Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 29 de agosto de 2012

Iglesia de san Nicolás de Bari, -I.

Delimitada por las calles Vírgenes, San José y Muñoz y Pabón, en un pequeño ensanche que recibe el nombre de plaza de Nuestro Padre Señor de la Salud, frente a la zona más antigua del convento Madre de Dios, encontramos la iglesia de san Nicolás. 

Su origen, como ocurre en tantas cosas en esta ciudad, es legendario. Hay quien dice que en su solar existía un templo consagrado a Hércules; otros afirman la presencia de una cueva, mandada excavar por el emperador Trajano para desplazarse desde Itálica a Hispalis bajo tierra, en la que, en época romana, se rendía culto al Demonio que hablaba a sus fieles a través de un ídolo; finalmente, una tercera versión nos habla de un templo cristiano visigodo, reconvertido en mezquita primero y, posteriormente en iglesia mozárabe. Siendo esta zona la más antigua de la ciudad, parece que la tercera interpretación es la que tiene más visos de ser la real.
Iglesia de san Nicolás de Bari. A la izquierda, el convento Madre de Dios.

Con cierta seguridad, se sabe que formaba parte de las primitivas collaciones en que el rey Fernando dividió la ciudad, siendo don Rodrigo Alonso, hermano ilegítimo del rey Fernando, el agraciado con una serie de solares y propiedades en esta zona de la judería, conocida como Cabeza de Malos.

La inicial iglesia debió ser de construcción gótico-mudéjar, como las demás de la época (Omnium Sanctorum, san Esteban, san Marcos, santa Marina). Hay documentos que atestiguan la ruina del edificio a primeros del siglo XVI, e igualmente se sabe que el actual templo fue levantado a mediados del siglo XVIII. De la iglesia que debió existir en estos dos siglos y medio de intervalo se sabe poco o nada.

Como decía, el edificio actual fue construido a mediados del siglo XVIII, costeado por los feligreses Juan de Castañeda, Nicolás del Campo y Carlos de Vila. A lo largo de la historia no ha sufrido ningún desperfecto considerable, por lo que ha llegado a nuestros días en relativo buen estado de conservación.
Portada principal de la iglesia, con san Nicolás en la hornacina.
Sobre san Nicolás de Bari podemos comentar que es uno de los escasos miembros del santoral que es venerado tanto por la iglesia latina como por la griega. Llamado el Magno, se le atribuyen innumerables milagros,  tanto en vida como después de muerto, mostrando un inusitado poder sobre el fuego, por lo que la Iglesia recomienda pedir por su intercesión la gracia de vernos libres de los ardores del infierno.
Icono de san Nicolás (cortesía de Wikipedia).
Durante toda su vida se distinguió de una manera especial por sus acciones caritativas y taumatúrgicas. Murió hacia el año 345. Su veneración como santo empezó prácticamente después de su muerte; sus restos fueron salvados de los sarracenos y llevados a Bari, donde se erigió una Iglesia que conserva sus reliquias en un valioso sarcófago del que fluye un bálsamo al que se atribuye efectos milagrosos. Es uno de los catorce santos auxiliadores.
Sepulcro de san Nicolás, en la basílica de Bari.
El exterior del templo es atípico en la ciudad, ya que su planta no es rectangular, sino que tiene forma de poliedro irregular. El estilo está a caballo entre los estilos barroco y neoclásico y, por tanto, austero y sobrio, lo que contrasta con el pleno barroquismo que presenta su interior, según veremos luego. No se sabe quienes lo construyeron, pero sí que posteriormente intervino Pedro de Silva, Maestro Mayor de Obras del Arzobispado cuando tuvo lugar el terremoto de Lisboa, que tantos daños causó en todo el oeste de Andalucía.. 

La portada principal, de piedra, tiene forma adintelada, con pilastras toscanas adosadas que sostienen el dintel, encima del cual vemos un frontón partido que aloja una hornacina con la figura del santo titular. Cubre a san Nicolás un pequeño frontón, sobre el que se observa una cruz patriarcal que hace alusión a la condición de obispo del santo.
Remate de la portada principal.
Sobre esta portada se levanta una torre, de pequeño tamaño, cuadrada con dos arcos de medio punto a cada lado de su único cuerpo, que se remata con una techumbre adintelada. Es una de las escasas torres sevillanas no coronadas con chapitel.

A los lados de la portada principal se sitúan dos retablos cerámicos modernos de los titulares de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Nuestra Señora de Candelaria.
Retablo cerámico de María Santísima de la Candelaria. 
Facundo Peláez (Cerámica Santa Ana), 1.972.
Retablo cerámico de Nuestro Padre Jesús de la Salud. 
P.P. Molina (Fábrica Montero), 1.929.
En la fachada del Evangelio del templo se levanta una portada lateral, de factura idéntica a la principal.  En este caso, corona el dintel una escultura de Nuestra Señora del Subterráneo, también en piedra. No existe puerta de la Epístola (le correspondería estar situada en la calle Vírgenes).
Portada del Evangelio, con la Virgen del Subterráneo en la hornacina.  
Decoración artística en la acera a cargo del Cuerpo de Correos.
Portada del Evangelio.
Cuando se entra la iglesia de san Nicolás de Bari nos llevamos una grata sorpresa. Por un lado, es mucho más grande de lo que parece desde fuera y, por otro, toda la superficie de sus muros (que es mucha) está ocupada por altares, retablos y pinturas. Una auténtica joya artística, al margen de su significado religioso.

