Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 18 de enero de 2012

El Monasterio de Santa María de las Cuevas (la Cartuja de Sevilla), -I.

Desde tiempos inmemoriales, las orillas del Guadalquivir producían el barro que necesitaban los alfareros para su oficio. Numerosos hornos se concentraban en las orillas del río, sobre todo en el arrabal de Triana. En uno de ellos, precisamente, se descubrió en 1.248 la pequeña imagen de una Virgen, a la que se llamó, por el lugar en que fue encontrada, Santa María de las Cuevas. Se construye para su veneración una pequeña ermita, a cargo de hermanos franciscanos y, siglo y medio más tarde, en 1.399, el arzobispo Gonzalo de Mena dota a la institución de los dineros y terrenos necesarios, naciendo de este modo el monasterio de Santa María de las Cuevas o monasterio de la Cartuja.
Entrada a la Cartuja por la puerta de la fábrica.

A lo largo de su larga vida, el monasterio conoció momentos de gran esplendor, merced a las aportaciones de las familias nobles de la ciudad, (Mena, Ribera, Veraguas) y otros casi catastróficos, como las constantes inundaciones que sufría por su cercanía al Guadalquivir. Frecuentaron sus muros personajes célebres, como Cristóbal Colón, que vivió allí varios años en tanto preparaba su segundo viaje, y que incluso estuvo enterrado durante treinta años bajo su suelo. También fue usado como retiro por Felipe II, el sapientísimo Arias Montano o la propia santa Teresa de Jesús, amén de todos los reyes que pasaron por Sevilla en aquellos tiempos. 
Puerta de entrada a la fábrica de loza, desde adentro.
Merced a tanto visitante ilustre, la Cartuja se enriqueció artísticamente con obras de Alejo Fernández, Durero, Pace Gazini, Aprile de Carona, Martínez Montañés, Juan de Mesa, Murillo, Alonso Cano, Zurbarán, Pedro Roldán o Duque Cornejo. Desgraciadamente, muchas de estas obras maestras fueron robadas por los franceses durante la ocupación de 1.810, en la que, por si fuera poco, transformaron el monasterio en su cuartel general (ay, mariscal Soult, mala puñalá te den), con el consiguiente estropicio de todo el conjunto.

Los monjes cartujos debieron huir a Portugal, de donde regresaron tras la expulsión de los invasores, aunque por poco tiempo, ya que la Desamortización de 1.836 los privó definitivamente del monasterio.
Puerta de entrada a la fábrica de loza, desde afuera.
Tres años después, el comerciante inglés Charles Pickman compra las instalaciones, con el fin de instalar una fábrica de porcelana de estilo inglés. Durante siglo y medio, los productos con la marca "La Cartuja de Sevilla" gozaron de merecida fama en el mundo entero. Como es natural, las instalaciones tuvieron que adaptarse al ritmo de producción y, si bien en principio se intentó respetar los edificios originales del monasterio, la elevada demanda obligó a la utilización de capillas, refectorio y otras salas como almacenes o talleres. En su momento de máxima producción la fábrica de la Cartuja contó con diez grandes hornos, de los cuales se conservan cinco, convenientemente restaurados.
Calle interior de la fábrica.
En 1.982 la fábrica se muda a unas instalaciones más modernas y la Cartuja queda en estado de completo abandono hasta que, en 1.986, la Junta de Andalucía se hace cargo de ella, tratando de recupe­rar para el presente los elementos esenciales de todo su complejo pasado monástico, militar y fabril. En este nuevo contexto, se crea en 1.989 el Conjunto Monu­mental de la Cartuja de Sevilla, con la misión de tutelar el monumento, transformándolo al mismo tiempo en un centro de investigación y difusión cultural. Las obras de rehabilitación llevadas a cabo, con motivo de la Exposi­ción Universal de 1992, han dotado al inmueble de unas instalaciones expositivas que no tienen paralelo en la Comunidad Autónoma andaluza y que suponen una nueva etapa en la historia de este monumento.
Otra de las calles interiores.
En la actualidad, la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla acoge las sedes del Rectorado de la Universidad Internacional de Andalucía, del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico y del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo.

