Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

sábado, 22 de diciembre de 2012

Iglesia de san Antonio, abad, -II.


Entramos ya al templo propiamente dicho. La primera nave es la correspondiente a la iglesia del antiguo convento de san Antonio. Se entra por el lado del Evangelio, quedando el Retablo Mayor a nuestra izquierda y el Coro alto, con su correspondiente sotocoro, a la derecha. Al frente, en el muro de la Epístola, dos arcos con molduras nos permitirán pasar a la nave de la Hermandad del Silencio.
Vista de la nave desde el sotocoro.
Bóveda de la nave.
En el mencionado sotocoro, delimitado por un arco de medio punto sostenido por una pareja de columnas de mármol a cada lado, encontramos una espléndida bóveda de pañuelo dividida en cuatro partes por pinturas al fresco de escenas de ángeles. A cada lado, sendas bóvedas de cañón completan la techumbre.
Coro y sotocoro.
Bóveda de pañuelo del sotocoro.
 A la izquierda de este sotocoro se sitúa un altar dedicado a san Antonio de Padua que, por la mezcla de estilos barroco y neoclásico debe ser de mediados-finales del XVIII. En la hornacina central se sitúa una estimable obra del titular, escoltado en los laterales por dos santos franciscanos.
Retablo de san Antonio de Padua.

San Francisco de Paula
San francisco de Asís.
San Antonio de Padua.
 En el lado contrario vemos otro pequeño retablo con pintura central de la Virgen del Carmen socorriendo a las ánimas del purgatorio, del siglo XIX, con seis pequeñas pinturas de diversos santos, tres a cada lado. En el banco del retablo, un pequeño crucificado. El conjunto se corona con un sol que porta el anagrama de María en el centro.
Retablo de la Virgen del Carmen.
 Entre ambos retablos, encontramos varios sitiales de la sillería del coro.

Nos volvemos y, os dirigimos hacia el Retablo Mayor de la nave. Encontramos primero, a la derecha, un arco que comunica con la otra nave y, después, el retablo de la Virgen del Alma Mía, nombre popular de una Inmaculada del siglo XVII que lo preside. Fue encargada por los frailes del desaparecido convento de san Diego (situado antiguamente a la altura del actual Prado de san Sebastián) al escultor flamenco, avencidado en la ciudad, Hernando Gilman. Bendecida en 1.615, es creencia popular considerarla la talla de bulto redondo más antigua de la ciudad que representa a la Inmaculada, aunque hay que considerar que la imagen de Diego López Bueno de la iglesia de Santiago data de 1.602. Lo que sí se puede atribuir a esta imagen, al margen de su antigüedad y valor artístico, ambos elevados, es haber servido de modelo a Pacheco, Martínez Montañés y, sobre todo, a Murillo.
Retablo de la Virgen del Alma Mía.
El retablo, visto desde otro ángulo.
En 1.819, al disolverse la comunidad franciscana de san Diego (por entonces establecida en la calle Imperial), la imagen fue donada a la iglesia de san Antonio.
Cuerpo del retablo.
Ático del retablo, con la imagen de santa Bárbara.
El retablo, de 1.740, está compuesto por banco, cuerpo de tres calles y ático. Está presidido por la imagen titular, que presenta las manos unidas por las puntas de los dedos, en actitud devota, sostenida por una peana de plata de ley del siglo XVIII, realizada por el orfebre Blas Amat. A sus lados, en las calles laterales, se sitúan santa Ana y san Joaquín y, en el ático, san Miguel, santa Bárbara y san Rafael.
Virgen del Alma Mía. Hernando Gilman, 1.615.
Santa Ana.
San Joaquín.
Seguimos por el muro de la Epístola y, antes de llegar al segundo arco de comunicación, encontramos una talla colocada sobre una peana, que representa a la Virgen María, obra de Juan Martínez Montañés de 1.607, al igual que la que se encuentra enfrente, en el muro del Evangelio, que nos muestra a san José.
La Virgen María. Martínez Montañés, 1.607.
La Hermandad del Silencio concluyó recientemente las obras de rehabilitación llevadas a cabo en esta nave, en la que se ha trabajado en varias zonas de la techumbre y muros del presbiterio, y donde se han podido recuperar parte de unas pinturas de las que no se conocía su autoría pero que, a raíz de estas labores, el profesor  Fernández González, ha atribuido a la producción del artista Domingo Martínez, el pintor más importante existente en Sevilla en la primera mitad del siglo XVIII. De hecho he necesitado visitar varias veces la iglesia para poder contemplar el Retablo Mayor.
Retablo Mayor de la iglesia del antiguo convento.
Se trata de una obra del siglo XVIII, de estilo barroco, con banco, un solo cuerpo de tres calles  y ático, y presidido por Nuestro Padre Jesús Nazareno. La imagen del Nazareno, totalmente anatomizada, está realizada en madera de cedro, con encarnadura efectuada mediante la técnica del pulimento, y está en posesión de la Hermandad desde principios del siglo XVII.
Cuerpo del Retablo Mayor. Lo preside Jesús Nazareno, con el beato Juan de Prado y san Antón a los lados.
Aunque no se encuentra documentada, por sus líneas estéticas y por la semejanza con el Nazareno de Carmona, convento de la Concepción y parroquia de san Bartolomé es, sin duda, obra de Francisco de Ocampo y Felguera, hacia 1.610.

El hecho de que lleve la Cruz en posición inversa a la de los otros Nazarenos sevillanos es una prueba de antigüedad, ya que dentro del estilo manierista así lo interpretaban los artistas del Renacimiento.
Jesús Nazareno, atribuido con mucho fundamento a
Francisco de Ocampo, hacia 1.610.
En las calles laterales se sitúan tallas del beato Juan de Prado y  de san Antón, ambas de francisco Francisco Antonio Ruiz Gijón (1.667). El ático presenta en su centro la Santa Cruz, con dos figuras a los lados que no he podido identificar, aunque una de las dos debe ser la que muestra a san Antonio, abad, de Ruiz Gijón (1.676), encargada por el gremio de cordoneros de redes, del que era titular el santo eremita.
Ático y bóveda del presbiterio.
La cúpula de cañón que cubre el presbiterio está en regular estado, con grietas visibles a simple vista y colores empañados por el paso del tiempo y las humedades. En cambio, la bóveda de pañuelo del teórico crucero está perfecta, por lo que imagino que la reciente restauración habrá actuado sobre ella.
Bóveda de pañuelo del teórico crucero.
Nos toca desandar el camino, esta vez por el muro del Evangelio. Tras pasar el púlpito y una capilla que siempre hemos visto cerrada y tapada (de la que además no he encontrado dato alguno en la documentación consultada), llegamos a la imagen del san José de Martínez Montañés antes nombrada y después encontramos la Santa Cruz que porta el Nazareno en su salida penitencial. Es de madera de teca, revestida de planchas de carey con cantoneras de plata labrada. Pertenece a la hermandad desde el primer tercio del siglo XVII, fecha en la que fue donada por Juan Leonel Gómez de Cervantes y Carvajal y por Juan de Cervantes y Casaús, residentes en Nueva España (México).
Púlpito.
San José. Martínez Montañés, 1.607.
Cruz de carey que porta el Nazareno en su salida penitencial.
Terminado el recorrido de esta primera nave, dejamos para la siguiente y última entrada la visita a la nave de del Santo Crucifijo.

La entrada está provista de rampas de acceso, por lo que no hay dificultad alguna para personas con movilidad reducida.