Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

viernes, 1 de marzo de 2013

Iglesia de Santa María de las Nieves (la Blanca), -I.


La iglesia de Santa María de las Nieves, conocida popularmente como “Santa María la Blanca” fue mezquita, después sinagoga y, finalmente, iglesia cristiana. En la segunda fase de los trabajos de restauración terminados en enero de 2.013, los arqueólogos han encontrado por primera vez restos de estructuras, tanto de la mezquita como de la sinagoga judía, que apuntan a que el actual templo cristiano no se levantó a costa de destruir los anteriores, sino utilizando al menos parte de lo edificado.
Fachada principal de la iglesia de Santa María la Blanca.
La primitiva mezquita sería modesta, "de barrio", fundada intramuros de la ciudad, ante una de las antiguas puertas de entrada hoy desparecida, llamada de Bab Chauar o de las Perlas, más tarde de Minjoar y actualmente de la Carne.

Tras la reconquista de la ciudad por parte del rey Fernando III, su hijo Alfonso, mediante un Privilegio Rodado fechado en 5 de agosto de 1.252, cede a la Iglesia de Sevilla todas las mezquitas de la ciudad, excepto las tres que se encontraban en el interior del barrio de la judería, que se transforman en sinagogas y, posteriormente, en las iglesias cristianas de san Bartolomé, santa Cruz y santa María la Blanca. En concreto, la sinagoga de santa María la Blanca es consagrada al culto cristiano en 1.391, justo después de la matanza de judíos instigada por el tristemente famoso arcediano de Écija, Ferrán Martínez. Tras los trabajos finalizados recientemente, se ha podido comprobar que el único templo de Sevilla que conserva restos de las tres religiones es Santa María la Blanca.
Puerta de la Epístola, en la calle Archeros.
La antigua sinagoga de Santa María la Blanca era probablemente la más importante de la ciudad. Estaba anexa al Palacio de Altamira, residencia de Yusuf Pichón, tesorero mayor del rey de Castilla Juan II. Sus dimensiones crecieron respecto a la mezquita durante el reinado de Pedro I y abarcaría la actual iglesia en su conjunto salvo las capillas laterales y la mayor, añadidas posteriormente.

La configuración actual data del siglo XVII, llevada a cabo con el impulso del párroco don Domingo Velázquez y, posteriormente, del canónigo de la catedral don Justino de Neve, muy nombrado en estas páginas, y llevada a cabo por el Maestro Mayor Pedro Sánchez Falconete. En 1.642, se añadió en el lado de la Epístola la Capilla Sacramental a costa de una taberna que allí existía, y la Capilla Bautismal a los pies de la misma nave. La reconstrucción de la espadaña, que es recrecida con la adición de un cuerpo más, se lleva a cabo en 1.651.
Columnas y capitales de la portada de la Epístola.
Pero es en 1.661, con la declaración de la festividad de la Inmaculada Concepción para toda la iglesia latina por parte de Alejandro VII (Constitución "Sollicitudo omnium Ecclesiarum"), cuando se decide la gran transformación, llevada a cabo por Juan González, Maestro Mayor de la época. Se derriba toda la iglesia, excepto la Capilla Mayor, construida pocos años antes. Se sustituyen los pilares primitivos de piedra por cinco pares de columnas, sin basa ni capitel, de mármol jaspeado rojo de Antequera, talladas por el cantero Gabriel de Mena. Se abovedan las tres naves, la central de cañón, con arcos fajones y lunetos ciegos, y las laterales, de arista. En el crucero se usa bóveda de media naranja sobre pechinas y, en el presbiterio, de cañón. El coro se sitúa a los pies del templo, sobre un arco rebajado.
Dos imágenes de la fachada a la calle Archeros.
En cuanto al equipamiento, se realizó una sillería de coro en madera de caoba, se dotó a la sacristía de puerta, pila y cajoneras, y se construyeron espacios para enterramientos.

Sin embargo, lo que distinguiría (y sigue haciéndolo) a esta iglesia de las demás de la ciudad son las yeserías con motivos geométricos, vegetales, florones, ángeles, querubines y hasta una reproducción de la Giralda, que ocupan toda la superficie de las bóvedas, cúpula e intradós de los arcos. Estos adornos, junto con las pinturas murales y los azulejos de los zócalos, dotan al templo del sello innegable del más profundo barroquismo.
Esquina de las calles Archeros y Santa María la Blanca.
Las yeserías, costeadas por sufragio popular en 1.662, están atribuidas a Pedro Roldán, según algunos estudiosos o, más probablemente, a los hermanos Pedro y Miguel de Borja, habituales colaboradores de Sánchez Falconete. En las pinturas murales, realizadas mediante plantilla, se sabe que intervino Murillo, en tanto que los azulejos son idénticos a los de la sacristía de la iglesia del Sagrario, realizados por Diego de Sepúlveda en 1.657.

