Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

domingo, 17 de junio de 2012

Capilla de la Estrella. La Virgen Valiente.


Continuamos nuestro periplo por el barrio de Triana hasta nuestra próxima parada, en la calle San Jacinto, número 41. Allí se encuentra la Capilla de la Estrella, sede canónica de la Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, María Santísima de la Estrella Coronada, Triunfo del Santo Lignum Crucis, San Francisco de Paula y Santas Justa y Rufina.
Fachada de la Capilla de la Estrella.
Como es habitual, la hermandad actual es fruto de la fusión de otras hermandades a lo largo de los siglos. Fue fundada en 1.560, en el convento de los frailes mínimos de San Francisco de Paula, de Triana, por “los cargadores de la Gran Compañía de Cargar y Descargar las Mercancías que en esta ciudad de Sevilla entran y salen por mar para las Indias y Flandes”.

En el año 1.570 los franciscanos ceden a la hermandad un terreno junto a su iglesia para construir una capilla en la que colocar las imágenes y rendirles culto.

Treinta años más tarde se unen la hermandad de Nuestra Señora de la Estrella y la de San Francisco de Paula. Paralelamente, en 1.644, don Diego de Granado y Mosquera funda en el convento de la Victoria la Hermandad de las Penas de Cristo Nuestro Señor, Triunfo de la Cruz y Amparo de María Santísima. Ambas hermandades terminaron fusionándose en 1.674, fijando su residencia en la capilla edificada sobre el solar cedido por los frailes en el convento de la Victoria.

A lo largo del siglo XVIII, la hermandad prosperó enormemente a medida que el gremio de los alfareros se hacía con más peso dentro de la misma. Sin embargo, con el final del siglo y comienzo del siguiente comenzaron las dificultades: las epidemias, las normas dictadas que prohibían las relaciones entre cofradías y gremios, la ocupación francesa y, finalmente, la desamortización de Mendizábal, provocaron la exclaustración del convento y la búsqueda de una nueva sede. Se acababan así los dos siglos y medio de presencia en el convento de la Victoria.

En 1.835 se trasladaron las imágenes a la iglesia dominica de San Jacinto (que ocupaba el antiguo solar de la ermita de la Candelaria), donde quedaron expuestas, sin culto, siendo la hermandad disuelta.
Iglesia de San Jacinto, que albergó durante 140 años a la Hermandad de la Estrella.
Tras dos intentos infructuosos en 1.840 y 1.859, por fin en 1.880, gracias al interés del capellán de San Jacinto, el padre Eusebio Ortega, se logra reorganizar la hermandad, que queda definitivamente constituida en 1.891. Se realiza la Estación de Penitencia, por primera vez desde el templo de san Jacinto, a la Catedral de Sevilla, atravesando el nuevo puente de Isabel II.

Sin embargo, las relaciones con los dominicos no eran del todo buenas, y se decide la construcción de una capilla propia en el local donde se situaba la Casa de Hermandad.  El proyecto se decide en cabildo en 1.973, encargándose la edificación al arquitecto Antonio Delgado Roig y los altares a Antonio Martín.

La capilla fue bendecida por el cardenal Bueno Monreal el Sábado de Pasión de 1.976 y, al día siguiente, Domingo de Ramos, la Hermandad parte por última vez de San Jacinto para regresar, tras la Estación de Penitencia, a su nueva sede. Se hicieron reformas y ampliaciones de la misma en 1.982 y 1.988. Es, hasta la fecha, definitiva sede de esta Hermandad que ha pasado por hasta cuatro emplazamientos y que, en este último, es en el que ha conseguido afianzar considerablemente la vida de Hermandad y la devoción por sus Sagrados Titulares.
Capilla de la Estrella.
El edificio que aloja la capilla es estrecho y alargado. En la planta baja, en forma de “L”, se sitúa la capilla propiamente dicha y, en las dos plantas superiores, las dependencias de la hermandad.

