Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

jueves, 12 de abril de 2012

Convento Madre de Dios de la Piedad, -II y final.

El Retablo Mayor que presenta este templo, imponente, no es el original de Juan de Oviedo, de 1.570, con tallas de Jerónimo Hernández. De este último, sin embargo, se conservan algunas imágenes, como la Virgen del Rosario, que preside el retablo actual, el relieve de La Última Cena en el primer cuerpo o las figuras del Calvario (Cristo con la Virgen y san Juan), en el ático. Igualmente aparecen en otras zonas del convento figuras del primitivo retablo; en el coro bajo se sitúan santa Catalina y santo Domingo, ambos en posición orante, y un Resucitado en el coro alto.
Vista del Retablo Mayor desde los pies de la nave.
El Retablo Mayor actual fue realizado por Francisco de Barahona entre 1.702 y 1.704, y costeado por el capitán Andrés Bandorne. Consta de tres cuerpos y tres calles, separadas por cuatro columnas salomónicas, y rematado todo ello por un ático.
El relieve de la Sagrada Cena y la talla de la Virgen del Rosario ocupan la calle central.
San Andrés y san Vicente Ferrer.
San Pedro y santo Tomás de Aquino.
En la calle central se sitúan un relieve de la Última Cena, la Virgen del Rosario y el Calvario antes citados. En la izquierda (mirando de frente), vemos a san Pedro y santo Tomás de Aquino y, en la derecha, san Andrés y san Vicente Ferrer.

Las pinturas murales, tanto del presbiterio como del resto del templo, son de Lucas Valdés, que usó para su realización una técnica mixta de óleo y pintura al temple.
Muro izquierdo del templo.
Muro izquierdo del templo.
Muro derecho del templo.
Muro derecho del templo.
Sepulcros de la familia de Hernán Cortés, patrocinadores de la Capilla Mayor.
En ambos muros del presbiterio se sitúan dos sepulcros, obras de  Juan de Oviedo y Miguel Adán de 1.590 , que corresponden a los enterramientos de la viuda de Hernán Cortes, sus dos hijas y su nuera. Las tapas de las sepulturas no son las originales, que muestran a Juana de Zúñiga y su hija en posición orante, las cuales se conservan en el claustrillo de la Cartuja de santa María de las Cuevas.
Cubrimientos originales de las sepulturas de Juana de Zúñiga, viuda de Hernán Cortés, y familia.
En esta iglesia hay un total de veintitrés sepulturas, más otras diez en el coro bajo. Algunas corresponden a personas principales de la ciudad, como Diego Venegas, Primer Oidor de la Casa de Contratación (su sepulcro presenta una curiosa losa de mármol en relieve que se puede ver en la calle central del templo), Beltrán de Cetina o Cristóbal de Fonseca. Otras son de monjas de la Orden, siendo la más conocida sor Bárbara de santo Domingo, hija del campanero de la Giralda, de corta y mística vida (falleció a los treinta años), cuyo cuerpo incorrupto reposa en el coro bajo.
Losa sepulcral en relieve de don Diego Venegas, primer oidor de la Casa de Contratación.
Sor Bárbara de santo Domingo, la Hija de la Giralda.
El primero del lado de la Epístola, (recordemos que vamos en el sentido de las agujas del reloj), es el retablo de san Juan Bautista, de Miguel Adán, policromado por Agustín Colmenares, datado entre 1.575 y 1.585. En la parte central del arco se representa El Bautismo de Cristo, estando rodeado por relieves que muestran escenas de la vida del Bautista.
Retablo de san Juan Bautista.
El Bautismo de Cristo.
Tímpano del retablo.
Azulejos del retablo del Bautismo de Cristo.
Seguimos por este lado de la iglesia en dirección a los pies de la misma y encontramos el retablo de la Virgen del Rosario, del siglo XVI y autor desconocido. En el arco central encontramos, de izquierda a derecha mirando de frente, a santo Domingo de Guzmán (con su inconfundible banderín), la Virgen del Rosario y santo Tomás de Aquino. En los lados y el ático aparecen relieves con representaciones del Santo Rosario, los Evangelistas y otros santos. Sobre la Virgen del Rosario aparece una pintura de la Madonna della Strada (o Virgen del Camino), que se encuentra en la iglesia del Iesú, de Roma, según me apunta un amable lector. Otro lector me indica que, tal como yo había leído inicialmente, se trata de la Virgen del Populo, basándose en estudios artísticos. En cualquier caso, aquí quedan reflejadas ambas opiniones.
Retablo de la Virgen del Rosario.
Arco del retablo, con la Virgen del Rosario, santo Domingo de Guzmán y santo Tomás de Aquino. Arriba, la Virgen del Camino o del Populo, según versiones.
Las tres figuras centrales del retablo.
Virgen del Rosario.
Santo Domingo de Guzmán.
Santo Tomás de Aquino.
Ático del retablo.
Banco del retablo.
Cartela de bronce que atestigua el patronazgo de este altar por la familia Leiva y Sepúlveda en 1.593.
Escenas laterales del retablo.
Terminado este lado de la iglesia, podemos dirigir nuestra atención al muro que separa los coros alto y bajo de la zona pública:
Aquí vemos la doble reja del coro bajo.
Los coros alto y bajo, desde otro ángulo.
El coro bajo es un espacio rectangular, con sus paredes cubiertas por la sillería del coro que, al igual que el facistol, es del siglo XVI. El techo está sostenido por cinco grandes vigas de madera, que sostienen otras vigas más pequeñas, todas ellas decoradas con pinturas y relieves. En su interior, no visitable, se guardan tallas que muestran a santo Domingo y santa Catalina, ambos de Jerónimo Hernández, que formaban parte del antiguo Retablo Mayor. En el centro de la pared frontal se ve el Crucificado de la Enfermería atribuido al círculo de Pedro Millán, sobre el año 1.500 y, en un lateral, la Virgen de Copacabana del boliviano Acostopa Inca (siglo XVII), a cuyos pies se sitúa la tumba de la antes mencionada sor Bárbara de santo Domingo.
Vista del coro bajo a través de la reja.
Entre este muro y la puerta por la que hemos entrado está colocada la pieza con menor valor artístico, pero con más devoción popular de este templo: el altar de san Martín de Porres, popularmente conocido como fray Escoba, que cada jueves es visitado por multitud de sevillanos.
Sencillo altar de san Martín de Porres.
Nacido en Lima (1.579-1.639), Martín era hijo de un hidalgo español perteneciente a la Orden de Alcántara y de una negra liberta. Al contrario que su hermana Juana, de piel blanca, Martín heredó el color de su madre, lo que le supuso durante muchas fases de su vida (e incluso tras su muerte) numerosas muestras de discriminación. Su padre, por ejemplo, no lo reconoció hasta muchos años después de su nacimiento; la familia paterna aceptó a su hermana, pero no a él, por ser negro. Finalmente, empezó a trabajar como aprendiz de boticario.

