Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 25 de abril de 2012

Iglesia de san Ildefonso. -II y final. Leyenda de la Virgen de los Sastres.

Comencemos la visita al interior del templo.
A los pies de la nave de la Epístola encontramos la Capilla Bautismal. Es de planta rectangular, cerrada con una reja metálica, con bóveda semiesférica, sin linterna. La preside un retablo neoclásico que aloja un magnífico relieve de Martínez Montañés, realizado en 1.609, que representa Las dos Trinidades; aparecen en la parte superior Dios Padre y el Espíritu Santo en forma de paloma, que contemplan a la Virgen, san José y el Niño, situados debajo. En el interior de una hornacina situada en el muro izquierdo aparece un conjunto escultórico que también nos muestra una Santísima Trinidad, de fecha y autor desconocidos.
Capilla Bautismal.

Relieve de las dos Trinidades. Juan Martínez Montañés, 1.609.
Otra representación de la Trinidad, en el muro izquierdo de la Capilla Bautismal. Autor y época desconocidos.
Bóveda de la Capilla Bautismal.
Se sitúa a continuación el retablo de san José, que ha intercambiado su lugar con María Magdalena, según observo en fotografías de hace pocos años. Es igualmente de estilo neoclásico, combinando mármoles de colores rojo, blanco y negro.
Retablo de san José.
Seguidamente aparece el altar de santa María Magdalena, ya comentado, y después una imagen de pequeño tamaño de la Virgen de los Dolores, atribuida a Cristóbal Ramos. Frente a ella, en la pilastra más cercana, se sitúa una talla de la Inmaculada Concepción.
Altar de la Magdalena.
Virgen de los Dolores, atribuida a Cristóbal Ramos. Siglo XVIII.
Inmaculada Concepción, adosada a la pilastra frente al Altar de la Magdalena.
El retablo de la visión de san Cayetano es el siguiente. El grupo escultórico nos presenta el momento en que la Virgen entrega el Niño Jesús a san Cayetano, que aparece de rodillas ante ella. Es anónimo, del siglo XVIII.
Retablo de la visión de san Cayetano.
Si nos volvemos y dirigimos la mirada hacia lo ya recorrido, esto será lo que veremos:
Vista de la nave de la Epístola desde la cabecera.
 También neoclásico es el retablo de Nuestra Señora de la Soledad en su Esperanza, presidida por una imagen de vestir de Juan de Astorga (sobre 1.840). En la pequeña hornacina situada en el banco del altar hay una talla del Niño Jesús.
Retablo de Nuestra Señora de la Soledad en su Esperanza. 
Virgen de la Soledad.
Niño Jesús en el banco del altar.
Ático del retablo de la Virgen de la Soledad.
Finalmente, en la cabecera de la nave de la Epístola se encuentra el retablo de la imposición de la casulla a san Ildefonso, del siglo XVIII, neoclásico y marmóreo, como casi todos los de esta iglesia. Se trata de un grupo escultórico que representa el milagro relatado al principio de la primera parte de la entrada, con la Virgen imponiendo la casulla al santo. El banco del altar guarda en hornacina un Crucificado de marfil con la Virgen a los pies, en tanto que el ático aparece la Sagrada Familia.
Retablo de la imposición de la casulla a san Ildefonso.
Conjunto central del retablo.
Ático del retablo con representación de la Sagrada Familia.
Ya hemos terminado de recorrer esta nave, por lo que nos dirigimos a la central, situándonos ante el presbiterio. 
Vista del templo desde el presbiterio.
Cúpula semiesférica con linterna del crucero.
En la cabecera se encuentra la Capilla Mayor, muy profunda y de forma semicircular, donde se sitúa el coro, bajo un arco rebajado sostenido por dos grandes columnas de mármol rojo. Sobre el arco, tres hornacinas alojan las imágenes de san Pedro, san Ildefonso y san Pablo, procedentes del retablo que talló Felipe de Ribas en 1.636 para la antigua iglesia, aunque fueron retocadas por Juan de Astorga en el siglo XIX.
Presbiterio. Vista general.
Sobre el ático de la Capilla Mayor: san Pedro, san Ildefonso y san Pablo. Felipe de Ribas, 1.636.
Preside la capilla el templete construido en mármol jaspeado por José Barrado en 1.841, que alberga una imagen de la Inmaculada Concepción, datada en el siglo XVIII y de autor desconocido. La tradición popular afirma que las columnas de mármol que sostienen la cúpula del templete proceden de Itálica, aunque no hay documentos que lo atestigüen. Corona el conjunto la figura alegórica de la Fe.
Templete con la imagen de la Inmaculada Concepción.
Muro izquierdo del presbiterio.
Muro derecho del presbiterio.
Púlpito de la iglesia, realizado en mármol.
Comenzamos la visita a la nave del Evangelio. La cabecera está presidida por el Retablo de la Virgen del Coral. El trío formado por esta imagen, junto con Virgen de la Antigua de la Catedral y la Virgen de Rocamador de san Lorenzo, está considerado como las representaciones marianas más antiguas de la ciudad, todas del siglo XIV.

