Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 19 de marzo de 2012

Convento de Santa María de Jesús (San Pancracio).

Cuando preguntemos a un sevillano por la ubicación del convento de Santa María de Jesús es muy posible que no sepa contestarnos, pero si a esa misma persona se le pide la dirección del “Convento de San Pancracio” es casi seguro que nos dirigirá a la calle Águilas, pasando la Casa de Pilatos según se entra desde la Puerta Carmona.
Convento de Santa María de Jesús desde la esquina de la calle Caballerizas.

Y es que la devoción que en Sevilla se tiene por el mártir cristiano es enorme. Los lunes, día de culto a la imagen, la aglomeración de público recuerda  a las de Semana Santa y, además, es raro el negocio de la ciudad que no muestre su "San Pancracio", con su ramita de perejil y una antigua moneda de dos reales metida en el dedo índice, en un intento de lograr la intercesión del santo por la buena marcha de la empresa.

El convento fue fundado por don Álvaro de Portugal, primo de Isabel la Católica, que recibió para ello la bula correspondiente del papa Alejandro VI, de infausto recuerdo. Se rige por las reglas de la Orden de las clarisas franciscanas, al igual que los conventos de santa Inés y el tristemente desaparecido de santa Clara. Constaba de iglesia, campanario, refectorio, dormitorios y huertas, siendo el encargado de su diseño el arquitecto Pedro Díaz de Palacios.
El convento desde el lado contrario de la calle Águilas.
En verano de 1.765, durante una tormenta, un rayo alcanza el área de los dormitorios e inicia un incendio que dura cuatro días. Los cuantiosos daños pudieron ser reparados, gracias a la generosidad de la nobleza local, en tan solo un año.

En el siglo siguiente, la comunidad resistió, a trancas y barrancas, un nuevo incendio y las desamortizaciones, mientras que, ya en 1.996, acoge a las pocas monjas que quedaban en el monasterio de santa Clara, que desaparece como tal, pasando a ser propiedad del Ayuntamiento y destinado a usos culturales. En la actualidad, el convento sobrevive realizando labores de encuadernación (en las que tienen gran tradición) y con la venta de dulces por ellas elaborados.

Un largo muro delimita el edificio por la calle Águilas, con una sola portada, aunque más adelante se ve otra que fue cegada, a cuyo lado está la puerta que nos lleva al torno y al resto del convento. Un azulejo de san Pancracio se sitúa sobre la puerta tapiada.
Retablo cerámico de san Pancracio, de gran devoción en la ciudad.
La portada principal, de estilo manierista, es obra de Juan de Oviedo y Alonso de Vandelvira, de 1.590. Sobre dos sobrias columnas se apoya un dintel en el que dos ángeles sostienen una cartela que reza: ”Santa María ora pro nobis. Se ren. año de 1.695. Coronando la portada, en una hornacina, encontramos una imagen de la Virgen con el Niño, de la misma época, obra también de Juan de Oviedo.
Portada del convento.
Parte superior de la portada.
Imagen de Santa María de Jesús, titular del convento.
La iglesia es de planta rectangular, con una sola nave, a la que accedemos por el lado del Evangelio. No presenta capillas laterales, sino retablos adosados a los muros. Dos grandes arcos fajones delimitan la nave en tres zonas. A nuestra derecha se encuentran los coros, alto y bajo, zona de clausura separada de la capilla por rejas y, a la izquierda, en la zona más cercana al presbiterio, una reja enclavada en el arco delimita un espacio reservado a las hermanas clarisas.
Vista general desde los pies de la iglesia.
Vista general desde los pies de la iglesia. 
Esta parte central muestra bóveda de cañón dividida en tramos, adornados cada uno de ellos con yeserías centrales con motivos vegetales. Este techo de obra se superpone al original de madera que sigue existiendo, según se puede ver en la zona del coro alto. El muro del Evangelio dispone en su parte superior de ventanas a la calle Águilas, en tanto que en el  muro de la Epístola se adorna con cuadros procedentes del convento de santa Clara.
Lado del Evangelio.

Lado de la Epístola.
Bóveda de cañón con adornos de yeserías.
El presbiterio, en cambio y en contra lo que suele ser habitual, dispone de bóveda de artesonado de par y nudillo con adornos de lacerías y mocárabe.
Arco fajón y bóveda del presbiterio.
Desde la puerta de entrada, comenzamos el recorrido pormenorizado por el lado izquierdo, siguiendo las agujas del reloj. Comentar que, desgraciadamente, y a causa de los continuos robos, los retablos están cubiertos por unas mamparas de madera y cristal que impiden una correcta visión de los mismos.