Intentó ingresar en  el convento dominico de Nuestra Señora del Rosario, pero no dejaron ser ni hermano lego, por su condición de negro y bastardo. Gracias a la mediación de fray Juan Lorenzana, fue admitido en la Orden dominica en calidad de "donado", que era prácticamente lo mismo que ser criado. Así permaneció durante nueve años hasta ser admitido como hermano.
El venerado fray Escoba.
En el convento, Martín ejercía el puesto de barbero (cirugía menor) y enfermero. Pronto alcanzó fama en todos los estratos sociales, atribuyéndosele no solo méritos como médico, sino también otros "poderes", como sanaciones inverosímiles (curar las dos piernas fracturadas de un niño simplemente con vendas y vino tibio), bilocaciones (fue visto, sin salir de Lima, en Méjico, África, China o Japón, animando a los misioneros allí desplazados) o la videncia (llegó a predecir su propia muerte). 
Retrato real de san Martín de Porres. Monasterio de santa Rosa de las Monjas, Lima.
Cuando falleció, el alegre y humilde Martín fue acompañado por toda la ciudad de Lima hasta la Basílica de santo Domingo, donde reposan sus restos. Pero la discriminación continuó después de su muerte; hubo que esperar hasta el año 1.837 (dos siglos después de su fallecimiento) para que el entonces papa, Gregorio XVI,  procediera a su beatificación, y hasta 1.962 para que Juan XXIII le canonizara. Fue el primer santo negro del continente americano.

Con la historia de fray Escoba hemos terminado la visita a esta bonita iglesia. No quiero, sin embargo, dejar pasar la oportunidad de insistir sobre el ruinoso estado de amplias zonas interiores. Como a veces una imagen vale más que mil palabras, dejo unas fotografías de Belén Vargas publicadas El Diario de Sevilla:


 Tres altos escalones de acceso.