Está estructurada en cinco naves de igual longitud, aunque más ancha y alta la central, a las que designaremos, como ya hicimos en la visita a san Lorenzo, como Evangelio exterior, Evangelio interior, central, Epístola interior y Epístola exterior. Se encuentran separadas mediante dieciocho columnas de mármol rojo jaspeado y estilo dórico, que sostienen las bóvedas de cañón.

La entrada es por la portada el Evangelio, por lo que comenzamos el recorrido por los pies de la nave del Evangelio exterior. En primer lugar encontramos un altar neoclásico, de 1.815, dedicado a Santo Dominguito del Val quien, según la leyenda, fue un mártir aragonés secuestrado por judíos, que le dieron muerte a la manera de la Pasión de Cristo.  Este suceso es prácticamente el mismo que los del Santo Niño de la Guardia o el Niño de Sepúlveda, y se enmarca dentro del antisemitismo europeo en las edades Media y Moderna. Cuentos similares sobre niños martirizados se multiplicaron en toda Europa, pudiéndose contar seis casos en el siglo XII, quince en el XIII, diez en el XIV, dieciséis en el XV, trece en el XVI, ocho en el XVII, quince en el XVIII y treinta y nueve en el XIX. Ante la imagen del niño crucificado se ubica la figura de una Virgen con el Niño, que es copia de canaria imagen de la Virgen de la Candelaria, según me apunta un amable lector.

Lo que es lastimoso en la época en la que estamos es que desde algunas páginas de internet se aliente la creencia de que estos sucesos se produjeron en realidad y la cantidad de personas que asumen su autenticidad. Parece que la cacareada globalización solo tiene efectos negativos, nunca positivos (como diría Van Gaal).
Altar de Santo Dominguito del Val.
La Capilla Sacramental es la siguiente. Tiene planta rectangular, estando presidida por un retablo barroco, en cuyo centro se sitúa la escultura de Nuestro Padre Jesús de la Salud, de principios del siglo XVII; tradicionalmente atribuida a Pedro Roldán, en la actualidad se la supone obra de Francisco de Ocampo y Felguera. Es de talla completa y tamaño inferior al natural (1,30 metros), con ropajes esculpidos y estofados al modo bizantino.  Fue el antiguo titular de la desaparecida cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Antigua, Siete Dolores y Compasión, siendo trasladada a esta iglesia en 1.880, trocando la advocación inicial de Jesús Nazareno por la de Jesús de la Salud, en recuerdo del titular de la Hermandad de los Gitanos, que residió en esa capilla anteriormente.
Capilla Sacramental.
Retablo barroco de la capilla.
Nuestro Padre Jesús de la Salud. Francisco de Ocampo, siglo XVII.
En el mismo retablo encontramos la imagen de María Santísima de la Candelaria, tallada por Manuel Galiano Delgado en 1.924, de la que se cree que es la representación de una mujer real, llamada Marcelina Sánchez Salas-López. Fue remodelada en profundidad por Antonio Joaquín Dubé de Luque en 1.967 y por Miñarro en 2.003. La advocación de la Candelaria recuerda el instante de la Purificación de María; de esta manera se simboliza que la Virgen se sometió a la ley, aunque no necesita purificarse, pues su pureza continuaba intacta.

Al otro lado del retablo se sitúa una talla moderna de san Juan Evangelista.
Virgen de la Candelaria. Manuel Galiano, 1.924.
San Juan Evangelista.
En la misma capilla, sobre el muro izquierdo, se conserva un cuadro de formato apaisado (poco frecuente) que representa a la Virgen de Guadalupe, de Méjico, pintado en 1.704 por el mejicano Juan Correa. Fue donado a la Hermandad Sacramental en tiempos remotos y aún permanece en el sagrario de este templo.
Virgen de Guadalupe. Juan Correa, 1.704.
En el muro derecho, sobre el estandarte de la Hermandad Sacramental, cuelga una pintura atribuible a Juan de Espinal que representa a San Carlos Borromeo dando la comunión a los apestados de Milán, que puede considerarse como una de las mejores obras de este artista y fechable hacia 1.760. 
Estandarte de la Hermandad Sacramental y cuadro San Carlos Borromeo dando de comer  a los apestados de Milán, atribuido a Juan de Espinal, 1.760.
La bóveda que cubre la capilla es de media naranja y bordes ondulados (algo bastante habitual en las iglesias de la ciudad de Carmona), gallonada con ocho gajos, y falsa linterna central.
Bóveda de la Capilla Sacramental.
Salimos de la Capilla Sacramental y encontramos el altar del Sagrado Corazón de Jesús, moderno, de estilo neobarroco. Ante la imagen central está colocada una imagen de pequeño tamaño de la Virgen Milagrosa.
Altar del Sagrado Corazón de Jesús.
Imagen del Corazón de Jesús con pequeña imagen de la Milagrosa delante.
Le sigue un retablo neoclásico de principios del XIX. En su centro hay escultura de vestir de Santa Rita de Casia, de fines del XVIII, y a los lados se representa a san Antonio de Padua (izquierda mirando de frente) y san Isidoro (derecha). A los pies de la santa hay una hornacina, protegida mediante un vidrio, que alberga un pequeño grupo escultórico de La Piedad.
Retablo de santa Rita de Casia.
Ático del altar.
San Antonio de Padua.
Santa Rita de Casia.
San Isidoro.
La Piedad.
Termina aquí la primera parte de la visita.


No hay impedimento para personas con movilidad reducida.