Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 16 de marzo de 2012

Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles (Los Negritos).

La Antigua, Pontificia y Franciscana Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Fundación y Nuestra Señora de los Ángeles, popularmente conocida como Los Negritos se disputa con otras Hermandades de Sevilla (Pasión, Santo Entierro, Vera Cruz, El Silencio) el ser la más antigua de la ciudad. Esta cuestión, que parece banal, tiene su importancia, pues de la antigüedad depende tanto el día de salida de la Cofradía como la hora a la que lo hace (las más antiguas procesionan Jueves y Viernes Santos y, dentro de un mismo día, lo harán al final del mismo, excepto en la Madrugada, en que el orden es inverso).
Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles, en la calle Recaredo.



Entre otros testimonios, don Diego Ortiz de Zúñiga, en sus Anales eclesiásticos y seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla, metrópoli de Andalucía indica que “la Hermandad es fundación de antes de 1.400, y del tiempo del arzobispo don Gonzalo de Mena”. Es, pues, don Gonzalo de Mena quien, en 1.393, funda un hospital junto al desaparecido convento de san Agustín, con su correspondiente capilla, para atender las necesidades tanto religiosas como materiales de los “morenos”, como se les llamaba entonces. La Hermandad de Luz de Nuestra Señora de los Ángeles atiende las necesidades de la capilla del hospital, llamado primero Hospital de Mena y, posteriormente, de Nuestra Señora de los Reyes.

Detengámonos un momento en la situación de los esclavos en Sevilla. Desde los primitivos asentamientos humanos hasta 1.837 en que fue abolida, la esclavitud fue legal en España. A finales del siglo XIV eran numerosos los esclavos moros, obtenidos en las contiendas con el Reino de Granada o en las guerras norteafricanas, pero los que más abundaban eran los esclavos negros procedentes de las colonias portuguesas.  Eran tiempos convulsos, en los que el sillón episcopal estaba vacante, el rey de Castilla, Enrique III, era menor de edad, ejerciendo el poder un consejo de regencia y, además, se estaban produciendo revueltas contra los barrios judíos por todo el Reino que causaban miles de muertos. Por si fuera poco, la sequía o las inundaciones acabaron con varias cosechas y, para poner la guinda, las epidemias (sobre todo la peste) se cebaron con la ciudad.
Capilla y la Casa de Hermandad.
En estas condiciones, los esclavos se consideraron “artículo de lujo” debido al coste de su manutención, por lo que muchos de sus amos se apresuraron a desprenderse de ellos. Evidentemente, los primeros en ser “liberados” fueron los enfermos, débiles o ancianos. Así pues, varios miles de negros se vieron en la calle sin más medios para ganarse el pan que pedir limosna o intervenir en actividades delictivas. El arzobispo Mena actuó para paliar en lo posible tan desesperada situación con la construcción del hospital, con su capilla y la Hermandad consiguiente.

Con los años, la ciudad crecía y, a pesar del gran casco histórico de la ciudad (trescientas hectáreas), solamente podía hacerlo en una dirección: hacia fuera de las murallas. En el siglo XVI existían numerosas viviendas, muy humildes, adosadas a los tramos de muralla comprendidos entre la Puerta del Sol y la Puerta de la Carne, así como a orillas de la Calzada, camino de la Cruz del Campo. La necesidad de atender religiosamente a tantas personas, sobre todo por la noche cuando se cerraban las puertas de la ciudad, hace que la Hermandad compre tres solares en los que, desde entonces, tiene su sede, a cambio de pagar “tributo perpetuo anual de doce ducados y seis gallinas”. El nombre oficial de la parroquia sería el de San Roque, santo protector contra la peste, muy popular a fines de la Edad Media.

En 1.585 comienzan los oficios en la nueva capilla, pero pronto se queda pequeña; no hay espacio donde enterrar a los difuntos ni para celebrar misa ni administrar los sacramentos en condiciones. Se decide entonces construir un nuevo templo enfrente de la capilla que, después de muchos de construcción, acabaría siendo la actual iglesia de san Roque, denominándose a la primitiva sede Capilla de Nuestra Señora de los Ángeles. Durante la larguísima edificación de san Roque se produjeron numerosos avatares, que obligaron a varias mudanzas de un templo a otro, lo que dio origen a la estrecha relación que mantuvieron ambas Hermandades durante siglos.

