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Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

sábado, 13 de abril de 2013

El expolio del mariscal Soult, -I.


La clave de la invasión francesa de España y la posterior Guerra de Independencia no se encuentra en Francia ni en nuestro país, sino en la vecina Portugal.

Durante la guerra que mantenían Inglaterra y Francia, el país luso era firme aliado de los británicos, a cuyos barcos ofrecía puerto seguro. Napoleón opinaba, con razón, que el dominio europeo correspondería a quien dominara los mares. Por ello, tras proclamarse emperador en 1.804, impone una alianza con España que terminaría con la derrota de la escuadra hispano-francesa en la batalla de Trafalgar, en 1.805. Inglaterra queda como dominadora de los mares, y la flota española, prácticamente inexistente, no puede proteger sus colonias.
Napoleón en su trono imperial. Ingres, 1.806.

En 1.807 se produce otro hecho humillante: el Tratado de Fontainebleau entre Francia y España, que permite el paso de tropas francesas a través de la península para reducir a los portugueses. En la práctica, quien resulta invadida es España, que queda a merced de los designios del general Murat, jefe de los ejércitos franceses.

Godoy duda, el pueblo se rebela y el rey, Carlos IV, intentando matar dos pájaros de un tiro (Fernandito ya apuntaba maneras desde niño) abdica en su hijo Fernando. En 1.808, Fernando VII entra como rey en Madrid; el pueblo le llama “el Deseado”, esperando que imponga orden a los invasores franceses, pero Napoleón tiene otros planes. Cita a Fernando y a su padre en Bayona, obliga al hijo a abdicar en su padre, y a éste, a hacerlo en José Bonaparte.
Fernando VII, el Deseado. Francisco de Goya, 1.614.
La toma de posesión de José I desemboca en los levantamientos del dos mayo en Madrid y se extiende rápidamente por toda la nación, dando origen al inicio de la Guerra de la Independencia, que duraría seis largos años. Durante este lapso de tiempo, Fernando VII permaneció prisionero en el castillo de Valençay.

Sirva este largo prólogo para describir la situación del país en esos momentos. El invencible (hasta esos momentos) ejército francés campa a sus anchas por toda la península, estableciendo sus cuarteles, caballerizas y polvorines en los edificios adecuados, sin importar que sean palacios, iglesias o conventos, rapiñando todo lo que pillaban (Napoleón tenía la sana costumbre de no pagar a sus soldados, lo que les obligaba a vivir de lo que podían robar durante sus conquistas). Además, lo que no podían llevarse (retablos, muebles, mármoles) lo destruían por el mero placer de hacerlo y, por si fuera poco, en su retirada tras la derrota, volaban los polvorines (muchos de ellos situados en edificios históricos) para que sus perseguidores no aprovecharan sus municiones. Estos señores los que traían la civilización y la modernidad a los bárbaros españoles…
José Bonaparte. Jean-Baptiste Joseph Wicar.
Todos los mandos franceses tenían órdenes de apoderarse de  las obras de arte que la España de entonces había acumulado durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Y no llegaron a ciegas, sino que llevaban encima un ejemplar del Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las bellas artes en España, obra del erudito Juan Agustín Ceán Bermúdez, publicado en seis tomos en 1.800. O sea, que venían a tiro hecho. Sirva como botón de muestra de la impunidad del saqueo el testimonio recogido por José María Asensio en 1.886 en su libro sobre Pacheco, donde cuenta cómo, en 1.810, fue sustraído el cuadro del Juicio Final, de Pacheco, del convento de Santa Isabel: "El individuo encargado de recogerlo entró en la iglesia llevando en la mano un tomo del Diccionario Histórico de Ceán Bermúdez y, después de examinar el cuadro y leyendo a la vez la descripción, subió al altar y cortó el lienzo con una navajilla".

Para dar ejemplo, lo primero que hizo José Bonaparte al llegar a Madrid fue empaquetar las joyas de la Corona Española y mandarlas para Francia. Es este el motivo por el que la actual Casa Real de España no tiene corona, ni joyas de la Corona oficiales.