Una vez terminado el acopio de documentación, comienza el trabajo de campo. Hay dos entradas posibles a la Cartuja: por la antigua puerta de la fábrica, en la calle Camino de los Descubrimientos o por la entrada principal del monasterio, en la calle Américo Vespuccio. Elijo la primera porque se puede aparcar cómodamente. 

Nada más traspasar la portada, vemos una garita a la izquierda. El guarda no nos preguntará nada, pero por si acaso, basta decir que vamos a visitar el monasterio y nos indicará que el tique se compra al fondo a la derecha. Dicho y hecho, recorremos esta calle hasta el final y giramos a la derecha; nos espera otra calle, igual de larga, con jardines en el lado izquierdo y edificios en el derecho. Estos jardines, llamados de Cristóbal Colón nos muestran varios puntos de interés.
Jardines de Cristóbal Colón.
Otra vista de los jardines.
Estatua dedicada al Almirante.
Junto a la imagen de don Cristóbal aparece un raro ejemplar de flora tropical. Se trata de un ombú (Phytolacca dioica), también llamado "bellasombra", que no es exactamente un árbol, sino una hierba o un arbusto, según versiones. Alcanza gran longevidad, pero al no estar constituido su tronco por los anillos anuales de crecimiento es difícil determinar su edad con exactitud. El ombú del monasterio, según la leyenda, fue plantado por el mismo Hernando Colón, hijo del Almirante. Entre sus características se encuentra la inmunidad frente a los insectos debido a su savia tóxica y su rápido crecimiento, llegando a alcanzar hasta 10 ó 15 metros de altura. Su madera es muy blanda, debido a que contiene gran cantidad de agua, algo necesario para subsistir en los largos períodos de sequía propios de sus lugares de origen, Argentina y Uruguay.

El ombú de la Cartuja.
Visto desde el interior de los jardines.
Aproximadamente frente a este extraño especimen, en la zona de edificios antes comentada, podemos ver el Arco de los Legos. Es conocido con esta denominación por conducir a la zona donde residían los legos o hermanos de la comunidad. Estos tenían como misión, además de las propias de la Orden, el sostenimiento de los padres o sacerdotes, dedicados por completo a la vida de oración en las celdas dispuestas en torno al Claustro. Hoy, este arco sirve de límite entre las dependencias del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (a la izquierda) y la sede del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (a la derecha). Desgraciadamente, el día de mi visita estaban limpiando los tejados y aparecen en las fotografías diferentes andamios, útiles y herramientas:
Arco de Legos.
Seguimos adelante por la misma calle (ya advertí que era larga) y, bajando unos escalones nos encontramos, a la izquierda, una calle que nos lleva a la entrada principal del monasterio y, a la derecha, la entrada al atrio de la iglesia. Precisamente en el lado izquierdo de dicho atrio hay un cartelito que nos indica la puerta en la que se puede adquirir la entrada.
Aquí vemos la entrada al atrio y detrás la portada de la iglesia.
Portada de la iglesia.
Típica portada gótica, con el arco ojival acompañado de numerosas arquivoltas.
No menos característico es el gran rosetón, que en este caso se adorna de azulejos, en vez de vidrieras.
A la izquierda de este pequeño patio que forma el atrio veremos una galería en la que se muestra una serie de piezas arqueológicas y algunas zonas con pinturas al temple originales de la época de construcción.
Galería a la izquierda del atrio.
Diversas piezas escultóricas y pinturas se muestran en la galería izquierda.
En el lado derecho de la portada de la iglesia hay otra galería que corre a lo largo del muro y al fondo, un estanque:
Galería del lado derecho del atrio.
Estanque.
Una cruz de piedra con un Calvario en su base preside esta zona.
Una última vista de la portada de la iglesia.
El señor que dispensa los tiques nos aclara muy amablemente (más de un problema habrá tenido) que no vamos a visitar una iglesia al uso, con sus retablos, imágenes y pinturas, sino un lugar desacralizado que se utiliza como lugar de exposición de arte contemporáneo. No está de más la explicación para algún despistado que se presente.

El resto de la visita lo completaremos en las siguientes entradas.