 1.697, ya de la mano de Leonardo de Figueroa.
Esquina de la calle Jamerdana con la plaza de los Venerables.
En la calle Jamerdana se alza la fachada del templo, pero la entrada al edificio se realiza por la Plaza de los Venerables. Aprovecho para comentar que lo de los veladores en la Plaza de los Venerables es un auténtico abuso; yo comprendo que los hosteleros tienen que ganarse la vida, pero el número y la disposición de los veladores en esta plaza es tal que impide el paso a poco que se junten una docena de peatones, cosa más que habitual en este lugar. Desgraciadamente, no es el único sitio en el que ocurre: calle Álvarez Quintero con Argote de Molina, calle San Fernando, etc.

Cruzando la portada de esta plaza se accede a un bello apeadero que conduce directamente al patio central. A la derecha de este apeadero, al otro lado de un cancel, se situaba la casa del administrador de la institución que ocupaba anteriormente el edificio, abarcando dos plantas,  y que ahora alberga los despachos de dirección y la Sala de Juntas.
Cancela que separaba la casa del administrador del resto del edificio.
Detalle de la cancela.
En el apeadero se sitúa un pequeño espacio dedicado a tienda y el mostrador de recepción, donde se paga la entrada y nos entregan la audio-guía.
Hay sendos balcones-galería en los laterales del apeadero.
Los arcos del apeadero están sostenidos por dobles columnas de mármol.
Subiendo un breve tramo de escaleras accedemos a la zona central del edificio, ocupada por un bello patio, mezcla de claustro conventual y patio de casa sevillana, adosándose al lado norte la iglesia, que ocupa todo este frente. Este patio principal es la pieza arquitectónica de mayor belleza e interés del Hospital y sus características actuales son idénticas a las del momento de su construcción, salvo algunas pequeñas modificaciones de solería y alicatados posteriores. Su planta es cuadrada, con galería abierta en la parte inferior con arquerías que se asientan sobre columnas de mármol de orden toscano.

La mezcla de colores del conjunto, tanto en el patio como en las fachadas, entre el blanco de la cal y el rojo del ladrillo de pilastras y cornisas, dan una gran unidad estética al conjunto y una visión cromática muy característica. 
El segundo cuerpo de este patio está cerrado y se abre al exterior a través de balcones situados sobre el eje de los arcos inferiores. Entre los vanos se alzan pilastras de ladrillo que caen a plomo sobre las columnas del cuerpo inferior. 
La galería baja se encuentra a un nivel más alto que el centro del patio, donde se sitúa una fuente rodeada por una escalinata concéntrica circular de ladrillo y azulejos de peculiar estilo. Problemas de abastecimiento de aguas al Hospital motivaron esta solución muy original, debido a la altura a la que se situaba la construcción. La bella pila central fue diseñada por Bernardo Simón de Pineda y labrada por Francisco Rodríguez; la azulejería primitiva del patio fue realizada por el maestro Melchor Moreno. 
Detalle de la escalera de bajada al patio.
En el costado oriental se ubicaba la Enfermería Baja, hoy Sala de Exposiciones. Esta estancia es un gran salón rectangular con arquería central y cubierta plana. En las enjutas de los arcos florece una bonita decoración de yeserías con símbolos del papado relacionables con la advocación del Hospital de San Pedro.
Galería baja, alrededor del patio central.
Columna y capitel del patio.
La planta alta, también Sala de Exposiciones, repite la disposición de la inferior y fue destinada, como era costumbre en la época, para ser habitada en las estaciones frías del año. Quizá pueda significarse en ella la Enfermería Alta, situada sobre la anterior, directamente comunicada con el Coro de la iglesia y, en el ángulo sudeste, la torre mirador superior al refectorio alto, cubierta con armadura de estilo mudéjar. 
Puerta de entrada a la iglesia.
Tu Casa, mi asilo y refugio son, Señor Dios mío (traducción muy libre).
Detalle de la puerta de la iglesia.
Arquitectónicamente, la iglesia del Hospital de los Venerables, usada ahora como auditorio musical, enriquecida además con la construcción de un nuevo órgano, responde al tipo tradicional sevillano de la segunda mitad del siglo XVII. Es decir, templo de planta rectangular, de una sola nave, encajonada, cubierto con bóveda de medio cañón con lunetos y arcos fajones, mientras que el crucero se cubre con una media naranja, cubierta por un tejado a cuatro aguas con buhardillas. 
El Altar Mayor, visto desde los pies de la nave.
Muro del lado del Evangelio.
