Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 12 de octubre de 2012

Capilla del Dulce nombre de Jesús (Vera+Cruz) y Baños de la Reina Mora, II y final.


Terminemos la visita.

Dándonos la vuelta, podemos observar la capilla desde el presbiterio:
Pies de la nave central, donde se ubica actualmente la sacristía.
La esquina de la cabecera de la nave del Evangelio luce dos nuevos cuadros: Santiago, también de José Contreras, en 1.865, y un santo que no he podido identificar.
Cuadros en la cabecera del Evangelio. Por esa puerta se accede a los Baños de la Reina Mora.
Santiago el Mayor. José Contreras, 1.865.
Santo desconocido ¿San Ignacio de Loyola?.
El primero de esta zona es el retablo de María Santísima de las Tristezas, cotitular de la hermandad. El altar es neoclásico, del último tercio del siglo XVIII. Está presidido por la Virgen de las Tristezas, talla de candelero de Antonio Illanes, fechada en 1.942, y para cuya realización tomó como modelo a su esposa, Isabel Salcedo.
Altar de la Virgen de las Tristezas.
Nuestra Señora de las Tristezas (detalle).
Junto a este altar, un dosel alberga la cruz de guía de la corporación en la que se lee “Toma tu cruz y sígueme”.
Cruz de guía de la hermandad.
El último retablo, obra de Juan Bautista Vázquez, el Viejo, de estilo renacentista (siglo XVI), nos muestra una figura vestida al estilo bizantino, con ropajes estofados en oro que representa a Santa Lucía, figura reconvertida de un San Juan Evangelista. En el ático luce un relieve que representa a Dios Padre.
Este "cambio de sexo" de una imagen ha sido poco habitual en la imaginería, pero no extremadamente raro. La imagen original es del sigo XVI, atribuida con bastante fundamento a Juan Bautista Vázquez, el Viejo. En los años treinta del siglo pasado, la ONCE se estableció en la capilla pero, como no tenían imagen de su Patrona y la cosa "estaba cortita", reutilizaron  al Evangelista por tener rasgos masculinos poco marcados.
Actualmente (septiembre de 2.014), la talla está siendo restaurada por Benjamín Domínguez, pero no se sabe todavía si finalizará siendo Santa Lucía o San Juan.
Retablo renacentista. Siglo XVI.
Santa Lucía (antes San Juan Evangelista).
Ático del retablo, con relieve de Dios Padre.
Tras este recorrido (la capilla no es muy grande), nuestro guía nos conduce a una puerta que se abre en la cabecera de la nave del Evangelio, por la accederemos a los Baños de la Reina Mora. Hago la misma advertencia que me hicieron a mí: no se esperen nada espectacular. A pesar de los muchos años que se lleva hablando sobre este lugar, la mayoría de lo realizado hasta ahora es eso: hablar.

Hagamos un poco de historia. Como comentaba al principio, y según recoge Ortiz de Zúñiga en sus Anales, en el Repartimiento de la ciudad, después de la reconquista de la misma en 1.248, todos los baños árabes correspondieron a la reina doña Juana de Ponthier, segunda esposa de Fernando III. Tras el fallecimiento del rey, doña Juana vuelve a Francia, dejando la propiedad de los baños a alguno de sus hijos. No se sabe con seguridad a cuál de ellos, aunque sí se conoce la existencia de unos “baños de don Fadrique” en la collación de San Vicente, lo que hace sospechar que fue este vástago el que los recibió.
Bajada hacia los Baños desde el patio exterior.
En 1.278 fueron donados al Cabildo Catedral por Alfonso X, ignorándose el uso que se les dio, hasta que en 1.450 se establece allí un “Convento de Dueñas” o “Casa de Beatas” de la Orden Carmelita, según recoge Pascual Madoz en su “Diccionario”.

El Cabildo Catedral lo vende a particulares el año 1.542, convirtiéndose en casa-palacio. Tiene varios dueños, pudiendo ser, como recoge José Gestoso, uno de los primeros el duque de Medina Sidonia, cuyo escudo estuvo situado en el artesonado de la escalera.

