Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 5 de agosto de 2011

El Museo de Bellas Artes de Sevilla -I. El edificio.

El antiguo convento de la Merced Calzada de la Asunción, de estilo mudéjar, fue fundado por san Pedro Nolasco tras la conquista de Sevilla, en 1.248. 

En 1.603, a instancias del entonces General de la Orden, fray Alonso Monroy, se derriba el antiguo convento y se comienza a levantar el actual edificio, de estilo manierista andaluz. Las obras corrieron a cargo de Juan de Oviedo, terminándose el cuerpo principal en 1.612, aunque la conclusión no llegó hasta ciento cincuenta años más tarde.
Espadaña del convento de la Merced, vista desde la calle Bailén.
Los frailes abandonaron el convento en 1.836, con motivo de la desamortización de Mendizábal, pasando a ser “Museo de Pinturas” y abriendo sus puertas al público en 1.841 con obras procedentes de otros conventos y monasterios desamortizados.
Fachada principal de la iglesia del convento, en la calle Cepeda.
Parte alta de la misma fachada.
Desde entonces, el edificio “sufrió” tres intervenciones importantes. En el último tercio del siglo XIX, se restauraron las arquerías y muros del piso primero, el solado de los claustros y el alicatado de los mismos. Entre 1.942 y 1.945 se actuó sobre la antigua sacristía, que pasó a convertirse en el Patio de las Conchas, y sobre la fachada principal, que cambió de lugar, cerrándose la portada barroca por la que se accedía anteriormente. A finales del siglo XX se rehabilitó definitivamente en su totalidad y se acondicionó realmente para que sirviera como museo, rigiéndose por las normativas redactadas para el conjunto de museos nacionales.
Portada de la iglesia del antiguo convento.
Detalle de la portada.
La colección inicial del museo se componía de pintura religiosa, mayormente barroca sevillana, cosa lógica por su origen conventual. Sin embargo, ya en el siglo XX, se sucedieron las donaciones de colecciones particulares, como las de Rafael González Abreu (1.928), José Gestoso Pérez (1.931) y Andrés Parladé (1.945) compuestas de pinturas, armas, cerámica, tejidos y mobiliario, diversificándose tanto la temática como los soportes artísticos.
En las últimas décadas se ha incrementado la colección por las adquisiciones públicas de la Administración andaluza y las donaciones efectuadas por descendientes de artistas de los primeros años del siglo XX. 
Detalle de una antigua puerta cegada.
El resultado de todo ello ha sido la conversión del Museo de Bellas Artes de Sevilla en la segunda pinacoteca española, tras el Museo del Prado, destacando la colección de pintura sevillana del Siglo de Oro, con obras de autores como Murillo, Velázquez, Zurbarán, Valdés Leal, Lucas Valdés, otras más modernas (Gonzalo Bilbao, Valeriano Bécquer y Eugenio Hermoso), así como de otros pintores, como Lucas Cranach, El Greco (Retrato de su hijo Jorge Manuel) y Marten de Vos.
Rincón formado por un lateral del Museo con la Capilla de la Hermandad del Museo.
Está prevista la ampliación y modernización del Museo, que se llevará a cabo con la incorporación del cercano Palacio de Monsalves, construcción del siglo XVI, totalmente reformada y rehabilitada por el arquitecto Aníbal González en 1.907. Este edificio albergó la sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía, antes de trasladarse al Palacio de san Telmo en 1.992. El espacio ganado será de 2.800 m2 útiles, lo que permitirá la reforma de las salas expositivas. En la actual sede, el convento de la Merced, se exhibirán las piezas del siglo XV al XVIII, y se mantendrán zonas de servicios como el taller de restauración o el almacén. En la nueva sede se expondrán los fondos de los siglos XIX y XX y las obras de pintura andaluza donadas por el coleccionista Mariano Bellver. Además, habrá dos salas para exposiciones temporales, una de ellas de larga duración con fondos del propio museo.
