Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 11 de septiembre de 2012

Iglesia de san Bernardo, -I.

El origen de este templo se remonta al veinte de agosto del año 1.247, día de san Bernardo, momento en que se inicia el cerco a Sevilla por Fernando III, quien orde-na la construcción de una ermita en este lugar.

En 1.593 se construye un templo de mayores dimensiones, del que bien poco se conoce, para poder acoger el aumento de la feligresía del arrabal. Esta iglesia es derribada en 1.780, momento en que se inicia la construcción del templo actual, según planos del arquitecto José Álvarez, siendo inaugurada y bendecida cinco años más tarde. Su estilo responde al período de transición entre las arquitecturas barroca y neoclásica.
Fachada lateral de la iglesia de san Bernardo.
En los sucesos del 18 de julio de 1.936 sufrió las iras de la turba incendiaria, aunque con menos ensañamiento que en otros lugares, por lo que, aunque se perdieron enseres e imágenes, se pudo salvar algunas, a las que se añadieron varias más procedentes de diferentes parroquias y conventos. Así, varios de los retablos y esculturas que podemos ver actualmente proceden del cercano convento dominico de santo Domingo de Portacoeli.
La misma fachada, desde el otro lado.
La portada principal tiene arco de medio punto en el vano de entrada, enmarcándose con columnas toscanas. Sobre el arco, vemos un frontón recto partido, en el que se alberga una hornacina con la imagen de san Bernardo. Una Giralda entre jarras de azucenas, símbolos del Cabildo Catedralicio, remata el conjunto, al igual que vimos en la portada principal de san Roque.
Fachada principal.
Fachada principal y torre-campanario.
Portada principal.
San Bernardo preside la portada principal.
En el lado del Evangelio se localiza una portada lateral, también con arco de medio punto y  pilastras cajeadas, coronada con un frontón partido. En este muro están colocados dos retablos cerámicos modernos, de 1.988, pintados por Manuel Ruiz Gil con motivo del quincuagésimo aniversario de la llegada del Cristo a la hermandad, y que representan a los titulares de la misma: el Santísimo Cristo de la Salud y  María Santísima del Refugio.
Torre y fachada lateral.
Cúpula del crucero.
Retablo cerámico de María Santísima del Refugio.
Retablo cerámico del Santísimo Cristo de la Salud.
La torre campanario, alta y esbelta, está ubicada en la esquina izquierda de la portada principal. De estilo muy semejante al de las torres de san Ildefonso, se compone de dos cuerpos; en el primero se sitúan una serie de ventanas lobuladas y balconcillos rematados con pequeños frontones; el cuerpo de campanas muestra un arco de medio punto en cada cara, con un par de pilastras cajeadas a cada lado, adornadas con azulejos azules. El remate se apoya sobre una base cerrada por una balaustrada cegada adornada con pináculos; es octogonal, con sendos arcos de medio punto, unos cegados y otros abiertos, cubiertos por un  cupulín decorado con azulejos azules y blancos y rematado todo por una cruz de forja.

Todo el edificio se cierra mediante una reja de hierro instalada en el momento de la construcción del templo.
Torre de la iglesia.
Bernardo de Claraval (1.090-1.153) recibió, al igual que sus siete hermanos, una excelente formación en religión, latín y literatura. Amigo de juergas y francachelas, el joven Bernardo, amable, simpático, inteligente y bondadoso tuvo durante un sueño la visión de la Virgen entregándole al Niño Jesús para que lo amara y lo hiciera amar por los demás.

Ni corto, ni perezoso, se marcha al monasterio del Císter, donde es admitido por san Esteban con gran alegría, ya que hacía quince años que no recibían nuevos hermanos. Bernardo regresa a su casa para comunicar la noticia y, en principio, todos se oponen; sin embargo, a base de convicción y perseverancia, cuando regresó al convento iba acompañado de todos sus hermanos varones, sus tíos y treinta y un compañeros más. Más tarde se les unirían su padre y su hermana con su cuñado. Y es que, al parecer, Bernardo, "el cazador de almas y vocaciones", como le llamaban, tenía tal capacidad de convicción que las novias de los lugares por donde pasaba tenían terror de que el santo pudiera hablar con sus novios.
San Bernardo, representado en un manuscrito cisterciense del siglo XIV.
Con tan solo veinticinco años se le encomendó fundar un convento. Escogió el lugar de Claraval ("valle claro"), un sitio apartado en el que los religiosos tuvieran que trabajar duro para su sustento. Comenzó con veinte monjes; a los pocos años tenía ciento treinta. De Claraval partieron monjes a fundar otros 63 conventos.    