La portada es muy sencilla, con vano rectangular sobre el que se sitúa un frontón curvo partido por un balcón, a su vez flanqueado por dos estípites. El segundo piso presenta una ventana triple de medio punto y, sobre ella, una espadaña corona el conjunto.

La capilla posee bóveda con arcos rebajados, sostenidos por pilastras, decoradas por yeserías con motivos geométricos y escudos de la hermandad.
Vista general de la capilla desde la entrada.
En los muros laterales aparecen catorce cartelas en terracota policromada, que reproducen el Vía Crucis del Señor, realizadas por el trianero José Antonio Navarro Arteaga.
Dos de las catorce cartelas que reproducen el Vía Crucis, con el escudo de la Hermandad.
Al fondo vemos el retablo neobarroco que acoge a María Santísima de la Estrella. Atribuida durante mucho tiempo a Martínez Montañés y, en la actualidad, a Luisa La Roldana, se trata de una imagen de candelero, de 1,68 centímetros de altura, tallada en madera de cedro. Sus ojos son de cristal, bajo pestañas artificiales, con el rostro inclinado hacia abajo. Por sus mejillas resbalan seis lágrimas, tres por cada una. Su boca entreabierta permite ver la definición de los dientes. Su cabellera es tallada. Las manos son de gran expresión; la derecha, con los dedos levemente curvados, porta en el paso de palio el Santo Lignum Crucis en un relicario y la izquierda se presenta semi-extendida, con los dedos levemente curvados.
Retablo de María Santísima de la Estrella.
Virgen de la Estrella.
Virgen de la Estrella. Detalle.
Acompañan a la Virgen de la Estrella en su retablo las Santas Justa y Rufina, cotitulares de la hermandad. Ambas son modernas, del escultor Ricardo Rivera, bendecidas en 1.986.

En el brazo izquierdo de la “L” que forma la capilla vemos el retablo, también neobarroco, de Nuestro Padre Jesús de las Penas. La imagen, de 146 centímetros de altura, está tallada en madera de cedro y representa el momento inmediatamente anterior a la Crucifixión. 
Retablo de Nuestro Padre Jesús de las Penas.
Distintas tomas de Nuestro Padre Jesús de las Penas.
Su autoría estaba fuertemente discutida, aunque coincidiendo todos los estudiosos en el estilo “roldanesco” de la efigie. El enigma se clarificó cuando, en 1.997 y durante el transcurso de labores de restauración de la imagen, se descubrió un documento en el interior de la misma que mencionaba la autoría de José de Arce, en 1.655. Reproduzco, a continuación, el texto del citado documento:

“ENLA ÇIUDAD DE SEUILLA AÑO DEMILL Y FEISÇIENTOS Y CINCUENTA Y ÇINCO; GOUERNANDO LA SILLA APOFTOLICA NUEFTRO MUY SANTO PADRE ALEXANDRO FEPTIMO DEFTE NOMBRE, Y AFIMISMO, REYNANDO EN EFPAÑA NUEFTRO CATHOLICO MONARCHA PHILIPO QUARTO DE EFTE NOMBRE; HIZO EFTE SANCRITSIMO CHRIFTO D LAS PENAS, JOSE PH DE ARZE, DE NACIÓN FLAMENCO PARAUNA COFRADÍA DELTITULO DELAS PENAS DE CHRIFTO NUEFTRO SEÑOR, Y TRIUNPHO DELA CRUZ, QUE IAFUNDO EN TRIANA DIEGO GRANADO Y MOSQUERA ELAÑO DE 1644”

José de Arce, uno de los mejores escultores barrocos de su tiempo fue autor, entre otras muchas obras, de las imágenes en piedra de Los Cuatro Padres de la Iglesia y Los Cuatro Evangelistas que se sitúan sobre los muros interiores de la iglesia del Sagrario.