Si llegamos al edificio desde la Plaza de la Magdalena a través de la calle Bailén, lo primero que divisaremos será la espadaña de la iglesia del convento. Ojo, no hay que confundir la iglesia del antiguo convento (hoy día Sala V del museo) con la capilla de la Hermandad del Museo, adosada a la anterior.
La portada principal del antiguo templo se sitúa en la calle Cepeda, de estilo típico manierista, con vano rectangular entre columnas adosadas, entablamento y frontón partido con pináculos en sus extremos. En el centro del frontón, una hornacina con la imagen de san Fernando, con espada y orbe, como suele ser habitual, coronado todo por un nuevo frontón, curvo en este caso.
Fachada principal del actual Museo de Bellas Artes.
Y aquí vista desde el lado opuesto.
Seguimos adelante y, al girar la esquina, ya en la Plaza del Museo, justo frente a la portada principal, veremos sobre un alto pedestal la estatua en bronce del considerado "Pintor de Sevilla", Bartolomé Esteban Murillo. Teniendo en cuenta que a la escuela sevillana pertenecieron artistas de la talla de Villegas Marmolejo, Alonso Vázquez, Francisco Pacheco, Herrera, el Viejo, Zurbarán, Alonso Cano, Velázquez o Valdés Leal, el título concedido popularmente adquiere un especial valor. Y hago hincapié en el adjetivo ‘popular’, ya que varios de los mencionados cotizan en el mercado del arte bastante más que Murillo (no hay más que recordar el cambio con el Louvre de una obra del taller de Velázquez por la Inmaculada de los Venerables que el infame Soult robó de Sevilla) y, en cambio, cuando se pregunta en la ciudad por el pintor favorito de sus habitantes, siempre se responde: Murillo.
Bartolomé Esteban Murillo.
Pasando al aspecto arquitectónico, en la fachada que da a la plaza del Museo encontramos la portada del convento, aunque cambiada de sitio, ya que, originalmente, se situaba en el extremo contrario del edificio. Diseñada por Miguel de Quintana en 1.729, presenta arco de medio punto flanqueado por dos pares de columnas que descansan sobre pedestales. Sobre el arco vemos una gran hornacina con las figuras de la Virgen de la Merced, san Pedro Nolasco, (fundador de la Orden) y el rey Jaime I de Aragón, (su protector); hay dos columnas salomónicas, una a cada lado de la hornacina y, en el ático, un frontón con el escudo de la Orden de la Merced en el centro.
Portada principal del Museo de Bellas Artes.
Parte superior de la portada.
La Virgen de la Merced , con San Pedro Nolasco y Jaime I de Aragón a sus lados.
Columnas de la portada.
Detalle de una de las columnas.
El edificio está articulado en torno a cuatro patios (inicialmente eran solo tres) y una gran escalera, con la iglesia en un extremo. El vestíbulo está decorado con paneles de azulejería procedentes de conventos sevillanos desamortizados. Destacan los originales del convento del Pópulo y el arco de acceso al Claustro del Aljibe, realizado hacia 1.600 por Hernando de Valladares para el convento de san Pablo.
Azulejos del vestíbulo que da paso al Patio del Aljibe. 
Es obra de Hernando de  Valladares y procede del convento  de San Pablo.
Cubierta del vestíbulo.
Cruzando el arco de azulejos ante nosotros nos recibe el Patio del Aljibe. Se trata de un claustro porticado, con columnas de mármol distribuidas en cuatro galerías. La planta primera es cerrada, en tanto que la segunda está abierta al patio con similares columnas y arcos. En el centro hay un pozo que da nombre a este espacio.
Patio del Aljibe, desde la entrada del vestíbulo.
Galería de la izquierda respecto de la puerta de entrada.
Galería de la derecha desde el mismo punto.
Pisos superiores del Patio del Aljibe.
Pozo que da nombre al patio.

