Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 17 de febrero de 2014

Carmona. Iglesia del Divino Salvador.

De la primitiva construcción no queda nada. Se encontraba ubicada en la parte sur de la plaza mayor al parecer, en el solar de una antigua mezquita y ocupando parte de la antigua Plaza Mayor, según restos encontrados en obras modernas. Se dice, igualmente que, tras la conquista de la ciudad a los musulmanes, se levantó en el lugar una capilla, que sería sustituida más tarde, en los siglos XIV o XV, por una iglesia parroquial.
Vista de la fachada principal del templo.
Esta iglesia debió ser del estilo gótico-mudéjar de la época (como las de San Blas o San Felipe) y en el testero sur de la plaza mayor, quedó arruinada como consecuencia del terremoto de Lisboa, de 1.755, siendo finalmente demolida en 1.779. Hay quien sostiene que los daños no fueron tan graves y que los presbíteros del Salvador la dejasen arruinarse a propósito, sabiendo que les sería concedido el traslado a la iglesia de los jesuitas. Sin embargo, las fechas no me cuadran, ya que el terremoto tuvo lugar en 1.755 y la expulsión de los jesuitas doce años más tarde.
Portada principal.
Escudo real que, según me apuntan, fue ordenado colocar por Carlos III tras la expulsión del país de los jesuitas.
Por otra parte, en el año 1.701 comenzaron las obras de un edificio que debería albergar el colegio jesuita de San Teodomiro, con su correspondiente oratorio. Se levantó sobre los restos de la antigua ermita del patrón de la ciudad que ya ocupaban los jesuitas desde 1.622.
Fachada principal y torre (inacabada).
Durante los casi veinte años que duraron las obras, se sucedieron en su dirección los arquitectos Pedro Romero, el Viejo (arquitecto de la Casa de Medina Sidonia), su hijo Félix y, finalmente, Pedro Romero, el Joven, igualmente hijo del primero.
En 1.767 se produce la expulsión de los jesuitas, pasando sus propiedades a poder del Estado. El colegio de San Teodomiro pasa a pertenecer a las Escuelas Reales, hasta que, en 1.783, es ocupado por la parroquia del Salvador.
Portada de la Epístola.
El interior del templo tiene planta basilical, con tres naves, siendo la central más ancha, dos portadas (a los pies y en el muro de la Epístola) y una torre inacabada. Las naves se separan mediante arcos de medio punto sostenidos por pilastras, sobre los que se sitúan sendas tribunas corridas. Las laterales se cubren con bóvedas de arista, en tanto que las naves central, del presbiterio y del transepto están coronadas por bóvedas de cañón, con lunetos.
Vista general desde los pies de la nave principal.
Nave de la Epístola.
Nave del Evangelio.
La nave de la Epístola presenta en la zona de los pies un primer altar, sobre el que se sitúa una cruz arbórea.
Cruz arbórea.
Seguidamente veremos una réplica exacta (la única autorizada, según me comentan) de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Se trata de Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia, obra moderna del imaginero Jesús Iglesias, de 1998. Pertenece a la Orden Seglar de los Siervos de María (Servitas), según me indica un amable lector.
Nuestro Padre Jesús de la Divina Misericordia
obra moderna del imaginero Jesús Iglesias, de 1998.
Réplica exacta de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder.
Tras rebasar el púlpito, llegamos al transepto. En el lado de la Epístola se sitúa el retablo de San Juan Nepomuceno, barroco, de 1.746. A los lados del titular del retablo se sitúan las figuras de San Antonio de Padua (izquierda) y San Fernando (derecha). En el banco hay una pequeña escultura de la Virgen del Pilar y, en el ático, una pintura de la Virgen con el Niño.
Púlpito.
Retablo de San Juan Nepomuceno, 1.746.

San Juan Nepomuceno.

San Antonio de Padua.
San Fernando.

Ático del retablo, con una pequeña pintura de la Virgen con el Niño.
En la cabecera de la nave, sobre un sencillo altar, aparecen las imágenes de María Santísima de la Esperanza y San Juan Evangelista, dos de los titulares de la Hermandad de la Esperanza. Ambas son anónimas, de principios del siglo XVIII.
Dos de los titulares de la Real e Ilustre Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Coronación de Espinas, María Santísima de la Esperanza y San Juan Evangelista.
María Santísima de la Esperanza. Talla anónima de principios del siglo XVIII.

San Juan Evangelista. Igualmente anónimo de finales del XVIII.