La imagen de San Francisco de Paula que se ubica en la hornacina lateral del retablo fue realizada por el escultor Ricardo Rivera y retocada en 1.993 por el imaginero José Antonio Navarro Arteaga, hermano de la Corporación. Es de madera policromada, de unos 75 centímetros de altura y posee resplandor de plata.
San Francisco de Paula
(cortesía de http://www.hermandad-estrella.org).
El santo fundador de la orden de los Mínimos, cotitular de la Hermandad desde que su cofradía se fusionara, sobre el año 1.603, con la de la Estrella en el antiguo convento mínimo de la Victoria, se representa anciano, con larga barba canosa y hábito de la orden, de color pardusco, estofado en oro. En la mano derecha porta el emblema de su congregación, el sol de la Caridad “CHARITAS”, y en la otra su característico bastón en alusión a su condición de ermitaño.

Santa Elena, descubridora del Santo Madero de la Cruz e impulsora de su devoción, se asocia al título del Triunfo del Santo Lignum Crucis que ostenta la Hermandad. Por este motivo, el retablo de Nuestro Padre Jesús de las Penas incorpora en una de sus hornacinas laterales la imagen de la santa. Es obra del imaginero hispalense José Antonio Navarro Arteaga, quien la realizó en el año 1.993 en madera policromada, de unos 80 centímetros de altura, con ricos estofados de oro en sus ropajes.
Santa Elena
(cortesía de http://www.hermandad-estrella.org).
Santa Elena se representa abrazando con su mano derecha la Cruz, que aparece erguida, mientras que con la otra mano señala el Santo Madero. Posee aureola de plata, en alusión a su santidad, a la vez que adorna su cabeza con diadema tallada en la misma escultura, estofada en oro y enriquecida con pedrería, por su condición de emperatriz romana (fue esposa del tetrarca Constantino Cloro y madre del emperador bizantino Constantino I).

El Lignum Crucis es también titular de la hermandad. Su nombre proviene del latín “lignum”, madero y “crucis”, de la cruz, y hace referencia a la reliquia de la cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Las expresiones de devoción a Cristo crucificado, numerosas y variadas, adquieren un particular relieve en las iglesias dedicadas al misterio de la Cruz o en las que se veneran reliquias, consideradas auténticas, del Lignum Crucis.
Santo Lignum Crucis
(cortesía de http://www.hermandad-estrella.org).
El relicario de la capilla de la Estrella que contiene el trozo de santo madero no está coronado, como suele ser habitual, por una cruz, sino por una estrella de diez puntas con diamantes, rubíes y esmeraldas engastados.

LA VALIENTE.
La Hermandad de la Estrella fue la única que realizó Estación de Penitencia a la catedral en el año 1.932, primera Semana Santa de la II República Española.

Tradicionalmente se ha sostenido que el motivo de no procesionar de las demás cofradías fue la inseguridad ciudadana y el temor a incidentes callejeros. De hecho sí hubo varios incidentes; el más grave pasó inadvertido: a la altura de la plaza de la Magdalena, entonces llamada del Pacífico, alguien tiró una bomba fabricada con la perilla de una cama (hay que ser cutre). No explotó, y de su presencia no se percató nadie hasta que el paso (que llevó la bomba encima casi todo el camino) se desmontó esa noche.

Lo más espectacular, sin embargo, sucedió ante la puerta de San Miguel de la Catedral. Cuando el palio de la Virgen se disponía a entrar en la Catedral, un anarquista de San Juan de Aznalfarache, llamado Emiliano González, realizó tres disparos contra la imagen (sin acertar ninguno) y salió corriendo perseguido por la masa. Un guardia impediría que lo linchasen en la calle San Gregorio. Otro intento de agresión fue desmontado antes de producirse, al recibir la Guardia de Seguridad el “soplo” de que había un grupo extremista preparado en los jardines del Paseo de Colón; un escuadrón a caballo frustró sus intenciones.
Emiliano González Sánchez, autor de los
disparos contra la Virgen de la Estrella.
Con ser graves estos hechos, otras opiniones sostienen que la razón verdadera por la que las hermandades no realizaron su Estación de Penitencia ese año no fue de orden público, sino político, lo que se puede constatar consultando los periódicos de la época.

