Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 11 de mayo de 2012

Iglesia de san Lorenzo, -II.

Continuamos la visita, entrando por la puerta de la plaza de san Lorenzo y girando a nuestra izquierda, para dirigirnos a los pies de la nave del Evangelio interior, junto al coro (como este templo tiene cinco naves, las nombraremos como Evangelio interior y exterior, central y Epístola interior y exterior).
Vista de la iglesia desde los pies.
Desde un poco más cerca.
Allí se encuentra la capilla de la Virgen de Rocamador, a los pies de la nave de la Epístola interior. En el momento de la visita se encontraba en vías de profunda restauración (la Real Maestranza de Caballería sufraga el cincuenta por ciento del importe) y totalmente cubierta por lonas, por lo que no puedo ofrecer fotografías propias. Afortunadamente, el blog amigo culturadesevilla.blogspot.com me ha cedido las que muestro a continuación, que nos permite hacernos a la idea del estado de la capilla antes de la restauración. 
Capilla de la Virgen de Rocamador, en obras actualmente.
La devoción a esta advocación en nuestra ciudad se remonta a los primeros tiempos de la Reconquista. Parece que fue traída por algunos caballeros franceses, acompañantes del rey Fernando, entre quienes estaba muy arraigada esta devoción.

Su origen es muy antiguo, pues según una tradición que, como otras muchas, puede ser leyenda piadosa o historia verdadera, san Amador fue la persona que cuidó a la Virgen María en su ancianidad y que, cuando ella murió, continuó cuidando ancianos enfermos en Jerusalén.

Pasados unos siglos, los caballeros franceses que habían ido a las cruzadas con el rey san Luis de Francia, al morir éste en la campaña y retirarse sus tropas, se llevaron a Francia las reliquias o restos de San Amador, que se depositaron en una ermita situada sobre una roca en el Departamento de Lot. Este santuario se puso bajo la advocación de Nuestra Señora de Roc-Amadour, de donde se deriva el pueblo de Rocamadour y la advocación de la Virgen de Rocamador.

Hasta el siglo XIX la capilla estuvo cerrada con rejas, siendo el mausoleo de la familia Bucarelli, que residía en el cercano palacio que hoy pertenece a los condes de Santa Coloma, en la calle Santa Clara.

La pintura mural que representa a la Virgen, de gran tamaño y estilo claramente bizantino, está fechada a finales del siglo XIV o principios del XV, equiparable en antigüedad a las catedralicias de la Antigua y de los Remedios, y a la Virgen del Coral de san Ildefonso. Está rodeada por un retablo rococó de mediados del siglo XVIII, decorado con estípites, motivos vegetales, espejos y un ático en el que está representado el tema de la Encarnación. En sendas repisas figuran pequeñas imágenes de san Miguel y san Joaquín, anteriores al actual retablo. El zócalo presenta azulejos de principios del siglo XVI del círculo de Hernando de Valladares. Tanto la bóveda de la capilla como un lateral de la misma presentan pinturas del siglo XVIII, sobresaliendo el tema de La Presentación en el templo del Niño Jesús.

Al lado, en la cabecera de la Epístola interior, está la capilla del Dulce Nombre. Se  trata de un espacio rectangular, con zócalo de azulejos neobarrocos de Manuel Arellano (siglo XVIII) y un magnífico artesonado de madera con casetones, obra de Hipólito Rossy en 1.895.
Capilla del Dulce Nombre.
En ella tiene su sede canónica la Pontificia, Fervorosa, Ilustre y Antigua Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús ante Anás, Santo Cristo del Mayor Dolor, María Santísima del Dulce Nombre y San Juan Evangelista, conocida popularmente como La Bofetá. Esta capilla sigue siendo propiedad de la Hermandad del Gran Poder.

