Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 2 de abril de 2012

Iglesia de Omnium Sanctorum, I.

Situada en la popular calle Feria, Omnium Sanctorum es otra de las iniciales parroquias constituidas tras la toma de la ciudad a manos del rey Fernando III. Parece que se construyó en el emplazamiento de una antigua mezquita de época almohade, a su vez erigida sobre una anterior iglesia visigoda, sufriendo ruina total como consecuencia del terremoto de 1.356. De esta época tan solo se conservan los muros y la cabecera, que luego veremos con más detalle. 
Iglesia y torre de Omnium Sanctorum.
Afortunadamente, formó parte del grupo de iglesias reconstruidas por orden de Pedro I y el arzobispo don Nuño, aprovechándose para incluir un gran presbiterio gótico, cuyo ábside pentagonal sobresale por la parte trasera del templo. Como todas las iglesias de Sevilla ubicadas en esta zona, Omnium Sanctorum fue incendiada tanto durante los sucesos revolucionarios de 1931, como en el levantamiento de 1.936, quedando tan solo los muros, la reja y la imagen de la Virgen, que pudo ser guardada en una casa particular. 

El nombre de la iglesia proviene del nombre de la titular de la Hermandad que en ella reside: Nuestra Señora de Omnium Sanctorum. Este título se vincula con la antigua fórmula de rezo del Rosario; ya en el siglo XIV era habitual la invocación, durante o al final del rezo, de los santos preferidos de cada persona. 
Iglesia y torre de Omnium Sanctorum.
Omnium Sanctorum constituye uno de los ejemplos más clásicos de templo de estilo gótico-mudéjar en la ciudad de Sevilla. De la iglesia fundada por san Fernando, comenzada a construir en el siglo XIII, no queda más que la portada de los pies, que da a la calle Feria, labrada en piedra y constituida por un arco apuntado con arquivoltas decoradas con puntas de diamante. Esta cabecera, idéntica a las de san Andrés y san Esteban, se atribuye a un desconocido autor, conocido como El Maestro de 1.356. En la línea de impostas se disponen relieves con cabezas humanas, ya muy erosionadas. Sobre el dintel se abre una ventana mudéjar realizada en la reconstrucción de 1.356. 
Portada principal de la iglesia.
Otra vista de la portada principal de la iglesia.
Ventana y rosetón sobre la clave del arco.
Relieves de cabezas humanas en la imposta del arco.
Mirando de frente la portada, en el lado derecho luce un retablo cerámico de La Virgen de Todos los Santos, realizado en 1.928 por Antonio Kiernam. A la izquierda podemos observar la Cruz de los Carboneros, situada antiguamente en la calle del Carbón, actualmente Peris Mencheta. Esta cruz poseía un garfio donde los mozos de este gremio colgaban sus romanas, dejando a cambio una pequeña cantidad para el culto a la Santa Cruz. 
Retablo de la Virgen de Todos los Santos. Antonio Kiernam, 1.928.
Cruz de los Carboneros.
En la calle Palacios Maraver se abre la portada de la Epístola, muy semejante a la portada principal, aunque bastante más deteriorada, sobre todo en la zona baja de las jambas. Junto a esta portada figura un retablo cerámico de La Virgen del Carmen, firmado por cerámica Montalbán en el año 1.946. 
Portada de la Epístola.
Portada de la Epístola. Detalle.
Nuestra Señora del Carmen y Ánimas Benditas del Purgatorio. Cerámica Montalbán, 1.946.
En la parte trasera del templo, se puede observar la protuberancia poligonal del almenado ábside del presbiterio, con altas ventanas y contrafuertes, formando todo un conjunto enormemente parecido al de san Esteban.
Ábside del presbiterio, con merlones y contrafuertes.
Si seguimos rodeando la iglesia, veremos en la zona del mercado de abastos la portada del Evangelio, de estilo similar a las otras dos, pero cegada en la actualidad y con menos elementos decorativos. 
Portada del Evangelio.
La alta y esbelta torre, situada en la esquina entre las portadas principal y del Evangelio, tiene divididos a los estudiosos respecto a su edad. Según unos, forma parte de la primitiva iglesia levantada por orden de Fernando III, otros eruditos la consideran de la época de Pedro I, mientras que una tercera opinión sostiene que fue construida a principios del siglo XV; incluso hay quien afirma que se trata del alminar de la mezquita. En cualquier caso, esta bonita torre, de base cuadrada, está realizada en ladrillo, con arcos de medio punto y paños de sebka en cada una de sus caras. Reformada posteriormente, se le añadió un remate superior de base cuadrada y pilastras adosadas, con arcos en los cuatro frentes y un alto chapitel de base hexagonal coronado con cruz de forja.
Torre de la iglesia.
Campanario y remate de la torre.
Visto el exterior, penetramos en el compás del templo, protegido por una verja moderna, y accedemos a su interior.
Vista general de la iglesia desde la portada principal.
Nave del Evangelio.
Nave de la Epístola.
La iglesia desde los pies de la nave central.
De planta típicamente gótica, la iglesia se divide en tres naves que se subdividen a su vez en cinco tramos. Presenta una cabecera muy pronunciada, con un presbiterio de gran fondo que ocupa la totalidad de la cabecera del templo. Esta zona se incluye indudablemente dentro del estilo gótico del siglo XIV, y es de los pocos restos salvados de los incendios que afectaron a este templo. El edificio se sustenta por pilares cuadrangulares, sobre los cuales se apoyan arcos apuntados que sostienen la moderna techumbre de madera que imita el estilo mudéjar, de par y nudillo la central y de colgadizo las laterales. El presbiterio se cubre mediante dos bóvedas nervadas de crucería, típicamente góticas. 
Aquí vemos los arcos y la techumbre de madera.
Techo de la nave central.
Doble bóveda nervada del presbiterio.
Nada más entrar, nos topamos con las imágenes titulares de la Hermandad del Carmen Doloroso, de fundación bastante reciente, 1.983, y que realizó su primera Estación de Penitencia en el año 2.007. Componen el conjunto Nuestro Padre Jesús de la Paz, de Francisco José Reyes Villadiego (1.990), Nuestra Señora del Carmen, de Francisco Berlanga de Ávila (1984) y san Juan Evangelista, también de Francisco José Reyes Villadiego (2.000). 
Imágenes de la Hermandad del Carmen Doloroso: Nuestro Padre Jesús de la Paz,  Nuestra Señora del Carmen y san Juan Evangelista.
Nuestro Padre Jesús de la Paz.
Nuestra Señora del Carmen.
San Juan Evangelista.
Seguimos por esta nave de la Epístola, en dirección a su cabecera. Haremos la visita en el sentido contrario de las agujas del reloj. 

