Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

jueves, 3 de abril de 2014

Carmona. Museo y Centro de Interpretación de la ciudad, -I. La leyenda del Tío Martinito.

Situado tras la Prioral de Santa María, la visita al Museo y Centro de Interpretación de la Ciudad de Carmona, instalado en la Casa-Palacio del Marqués de las Torres, debería haber tenido lugar tras contemplar la Prioral o. como mucho, el convento de las Descalzas. Sin embargo, no ha podido ser así debido a las obras que se estaban llevando a cabo en el Museo, que no han terminado hasta este mismo mes de marzo.
Portada del Museo y Centro de Interpretación de Carmona.
Procedo ya sin demora al recorrido del edificio. También conocido en el lugar como palacio de los Quintanilla, su origen se remonta al siglo XVI, aunque sufrió importantes reformas en el XVIII, terminándose las obras el año 1.755, fecha que podemos ver grabada en la portada del inmueble.
Balcón de la portada.
El elemento exterior más característico de esta casa es su portada de acceso, situada casi en la esquina del edificio, de grandes dimensiones y organizada en un retablo de dos cuerpos de altura. El inferior muestra un vano adintelado entre columnas pareadas de orden dórico. Entre la parte superior del vano y el balcón podemos ver el escudo familiar de los Quintanilla. El cuerpo superior presenta también un vano rectangular, enmarcado entre columnas jónicas de fuste estriado, que soportan un frontón triangular coronado por tres pináculos. La fachada  se remata con una cornisa apoyada sobre canecillos.
Fachada lateral del palacio.
Adorno de los balcones.
Cruzamos la comentada portada y nos encontramos en el apeadero. Allí está el mostrador de recepción, a la izquierda las antiguas caballerizas, actual cafetería y, al frente la entrada al patio central. 
Apeadero y puerta de entrada al patio central.
Este es de planta cuadrada y dos alturas, la inferior rodeada por cuatro galerías cubiertas con arcos de medio punto sostenidos por columnas de mármol blanco y la superior, cerrada, con numerosos balcones. 
Distintas vistas del patio.
Un bonito pozo con brocal de mármol y cigüeño de forja rematado por una cruz, que nos da pie a comentar la leyenda del Tío Martinito:
Los pozos siempre han sido buscados y motivo de gran alegría cuando se consigue llegar al agua. No en vano el líquido elemento es imprescindible para la vida, y su ausencia en una casa motivo de grandes incomodidades, pues supone el acarreo continuo desde las fuentes públicas mediante cántaros.
Sin embargo, los pozos también poseen su leyenda negra. No son pocos los niños que han caído accidentalmente en ellos, ni las personas que eligen tal lugar para poner fin a sus días, ni los objetos perdidos tras caer en su interior. Esta es la causa de la tradición de poner una cruz sobre la polea, con el fin de alejar de él cualquier mal.
También servía dicha cruz para mantener alejado al Tío Martinito, un ser espectral que se desplazaba por el subsuelo de la ciudad, saliendo a la superficie a través de los pozos para atrapar a los niños que, imprudentemente, se encontraban cerca y llevárselos con él a las oscuras profundidades. Así que las madres, cuando veían a sus hijos próximos al pozo les decían: “Niño, quítate de ahí, que va a salir el Tío Martinito del pozo y te va a llevar”.
Existe una versión de esta leyenda, en Buenos Aires, más poética y en la que el Tío Martinito "hace de bueno". Enviado desde Francia por error a una casa del barrio de San Miguel llega un azulejo diferente a los demás que componen el pedido; representa a un hombrecillo azul, barbado, vestido de duende, con calzas y un bastón en la mano derecha. Colocado en una esquina del patio para disimular su diferencia con los demás, nadie se apercibe de su presencia... excepto el niño de la casa, que todos los días se sienta junto a él y charla con la figura durante horas.
Azulejo del Tío Martinito.