Sus retablos, de tipo tabernáculo, son de madera dorada y policromada y de estilo neobarrocos. Su diseño y policromía es obra de Joaquín Bilbao en 1897.
Capilla del Dulce Nombre.
El camarín central donde hoy se admira y venera a María Santísima del Dulce Nombre está elaborado en mármol, con pinturas murales en su interior de Gonzalo Bilbao y Aníbal González. La imagen de la Virgen es de las llamadas de vestir, con cabeza y cuerpo tallados en pino de Flandes y las manos en madera de cedro. Se trata de la primera Dolorosa sevillana realizada por Castillo Lastrucci, en 1.924.
María Santísima del Dulce Nombre. Castillo Lastrucci, 1.924.
La Virgen del Dulce Nombre, de luto, como es tradición durante el mes de noviembre.
En una hornacina del muro de la izquierda mirando de frente está colocada (apenas se puede ver, ya que la reja está cerrada) la escultura de Nuestro Padre Jesús ante Anás, de madera de cedro policromada para vestir, de 184 centímetros de altura, que fue labrada por Castillo Lastrucci en 1.923, siendo la primera obra procesional y sacra salida de las manos de este autor. Está firmado y fechado en un hueco que presenta en el torso.
Nuestro Padre Jesús ante Anás. Castillo Lastrucci, 1.923.
Nuestro Padre Jesús ante Anás. Detalle.
En el mismo muro, ya cercano a la reja, se sitúa un Crucificado, el Santísimo Cristo del Mayor Dolor, tallado en cedro policromado, de autor desconocido del siglo XVII.
Santísimo Cristo del Mayor Dolor. Anónimo, siglo XVII.
Santísimo Cristo del Mayor Dolor. Detalle.
Finalmente, en otra hornacina del muro derecho luce san Juan Evangelista, tallado por Castillo Lastrucci en 1.924 y regalado a la Hermandad por el artista. Los cuatro ángeles pasionarios fueron creados por la gubia de Luisa Roldán, la Roldana.
San Juan Evangelista. Castillo Lastrucci, 1.924.
San Juan Evangelista. Fotografía tomada dentro de la capilla.
Volvemos atrás y, formando ángulo de noventa grados con la capilla del Dulce Nombre, podemos ver el retablo de Nuestra Señora del Carmen. Antiguamente estaba ocupado por una Inmaculada de talla que, según me comenta el amigo Rafael Ríos, tiene previsto próximamente su regreso a este lugar; la imagen de la Virgen del Carmen se trasladará a un nuevo retablo marmóreo colocado en la Capilla del Cristo de las Fatigas.  

En su centro se erige la imagen de la titular en alabastro, obra del siglo XIV procedente del convento Casa Grande del Carmen, acompañada por  lienzos con santo Domingo, san Francisco, los santos Juanes y, en el ático, el Dios Padre. El altar está cubierto de azulejos de gran mérito, procedentes de la escuela de Hernando de Valladares, en el siglo XVI.
Retablo de Nuestra Señora del Carmen.
Según cuenta la leyenda, fue una de las imágenes que ocultaron los visigodos cuando los musulmanes invadieron la Península. Se fundamenta en el hecho de que la efigie apareció en una cueva al realizarse los cimientos para hacerse la Capilla Mayor de la antigua iglesia del Carmen, debajo de una campana, colocada posteriormente en la torre. Antiguamente tenía una gran devoción popular, pero en la actualidad pasa casi desapercibida.
Nuestra Señora del Carmen. Imagen de alabastro del siglo XIV.
Detalle del retablo.
Frontal del altar. Azulejos de Hernando de Valladares, siglo XVI.
Pasamos la portada de la Epístola, por la que hemos entrado, y alcanzamos el retablo de san José. Es obra de Jacinto Pimentel en el siglo XVII, y el titular, de estilo barroco, atribuido a Cristóbal Ramos. Las calles laterales muestran relieves de la vida de San José, y en el ático se ubica un relieve en madera de El DescendimientoEn un lateral se expone un pequeño retablo-relicario con una reliquia de san José María Escrivá de Balaguer.
Interior de la portada de la Epístola.
Retablo de san José. Jacinto Pimentel, siglo XVII.
San José. ¿Cristóbal Ramos? Siglo XVIII.
Ático del retablo. El Descendimiento de Cristo.
Hornacina en el banco del retablo.
En la iglesia también se conserva, aunque yo no he podido encontrarla en mi visita, una imagen de terracota, bautizada como Nuestra Señora de san Lorenzo, fechada en el siglo XV y atribuida al círculo de Lorenzo Mercadante de Bretaña. Hay constancia de la estancia en el templo de la efigie en el siglo XIX, aunque a mediados de los 50 del pasado siglo, Joaquín Romero Murube la traslada al Alcázar, donde permanece unos años hasta que la parroquia la reclama. Antes de la devolución, la Facultad de Bellas Artes realizó un vaciado en yeso de la figura, cuya copia se puede ver en una hornacina, junto a la Puerta del León de los Reales Alcázares. Tampoco aquí falta la consabida leyenda sobre cuál de las dos es la verdadera y cuál la copia. Sin embargo, este caso es claro, pues no hay que ser un estudioso para comprobar que la imagen del Alcázar está realizada en yeso y pintada en un color que imita la terracota. En una próxima visita comprobaré si la imagen está expuesta o se encuentra en otro destino.
En esta fotografía se aprecia la imagen de Nuestra Señora de san Lorenzo junto a la portada de la Capilla Sacramental, en una peana y enmarcada con terciopelo rojo. En próxima visita realizaré un primer plano.
Ya hemos llegado a la cabecera de la nave exterior de la Epístola, donde se ubica la Capilla Sacramental. Sobre la reja de entrada hay un lienzo que representa La Adoración de los pastores, de cuyo autor y fecha no he podido encontrar datos.
La Adoración de los pastores.
Entrada a la Capilla Sacramental.
La Capilla Sacramental ocupó hasta fines del siglo XVII la capilla de santa Ana, que pertenecía al Hospital de la Misericordia por el patronato de don Pedro de Torres Urrutia. Pero era pequeña, por lo que la entonces muy pujante y poderosa Hermanad Sacramental laurentina decidió construir una nueva, más grande y rica, aprovechando para ello también la aledaña capilla de la Virgen del Pópulo. Las obras del nuevo recinto sacramental se iniciaron en 1.699 y, si bien en un principio se pensó simplemente en unir ambas salas, más tarde se desechó esa idea y se optó por levantar una capilla de nueva planta más amplia y acorde a los gustos artísticos del momento.