La iglesia presenta al exterior dos fachadas de reducidas dimensiones.
Retablo cerámico en la fachada principal. Antonio Morilla, 1.957.
La principal, hacia la calle Santa María la Blanca, se desarrolla en forma de torre-fachada que, junto con la portada gótica es lo que queda del edificio de 1.391, año en que se consagró al culto cristiano. Presenta un arco apuntado abocinado, con apenas un par de arquivoltas, estando la más externa adornada con puntas de diamante. En la cornisa aparece la inscripción: “HAC EST DOMVS DEI ET PORTA COELI. 1741” (Esta Es la Casa del Señor y Puerta del Cielo). Sobre ella se distinguen tres cuerpos: el primero presenta dos vanos de medio punto, sin ninguna decoración; en el siguiente se sitúa el campanario, con dos arcos de medio punto enmarcados por pilastras y rematado por un frontón partido; por último, aparece una espadaña compuesta por un vano de medio punto enmarcada por pilastras y coronado por remates cerámicos y una cruz-veleta de hierro forjado.
Parte alta de la fachada principal.
Junto a la puerta se ha colocado un retablo cerámico que representa a la Virgen de las Nieves, pintado en 1.957 por Antonio Morilla Galea y fabricado por el trianero Pedro Navia.

En el muro de la Epístola, que da a la calle Archeros, se abre una portada lateral, actualmente sin uso. Presenta un arco peraltado con el tímpano cegado entre dos columnas romanas reaprovechadas con capiteles de distinto orden. Según sus inscripciones, una se corresponde a Cayo Cecilio Virginiano y la otra, funeraria, a Cayo Fabio Firmano.
Fachada principal de la iglesia.
Portada principal.
Torre y espadaña.
Tanto una fachada como la otra, además de los dos cuerpos de la espadaña, están decorados con pinturas al temple de motivos geométricos de variados colores, redescubiertos y restaurados en 1.992, tras siglos de permanecer escondidas bajo numerosas capas de blanca cal.