Sin embargo, un día no aparece el pequeño. Se encuentra enfermo, tan enfermo que Martinito ve la oscura figura de la Muerte sentada en el brocal del pozo, consultando la hora. Sabedor de lo que estaba por llegar, el hombrecillo salta de su cuadrado refugio y se dirige a ella. La Muerte se sorprende; normalmente, todo el mundo huye de ella, nadie se le acerca. Martinito, melosamente, establece conversación y le cuenta toda una serie de aventuras que ha visto desde su azulejo, unas en aquel mismo patio, otras de su natal Desvres, donde fue fabricado. Su narración embelesa a la Muerte de tal manera que el tiempo parece detenerse, pero el embrujo de sus palabras se interrumpe bruscamente cuando la huesuda baja de un salto desde el brocal del pozo en que se sentaba y consulta un relojito que cuelga de su delgado cuello. "Han pasado cuatro minutos del momento en que debía llevarme al niño. Jamás había sucedido tal cosa". Furiosa, se abalanza sobre Martinito, que ya ha se ha girado y corre desesperadamente hacia su azulejo, pero no le sirve de nada. La Muerte golpea la cerámica, que queda partida en dos  y arroja los trozos al fondo el pozo. Se ha vengado en el maldito enano del error sufrido.
El niño sobrevive esa noche y en los días siguientes mejora sensiblemente hasta que, pasada una semana, puede salir al patio a buscar a Martinito y justificarse por no haberlo visitado. Sin embargo, allí solo queda el hueco del azulejo. Nadie es capaz de darle razón de dónde pueda estar.
Meses más tarde, cuando correspondió limpiar el pozo, los operarios encontraron el azulejo de Martinito intacto, de una sola pieza, dando una gran alegría al pequeño, que no tardó en colocarlo de nuevo en su sitio.
Sala 1. La Prehistoria.
En fin, leyendas aparte, los objetos están expuestos por orden cronológico, por lo que la Sala 1 nos muestra las señales de los primeros homínidos documentados en la zona de Carmona, sobre todo restos líticos del período achelense del Paleolítico inferior (hace unos 400.000 años).
Sala 1. La Prehistoria.
Herramientas para el tallado de la piedra.
Bifaces del período Achelense.
Triedros y hendedores del mismo período (400.000-200.000 a.C.).
Cuchillos, muescas y denticulados del Paleolítico Inferior y Medio (200.000-40.000 a,C.).
Puntas de flecha de la misma época.
Cubierta de la Sala 1.
Salas 2 y 3. Fenicios y Tartesios..
Desde el siglo VIII a.C. comienzan a llegar a Carmona comerciantes fenicios que, subiendo por el Guadalquivir, traen sus productos e impregnan de su cultura todo el valle del gran río. El contacto entre la cultura originaria de los indígenas y la de los extranjeros dio lugar a Tartessos. En Carmona, esta cultura ha dejado restos tan destacados como el Conjunto de Saltillo, llamado así haber sido hallado durante una excavación en la casa del Marqués de Saltillo. Dos de los llamados vasos del Saltillo (el de la flor de loto y el de los grifos) tuvimos la ocasión de contemplarlos en la Torre del Oro durante la visita al Alcázar de la Puerta de Sevilla:
En la Salas 2 y 3 se exponen numerosas muestras de cerámica, herramientas de piedra y objetos de metal, hueso y marfil correspondientes a este período.
Broche de cinturón tartésico decorado con flor de loto.
Salas 4 y 5. Turdetanos.
Dedicada al pueblo turdetano, en este espacio encontramos trabajos realizados con una de las innovaciones traídas por los colonizadores orientales: el torno de alfarero, cuya implantación se tradujo en un cambio significativo en la economía de la época.
También podemos ver un ejemplo de lo que sería una construcción turdetana. Sus casas tenían cimientos de mampostería a base de roca del lugar. Sobre los cimientos, se levantaban los muros, que constaban de zócalos de piedra y una parte superior de adobe. Las paredes se enfoscaban y pintaban de rojo y blanco y los pavimentos se realizaban a base de tierra apisonada en el interior de las estancias; las zonas exteriores, identificadas como patios, se cubrían con lajas de piedra del alcor o cantos rodados.
Vivienda turdetana.
Ajuar doméstico típico turdetano.
Molino.
Sala 6. Cartagineses.  
Habitaron la ciudad de Carmona desde su conquista, el año 237 a.C., hasta la toma de la ciudad por los romanos, al final de la Segunda Guerra Púnica. En una de las paredes se ha representado el foso cartaginés del alcázar de la Puerta de Sevilla, y frente a ella, podemos ver algunos restos de la época, como puntas de lanza, puntas de flecha, etc.