Las obras (1.702−1.705) configuraron finalmente un espacio de planta basilical con una sola nave, cabecera plana y crucero, que se logra al colocar en la prolongación de los muros de la nave cuatro columnas marmóreas de orden toscano con suplementos sobre los capiteles, que permiten una mayor elevación de las cubiertas y que soportan los arcos de medio punto. El espacio de la capilla se cubre con bóvedas vaídas en la nave y los laterales del presbiterio, con una media naranja sobre pechinas en el crucero y con bóveda de cañón con lunetos en el presbiterio y los brazos laterales de la cruz. La capilla tiene dos accesos, uno a los pies en comunicación con la nave de la iglesia y otro desde el presbiterio. Tras el altar se encuentra la Sala de Cabildos.
Capilla Sacramental.
Preside la capilla un retablo barroco ejecutado en 1.703 por Pedro Ruiz Paniagua que fue  costeado en parte por don Francisco Bucarelli, marqués de Valdehermoso, destacado miembro de la Hermandad Sacramental, a la que también ofrendó un altar portátil de plata para llevar el viático a los enfermos. El retablo se compone de un solo cuerpo dividido en tres calles y un ático, y emplea columnas salomónicas, siguiendo el estilo de Bernardo Simón de Pineda. Está presidido por una Inmaculada, posterior a la ejecución del retablo  (segunda mitad del siglo XVIII) y próxima al estilo de Cayetano de Acosta. En las calles laterales están las imágenes de san José en actitud itinerante con el Niño Jesús y santa Ana con la Virgen Niña. En el ático encontramos representado el Misterio de la Santísima Trinidad: un relieve de Dios Padre y las esculturas de bulto redondo del Espíritu Santo en forma de paloma y del Hijo. Los ángeles lampareros son de Benito de Hita y Castillo (o Benito Hita del Castillo, según diferentes entendidos), sobre 1.735.
Cuerpo del retablo. Pedro Ruiz Paniagua, 1.703. La Inmaculada es obra posterior de la escuela de Cayetano de Acosta.
Ático del retablo.
Los ángeles lampadarios son de Benito de Hita y Castillo, sobre 1.735.
Completa este conjunto Sacramental un interesante conjunto de pinturas murales ejecutadas en varias fases por Francisco Pérez de Pineda, Domingo Martínez y Gregorio Espinal.
Pinturas al fresco en paredes y bóvedas.
En esta capilla se encuentra enterrado Juan Ramírez Bustamante, conocido como El Matusalén sevillano y que murió a los 121 años en 1.687, según recogíamos en la entrada


Seguimos el sentido contrario a las agujas del reloj y encontramos, en la cabecera de la nave interior de la Epístola el retablo de la Virgen de la Granada, de Roque Balduque (1.554). Formando ángulo recto con él, vemos el retablo de la Anunciación, con pinturas que representan esta escena y, en el ático, la de La Visitación. Son de Pedro Villegas Marmolejo, de 1.593En este espacio se sitúa en la actualidad la pila bautismal.

Retablo de la Virgen de la Granada.
Virgen de la Granada. Roque Balduque, 1.554.
Pila bautismal.
Retablo de la Anunciación. Villegas Marmolejo, 1.593.
A continuación viene el presbiterio y las naves del Evangelio, interior y exterior, que recorreremos en una próxima entrada.

No hay impedimento para personas con movilidad reducida.