Muro del lado de la Epístola.
Vista del Coro de la iglesia desde los pies del Altar Mayor. A destacar, el magnífico órgano.
Realizaremos, una vez vistas las anteriores imágenes a modo de composición general, la visita al templo en el sentido contrario a las agujas del reloj. Adelanto ya que hay muchas figuras e incluso retablos completos que no he podido identificar; en su disposición actual, hay pocas referencias de la iglesia, en tanto que la información más antigua es poco útil debido a los grandes cambios sufridos por el conjunto.


Al traspasar la puerta de entrada, lo que más nos llama la atención es que toda la iglesia se encuentra pintada, tanto paramentos verticales como techos, desarrollando por Valdés Leal y su hijo Lucas Valdés, un riquísimo programa iconográfico, seguramente auspiciado por el canónigo impulsor de las obras, Justino de Neve, con una clara intención de devolver autoridad moral a la Iglesia y dignidad a la jerarquía y al clero.


Giramos a la derecha y nos encontramos una pila de mármol rosa de aspecto bastante antiguo, que tiene su gemela en el muro contrario.
Pila para el agua bendita. Lado del Evangelio.
A su lado, el primer retablo. Se trata de San Jerónimo y, más que un retablo, es un lienzo con marco muy trabajado, que se encuentra empotrado en una hornacina, como otros de este templo. Esta obra se ha atribuido desde hace muchos años a Herrera, el Viejo, aunque posteriormente se ha comprobado que data de mediados del siglo XVII. Señalar que, de forma general, la principal riqueza artística de esta iglesia es pictórica  y no de imaginería, que es lo habitual en Sevilla. Las tallas que veremos suelen ser de escasa calidad y/o pequeño tamaño, lo que sorprende de entrada, acostumbrados como estamos al "tamaño natural".
Retablo de San Jerónimo. Anónimo de mediados del siglo XVII.
A continuación de este retablo está ya el pie de la nave. En el centro, el cajón de la entrada principal y a ambos lados, esculturas de San Pedro y San Fernando, obras de Pedro Roldán de 1.698. Son obras de buena factura, aunque de pequeño tamaño.
San Pedro. Pedro Roldán, 1.698.
San Fernando. Pedro Roldán, 1.698.
El primer retablo del lado de la Epístola no me ha sido posible reconocerlo. Pudiera representar la liberación de San Pedro por un ángel por la disposición de los personajes, pero nada me permite confirmarlo.
La liberación de San Pedro por un ángel. Primer retablo del muro de la Epístola.
Pinturas sobre el primer retablo de la Epístola.
El segundo retablo está presidido por una figura de Santa Clara de Asís, con San Roque y San Sebastián a los lados. En el ático hay una Virgen con el Niño.
Segundo retablo del lado de la Epístola. La figura central seguramente represente a Santa Clara de Asís, con San Sebastián a su izquierda y San Roque a la derecha.
Cuerpo central del segundo retablo de la Epístola.
Imagen principal del segundo retablo de la Epístola.
Ático del segundo retablo de la Epístola.
Pinturas sobre el segundo retablo de la Epístola.
El retablo de San José es el siguiente del lado de la Epístola. Ensamblado por Juan de Oviedo en el siglo XVII, sus imágenes son de estilo napolitano, con ropajes de abundantes pliegues y ricos estofados en oro.
Retablo de San José. Juan de Oviedo, siglo XVII.
Pinturas sobre el retablo de San José.
Cuerpo central del retablo de San José. La figura a su izquierda puede ser San Antonio de Padua, en tanto que la del otro lado no la he podido identificar.
Figura principal del retablo de San José.
Ático del retablo de San José. Representa la escena del sueño de San José, según se narra en el Evangelio de San Mateo.
En el banco de este retablo se observan una serie de pequeñas hornacinas en las que se exponen huesos etiquetados, reliquias de santos.
Reliquias en el banco del retablo de San José.
Seguidamente está la puerta de la Sacristía:
Puerta de la Sacristía.
En ella podremos admirar diversas obras de mérito (varios crucificados en marfil, piezas de orfebrería y cajoneras antiguas para la guarda del ropaje litúrgico) y una gran obra de arte, El Triunfo de la Cruz, fresco de Valdés Leal que decora todo el techo de la habitación. Es una lástima que éste sea tan bajo, pues no permite apreciar en toda su grandeza una obra tan espléndida.
Crucificado tallado en marfil.
La sacristía, vista desde la puerta de entrada.
Cajoneras y azulejos de la sacristía.
Vitrina con marfiles, relicarios y elementos de orfebrería.
