Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 13 de junio de 2012

Capilla de los Marineros (Esperanza de Triana).


La actual hermandad que reside en esta capilla es fruto de la unión, en diferentes épocas, de distintas hermandades: Hermandad de Luz de Nuestra Señora de la Esperanza (fundada en 1.418 por el gremio de los ceramistas), San Juan Evangelista (1.542, pescadores), Las Tres Caídas de Cristo y Nuestra Señora de la Salud (1.616, marineros) y, finalmente, la Hermandad Sacramental de la iglesia de Santa Ana en 1.971.
Capilla de los Marineros.
Desde su fundación, la hermandad conoció, merced a diversas vicisitudes, varias ubicaciones: iglesia de santa Ana, convento del Espíritu Santo (en la Capilla de san Cristóbal), iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, iglesia del hospital de la Encarnación y, finalmente, una capilla costeada por los cofrades marineros en la entonces calle Larga (actual Pureza) en el año 1.815.
Segundo cuerpo de la portada de la capilla.
En 1.868, la Junta Revolucionaria expropia la capilla y la pone en subasta, adjudicándose a dos ingleses que la dedicaron al culto anglicano. Después tuvo otros usos: teatro, cine, almacén de corcho, de carbones, etc.

Entretanto, las imágenes se depositan en la iglesia de san Jacinto, donde residen casi un siglo. En 1.939 se hace con la capilla Carlos Jorge Welton Niño, que la cede la hermandad por la simbólica cantidad de una peseta (su intención era regalarla, según me comenta su bisnieta, pero por motivos supongo que legales tuvo que realizarse una venta). El arquitecto Aurelio Gómez Millán se hace cargo de la restauración, que se retrasa hasta 1.962, año en que sale por última vez desde la iglesia de san Jacinto para hacer su Estación de Penitencia y se recoge en la capilla propia.
Inmaculada Concepción. Antonio Illanes, 1.962.
 La Capilla de los Marineros se puede enmarcar en el estilo arquitectónico sevillano de la segunda mitad del siglo XVIII. El vano es rectangular, con un dintel sostenido por canecillos, sobre el que se apoya un frontón partido por una hornacina. En ella se aloja una imagen de barro cocido que representa a la Inmaculada Concepción, realizada por Antonio Illanes en 1.962.

Corona la portada una espadaña, adornada con pináculos y jarrones con azucenas de bronce, realizados, al igual que las tres campanas, por Ramón León en 1.998.
Espadaña y cuerpo de campanas.
 Entramos ya en la capilla y comprobamos que tiene forma rectangular, con tres naves, una central y dos laterales que no llegan a los pies de la capilla. Destaca el artístico artesonado de su techo, de par y nudillo, realizado en madera de pino rojo con filetes dorados y adornos tallados. Mide doce metros de ancho por dieciocho de largo. Fue adquirido en 1.961 al desaparecido colegio Villasís.