Es difícil describir la sensación que produce la entrada a este templo. Primero queda uno sobrecogido por la abundancia de la decoración, aumentada por el hecho de que techos y bóvedas estén cubiertos por completo de adornos de yeserías y, por tanto, con volumen. Quizá sea el contraste  de estos volúmenes con la blanca cal o, como mucho, de las pinturas que recubren el resto de iglesias sevillanas lo que hace que, en un primer momento, notemos una sensación de agobio o incluso claustrofobia.
Vista general desde la puerta principal.
Bóvedas y arcos, con el Retablo Mayor al fondo.
La nave del Evangelio, vista desde la entrada.
La nave de la Epístola, desde el mismo sitio.
Una vez pasado este impacto inicial, ya nos vamos centrando en los detalles… que se cuentan por millares. Podemos pasarnos perfectamente seis meses visitando la iglesia, que cada nuevo día descubriremos cosas que anteriormente se nos pasaron por alto. Si durante la visita a la Capillita de san José hablábamos del horror vacui, aquí tendríamos que referirnos a summo horror vacui. 
Pila para el agua bendita.
Como ya hemos mencionado anteriormente la distribución de la iglesia, pasaremos directamente a recorrerla comenzando, como va siendo habitual, por nuestra derecha (pies de la nave de la Epístola), para seguir luego el sentido contrario de las manecillas del reloj.
La nave de la Epístola, vista desde los pies de la misma.
Bóvedas de la nave de la Epístola.
En esta zona, pies de la Epístola, se sitúa la Capilla Bautismal, cerrada con reja, de traza cuadrada e iluminada por una vidriera que representa el Bautismo de Cristo por Juan, el Bautista. A través de una pequeña puerta se accede tanto al coro como a la torre.
Capilla Bautismal.
Pared y vidriera de la Capilla Bautismal.
La Capilla Sacramental viene a continuación. Se trata de un gran espacio rectangular, dotado de amplia entrada en forma de medio punto y trabajada cancela, que dispone de dos buenas ventanas al interior de la nave. Los tres vanos están decorados con molduras de madera doradas y zócalo de azulejos de tonos blanco y azul, estilo típico portugués, los mismos colores que veremos en todo el recorrido. Fue trazada por Diego Gómez, curiosamente el principal competidor de Falconete en la época.
Entrada a la Capilla Sacramental.
Cuando entramos en la capilla vemos a la derecha un barroco cuadro-retablo con una pintura al óleo que representa a la Virgen con el Niño, reproducción, según me apunta el amigo Carlos Núñez, de la Santa María de las Nieves que dio origen a la advocación (nevada en el mes de agosto en el monte Esquilino) y que se conserva en la Capilla Paulina de la basílica de Santa María Maggiore, en Roma.
Santa María de las Nieves.
En la pared de enfrente de la puerta aparece el retablo de san José, del siglo XVIII y estilo barroco con detalles rococó. Está presidido en su hornacina por imagen anónima de San José con el Niño y flanqueada por esculturas de san Joaquín y santa Ana. En el ático se nos muestra  una Inmaculada y, sobre el banco del altar, un pequeño grupo escultórico representa la escena del Nacimiento.
Retablo de san José.
San José con el Niño.
San Joaquín.
Santa Ana.
Nacimiento.
El muro izquierdo está ocupado en su totalidad por otro retablo barroco, algo más sencillo que el anterior. En él aparecen los titulares de la Cofradía del Sagrado Lavatorio de Nuestro Señor Jesucristo, Santo Cristo del Mandato y Madre de Dios del Pópulo. Realizó su última salida penitencial el Jueves Santo de 1.662, comenzando una decadencia que, tras consejo de don Justino de Neve, la lleva a fusionarse con la Hermandad Sacramental de Santa María de las Nieves. En las reglas elaboradas para la fusión se especifica que la cofradía no podrá realizar nunca Estación de Penitencia a la catedral. Su estado actual es inactiva, que no desaparecida, ya que estuvo funcionando hasta un momento indeterminado del siglo XX y no han transcurrido los cien años requeridos para tal eventualidad.
Retablos de la Capilla Sacramental.
Retablo de la Cofradía del Lavatorio.
Titulares de la Cofradía del Lavatorio.
El Crucificado es obra de Diego García de Santa Ana (1.599) realizado en pasta de madera policromada y pocos detalles anatómicos. La Virgen del Pópulo se atribuye a Pedro Nieto hacia 1.640, mostrando igualmente signos arcaizantes, con expresión hierática que no transmite emoción. De san Juan Evangelista ha existido desde siempre la tradición oral de considerarlo como la imagen del antiguo Señor del Lavatorio, aunque José Roda Peña ya demostró de forma documental en 1.985 que la hermandad pagó en 1.698 113 reales por “la cabeza, manos y vestiduras de san Juan”.
Crucificado de la Cofradía del Lavatorio. Diego García, 1.599.
Virgen del Pópulo. Pedro Nieto, 1.640.
San Juan Evangelista.
Azulejos de la Capilla Sacramental.
Pintura del Agnus Dei en el techo de la capilla.
Salimos de la capilla y seguimos camino por la nave de la Epístola hasta llegar ante el retablo de la Santísima Trinidad, neoclásico, del siglo XIX, presidido por el grupo escultórico tallado por Blas Molner el siglo anterior. En el banco del retablo, dentro de una hornacina protegida por vidrios, vemos en conjunto de La Piedad, moldeado en arcilla y policromado en el siglo XVIII. En los laterales, pequeñas vitrinas verticales nos muestran reliquias de santos sin rotular.
Retablo de la Santísima Trinidad.
Reliquias de santos.
Bóveda sobre la cabecera de la Epístola.
Grupo escultórico de La Piedad ,en el banco del retablo.
 En la cabecera de la nave está situado el retablo de san Pedro en la Cátedra, de estilo barroco con abundante rocalla y fechado en 1.747. Preside el retablo la imagen del primer Papa de la Iglesia, restituido al culto en esta advocación por el canónigo Justino de Neve, escoltado por dos ángeles que portan sus atributos. En el ático vemos una pequeña pintura con la escena de La Adoración de los Magos.
Retablo de san Pedro en la Cátedra.
San Pedro en la Cátedra.
Ático del retablo.
Terminamos aquí la primera parte de la visita.

No existen obstáculos para el acceso de personas con movilidad reducida.