El Triunfo de la Cruz, de Valdés Leal, decora el techo de la sacristía.
El Triunfo de la Cruz. Valdés Leal. Detalle.
Regresamos a la nave de la iglesia por la misma puerta que entramos a la Sacristía y, a mano derecha, veremos el último retablo que adorna el lado de la Epístola, dedicado a la Inmaculada Concepción.
Retablo de la Inmaculada Concepción. Juan de Oviedo, 1.698.
Lienzo central del retablo de la Inmaculada, siglo XVII. Sustituye al 
robado por Soult, que se expone actualmente en el Museo del Prado.
Ático del retablo de la Inmaculada. Las celosías son obra de Francisco de Barahona.
Hagamos un aparte, a propósito de la Inmaculada. Murillo, amigo personal de Justino de Neve, pintó para el hospital una de sus más famosas obras, la Inmaculada, robada por el mariscal Soult (ya llevaba tiempo sin aparecer el franchute de las narices), y recuperada en 1.941 mediante intercambio con el Museo del Louvre, exponiéndose hoy día en el Museo del Prado de Madrid.
Inmaculada de los Venerables (me niego a llamarla Inmaculada de Soult). Murillo, 1.678.
Entre el 9 de octubre 2.012 y el 20 de enero 2.013 hemos tenido la oportunidad de contemplar, en el marco de la Exposición “Murillo y Justino de Neve: el arte de la amistad”, la auténtica Inmaculada de los Venerables en su marco original, y además, situada en su primitivo sitio, como ya comenté en su momento en la entrada: Murillo y Justino de Neve: el arte de la amistad.
La Inmaculada de los Venerables original, en su marco original, situada en su retablo original.
Ya hemos llegado ante el Altar Mayor. Antes de centrar nuestra atención en el mismo, miramos hacia arriba y  veremos la bóveda de media naranja que adorna la iglesia:
Bóveda de media naranja del Hospital de los Venerables.
A continuación, la bóveda del presbiterio, de cañón:
Bóveda de cañón del presbiterio.
En el Retablo Mayor, que data de 1.889, se representa en el cuerpo central La Última Cena, de Lucas Valdés, hacia 1.700. Sobre este lienzo, en el ático, La Apoteosis de San Fernando, también obra de Lucas Valdés; a cada lado están representados en sendos óleos San Clemente y San Isidoro, realizados por Virgilio Mattoni. 

Lugar muy destacado del retablo es el ocupado por la Virgen de Belén, obra anónima del siglo XVI, escoltada por relieves de San Juan Bautista y San Juan Evangelista, atribuidos a Martínez Montañés y que datan de la primera mitad del siglo XVII. 
Retablo Mayor de la iglesia del Hospital de los Venerables.
Sagrada Cena. Lucas Valdés, hacia 1.700.
Ático del Retablo Mayor. San Fernando, de Lucas Valdés y, a sus
lados, San Clemente y San Isidoro, pintados por Virgilio Mattoni.
Apoteosis de San Fernando. Lucas Valdés.
Virgen de Belén. Anónimo siglo XVI. 
Relieves de San Juan Bautista y San Juan Evangelista,
atribuidos a Martínez Montañés.
El presbiterio cuenta con dos puertas laterales, muy elaboradas, sobre las que cuelgan dos cuadros de gran formato, obras de Valdés Leal y su hijo Lucas Valdés, que representan a San Fernando entregando la mezquita al arzobispo y San Fernando ante la Virgen de la Antigua.
San Fernando ante la Virgen de la Antigua.
San Fernando entregando la mezquita al arzobispo.
Terminado de ver el presbiterio, regresamos hacia la puerta de salida. Antes, podemos deleitarnos de la vista que desde aquí tenemos del órgano y la bóveda de esta iglesia:
Órgano y bóveda de la iglesia.
En el regreso, encontramos en el muro del Evangelio un primer retablo, desconocido igualmente, cuya pieza principal es un óleo de buen tamaño de un crucificado.
Retablo de nombre desconocido en el muro del Evangelio.
Primer cuerpo de este retablo.
Ático de dicho retablo, con una celosía que más adelante comentaremos.
Viene a continuación el púlpito, que combina maderas nobles y mármoles de diferentes colores, obra de Francisco de Barahona de principios del siglo XVII. Presenta tres inscripciones, una por cada lado visible: AUDITE (Oíd), INTELLIGITE (Entended) y CUSTODITE (Guardad).
Púlpito. Francisco Barahona.
