Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 1 de enero de 2013

Tenebrario y Capa Pluvial de Carlos V: dos objetos singulares en la catedral de Sevilla.


La catedral de Sevilla no es solo  la segunda pinacoteca de la ciudad y un auténtico museo sobre temas religiosos (mal que les pese a algunos inmovilistas que la denominan peyorativamente "Parque temático religioso"). En ella, además de las figuras de santos, sepulcros, pinturas, joyas, vidrieras y demás tesoros, podemos encontrar algunos objetos curiosos. Dos de ellos son los que describo en esta página.

El tenebrario es el candelabro triangular que se usa en el Oficio de Tinieblas, es decir, durante el servicio de maitines y laúdes pertenecientes a los últimos tres días de la Semana Santa. El oficio de estos tres días era tratado como una especie de servicio funerario o elegía, que conmemoraba la muerte de Jesucristo, así como los tres días y tres noches que permaneció en la tumba.

El oficio consistía en el rezo de una serie de salmos, tras cada uno de los cuales se apagaba una vela del candelabro, hasta que solo quedaba la superior. Luego detallaremos más concretamente la ceremonia.
Tenebrario de la catedral de Sevilla.


Se tiene constancia documental de que este apagado progresivo de las velas se practicaba ya en el siglo V, en tanto que el uso del tenebrario se conoce desde al menos el siglo VII.

El número de velas del tenebrario ha ido cambiando con los siglos, entre siete y setenta y dos velas. Desde 1.912 se ha adoptado el uso de quince velas, que han de ser de cera sin blanquear, aunque en algunas iglesias se usaba una vela blanca en el vértice del triángulo. Durante el servicio, se apagan gradualmente, una al final de cada salmo, alternativamente a cada lado del candelabro, comenzando con la más baja. Debido a que hay nueve salmos en los maitines y cinco en las laúdes, al final solo queda encendida la vela más alta del triángulo después de haber cantado todos los salmos.

Igualmente, según se cantan cada uno de los últimos seis versículos del Benedictus, se apagan cada una de las seis velas que deben estar colocadas en el altar, también de cera sin blanquear, al igual que el resto de luces de la iglesia, quedando entonces encendida únicamente la vela más alta del tenebrario. Entonces se retira esta vela de su lugar y se esconde detrás del altar, cantándose el Miserere, terminado el cual, el clero y los fieles producen un ruido de carracas y matracas, que cesa dramáticamente al aparecer la luz del cirio oculto detrás del altar, momento en el que termina la ceremonia.

El Oficio de Tinieblas no se celebra desde el Concilio Vaticano II, en 1.962, en el que se cambió la celebración litúrgica.

Son varias las teorías sobre el simbolismo del tenebrario y sus velas. Se dice que el triángulo mismo simboliza a la Santísima Trinidad, aunque hay tenebrarios que no son triangulares, como es el caso del de la catedral de Jaén, que es redondo.  La vela más alta representaría, según unos, a Cristo y, según otros, a la Virgen María, que fue la única que creyó siempre en su Resurrección. De ahí que las otras catorce velas, que representarían a los once apóstoles (evidentemente no se cuenta con Judas Iscariote) más las Tres Marías, se vayan apagando a medida que mengua la fe de los representados.
Parte superior del tenebrario.
El tenebrario de la catedral de Sevilla mide 7,80 metros de altura y se realizó entre 1.559 y 1.564. Fue diseñado por el arquitecto Hernán Ruiz, el Joven, Maestro Mayor de las catedrales de Córdoba y Sevilla, y fundida por los rejeros Pedro Delgado y Bartolomé Morel. Los entalladores Juan Giralte y Juan Bautista Vázquez, el Viejo y el policromador Juan Marín realizaron las esculturas de madera que lo rematan y sirven de base a los cirios, que deben ser de ocho libras de peso.

Aunque ha cambiado de lugar en varias ocasiones, en la actualidad se encuentra justo frente a la entrada turística de la catedral, situada junto a la capilla de santa Ana o del Cristo de Maracaibo.

No se trata de un objeto popular en las iglesias sevillanas, ya que, de las que he recorrido hasta ahora, tan solo he encontrado otro ejemplar, de bastante menor enjundia, en la iglesia de san Vicente, mártir.
Tenebrario de la iglesia de san Vicente, mártir.

Capa pluvial de Carlos V.

De forma genérica, la capa pluvial era la usada a partir del siglo X por sacerdotes y diáconos en los actos de culto. Con el tiempo, esta prenda empezó a llevarse en las procesiones, fuera de los templos y se empleó para protegerse de la lluvia y del frío. Por esta causa, se le llamó pluvial en Italia, nombre que se ha conservado hasta hoy en el lenguaje eclesiástico.
Capa pluvial de Carlos V. Parte delantera.
Ha conocido pocas modificaciones a través del tiempo; tan solo la capucha y las bandas que cierran la capa por delante han cambiado. La capucha de las primeras capas apenas sí llegó a servir para su objeto más allá del siglo XI, pues ya en el siglo siguiente no era más que una pieza decorativa de menor tamaño, que en el XIII se convirtió en un paño triangular colocado en la parte superior de la espalda, para transformarse en una especie de escudo desde el siglo XIV. Este escudo se va agrandando sucesivamente hasta que, ya muy entrado el siglo XVI, se redondea y acaba por invadir la región central del vestido. En todo momento a lo largo de la historia, suele adornarse con flecos y bordados.
Capa pluvial de Carlos V. Parte trasera.
De la capa de Carlos V expuesta en la catedral de Sevilla se desconoce su origen exacto, estando fechada en 1.508. Según la tradición, el todavía rey Carlos I de España la lució en su coronación en Aquisgrán como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, con el título de Rey de los Romanos, el 23 de octubre de 1.520. A partir de este momento se le conocería como Carlos V, nombre que le correspondía según el trono alemán.
Escudo de la capa.
Traveta situada sobre el escudo.
El escudo de la espalda de la capa representa la escena de La Coronación de la Virgen por los Ángeles, en tanto que a lo largo de la cenefa (u orfre) que bordea toda la capa aparecen figuras de santos y ángeles.
Imágenes de santos ocupan la cenefa u orfre que bordea la capa.
Las investigaciones históricas consideran probable que esta obra fuera donada por Carlos V a la Orden de Santiago después de su boda real en los Reales Alcázares de Sevilla con la infanta doña Isabel de Portugal en 1.526, quedando depositada en la sevillana iglesia de Santiago, apóstol (aunque manteniendo el Cabildo su propiedad). Tras la profunda restauración llevada a cabo por el IAPH (Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico) entre 2.004 y 2.008, la capa se expone en una vitrina construida ex-profeso, colocada junto a la Puerta de los Palos de la catedral.
Estado de la capa antes de la restauración.
Finaliza aquí este breve par de pinceladas sobre dos objetos tan singulares que aloja nuestra catedral.

Me gustaría dedicar esta entrada al compañero bloguero Alejandro Labat: http://arteparnasomania.blogspot.com.es/


FELIZ AÑO 2.013