En el muro de esta nave cuelgan una serie de pinturas: La Última Cena, retrato de Juan Pablo II, La Adoración de los pastores y un obispo santo con libro y copón que no he podido reconocer. 
Pinturas en el muro de la nave de la Epístola.
Junto a los cuadros, el barroco retablo de san Antonio de Padua, con la Virgen y el Niño a su izquierda y santa Rita a la derecha, con el arcángel san Miguel en el ático. Es del siglo XVIII y proviene de la localidad de Osuna. 
Retablo de san Antonio de Padua.
San Antonio de Padua.
A continuación aparece el retablo de san José, también muy barroco, con un arco abocinado, en cuyo centro se abre una hornacina donde se sitúa el titular con el Niño. En el ático muestra una pintura de la Virgen con el Niño. Igualmente procede de Osuna y está fechado en el siglo XVIII. 
Retablo de san José.
Talla de san José con el Niño.
Entre este retablo y la cabecera de la nave podemos ver dos arcos de medio punto cegados con un Crucificado de mediano tamaño entre ellos y una serie de cuadros. De ellos, tres son contemporáneos: la Virgen del Rocío y la del Monte, Patrona de Cazalla de la Sierra, ambas de Francisco Maireles y San Juan Bautista, obra de Antonio Díaz Arnido, que ha tenido la amabilidad de proporcionarme la información.
Tramo final de la nave de la Epístola.
Llegados ya a la cabecera de esta nave de la Epístola, podemos admirar el retablo del Cristo de la Buena Muerte, barroco, de tres cuerpos, con columnas salomónicas y fechado en 1.690. El Crucificado, atribuido a Jorge Fernández Alemán, como me apunta mi amigo Antonio Díaz Arnido, es del siglo XVII. Procede de la parroquia de santa Ana, en Triana, donde era conocido como “Cristo de la Venia” debido a la costumbre del párroco de solicitarle permiso antes de comenzar la misa. Llegó en los años cuarenta del siglo pasado para sustituir al primitivo Cristo de la Buena Muerte, de mediados del siglo XIV, quemado en los sucesos de 1.936. Le acompañan las imágenes de la Virgen y san Juan, también del siglo XVII. 
Retablo del Cristo de la Buena Muerte.
El antiguo "Cristo de la Venia", escoltado por la Virgen y san Juan Evangelista.
Cristo de la Buena Muerte. Andrés de Ocampo, 1.592.
El presbiterio y la nave del Evangelio las dejamos para la siguiente entrada.

Adaptada a personas con movilidad reducida.