El último retablo, ya junto a la puerta de entrada y salida, es el retablo de la Inmaculada Concepción, también obra de Juan de Oviedo, del siglo XVII, con figuras de estilo napolitano.  En él se encuentra la figura de San Esteban, que aunque es una obra anónima del siglo XVII, se atribuye popularmente a Martínez Montañés. 
Retablo de la Concepción. Juan de Oviedo.
San Esteban, atribuido a Martínez Montañés, imagen principal del retablo de la Concepción.
Imagen de la Inmaculada del retablo de la Concepción.
Pinturas sobre el retablo de la Concepción.
Ya hemos terminado nuestro recorrido por la iglesia, por lo que salimos de ella y giramos a nuestra derecha para visitar el lado norte de la galería baja. 
Galería baja. Ala norte. Se pueden observar los sitiales del antiguo coro.
Galería baja. Ala norte. La Visitación. Anónimo, s. XVII.
Galería baja. Ala norteLa multiplicación de los panes y los peces.
Anónimo del siglo XVII.
Una barrera nos impide seguir, por lo que volvemos sobre nuestros pasos por la galería baja y, pasando ante la escalera, a la cual volveremos más tarde, y ante la puerta que da acceso al Centro Velázquez, llegamos al ala oeste de la galería, desde donde podemos acceder a dos pequeños patios.
Primer patio, que comunica con la galería baja.
Segundo patio, más pequeño, que contiene una pequeña alberca.
Puerta de comunicación entre el primer patio y la galería baja.
Con esto ya hemos recorrido toda la galería baja, a excepción de la sala del Centro Velázquez, en la que, como comentaba al principio, no están permitidas las fotografías. Nos vamos, pues, a la galería alta, a la cual se accede mediante una escalera de tanta calidad artística como la del palacio de la condesa de Lebrija o la del Palacio Alto del Alcázar.

Sobre la entrada de la escalera podemos observar un mármol labrado en reconocimiento a don Pedro Manuel Colón de Portugal, Caballero del Toisón de Oro, Gran Almirante y Adelantado de las Indias, por haber donado el solar en el que se levantó este Hospital de los Venerables Sacerdotes.
Mármol recordatorio de la donación de los terrenos del Hospital 
por parte del Almirante don Pedro Manuel Colón de Portugal. 
Escalera de acceso a la galería alta.
La escalera, con peldaños de mármol blanco, ya muy desgastados por el uso, muestra en sus paredes un zócalo de azulejos que recuerdan mucho a los del Alcázar, rematados con una cenefa formada por el escudo de Castilla y León, el águila bicéfala de los Austrias y las columnas de Hércules, representativas de los territorios de ultramar.
Cenefa que remata el zócalo de azulejos de la escalera.
Presentación del Niño Jesús en el templo. Lucas Valdés.
Antes se exponía en la Sacristía.
La espléndida bóveda es de media naranja, con el escudo papal en el centro
y querubines en las  cuatro esquinas.
Escudo papal, en el centro de la bóveda de la escalera.
Uno de los cuatros querubines que sostienen la cúpula.
Vista de la galería alta desde el descansillo de la escalera.
Vista del descansillo de la galería alta.
Ya estamos arriba, en la galería alta. Como en todo hospital de época, todo el muro interior, el que da al patio central, está cuajado de puertas que facilitan la renovación del aire y la entrada de los rayos de sol. Desgraciadamente, también provoca frecuentes reflejos en el barniz de las obras, lo cual dificulta la toma de fotografías. Pero no nos quejemos por minucias, que hay mucho que ver y, sorpresa, todos los cuadros están rotulados; (un servidor, que es escéptico de por sí, piensa que cuando se compraron ya venían con la plaquita de bronce colocada).

Como casi siempre, procedo a realizar la visita en el sentido contrario a las agujas del reloj.
Galería alta. Ala oeste.
Justino de Nevealma mater de este hospital. Virgilio Mattoni.
Recibimiento de los sacerdotes en el hospital. Lucas Valdés, siglo XVII.
Asistencia a los sacerdotes en la enfermería. Lucas Valdés, siglo XVII.
Ala sur de la galería alta.
Vista del patio central desde la galería alta.
San Juan en Patmos. Rafael Blas Rodríguez, 1.927.
Los compañeros de Emaús. Anónimo flamenco, siglo XVII. Emaús era una localidad,
jordana actualmente, en la que Jesucristo se apareció a dos de sus discípulos.
La curación del ciego. Anónimo flamenco, siglo XVII.
Santa Cecilia. Anónimo flamenco, siglo XVII.
