Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 18 de diciembre de 2012

Iglesia de san Antonio, abad, -I.


La Real iglesia de san Antonio, abad, sita en la calle Alfonso XII, antigua calle de las Armas, es única en su distribución, alejada de la típica cruz latina o del cajón tan habituales en nuestra ciudad. El origen de su singular distribución, de dos naves rectangulares unidas por el lado más largo, se encuentra en que cada una de las naves pertenecía a una corporación distinta. Por un lado estaba la iglesia de san Antonio, abad, perteneciente al antiguo Hospital de san Antonio y, por otro, la capilla de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Silencio. Ambas fueron unidas según planos de Diego Antonio Díaz, entre 1.720 y 1.740.
Portada de la iglesia de san Antonio, en la calle Alfonso XII. Es obra de Diego Antonio Díaz, 1.730. 
En este templo tiene su sede la Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla, Archicofradía Pontificia y Real de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santa Cruz en Jerusalén y María Santísima de la Concepción, cuyo origen se sitúa en el año 1.340. Fue fundada por un grupo de vecinos del barrio de la Feria para glorificar a Jesucristo en su Pasión, llevando a cuestas la Santa Cruz. Inicialmente instalada en la Capilla de los Cervantes de la iglesia de Omnium Sanctorum, sus ordenanzas prescribían la Estación de Penitencia en la madrugada del Viernes Santo, así como el socorro a los necesitados y la entrega de dotes a doncellas pobres y en trance de contraer matrimonio.

Trasladada a la ermita de san Antón, hizo su primera salida procesional a la ermita de san Lázaro (aún debían de transcurrir más de dos siglos para que el cardenal Niño de Guevara “inventara” la Carrera Oficial), extramuros de la puerta de la Macarena, el 14 de abril de ese mismo año de 1.356. Los cofrades vestían túnicas de color morado, sin brillo, una soga de esparto ceñida a la cintura y el rostro cubierto por una cabellera de cáñamo, sujeta a las sienes por una corona de espinas. Todos cargaban con una pesada cruz y llevaban los pies descalzos. Este singular atuendo, imitación del de Jesús, dio origen al nombre de “nazarenos” con el que en la actualidad se designa genéricamente en Sevilla a los cofrades que realizan la Estación de Penitencia durante la Semana Santa.
Escudo de la Hermandad del Silencio.
 En 1.546 se traslada al Hospital de la Cinco Llagas y en 1.571 al Hospital de la Santa Cruz en Jerusalén, llamado de los Convalecientes, en la calle Ancha de la Magdalena, actual calle Rioja.

Siendo Hermano Mayor de la corporación el insigne escritor del Siglo de Oro Mateo Alemán, adquirió en propiedad la pequeña capilla del Santo Crucifijo y una parte del huerto del Hospital y Real Casa de san Antonio Abad, sita en la calle de las Armas, donde se construyó la capilla y quedó establecida canónica y definitivamente la hermandad. Era el año 1.579.

En 1.793, según indica una lápida de mármol que encontramos en el suelo nada más entrar al templo, el rey Carlos IV hizo donación del convento e iglesia de san Antonio a la Hermandad de la Santa Cruz en Jerusalén.
Retrato de Mateo Alemán. Grabado en cobre aparecido en la edición príncipe del Guzmán de Alfarache (Madrid, Várez de Castro, 1.599).
Se la conoce popularmente como Cofradía del Silencio por el orden, recogimiento, seriedad y silencio absoluto con que sus cofrades llevan a cabo su Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral.

Igualmente es de reseñar que fue la primera hermandad de la ciudad que hizo voto y juramento de defender el dogma de la Inmaculada Concepción (corría el año 1.615), ante los ataques verbales de los dominicos del convento de Regina Angelorum, que sostenían la doctrina contraria.

Situados ante la iglesia, en la calle Alfonso XII, vemos que la portada tiene vano rectangular, con pilastras compuestas a los lados y, sobre el dintel, un tímpano partido que aloja un arco de medio punto con pintura al fresco bastante deteriorada de fray Diego de Alcalá. Se trata del acceso al antiguo convento, aunque la portada es posterior, obra de Diego Antonio Díaz, de 1.730.
A la izquierda (mirando de frente) hay un azulejo que identifica la iglesia y la hermandad que tiene su sede en ella. A la derecha, un retablo cerámico de la Virgen de la Concepción, una de las titulares.
María Santísima de la Concepción. Alfonso Chaves, 1.960.
Antes de entrar demos un vistazo a la puerta que se abrió en el siglo XIX a los pies de la nave de la hermandad, que comunica con la antigua calle General Moscardó, hoy renombrada “El Silencio”.  Es una portada sencilla, con poco ornamento, que destaca principalmente por su gran altura, que permite la cómoda salida de los pasos. Sobre el arco luce un pequeño azulejo que nos muestra la Inmaculada Concepción y a la derecha un retablo cerámico del Nazareno del Silencio.
Portada de la iglesia en la calle El Silencio.
Jesús Nazareno. José Macías Macías, 1.921.

Volvamos a la calle Alfonso XII y entramos en el recinto. La portada da paso a un amplio compás, cuyo primer cuerpo está cubierto por techumbre de vigas de madera, sostenidas por dos grupos de cuatro columnas de mármol blanco.
Entrada a la iglesia, vista desde el interior.
Dos grupos de cuatro columnas sostienen el arco de entrada.
En este tramo encontramos dos pequeños retablos, uno a cada lado. El de la izquierda está dedicado a san Cayetano, en tanto que el de la derecha es presidido por santa Rita de Casia.
Retablo de san Cayetano.
Retablo de santa Rita de Casia.
El siguiente tramo del atrio está descubierto y en él podemos contemplar varios retablos cerámicos y una gran cruz de hierro forjado que aventuro pueda ser la que dio origen (o una copia) a la constitución de la Hermandad del Silencio.
Entrada a la iglesia y espadaña.
Espadaña, invisible desde la calle.
Retablo cerámico de la Virgen con el Niño.
Cruz de forja e Inmaculada Concepción.
Retablo de san Antonio María Claret.
Rafael Abad Mejías y Juan Luis Aguado Granel, 1.994.
Frente a nosotros, la entrada al templo está precedida por un pórtico, sostenido también por columnas de mármol blanco, sobre el que se puede ver una espadaña de dos cuerpos y tres arcos de medio punto con sendas campanas.

En un lateral de este pórtico se encuentra situada la imagen más pequeña y, quizá, de menor valor artístico de todo el templo pero que, curiosamente, es la que mayor veneración tiene; se trata de san Judas Tadeo, abogado de las causas imposibles.

San Judas Tadeo, de gran devoción en la ciudad.
Sobre la portada de la iglesia hay un fresco que representa a un religioso que no he podido identificar.
Tímpano de la entrada a la iglesia.
Terminamos aquí la primera parte de la visita. 

La entrada está provista de rampas de acceso, por lo que no hay dificultad alguna para personas con movilidad reducida.