El actual templo tiene sus precedentes constructivos a mediados del siglo XVI, sufriendo importantes reformas en 1.656, 1.734, 1.888, 1.964 (prácticamente una reedificación a cargo del arquitecto Juan López Sáez.), 1.993 y 1.996, siendo esta última la que le da su actual aspecto.

La portada, muy sencilla, dispone de un alto arco de medio punto, con una pequeña espadaña coronada por cruz de forja. Adosada a ella se encuentra la Casa de Hermandad, decorada con los mismos colores.
Vista de la capilla desde la entrada.
Entrando en el templo, vemos que la planta es rectangular, dividida en dos naves: principal y epístola. La nave principal está cubierta por un cielo raso moderno que imita un techo de alfarje (techo de madera horizontal y con dibujos geométricos entrelazados, que en muchos casos se labra y se pinta adicionalmente), a excepción de las bóvedas de media naranja que cubren el presbiterio y la capilla lateral, decoradas con pinturas. 
Techo de alfarje de la capilla.
Comenzamos la vista por el lado del Evangelio (a nuestra izquierda) de la nave principal. Allí vemos una pieza sencilla, pero muy interesante históricamente. Se trata de la Cruz de las Toallas, que conserva la Hermandad, consistente en dos sencillas tablas cruzadas pintadas en negro con un sudario de tela blanca, tal como se representaba la Pasión de Cristo en tiempos antiguos, cuando no se usaban imágenes. Esta concretamente es la que señalaba la primera estación del Vía Crucis a la Cruz del Campo, en la plaza de la Casa de Pilatos, hasta que el duque de Alcalá hizo construir para ello, en 1.630, el retablo y cruz de mármol junto a la puerta principal de su palacio.
Cruz de las Toallas (siglo XVII).
Adorno cerámico al pie de la Cruz de las Toallas.
A continuación tenemos un óleo de gran tamaño, de autor, época y temática desconocidos y, a su derecha, una pintura de la Virgen de Guadalupe, procedente de Méjico, del siglo XVIII.
Pintura de gran formato. Autor desconocido.
Virgen de Guadalupe. Méjico, siglo XVIII.
Le sigue el púlpito, de hierro forjado sobre el que cuelga La visión de la Porciúncula de san Francisco de Asís, obra de Juan Ruiz Soriano, del siglo XVIII. La porciúncula (pequeña porción) era la antigua Capilla de los Ángeles, en las afueras de Asís, donde san Francisco fundó la Orden de los Frailes Menores en 1.209.
Púlpito de hierro forjado y sobre él, La visión de la Porciúncula de san Francisco de Asís, de Juan Ruiz Soriano, siglo XVIII.
Ya estamos ante el presbiterio. Antes de continuar quisiera aclarar que las fotografías fueron tomadas poco después del Quinario del Santísimo Cristo de la Fundación, por lo que las imágenes del mencionado Cristo y de la Virgen de los Ángeles han intercambiado sus lugares habituales.
Presbiterio de la capilla, ocupado en este momento con motivo de su Quinario por el Cristo de la Fundación.
Cristo de la Fundación. 
Bóvedas del presbiterio. Pinturas de Rafael Rodríguez Hernández.
Presbiterio. Pinturas muro izquierdo.
Presbiterio. Pinturas muro derecho. 
Como la capilla contigua, el presbiterio presenta bóveda de media naranja y muros decorados con pinturas de Rafael Rodríguez Hernández, con escenas de la Anunciación y la Asunción de la Virgen.