El retablo es neoclásico, obra de Bartolomé de Pina y Antonio Barrado del siglo XIX. Consta de banco, un cuerpo y ático. En el muro que forma ángulo recto con el retablo cuelga un lienzo de gran tamaño y autor desconocido en el que aparecen representadas las Ánimas Benditas del Purgatorio.
Retablo de la Virgen del Coral, en la Capilla Sacramental.
Ático del retablo.
Custodia del retablo.
Ánimas Benditas del Purgatorio. Anónimo.
Solo se le conoce una única restauración a la pintura de la Virgen: la de 1.980, llevada a cabo por el profesor Francisco Arquillo, lo cual roza el milagro, dada la antigüedad de la pintura y el hecho de que, por ruina del edificio, estuvo a finales del siglo XVIII trece años a la intemperie. El origen de la advocación de esta Virgen viene por el trozo de coral que muestra el Niño Jesús prendido en el collar.
Virgen del Coral. Siglo XIV.
Iniciando camino hacia los pies de la nave nos encontramos el retablo de Nuestro Padre Jesús Cautivo, imagen de gran devoción popular. La talla es anónima del siglo XVIII, al igual que el pequeño grupo escultórico de la Santísima Trinidad que se venera dentro de la hornacina situada en el banco del retablo.
Retablo del Cautivo de Medinaceli.
Nuestro Padre Jesús Cautivo.
Nuestro Padre Jesús Cautivo. Detalle.
Ático del retablo.
Pasamos el cajón de la entrada del Evangelio y llegamos a la Capilla de la Virgen de los Reyes. La efigie de la Virgen con el Niño es fechable en el siglo XVI y anónima, en tanto que las esculturas que representan a san Fernando y san Ildefonso son debidas a Pedro Roldán, en 1.674. En el banco aparece san Marcos y en el ático san Mateo.
Retablo de la Capilla de la Virgen de los Reyes.
Virgen de los Reyes, conocida popularmente como Virgen de los Sastres.
San Fernando. Pedro Roldán, 1.674.
San Hermenegildo. Pedro Roldán, 1.674.
En torno a la Virgen de los Reyes se constituyó una hermandad compuesta por sastres, justo después de la toma de la ciudad por Fernando III; es por ello que se la conoce popularmente como Virgen de los Sastres.

Cuenta la leyenda que, convencido el rey moro sevillano de que la destrucción del estandarte de Fernando III provocaría el fin del asedio de la ciudad, concentró todas las acciones bélicas que pudo contra él. El rey Fernando, viendo dañada la enseña, tomó aguja y dedal y la cosió, por lo que los sastres de la ciudad, una vez conocida la historia, se unieron a la hermandad que el propio rey fundó. El pendón original se exhibe actualmente en la Catedral de Sevilla, junto a la Capilla Bautismal.


En la pilastra más cercana al retablo de la Virgen de los Reyes, sobre una peana, podemos ver una talla del Sagrado Corazón de Jesús.
Sagrado Corazón de Jesús.
En el muro cuelga una soberbia Inmaculada Concepción, de Ignacio de Ríes (siglo XVII), bajo el que se sitúa un retablillo con la efigie de la Virgen de Fátima.
Inmaculada Concepción, de Ignacio de Ríes, siglo XVII. Debajo, retablillo de la Virgen de Fátima.
El retablo de san Antonio de Padua es el siguiente y en él que poco hay que destacar.
Retablo de san Antonio de Padua.
En los pies de la nave, dentro de una vitrina de madera y vidrio, se nos muestra un conjunto de la Piedad realizado en el siglo XVIII.
Conjunto de la Piedad, a los pies de la nave del Evangelio.
Miremos de nuevo hacia atrás y veamos la nave del Evangelio desde los pies:
Detalle de una de las estaciones del Vía Crucis.
Terminada la visita, podemos reflexionar sobre lo observado llegando a la conclusión de que la faceta más definitoria de esta iglesia es su conjunto. Se ve que todo lo que ha llegado a nuestros días se realizó a la vez, con el mismo estilo e idénticos materiales, lo cual es poco frecuente en una ciudad sacudida por terremotos, incendios y algaradas sociales a lo largo de los siglos. Como siempre, desear una mejor iluminación y algo de señalización.


Hay rampa de acceso al templo, pero existe un escalón de bajada en el atrio de entrada.