Dolorosa.
Ala este de la galería alta.
Otra vista del patio central desde la galería alta.
Don Anselmo Leonardo García y Ruiz. Catedrático de Filosofía y Letras
de la Universidad de Sevilla y bienhechor del hospital. Virgilio Mattoni.
Isabel la Católica. Anónimo, siglo XIX.
Llegados a este punto, nos encontramos con algo inesperado. Se trata de una puerta en el muro que comunica con un pequeño espacio con dos compartimentos separados por una columna y cerrados por una celosía.
Puerta de acceso al mirador de la iglesia a través de la
celosía del ático del retablo del Cristo Crucificado.
Si miramos entre los huecos de ésta comprobamos, ¡sorpresa!, que estamos mirando el interior de la iglesia desde el ático del retablo del Evangelio más cercano al Altar Mayor; ése que muestra un Crucificado en cuyo pie de foto comenté que ya hablaría del retablo más adelante. Repito la foto:
Lo que nos parece una columna es, en realidad, la hornacina que cobija al Arcángel representado en el ático, y a los lados, a través de la celosía, podemos tener las siguientes vistas:
Cúpula central de la iglesia.
Retablo de la Inmaculada. Señalar que este retablo dispone de otra celosía similar,
por lo que es posible que también comunique con otra parte del edificio.
Esta disposición es muy curiosa y se trata de la primera vez que la encuentro en mis visitas. Continuamos camino por el lado este de la galería alta.
Retrato del Almirante Colbert, otro de los benefactores del
Hospital de los Venerables. Lucas Valdés, 1.699.
Tránsito de la Magdalena. Último cuadro de este ala de la galería.
Ala norte de la galería alta.
En este ala norte se encuentra el Gabinete de Estampas, no visitable por turistas; solo tienen acceso los estudiosos, previo permiso concertado. Contiene una colección de grabados, casi trescientos, de los siglos XVI al XX. Tras restaurar minuciosamente el papel, catalogar científicamente y pasar a diapositivas los varios centenares de este rico material calcográfico, se ha editado un Catálogo General dirigido por el Director de la Calcografía Nacional, quien acertadamente nos recuerda que antes que la fotografía y los modernos sistemas de fotomecánica, también hubo necesidad de la reproducción seriada de imágenes durante más de cuatro siglos, del XV al XVIII, siendo el único sistema el grabado.
Azulejo junto a la puerta del Gabinete de Estampas.
Una panorámica más del patio central, desde un nuevo ángulo.
El Bautismo de Cristo. Anónimo flamenco, siglo XVII.
La huida a Egipto. Anónimo flamenco, siglo XVII.
Moisés salvado de las aguas. Escuela italiana, siglo XVII.
Betsabé en el baño. Escuela italiana, siglo XVII.
Susana y los viejos (arriba) y Las hijas de Lot (abajo).
Ambos de la escuela italiana del siglo XVII.
Llegamos a la Biblioteca, antiguo refrectorio del hospital. Se trata un recinto, cómodo y luminoso, en el que se conserva un rico fondo bibliográfico informatizado, unos 6.000 títulos, que abarcan los siglos XVI al XXI. La singularidad de dicho fondo radica en un elemento común, su relación con la historia de Sevilla y su Reino, o estar escritos por autores sevillanos.
Puerta de la Biblioteca.
Azulejo junto a la puerta de la Biblioteca.
Pasada la Biblioteca, llegamos de nuevo a la escalera y al fin de la visita. Bajamos esta primera escalera desde la galería alta a la baja,
Bajada al patio principal.
y desde la galería baja al apeadero, a través del que salimos a calle.
Bajada de la galería baja al apeadero.
Haciendo balance de la visita, podemos decir que el Hospital de los Venerables Sacerdotes constituye un edificio magníficamente conservado, sin grietas ni humedades tan frecuentes en otros monumentos sevillanos, pero que tiene posibilidades de mejora, sobre todo si consideramos que es de pago y el importe de la entrada. Desde aquí sugiero, humildemente, que se señalicen debidamente las obras expuestas, sobre todo las de la iglesia; que se retoque la iluminación de la misma por un profesional del arte y no por el electricista del barrio, que hay focos que parecen anti-aéreos y otros que apuntan directamente al que contempla un retablo como si nos estuviéramos fugando de Alcatraz. Y sobre todo, ruego que permitan fotografiar las obras expuestas en el Centro Velázquez, que la memoria es corta y, a ciertas edades, más todavía.

Muchas gracias a los que hayan leído hasta aquí, que tiene su mérito.