El Retablo Mayor, de estilo moderno, está presidido habitualmente por la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, de autor desconocido del siglo XVII, estando tallada de cara y manos. Fue restaurada por Juan Miguel Sánchez en 1.955 y por Antonio Joaquín Dubé de Luque en 1.984.
Nuestra Señora de los Ángeles, en la capilla lateral.
Nuestra Señora de los Ángeles , vestida al estilo hebreo.
Nuestra Señora de los Ángeles. Detalle.
Peana de Nuestra Señora de los Ángeles.
La leyenda que explica el origen de esta advocación afirma que una estatuilla de piedra de unos veinte centímetros fue encontrada por una mujer (según versiones india, mestiza o negra) que se la llevó a su casa, guardándola en una caja. Sin embargo, al pasar el día siguiente por el mismo sitio encontró otra imagen idéntica; al llevarla a su casa y guardarla comprobó que la encontrada el día anterior no estaba en la caja. Lo mismo le sucedió el día posterior, lo que preocupó a la mujer, que  llevó la talla al párroco de la localidad. Éste encerró la imagen bajo llave en la sacristía pero de nuevo, a la mañana siguiente, se encontró en el lugar original. Llegaron, pues, a la conclusión de que la Virgen no quería moverse de donde fue hallada, por lo que se le construyó una ermita en el lugar, que nombrada de Nuestra Señora de los Ángeles, correspondiente al santoral del día en que fue encontrada por primera vez, dos de agosto. 

En la cabecera de la nave de la Epístola, en un retablo del XVII, recibe culto la imagen del "Cristo de la Fundación", obra de Andrés de Ocampo, réplica de otro que él mismo talló en 1.620 por encargo de Felipe IV para la catedral de Comayagua, en Honduras. En su interior se descubrió durante la restauración de 1.940 un manuscrito que dice: «Este Cristo se hizo en Sevilla, año de mil y seizientos y veinte y dos. Hízolo Andrés de Ocampo, maestro escultor». Muerto Ocampo antes de terminar la imagen, la policromó el pintor luxemburgués Pablo Legot. Fue restaurado primero en 1.734 y más tarde, en 1.940, por Agustín Sánchez Cid. Finalmente, en 1.989, el Instituto de Conservación y Recuperación de Bienes Culturales de Madrid lo sometió a una profunda intervención.

En el muro de la Epístola, entre el retablo del Cristo de la Fundación y la puerta de salida al patio de la Casa de Hermandad, aparece un pequeño retablo en el que se representa a  san Benito de Palermo, el santo negro siciliano venerado como tercer titular de la Hermandad, aunque no figure en el título oficial de ésta, desde su beatificación en el siglo XVII.
San Benito de Palermo, tercer titular de la Hermandad.
Pila Bautismal junto a una de las pilastras.
Siguiendo el muro, nos vamos encontrando con tallas de san Martín de Porres, la Virgen del Carmen y, a los pies de la nave, junto a la ventana que da al exterior, a san Francisco de Asís, imagen de vestir tallada por José Francisco Blasco Rivero, en madera de cedro real y bendecida en el año 2.010. 
San Martín de Porres.
Virgen del Carmen.
San Francisco de Asís. José Francisco Blasco Rivero, 2.010.
Curiosidades:
  • Hasta el año 1.848 no se aceptaron como hermanos a personas de raza blanca.
  • Tradicionalmente es nombrado Hermano Mayor el arzobispo de Sevilla.
  • Ante el presbiterio se encuentra una lápida que recuerda al hermano Salvador de la Cruz, que se vendió a sí mismo como esclavo para costear una misa de desagravio en honor de la Inmaculada Concepción después de que en 1.617 se negara en la Corte española el Misterio de la Purísima.
Lápida que recuerda al hermano Salvador de la Cruz.
  • Durante la ocupación francesa, la capilla fue usada como depósito de cadáveres.
  • La Hermandad de la Virgen de los Ángeles no fue la única cofradía de negros en la ciudad. También lo era la Cofradía de la Virgen del Rosario, de Triana, que desaparece poco después de la gran epidemia de peste de 1.649 y la de mulatos de la Virgen de la Presentación, disuelta en 1.760.
  • El 10 de diciembre de 2.006 se inauguró una estatua en memoria en Antonio Machín, obra del escultor Guillermo Plaza Jiménez, ubicada en la plaza de Carmen Benítez. Allí, la imagen de Machín mira hacia la Hermandad de Los Negritos, a la que el cantante cubano estuvo muy vinculado.
Monumento a Antonio Machín.
Machín mirando a Los Negritos.
La Casa Hermandad dispone de una serie de salas (oficina, almacenes) y un amplio patio en el que pueden admirar varios azulejos:
Cruz de forja. Patio de la Casa Hermandad.
Cristo de la Fundación.
Nuestra Señora de los Ángeles.
Termino aquí la visita, agradeciendo al hermano Martín García Castizo las facilidades prestadas y la amabilidad que ha tenido durante la duración de la misma.