Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

jueves, 29 de marzo de 2012

Iglesia de san Isidoro, II y final.

Terminamos la entrada anterior en la cabecera de la nave del Evangelio, por lo que comenzamos ahora visitando el presbiterio. De pequeño tamaño en relación a la superficie total del templo, está dominado por el barroco Retablo Mayorobra de Felipe del Castillo de 1.752, que sustituyó a otro del siglo anterior de Miguel Bovis. 
Presbiterio de la iglesia de san Isidoro.


Está presidido por un gran lienzo que representa El Tránsito de san Isidoro, de Juan de Roelas en 1.631, con marco muy ornamentado. Como es habitual en este tipo de representaciones, la escena aparece dividida en dos claras partes: arriba, se representa lo celestial, mostrándonos a Jesucristo con la Virgen, rodeado por ángeles músicos, esperando la subida del santo para coronarlo. En la parte inferior, simbolizando lo terrenal, aparece san Isidoro, confortado por multitud de religiosos y seglares en su Tránsito. 
Retablo Mayor, con el Cristo del Perdón delante, por ser época de Cuaresma.
Tránsito de san Isidoro. Juan de Roelas, 1.631.
Altar de plata del presbiterio, con relicario.
El ático nos muestra un relieve de El Padre Eterno, escoltado por ángeles. En los lados del retablo aparecen cuatro estípites (columnas en forma de pirámide invertida), adornadas con escenas de la vida del santo. En el banco se sitúan las esculturas de san Pedro y san Pablo, también de Felipe del Castillo, a los lados de un sagrario de plata, con la representación de La Última Cena cincelada sobre la puerta. 
Ático del retablo y bóveda del presbiterio, adornada con pinturas murales que muestran escenas apoteósicas de san Fernando y san Hermenegildo, del segundo tercio del siglo XVIII, próximas al estilo de Juan de Espinel.
Púlpito de madera noble con adornos de plata.
Continuamos la visita colocándonos en la cabecera de la nave de la Epístola. Allí se sitúa la Capilla de los Villalpando, en la que se veneraba a san Juan Nepomuceno, actualmente dedicada a san Alberto Magno, fraile dominico de origen alemán, teólogo y erudito, que vivió en el siglo XIII y fue nombrado Doctor de la Iglesia en 1.931. Es interesante su retablo barroco, sus azulejos del siglo XVII y la reja que cierra la capilla, datada en 1.609.
Capilla de los Villalpando.
San Alberto Magno.
Primer cuerpo del retablo.
Ático del retablo.
Seguidamente, en el muro, se encuentra el Altar de san Pedro y san Antonio Abad, que aparecen representados en una pintura sobre tabla, de Pedro de Campaña, fechada en 1.560, vestidos de ermitaños, recibiendo el maná del cielo que les lleva una ave en su pico. 
Altar de san Pedro y san Antonio Abad .
Siguiendo por la Epístola y nos topamos con el Retablo de san José, obra barroca con abundante decoración de Lorenzo Pérez Caballero, fechada en 1.742. Está presidido por imagen del titular realizada por José Montes de Oca el mismo año. 
Retablo de san José. Lorenzo Pérez Caballero, 1.742. 
Imagen de san José. José Montes de Oca, 1.742.
Altar del retablo.
Justo antes de llegar a la puerta de la Epístola, veremos la Capilla de Nuestra Señora de la Salud, llamada antiguamente La Virgen Canaria y, más tarde, Reina de la Costanilla, en referencia a la cercana plaza de la Costanilla, hoy día de la Pescadería. Es de estilo mudéjar, con bóveda de media naranja de adornos geométricos y linterna.
Capilla de Nuestra Señora de la Salud.
Bóveda y linterna de la  capilla de Nuestra Señora de la Salud.
Altar de plata de la capilla.
Muro izquierdo de la capilla.
La capilla se encuentra presidida por imagen de la titular, de talla completa, atribuida a José Luján Pérez a primeros del siglo XVI, así como el Niño, llamado oficialmente del Dulce Nombre de Jesús y conocido popularmente como El Chato de la Costanilla.  
Nuestra Señora de la Salud, Reina de la Costanilla.
Nuestra Señora de la Salud con El Chato de la Costanilla.
Otra vista de la Virgen con el Niño.
Junto a la capilla se encuentra la entrada de la Epístola, en cuyo pasillo se expone el Simón de Cirene de Francisco Antonio Ruiz Gijón, tallado en 1.687, considerado por muchos como la mejor imagen secundaria de la Semana Santa de Sevilla, junto con el san Juan Evangelista de la Hermandad de la Amargura.
Entrada de la portada de la Epístola desde adentro.
Bóveda del vestíbulo de la portada de la Epístola.
Cirineo de Ruiz Gijón, una de las mejores figuras secundarias de la Semana Santa sevillana.
El último altar del muro de la Epístola está presidido por un Crucificado de pequeño tamaño, que según me apunta el amigo y artista Antonio Díaz Armijo es el boceto de un Crucificado que estuvo en la Parroquia (y que ahora se encuentra en el Seminario) realizado por el escultor contemporáneo moronense Manuel Martín Nieto. Este boceto ha sido policromado por el grupo artístico Daroal, autores asimismo de la decoración barroca (paisaje del fondo) de dicho Retablo.
Altar con Crucificado, obra contemporánea de Manuel Martín Nieto.
La Anunciación. Pintura sobre el anterior altar.
En los pies de la nave de la Epístola se sitúa otro altar, ocupado por una tabla de Pedro de Campaña, que muestra a San Pablo ermitaño con San Antonio Abad:
Altar de San Pablo de Campaña y San Antonio Abad.
Órgano y coro sobre la portada principal.
Terminamos así la visita que hemos realizado a la que se dice que primero fue templo romano, después basílica visigoda y más tarde mezquita islámica, para acabar convirtiéndose en iglesia cristiana.

Adaptada a personas de movilidad reducida.