La siguiente constancia escrita  (Ortiz de Zúñiga y Alonso-Morgado), nos indica que en 1.551 sus propietarios eran el sacerdote don Pedro de Córdoba y el matrimonio formado por don Jerónimo de Montalván y doña Ana Enríquez, los cuales donaron el edificio, según escritura pública de 3 de enero de 1.551, para “recogimiento de mujeres arrepentidas”, conocido como “Dulce Nombre de Jesús” y regido por monjas agustinas. Continuó como convento hasta el 12 de mayo de 1.837 (desamortización de Mendizábal), fecha en la que se produce la exclaustración de las monjas, que pasan al convento de San Leandro, perteneciente a la misma orden. La capilla permanece cerrada desde ese momento.
Bóveda de cañón de nave de entrada.
El edificio se usa entonces como casa de vecinos hasta el año 1.870, en que es adquirida en subasta pública por doña María del Amor Pérez de León y destinada a ser sede de la Cofradía del Amor. Sin embargo, como ya comentamos, la estrechez de la puerta obliga a efectuar la salida procesional desde San Gregorio y, posteriormente, tras la negativa de los sobrinos herederos de doña María a autorizar obras, se muda a Santa Catalina.
Relieves de distintas épocas apuntados en la bóveda.
El año 1.938 toma posesión del conjunto la Organización Nacional de Ciegos (ONCE), por mediación del capellán de la misma, don Antonio Mañes Jerez, que era, casualmente, el confesor de los herederos de doña María del Amor. El capellán es quien consigue, cuatro años después, el asentamiento definitivo de la Hermandad de la Vera-Cruz en esta capilla del Dulce Nombre, tal como permanece hasta hoy día. Particularmente destacable fue también la actuación del canónigo y capellán real don José Sebastián y Bandarán, donante del Santo Lignum Crucis que posee la hermandad.
Imágenes de la sala principal de los Baños, transformada en claustro durante su época conventual.
Posteriormente se establece en el lugar, respetando la capilla, la Comandancia del Cuerpo de Ingenieros, que permaneció allí hasta 1.980. Precisamente durante esta época, en el transcurso de las obras llevadas a cabo entre 1.971 y 1.975, aparecen los primeros rastros de los Baños de la Reina Mora.

Y aquí comenzó el lío legal. El edificio, con excepción de la capilla propiedad de la hermandad desde 1.942, es vendido a una inmobiliaria que construye sobre una parte del solar.  Al ser declarados los Baños Monumento Nacional, en los años 80, y Bien de Interés Cultural, en 1.996, dicha empresa se ve obligada a vender el resto, que pertenece en parte a los vecinos del nuevo edificio (lo que deberían haber sido zonas comunes), en parte a la hermandad y el resto al Ayuntamiento.
Montera del claustro, cubierta provisionalmente por tableros de aglomerado.
En el año 2.002 comienzan las obras de recuperación de esta histórica construcción. La primera fase de las obras, consistente en reforzar la cimentación y realizar las cubiertas, debía terminarse en 2.003, pero no fue posible hasta 2.007. Desde entonces han permanecido cerrados, hasta este año 2.012, en que los hermanos de Vera-Cruz se encargan de mostrarlos a los visitantes. Queda pendiente una segunda fase, que correspondería a la construcción de una portada en el lugar primitivo, con salida a la calle Baños, el cubrimiento de la misma, el enlosado interior (en bruto actualmente) y la colocación de los cristales de la montera del patio (en estos momentos cubierto con tableros de aglomerado).
Una de las cuatro galerías del claustro.
Los vidrios de colores hacen un bonito efecto.
En resumidas cuentas, lo que veremos en octubre 2.012, durante nuestra visita a los Baños será un espacio descubierto, de albero, que comunica la calle Baños con la entrada a los propios Baños (permanentemente cerrada). Una escalera con una docena de peldaños nos conducirá a una sala con bóveda de cañón, la cual comunica con la sala principal. Rodean esta sala cuatro galerías con bóvedas esquifadas de cuatro paños, que forman un patio o claustro, con arcos de medio punto que se apoyan en dieciséis columnas, de las que se conservan tan solo dos originales del siglo X. En sus orígenes fue una sala central con cuatro corredores, delimitada por dichas columnas compuestas por basa, fuste liso con collar superior y capitel de mocábares. En un rincón del patio veremos una decena de cajas de plástico con elementos decorativos pendientes de datar.
Hornacina en una de las galerías.
Y esto es todo. Personalmente opino que no vale la pena desplazarse expresamente para ver el lugar, tal y como está actualmente. Si unimos la visita a los Baños con la de la capilla del Dulce Nombre va cambiando la cosa. Evidentemente, lo suyo sería que se terminase la obra de rehabilitación, pero si en la época de vacas gordas se tardó lo que se tardó en hacer la primera fase, en estos momentos de escasez, la cosa rozaría el milagro. Y de milagros andamos cortitos.
Capitel de mocárabes de las columnas.
La capilla, en cambio, da pasos cortos, pero continuos. En verano de 2.011 se realizan obras de limpieza y acondicionamiento. Destaca el arreglo de la azulejería, humedades, pintura y limpieza íntegra de todos los altares, en especial el Retablo Mayor, así como la instalación de un nuevo altar, estas dos últimas realizadas por GestiónArte.

Durante el verano de 2.012 tuvo lugar la restauración de las pinturas de los muros del presbiterio.

Así está la capilla, que da gusto verla. 
Tríptico editado por la hermandad.


No hay obstáculos para las personas con movilidad reducida en la visita a la capilla. En cambio, la visita a los Baños es imposible, de momento, por la presencia de la escalera de bajada a los mismos.