Sobre el muro frontal del presbiterio se levanta un soberbio Retablo Mayor, tallado por José Maestre (es el original de los jesuitas), de estilo barroco del siglo XVIII, presidido en la calle central por el Sagrario y las imágenes de El Salvador y San Teodomiro. Además, en el primer cuerpo se sitúan las figuras de los arcángeles San Miguel y San Gabriel. En el segundo cuerpo vemos dos medallones con los bustos de San Pedro y San Pablo y las cuatro alegorías. Remata la composición, en el ático, la escena de La visión de Storta.
Retablo Mayor. José Maestre, siglo XVIII.
Calle central del retablo, con imagen de Jesús Salvador sobre el Sagrario.
Los arcángeles Miguel y Rafael flanquean la talla del Salvador.
San Teodomiro, patrón de Carmona.
Ático del retablo, San Ignacio de Loyola y las cuatro Alegorías.
La visión de Storta.
[Tuvo tal mutación en su alma y ha visto tan claramente que el Padre le ponía con Cristo, su Hijo, que no sería capaz de dudar de que el Padre le ponía con su Hijo. Con esta expresión reveló la unión que desde entonces sintió con Cristo. Laínez completó estos datos, añadiendo que la visión fue trinitaria, y que en ella el Padre, dirigiéndose al Hijo, le decía: «Yo quiero que tomes a éste como servidor tuyo» y Jesús, a su vez, volviéndose hacia Ignacio, le dijo: «Yo quiero que tú nos sirvas»]. (Biografía de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús).

Muros laterales del presbiterio.
El crucero se cubre mediante cúpula de media naranja, con el borde orlado tan típico en las iglesias de Carmona, apoyada sobre pechinas, en las que aparecen pinturas de los cuatro Doctores de la Iglesia, obras del sevillano Lucas Valdés. En las hornacinas de la media naranja hay colocadas efigies de los cuatro Evangelistas, realizadas por el escultor Antonio de Quirós. Todo ello ejecutado durante las obras de 1.714.
Bóveda del crucero. En el tambor aparecen esculturas de los cuatro Evangelistas (Antonio Quirós, 1.714) y en las pechinas, pinturas de los Padres de la Iglesia.


Los Padres de la Iglesia. Lucás Valdés, 1.714.
Las tallas de los cuatro Evangelistas son de Antonio Quirós.
Coro y tribunas, vistos desde el crucero.
En la cabecera de la nave del Evangelio, en otro sencillo altar, aparece Nuestro Padre Jesús de la Coronación de Espinas, atribuido a Pedro Roldán, en 1.657. En 2.008, el Instituto Andaluz del Patrimonio Artístico realizó una restauración de la talla, durante la cual apareció en el interior de la misma un documento que acreditaba una anterior intervención de 1.971 sobre la que nada se sabía.
Nuestro Padre Jesús de la Coronación de Espinas, atribuido a Pedro Roldán, en 1.657.
El primero del muro de la nave del Evangelio es el retablo de María Santísima de los Dolores, barroco, formado por banco, un cuerpo de tres calles y ático. La hornacina está ocupada por la titular de la Orden Seglar de los Siervos de María (Servitas), obra de 1.783 atribuida al círculo de Cayetano de Acosta. A sus lados aparecen dos santos franciscanos desconocidos y, en el ático, San Felipe Benicio, el superior general de los Servitas que, durante el cónclave constituido para nombrar al sucesor de Clemente IV (siglo XIII), huyó al circular su nombre como papable por considerarse indigno de tal cargo.
Retablo de María Santísima de los Dolores.
Virgen de los Dolores. Atribuida al círculo de Cayetano de Acosta, 1.783.
Santos franciscanos desconocidos.
Ático del retablo.
San Felipe Benicio, el fraile servita que huyó de un cónclave
en el que iban a nombrarle Papa.
Junto a este retablo estaba situado el día de nuestra visita un pequeño paso con la figura del Dulce Nombre de Jesús, que había procesionado pocas fechas antes. Es una talla del siglo XVIII, muy retocada a lo largo del tiempo. Pertenece también a la Orden de los Servitas y normalmente preside el altar de la puerta de la Epístola.
Imagen del Dulce Nombre de Jesús.
Seguidamente encontramos el Simpecado de la Hermandad de la Virgen del Rocío, que también tiene su sede en este templo.
Simpecado de la Hermandad del Rocío.
Finalmente, en la zona de la nave del Evangelio más cercana a la portada principal se venera el Cristo de los Desamparados, un crucificado de tamaño natural del que no he podido obtener dato alguno de autoría o fecha, aunque se ve claramente que es obra de muy buena calidad.
Cristo de los Desamparados.
Resumiendo, se puede decir que hemos recorrido un templo que ha conocido tiempos mejores si relacionamos continente y contenido. Ha sido expoliado en varias ocasiones y, aunque lo que se conserva más lo añadido en tiempos modernos es, en general, de buena calidad, se echa de menos algo más de monumentalidad en los elementos muebles.
La atención al visitante es excelente.
Plaza Cristo Rey, s/n.

Horario de visitas:
Sábados, de 10,00 a 14,00 horas. Domingos, de 11,00 a 14,00 horas.
Precios: 1 €.