Sala 7, 8 y 9. Romanos.
Se trata de la sala romana. Los restos arqueológicos que conserva nos permiten comprender el periodo de esplendor que vivió la ciudad, sobre todo a partir del reinado de Augusto.
Se exponen fragmentos de las losas de piedra que pavimentaban las principales calles o basas de columnas, halladas en lugares tan significativos como el foro, el centro de la vida pública de la ciudad, que se localizaba cerca de la actual Plaza de San Fernando o de Arriba.
Veremos otros elementos que nos hablan de la romanización en Carmona. Quizá uno de los más representativos sea la maqueta que reproduce el esquema de la característica casa romana en esta ciudad.
En el lado derecho de la sala encontraremos las siguientes piezas:
Recreación de una calzada romana.
Fragmento de capitel de estilo corintio, 
perteneciente al templo principal del Foro de Carmo (siglo I d.C.).
En el lado izquierdo se muestran estos objetos:
En toda la sala, la más grande y con mayor número de piezas de museo, 
tan solo existe el rótulo del capitel corintio.
En la siguiente sala se exhiben mosaicos y capiteles romanos:
Entrada a la sala de los mosaicos.
Mosaico de las Estaciones (siglos II-III d.C.).
Mosaico de las Estaciones. Detalle.
Fragmentos de mosaico. El de la izquierda (siglos I-II d.C.) fue encontrado en la calle Villalobos. El de la derecha, con dibujo geométrico apareció en la calle María Auxiliadora.
La sala 9 muestra elementos que nos remiten a aspectos de la vida cotidiana en la Carmona romana. Un vistazo nos permitirá saber que en el casco urbano se han identificado edificios públicos de gran importancia, como unas termas, un teatro, un circo o un anfiteatro, este último frente a la necrópolis. Además, podemos ver el trazado del Cardus y el Decumanus, así como la ubicación del Foro, que se encuentra muy próximo a la actual plaza de San Fernando. Otro dato que podemos conocer en esta sala es que se ha documentado un crecimiento de la ciudad desde el Norte, hacia la zona Sur y Este, entre los siglos I y II d.C.
Mosaico de un impluvium (estanque situado en el centro del patio más cercano a la puerta) típico de la domus romana.
Una puerta en la sala 9 nos conduce a los jardines y dependencias auxiliares del palacio. El rasgo más característico es la alberca, imprescindible en toda casa nobiliaria, transformada en tiempos modernos en piscina.
Patio interior del edificio.
Escudo nobiliario situado en el patio.
Esta zona correspondería a la huerta y cobertizos.
Alberca transformada en piscina.
Subimos a la planta superior a través de una escalera de servicio, totalmente encalada de blanco, donde podemos proseguir la visita. 
Puerta y escalera de servicio.
Hasta aquí llega la primera parte del recorrido del Museo. En la próxima entrada finalizaremos la visita. 


C/ San Ildefonso, 1.
Horario: martes a domingos, de 10,00 a 19,00 horas. Lunes, de 11,00 a 14,00 horas.
Precios: 3,00 €. Los martes es gratuito. Menores de 18 años, mayores de 65, jubilados y discapacitados, 1,50 €.


Edificio adaptado para personas con movilidad reducida.