Igualmente llama la atención la lámpara central, tallada en cristal del siglo XIX. Tiene el estilo clásico de las lámparas dieciochescas y procede del desaparecido Café Gran Britz (calle Tetuán esquina Rioja), al que fue adquirida en 1.963. No sé yo si pega mucho la presencia de una lámpara de araña (por muy artística que sea) en una iglesia, pero la verdad es que llama la atención el contraste con la cubierta mudéjar.
Cubierta neomudéjar y gran lámpara de cristal tallado.
 En la nave lateral derecha veremos el retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia. Datado en el siglo XVII, fue tallado y montado por el escultor franciscano Blas de Santamaría y dorado por Francisco Carreño de la Cruz; es parte del originario ubicado en el Convento de san Antonio de Padua de Sevilla. Fue adquirido por el Conde de Gálvez sobre 1.950 para uso particular y, en 1962 ofrecido por el mismo a la Hermandad, para en principio albergar a la Virgen de la Esperanza, lo que la Junta de Gobierno desestimó en Cabildo, ya que era pequeño para presidir la capilla, aprobándose que pasara a ser el Altar del Cristo de las Tres Caídas, una vez informado y aceptado por el donante. Tuvo que ser acondicionado para albergar la Sagrada Imagen por Guzmán Bejarano. Tras la reciente obra de ampliación de la capilla, pasó a albergar al Cristo de la Humildad y Paciencia.
Retablo del Cristo de la Humildad y Paciencia. Siglo XVII.
 La talla se coloca en la hornacina central del retablo, situándose a sus lados las efigies de san Telmo (anónimo siglo XVIII) a la izquierda y san Antonio de Padua (escuela de Olot, siglo XIX) a la derecha, siempre mirando de frente.
Cristo de la Humildad y Paciencia. Anónimo, 1.700.
Cristo de la Humildad y Paciencia. Detalle.
San Telmo. Siglo XVIII.
San Antonio de Padua. Siglo XIX.
 Al lado del retablo, una inscripción orlada por un marco dorado de intrincado diseño recuerda la bula pontificia emitida por Juan Pablo II que permitía la Coronación Canónica de la Virgen de la Esperanza en 1.982.
Recordatorio de la Coronación Canónica de la Esperanza de Triana.
 Seguimos por este lado y llegamos a una pintura de buen formato que representa La Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad, pintado por Juan Antonio Rodríguez. Se trata de un retablo moderno, obra de Manuel Guzmán Bejarano y dorado por Antonio Sánchez González
La Coronación de la Virgen por la Santísima Trinidad. Juan Antonio Rodríguez, 1.964.  
 A continuación, ya en la cabecera de esta nave de la Epístola, uno de los titulares de la hermandad: san Juan Evangelista. El retablo fue montado por Guzmán Bejarano en 1963 y dorado por Antonio Sánchez. Sobre la primitiva talla, el imaginero y escultor Luis Álvarez Duarte realizó una nueva más que una restauración; tan solo se aprovechó de la antigua el cuerpo y los pies, siendo de nueva factura el la cabeza y las manos.
Retablo de san Juan Evangelista.
San Juan Evangelista. Luis Álvarez Duarte.
 Llegamos ya al presbiterio, presidido por el Retablo Mayor. Procede del convento de la Merced, de Osuna (Sevilla) y se compone de dos cuerpos y tres calles, separadas cada una por estípites y con abundantes adornos vegetales del segundo tercio del siglo XVIII. Fue tallado por José María de Ceiba entre 1.716 y 1.717 y trasladado a este emplazamiento en 1.965. 
Retablo Mayor. Vista general.
Retablo Mayor. 
En la parte central del retablo se encuentra la venerada imagen de Nuestra Señora de La Esperanza de Triana. Se desconoce su autor, aunque se le atribuye a Juan de Astorga, en el siglo XIX. Ha recibido numerosas restauraciones, siendo la más importante la de 1.898, en la que Gumersindo Jiménez Astorga reparó los importantes daños que un incendio fortuito causó a la imagen de la Virgen.
Tres vistas de la Esperanza de Triana.
A los lados de la Virgen se sitúan tallas de san Pedro Nolasco (izquierda) y san Ramón Nonato (derecha).
San Pedro Nolasco.
San Ramón Nonato.
 En el ático se localiza un relieve de Dios Padre, flanqueado por imágenes de san Pedro Armengol y san Pedro Pascual.
Ático del Retablo Mayor. Relieve de Dios Padre, con imágenes de san Pedro Armengol y san Pedro Pascual.
Sagrario del Retablo Mayor.
Reseñar que a los pies de Nuestra Señora de la Esperanza, en el presbiterio, descansan los restos mortales del que fue durante muchos años Director Espiritual de la Corporación y gran artífice del retorno de la hermandad a su antigua capilla, don José Sebastián y Bandarán, según su expreso deseo. Una lápida rememora el gran cariño que en vida mantuvo hacia la hermandad y su gran devoción a la Santísima Virgen.
Lápida de don José Sebastián y Bandarán, Director Espiritual de la Corporación.
En el muro de la Epístola del presbiterio se sitúa un Crucificado de 1,05 metros de altura. Es obra de Algueró, en 1.907, regalo de boda de la reina María Cristina a los infantes Carlos de Borbón y Borbón y Luisa de Orleáns. En 1.963 fue donado a la corporación por don José Sebastián y Bandarán.
Crucificado. Algueró, 1.907.
 En la cabecera de la nave del Evangelio aparece el retablo de la Virgen del Carmen ayudando a las Ánimas del Purgatorio, gemelo de La Coronación en la nave opuesta y pintado también por J. A. Rodríguez en 1.964.

La Virgen del Carmen sedente sostiene con su mano izquierda a un Niño Jesús que se yergue sobre la rodilla materna. El Divino Infante aparece en actitud de bendecir con su mirada fija en el espectador al igual que la de su madre. En la parte inferior de la pintura las Ánimas del Purgatorio son ayudadas por los ángeles y querubines que completan la escena.
La Virgen del Carmen ayudando a las Ánimas del Purgatorio. J. A. Rodríguez, 1.964.
Ya en el muro de la nave del Evangelio podemos admirar la imagen del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, obra anónima del siglo XVII, atribuida a Marcos Cabrera. En 1.894 se le sometió a una restauración en la que se sustituyó el pelo natural por una cabellera esculpida en pasta de papel.
Santísimo Cristo de las Tres Caídas.
Santísimo Cristo de las Tres Caídas.
Santísimo Cristo de las Tres Caídas. Detalle.
 Hay que recordar otro titular de la hermandad que no está presente en la capilla. Se trata de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, que se venera en la Capilla del Sagrario de la Real iglesia de santa Ana, como vimos en la correspondiente entrada:

Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María. Capilla del Sagrario de la iglesia de santa Ana.

A ambos lados del cajón de entrada podemos ver estas dos pinturas:


No hay impedimento para personas con movilidad reducida.