Todos los mandos del ejército francés practicaron el robo sistemático de obras de arte, en mayor o menor medida: Mathieu de Faviers, Sebastiani, Murat, Coulaincourt, Jean-Baptiste Eblé, Desolle, Crochart, D´Armagnag, Lapereyre, Belliard, Lejeune, DuPont y, sobre todos ellos, Nicolas Jean de Dieu Soult, general en jefe del ejército napoleónico en Andalucía, repetidamente nombrado en este blog. El mariscal ya había iniciado sus rapiñas durante las campañas napoleónicas de Austria, Alemania e Italia, pero cuando llegó a España se encontró en el Paraíso. Prendado de la pintura sevillana y, sobre todo de las obras de Murillo, el militar reunió la mayor colección particular de pintura de la historia del arte de todos los tiempos.
Nicolas Jean de Dieu Soult. Louis Henri de Rudder.
Es imposible detallar lo robado, aunque nos puede dar una idea la siguiente relación de algunos de las obras de Murillo “donadas” a Soult por sus propietarios, tan solo en la ciudad de Sevilla:

- Del convento casa-grande de san Francisco: los diez lienzos del Claustro Chico. Fray Julián de Alcalá y el alma de Felipe II (hoy en el Williamstown Dark Art Institute), La cocina de los ángeles (Louvre) y Fray Junípero y el mendigo (Louvre).
Fray Juan de Alcalá y el alma de Felipe II. Murillo. Williamstown Art Dark Institute.
La cocina de los ángeles. Murillo. Museo del Louvre.
Fray Junípero y el mendigo. Murillo. Museo del Louvre.
- Del convento de la Merced Calzada: La huida a Egipto (Génova) y La Resurrección (que no llegó a salir de España, siendo recuperado en 1.814 para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid).
La huida a Egipto. Murillo. Galleria di Piazzo Bianco, Génova.
La Resurrección de Cristo. Murillo.
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid.
- De la Catedral de Sevilla: El Nacimiento de la Virgen (Louvre). No se llevó La visión de san Antonio, de la Capilla Bautismal, porque no le cabía en su casa debido a los seis metros y medio de altura que medía el lienzo.
El Nacimiento de la Virgen. Museo del Louvre.
- De la iglesia de Santa María la Blanca: El Triunfo de la Inmaculada, (Louvre), El Triunfo de la Eucaristía (Oxfordshire, Faringdon Collection), ambos mutilados en los laterales por Soult para que cupiesen en los huecos de que disponía en su palacio y los dos grandes lunetos, El sueño del Patricio Juan y El patricio revelando su sueño al papa Liberio (los dos en el Museo del Prado).
El Triunfo de la Inmaculada. Murillo. Museo del Louvre.
El Triunfo de la Eucaristía. Murillo. Faringdon Collection, Oxforshire.
El Sueño del patricio Juan. Murillo. Museo del Prado.
El patricio revelando su sueño al papa Liberio. Murillo. Museo del Prado.
- Del Hospital de los Venerables Sacerdotes: San Pedro arrepentido, desaparecido hasta finales del siglo pasado, cuando fue descubierto en la colección Townsend, en Newick, (EEUU), El Niño Jesús repartiendo pan a los sacerdotes (Szépmüvészeti Múzeum, Budapest), y La Inmaculada Concepción (la mejor Inmaculada de Murillo, o sea, la mejor Inmaculada del mundo), recuperada para el Museo del Prado mediante intercambio por un Velázquez de mediana categoría con el Louvre en 1.941).
San Pedro arrepentido. Murillo. Colección Townsend, Newick (EEUU).
El Niño Jesús repartiendo pan a los sacerdotes. Szépmüvészeti Múzeum. Budapest.
Inmaculada de los Venerables. Murillo. Museo del Prado.
- Del Hospital de la Caridad: San Pedro liberado por un ángel (Museo de L’Ermitage, de San Petersburgo), La curación del paralítico (National Art Gallery de Londres), El retorno del hijo pródigo (National Gallery, Washington) y Abraham y los tres ángeles (National Gallery, Ottawa).
San Pedro liberado por un ángel. Murillo. Museo de L'Ermitage, San Petesburgo.
La curación del paralítico. Murillo. National Art Gallery. Londres.
El retorno del hijo pródigo. Murillo. National Gallery. Washington.
Abraham y los tres ángeles. Murillo. National Gallery. Ottawa.
Fin de la primera parte.