En aquellos días, recién proclamada la II República, estaba en pleno apogeo el debate sobre el carácter laico que debería tener el Estado Español bajo el nuevo régimen, algo que hoy día vemos de lo más normal, pero que entonces dio lugar a considerables tensiones. Como bandera para su lucha, los sectores más conservadores promovieron la suspensión de las procesiones de Semana Santa. Su justificación vino a ser que, puesto que un estado laico no iba a poner crucifijos en las escuelas, tampoco querría tenerlos en las calles. Espoleados por la Iglesia y por los partidos de derechas, opuestos al gobierno de Lerroux, muchos hermanos mayores (liderados por los de San Roque y San Bernardo) empezaron a plantearse la posibilidad de suspender la Semana Santa, decidiendo finalmente no salir, siguiendo el consejo del Arzobispado.

Pero hubo una excepción. La hermandad de la Estrella, una corporación entonces humilde, con pocos hermanos, ninguno de ellos miembro activo de partidos o con intereses políticos, determinó en su cabildo que sí realizaría la Estación de Penitencia. Veinte a seis fue el resultado de la votación a favor de la salida. ¿Cual pudo ser el motivo que llevó a los hermanos de la Estrella a contravenir el acuerdo del resto de las cofradías? No está claro, pero sí que la decisión reportó importantes críticas a la hermandad. A los pocos días de tomada, el diario El Sol, de Madrid, publica unas declaraciones de un conocido cofrade de Pasión, Miguel Bermudo, quien señalaba que "...esa cofradía es una pobrecita, con muy pocos cofrades" y de estilo “capirotero”, es decir, amigos de la parte espectacular de la salida, y de poco fondo religioso.

Aunque rechazada y menospreciada por el poder cofradiero establecido, la salida de la Estrella fue recibida con júbilo por el pueblo. Salió el Jueves Santo en vez del Domingo de Ramos a causa de la tardanza en llegar de la subvención municipal, de la que dependía económicamente.
Salida del palio de la Estrella, el Jueves Santo de 1.932.
(ICAS. Ayuntamiento de Sevilla).
Rodeados de trabajadores del muelle y hermanos de paisano, algunos con navajas al cinto para desalentar a los provocadores, los pasos salieron de San Jacinto a las cinco menos veinte de la tarde entre el clamor de miles de personas que se congregaban en la calles trianeras. Sin los agobios de un horario que cumplir, los pasos se dieron un auténtico baño de multitudes. Más de dos horas tardaron en llegar desde Triana a la calle San Pablo. Ante la fachada del Ayuntamiento, en presencia de las autoridades, Rocío Vega Farfán,  La Niña de la Alfalfa, entonó una saeta cuya letra se hizo célebre:

“Se ha dicho en el banco azul
que España ya no es cristiana,
pero aunque sea republicana,
aquí quien manda eres Tú,
Estrella de la mañana”.

Así pues, según esta versión, la Estrella no fue valiente por hacer frente a un peligro que, según los propios responsables del boicot, no se esperaba. En realidad lo fue porque se enfrentó a la decisión unánime del resto de las cofradías. O, mejor dicho, no se enfrentó a nada; tal vez fuesen los demás quienes se enfrentaron a la tradición.

Tan solo me queda felicitar a la Hermandad por la magnífica página web que publica en la red (de lo mejor que he visto hasta ahora, junto a la del convento de Santa Paula). Completísima en información y detalles, actualizada constantemente y con multitud de fotografías (algunas de las cuales he reproducido). El área multimedia incluye marchas procesionales, fondos de escritorio y hasta un canal de TV en Youtube. Un auténtico lujo.

No hay impedimento para personas con movilidad reducida.