Viajero incansable (muy a su pesar) era respetado como mediador en todo tipo de conflictos, llegando a evitar más de una guerra. Como curiosidad, señalar que fue él quien escribió la vida de san Malaquías, el cual murió en sus brazos camino de Roma.

La iglesia de san Bernardo tiene planta rectangular, con tres naves de cuatro tramos cada una, crucero, presbiterio, coro a los pies y capillas en las cabeceras de las naves laterales. Las naves aparecen separadas por pilastras rectangulares que sostienen arcos de medio punto, con bóveda de cañón en la nave central y vaídas en las laterales. También son de cañón las bóvedas del presbiterio y las de los brazos del crucero, en tanto que el crucero propiamente dicho se cubre con bóveda de media naranja con linterna, que se apoya sobre pechinas decoradas con yeserías y pinturas al fresco que representan a los cuatro Evangelistas.

Pero no nos adelantemos, que primero hay que entrar en la iglesia. Se accede a ella por la puerta principal, situada en la calle Santo Rey. Desde allí obtenemos las primeras vistas del interior:
Vista general desde la entrada principal.
Nave del Evangelio desde el mismo lugar.
Nave de la Epístola.
Coqueta y pequeñita la pila para el agua bendita.
Iniciamos el recorrido por nuestra derecha (nave de la Epístola) en sentido contrario a las agujas del reloj.
La nave de la Epístola, vista desde los pies de la misma.
El primero en nuestro recorrido es neoclásico, el retablo de Nuestra Señora del Rosario. Alberga una imagen de candelero, de tamaño natural, del siglo XVIII, que pudo salvarse de los sucesos de 1.936 por hallarse fuera del templo, escondida en casa de su camarera. El Niño Jesús es algo más antiguo, muy del estilo del siglo XVII.
Retablo de Nuestra Señora del Rosario.
Virgen del Rosario.
El retablo de la Anunciación, de estilo rococó, con abundante rocalla, es anónimo, del tercer cuarto del siglo XVIII. En él se exhibe una notable pintura de la Anunciación y, a los lados, relieves con figuras de san Ignacio y san Francisco Javier, más otro relieve en el ático que representa a san Benito, san Bernardo y santo Domingo. En el altar del retablo se mostraba una urna con la figura yacente de la Virgen del Tránsito, de gran mérito y procedente del desaparecido convento de san Agustín. El retablo sufrió importantes mutilaciones en la Guerra Civil, quedando la pintura principal muy dañada.  
Retablo de la Anunciación.
Pintura de la Anunciación, con relieves de san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier a sus lados.
Ático del retablo de la Anunciación. El relieve central representa a  san Benito, san Bernardo y santo Domingo.
De la misma época del anterior, en el retablo de san José aparece la imagen del Santo Patriarca, portando al Niño Jesús en sus brazos, fechados en la misma época que el retablo. Santa Ana (izquierda) y la Virgen del Carmen (derecha) se sitúan a los lados y, en el ático, un lienzo representa La Coronación de la Virgen. En la zona del banco se mostraban varias figuras de barro de un Nacimiento y otras más de las que no se encuentran datos, que desaparecieron en el 36.
Retablo de san José.
De izquierda a derecha: santa Ana con la Virgen Niña, san José y la Virgen del Carmen.
San José con el Niño Jesús.
Ático del retablo: La Coronación de la Virgen.
Seguimos camino y llegamos ante un retablo de 1.692, de Fernando de Barahona y gemelo del de las Ánimas, que veremos más tarde. Es sencillo, de un solo cuerpo, con la escultura del Santísimo Cristo de la Salud presidiéndolo. En el ático del retablo se sitúa una pequeña imagen del arcángel san Rafael portando su habitual pez.
Retablo del Cristo de la Salud.
El arcángel san Rafael, en el ático.
La imagen del Santísimo Cristo de la Salud fue encargada el 17 de enero de 1.669. Sobre su autoría hay división de opiniones. José de Arce, Andrés Cansino (discípulo del anterior), Francisco Antonio Ruiz Gijón (pupilo a su vez de Cansino) o  Pedro Roldán son considerados los autores, según la fuente consultada, de esta magnífica talla, realizada sobre madera de cedro policromada, de 1, 75 metros de altura.