El primero es el retablo de santa Ana enseñando a leer a la Virgen, del siglo XVII, atribuido al círculo de Cristóbal de Guadix. De estilo barroco presenta abundantes adornos, con cuatro columnas salomónicas dividiendo la obra, presidida por las figuras de santa Ana y la Virgen en el interior de una hornacina.
Retablo de santa Ana enseñando a leer a la Virgen .
Le sigue el retablo de san Andrés, de estructura y atribución iguales al anterior. El santo viste al modo bizantino y porta la cruz en aspa en la que sufrió martirio.
Retablo de san Andrés. 
Ya estamos ante la reja que nos separa del presbiterio. Vemos que sus laterales están cubiertos por un zócalo de azulejos en tonos blancos y azules, datado en 1.589 y atribuido a Alonso García. Sobre el zócalo, los muros están cuajados de pinturas murales, en regular estado, de estilo parecido a las de la iglesia de la Magdalena.
Vista general del presbiterio, con la reja que separa la zona pública de la de clausura.
Lado izquierdo del presbiterio.
Lado derecho del presbiterio.
El Retablo Mayor, de fines del siglo XVII y realizado en madera de pino de Flandes, fue ensamblado por Cristóbal de Guadix. Todas las esculturas se deben a la gubia de Pedro Roldán, excepto la Virgen titular, atribuida a su hija, La Roldana. De la época de máximo esplendor del barroco, este muy bien conservado retablo consta de banco, cuerpo con tres calles y ático; cuatro columnas salomónicas se encargan de la separación de las calles, quedando la central más ancha que las laterales.
Banco y cuerpo central del Retablo Mayor. En el lado izquierdo, san Francisco de Asís y san Jorge (busto); en el derecho, santa Clara y santa Catalina (busto).
Imagen central del Retablo Mayor: La Virgen cambiando los pañales al Niño. Luisa Roldán, la Roldana, siglo XVII.
La imagen central, insertada en una gran hornacina, representa a la Virgen cambiando los pañales al Niño Jesús, flanqueada por efigies de san Francisco de Asís y santa Clara, de bulto redondo, y dos bustos de san Miguel y santa Catalina. Bajo ella, en el banco, se nos muestra un sagrario de plata moderno, con incrustaciones de marfil, del orfebre Manuel Domínguez. En la zona central del ático tenemos un relieve, también de Pedro Roldán, que representa la Natividad de la Virgen, con tallas a los lados de los santos Juanes (el Bautista con báculo y el Evangelista con un copón); todo ello coronado con el escudo de la Orden de santa Clara.
Ático del Retablo Mayor: Natividad de la Virgen, con san Juan Bautista a la izquierda y san Juan Evangelista a la derecha. Arriba del todo, el escudo de la Orden de santa Clara.
En el lado derecho del presbiterio ha quedado el retablo del Cristo del Perdón, un Nazareno de talla completa (cosa rara en la iconografía de los Nazarenos sevillanos), que algunos autores atribuyen a Juan de Mesa.

El recorrido del lado derecho comienza ante el retablo de san Antonio de Padua, de similares características, e imagen relacionada con el taller de Pedro Roldán.
Retablo de san Antonio de Padua. 
Azulejo que recuerda el nombramiento a perpetuidad de las hermanas clarisas como camareras honorarias de la Hermandad de Los Negritos.
También del mismo estilo  y época (finales del XVII) es el retablo de la Inmaculada, aunque en este caso, la talla se atribuye al círculo de Duque Cornejo. Está rematado por un relieve de san José con el Niño.
Retablo de la Inmaculada.
Un nuevo azulejo conmemora la designación de esta iglesia como sede eclesiástica de la sección de Andalucía de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén.
A continuación, justo enfrente de la puerta de entrada, encontramos el altar de san Pancracio. Es la talla más moderna y de menor valor artístico del convento, pero el gran fervor popular que provoca exige que las hermanas clarisas deban abrir cada lunes por la tarde la capilla para los fieles.
El popular altar de san Pancracio.
Finalmente llegamos al retablo del Camino del Calvario, el más antiguo, del siglo XVI. Proyectado por Asensio de Maeda y realizado por Juan de Oviedo el Viejo, fue encargado para la capilla sepulcral de don Gaspar Lorenzo de Herrera. Presenta dos características inusuales para la época: se trata de uno de los primeros “relieves de altar” que tanto abundarían posteriormente en el barroco sevillano frente a los tradicionales “cuadros de altar” y, además, el Nazareno abraza la cruz por el lado más largo, a la manera medieval, iconografía que se repetirá más tarde de la mano de Pacheco y Francisco de Ocampo.
Retablo del Camino del Calvario.
A los pies de la nave se sitúa el muro enrejado que separa la zona pública de los coros alto y bajo. En su centro está situado un Crucificado, del siglo XVII y tamaño natural, procedente del convento de santa Clara, enmarcado por dos pinturas: Los Mártires franciscanos del Japón y Escenas franciscanas.
Arco fajón que enmarca el muro de separación entre los coros y la zona de visitas.
Crucificado procedente del convento de santa Clara.
Los mártires franciscanos de Japón. Convento de santa Clara, siglo XVII.
Escenas franciscanas. Convento de santa Clara, siglo XVII. 
Hemos terminado el recorrido de la parte pública del convento. Intentaremos en otro momento poder visitar la zona de clausura.
Cajón de entrada y salida.