Si seguimos todo recto desde la puerta de entrada del vestíbulo, apenas a una docena de pasos, a nuestra derecha, veremos  un jardín al que se llama Patio de las Conchas, que ocupa el espacio de la antigua sacristía.
Patio de las Conchas.

Tiene un estanque central, con una pequeña fuente en uno de sus extremos, rodeado por un bajo seto de boj y adornado con numerosas macetas.
Fuente del Patio de las Conchas.
Otras vistas del pequeño Patio de las Conchas.
Nos volvemos por la puerta por la que hemos entrado y, siguiendo la misma galería, llegamos al Claustro Mayor. Es el patio más grande de todos, con el cuerpo inferior rodeado por galerías abiertas, con arcos soportados por dobles columnas de mármol, en tanto que en el cuerpo superior, reformado en 1.724 por Leonardo de Figueroa, asoman balcones enmarcados por pilastras jónicas.  Los azulejos que adornan las paredes del Claustro Mayor proceden de diversos conventos y monasterios de Sevilla y fueron colocados tras las sucesivas desamortizaciones del siglo XIX.
Vistas del Claustro Mayor.
Lateral de la iglesia, (actual Sala V del Museo) desde el Claustro Mayor.
Espadaña de la iglesia, vista desde el Claustro Mayor.
Techo de casetones en la galería baja del Claustro Mayor.
Fuente central del Claustro Mayor.
Primer plano de la fuente.
Azulejos procedentes de antiguos conventos y monasterios sevillanos.
En la pared frontal al lugar por el que hemos entrado, justo en el centro del muro de la galería, se exhibe un relieve en bronce, realizado por Antonio Susillo en 1.893: La presentación de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos en el Salón del Tinelio en Barcelona. Fue donado al museo justo un siglo después de su conclusión.
Presentación de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos en el Salón del Tinelio en Barcelona.  Antonio Susillo, 1.893.
Desandamos el camino y volvemos al Patio del Aljibe, giramos a la derecha al llegar y, en ese ala de la galería, con zócalo de azulejos antiguos, destaca el panel de cerámica de la Virgen del Rosario, realizado por Cristóbal de Augusta en 1.577 para el convento de Madre de Dios.
Azulejos del Patio del Aljibe.
Panel cerámico de la Virgen del Rosario. Cristóbal de Augusta, 1.577.
Procedente del convento Madre de Dios, se trata de una representación de la Virgen con el Niño, que protege bajo su manto a diversos santos de la orden dominica. Este modelo iconográfico será repetido más tarde por Zurbarán en su Virgen de las Cuevas.
Unos pasos más adelante, en la esquina, llegaremos al acceso del Patio de los Bojes, que es el que nos quedaba. Se trata, igualmente, de un claustro con arcos y columnas de mármol, aunque sin zócalo de azulejos y con su correspondiente fuente en el centro. Recibe ese nombre por los setos de boj que adornan prácticamente toda su superficie, perfectamente recortados, que dejan curvos caminos que nos permiten recorrer su superficie. En su galería baja se muestran algunas obras antiguas de variadas épocas.
Patio de los bojes.
Nuestra Señora del Pópulo, procedente del convento sevillano del mismo nombre. 
Es de autor anónimo, hacia 1.670.
Frontal del altar del convento de la Asunción. Hernando de Valladares, siglo XVII.
Santas Justa y Rufina. Detalle del altar del convento de la Asunción.
San Isidoro. Detalle del altar del convento de la Asunción.
San Hermenegildo. Detalle del altar del convento de la Asunción.
San Leandro. Detalle del altar del convento de la Asunción.
Campana del antiguo convento, en el Patio de los Bojes.
El Patio de los Bojes desde el descansillo de la escalera.
Una vez visto este patio, tenemos dos opciones: visitar las salas I a V, que se encuentran en esta planta baja o subir por la escalera o el ascensor a la primera planta, en la que se exponen las obras de las salas VI a XI. En este caso, como quiero dedicar esta entrada solamente al edificio y la planta superior tiene escaso valor artístico (en lo arquitectónico), visitaremos la espléndida escalera. 
Vista de la escalera desde el Patio de los Bojes. Al otro lado se
encuentra el Claustro Mayor y, a la derecha, el Patio del Aljibe.
También hay comunicación entre ambos patios mediante un pasillo que discurre bajo la escalera.
La escalera imperial vertebra todo el edificio, ya que comunica los patios entre sí (excepto el pequeño Patio de las Conchas, que es más bien un jardín) y enlaza las galerías alta y baja. Como decía fray Juan Guerrero en 1.835 es "de tal riqueza, adorno y curiosidad, y obra, que a dicho de todos no se halla otra en la cristiandad". Recordemos que para que una escalera pueda ser denominada imperial debe cumplir dos requisitos: situarse en el eje principal del edificio y tener separados los tramos de subida y bajada.
Escalera Imperial. Juan de Oviedo y de la Bandera, 1.612.
La del convento de la Merced fue realizada en 1.612 por el arquitecto Juan de Oviedo y de la Bandera. Con doble arranque entre sus dos tramos, la escalera consta de dos cuerpos coronados por una cúpula octogonal sobre trompas. Su rica decoración estucada constituye todo un muestrario del repertorio ornamental manierista. Esta decoración se intensifica en la luminosa cúpula, esfera celeste que representa un interesante programa iconográfico mariano. La afortunada composición de esta escalera la convirtió en modelo de otras posteriores en Iberoamérica.
Cúpula octogonal de la escalera.
Otra vista de esta magnífica obra. Incluso los pasamanos son de mármol tallado.
La Biblioteca se sitúa en el segundo descansillo.
Una vez arriba, el edificio se transforma en un museo mucho más aséptico y utilitario, cosa que me imaginaba ya en la planta baja al comprobar que no quedaban apenas restos de los techos originales en las galerías de los patios. Seguramente, hundimientos producidos en épocas pasadas impidieron disfrutar hoy día de artesonados y suelos de antaño.

En este punto termino esta entrada. El resto, es decir, el contenido artístico propiamente dicho del Museo de Bellas Artes de Sevilla lo desarrollaré más adelante dividido en dos partes, planta baja (con su impresionante Sala V) y primera planta.

El edificio está adaptado para personas con movilidad reducida.