La imagen estaba situada inicialmente en el retablo mayor de la Escuela del Espíritu Santo, pasando posteriormente al convento de la Paz y, finalmente a la Sala de Juntas de la Escuela de la Natividad, junto a la iglesia de la Santa Cruz.

El 12 de enero de 1.938 fue cedido a la hermandad de san Bernardo, por mediación del cardenal Segura, para sustituir a la imagen que ardió en el incendio del 18 de julio de 1.936.
Nuestro Padre Jesús de la Salud. Siglo XVII.
Representa a Cristo tras su muerte, con el cuerpo relajado y brazos alineados con el  patibulum, con las manos abiertas y clavadas en él. El paño de pureza se sujeta con una cuerda, con lazo anudado en la cadera derecha dejando al descubierto este costado. Muestra cinco llagas, en las manos, los pies y el costado. La cabeza se inclina sobre el pecho, hacia el lado derecho, mostrando la corona de espinas tallada en el mismo bloque de cedro. En las rodillas se aprecian las heridas provocadas por las caídas durante el camino de la amargura.

Llegado hemos a la oscura cabecera de la nave de la Epístola. Tras solicitar el encendido de las luces, y ser atendidos amablemente por un miembro de la parroquia, descubrimos la  capilla de Nuestra Señora del Patrocinio. Está ocupada por un retablo de 1.690 con columnas salomónicas, obra de Fernando de Barahona, que alberga en su hornacina principal una escultura de la Virgen del Patrocinio. La talla es del siglo XVIII, de candelero y tamaño académico, donada en 1.940 por doña Carmen de la Milla, que vino a sustituir a la antigua imagen destruida en 1.936. Fue restaurada por Dubé de Luque en 1.972.
Capilla de Nuestra Señora del Patrocinio.
La advocación del Patrocinio, al igual que la del Cristo de la Salud, fue iniciada por unos niños que fundaron la hermandad. Se extendió la devoción por los titulares de la misma y, con el visto bueno del párroco, se estableció la cofradía en la parroquia. Interpuso pleito la hermandad de Gloria de Santa Cruz y Nuestra Señora del Patrocinio,  por uso de la misma advocación en las dos hermandades; en la actualidad, ambas están fusionadas.  A los lados de la Virgen vemos pequeñas esculturas de san Antonio de Padua y santa Rita de Casia.
Nuestra Señora del Patrocinio.
San Antonio de Padua.
Santa Rita de Casia.
En el ático del retablo se observa un relieve en madera policromada de la Visitación de la Virgen a su prima santa Isabel, ante la mirada de Zacarías y san José, los esposos de ambas. Lo remata el símbolo de la Virgen María con corona real.
Escena de La Visitación en el ático del retablo.
Una pequeña pila bautismal se sitúa en la capilla de la Virgen del Patrocinio.
Si en este punto miramos hacia atrás, esta es la vista que se nos muestra:
Nave de la Epístola vista desde la cabecera de la misma.

 El acceso de personas con movilidad reducida es imposible por la calle Santo Rey (portada principal), debido a la existencia de cinco escalones sin rampa. Hay dos entradas laterales en la calle Santísimo Cristo de la Salud; una de ellas tiene cuatro escalones, en tanto que la más alejada (casi en la calle Alonso Tello) me parece recordar que tan solo presenta un pequeño resalte.