Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

domingo, 8 de junio de 2014

Reales Alcázares de Sevilla, -VIII. Los jardines de la Huerta de la Alcoba.

La anterior entrada terminó en el Estanque de Mercurio. Hoy hemos elegido, entre varios recorridos posibles, el que nos va a mostrar el resto de jardines que componían la antigua Huerta de la Alcoba, por este orden: Jardín de las Damas, Jardín de la Cruz, Jardín Inglés, Cenador de la Alcoba, Cenador del León y Jardín del Laberinto.
Partiendo desde el Jardín de la Danza, una puerta nos comunica directamente con el Jardín de las Damas. En sus inicios, allá por el siglo XVI, se trataba de un jardín pequeño que limitaba extramuros con huertas públicas, lo cual restaba intimidad a los habitantes del palacio. Por esta causa, se encargó a Vermondo Resta una ampliación del jardín de manera que se pudiera pasear por él sin ser observado ni oído por extraños.

El Jardín de las Damas visto desde la Galería de Grustescos. A la derecha se aprecia el muro de separación entre los Jardines Viejos y los jardines de la Huerta de la Alcoba. 
El nombre del jardín proviene de la existencia en él de unas esculturas de las diosas Hera, Atenea, Afrodita y la reina Helena, que no se conservan. El actual espacio tiene forma rectangular, con cuatro mil metros cuadrados de superficie, que el artista milanés dividió en ocho sectores, delimitados por setos. En el eje central situó diversas fuentes, entre las que destaca la de Neptuno. En su lado oriental limita con la Galería del Grutesco, al frente con el Jardín del Cenador de la Alcoba y en el lado occidental con el Jardín de la Cruz. Hacia este último nos dirigimos.
Jardín de las Damas entrando desde el Jardín de la Danza.
Fuente de Neptuno y, al fondo, la entrada a los Jardines del Cenador de Carlos V.
Fuente de Neptuno.
El Palacio Gótico, visto desde la Fuente de Neptuno.
El inicio de la Galería de Grutescos desde el mismo punto.
El Jardín de la Cruz es llamado también del Laberinto Viejo, sobrenombre que le viene de la existencia en este lugar, hasta 1.910, del primitivo Jardín del Laberinto. Fue mandado construir por el Conde-Duque de Olivares, Alcaide Perpetuo de los Alcázares bajo el reinado de Felipe IV. Consistía en un laberinto formado por setos de mirtos y arrayanes en cuyo centro se situaba un estanque con una réplica del mitológico Monte Parnaso, coronado por la fuente Hipocrene. 
El Jardín de la Cruz, con el Monte Parnaso al fondo.
Estanque del Monte Parnaso.
Inicialmente levantado por Miguel de Zumárraga, fue modificado antes de su finalización por Diego López Bueno, que consideraba la obra desproporcionada. Estaba adornado por las figuras de cuatro leones y un busto barbado que actuaban como surtidores que actualmente no existen. Dispone de cuatro aberturas simétricas, a través de las cuales se observan dos figuras femeninas unidas por la espalda, de cuyos senos también manaba agua. 
Dos imágenes de la gruta.
Cumbre del monte, con la fuente Hipocrene.
Dejando a nuestra izquierda este jardín, encontraremos un amplio espacio, con extensas praderas separadas por caminos de albero. Se trata del Jardín Inglés
Diseñado a principios del siglo XX por orden de la reina Victoria Eugenia, ocupa parte de la antigua Huerta de la Alcoba. Es un jardín con grandes parcelas de césped, separadas por caminos curvos de albero, donde crecen numerosas especies de árboles, algunos muy raros o incluso únicos en la jardinería sevillana, ya que fueron traídos de los viveros de los Sitios Reales de Madrid. Todo ello con intención de recordar a la esposa de Alfonso XIII el paisaje de su Escocia natal.
Jardín Inglés, caracterizado por sus amplias praderas, aunque en este caso están salpicadas de árboles de sombra debido al intenso sol del verano.
En el año 2.007, un equipo de expertos descubrió en el subsuelo de este jardín tres antiguas viviendas de época almohade y varias tinajas en buen estado de conservación, todo ello dentro de lo que pudo haber sido un barrio islámico del siglo XIII edificado intramuros de la primitiva alcazaba árabe. También se encontró un edificio visigodo de función desconocida. Igualmente, pudo constatarse que esta zona estuvo deshabitada entre los siglos VI y IX, al ser engullida por el río Guadalquivir en una de sus frecuentes crecidas.
Excavación del año 2.007.
La muralla que lo delimita linda con la parte trasera de las viviendas de calle San Fernando. Siguiendo esta muralla, adornada con algunas fuentes y numerosas columnas con bases y capiteles, llegamos a la esquina en que se une al muro que separa estos jardines del Paseo de Catalina de Ribera.
Camino paralelo al muro que linda con la trasera de las casas de la calle San Fernando.
Elementos de ornamentación del Jardín Inglés.
Allí encontramos una puerta que permite la comunicación entre ambos espacios, la Puerta de la Alcoba, que se abre junto al antiguo Bar España (hoy restaurante Oriza) y una torre almenada, exenta, la Torre de la Alcoba, a la que se podría acceder (aunque no es posible) por una escalera también almenada, cuya existencia desconocía.
Dos imágenes de la Puerta de la Alcoba.
Y aquí, la Torre de la Alcoba.
Ahora giro noventa grados a mi izquierda y camino paralelo al muro de separación entre los jardines del Alcázar y el Paseo de Catalina de Ribera. Puedo observar los eucaliptos más grandes que he conocido jamás, con varios ejemplares que sobrepasan holgadamente el metro de diámetro, mientras que a mi izquierda desembocan diversos caminos que proceden del Jardín Inglés. Cuando llego a una fuente redonda, con pretil de ladrillo, laterales de azulejo y un pequeño surtidor en el centro, giro de nuevo noventa grados a la izquierda buscando los Cenadores del León y de la Alcoba. Podría seguir adelante este camino (lo haremos más adelante), pero entonces estaríamos en terrenos de la Huerta del Retiro.
Fuente en la que giramos en dirección al Jardín del Cenador de la Alcoba o de Carlos V.
Portada de acceso al Cenador de la Alcoba.
Construido en honor de Carlos V e Isabel de Portugal, el Cenador de la Alcoba o de Carlos V que da nombre al jardín aprovecha una qubba musulmana anterior que tenía idéntica forma. La remodelación, a cargo de Juan Hernández, tuvo lugar entre 1.543 y 1.546. Mezcla elementos renacentistas con otros de herencia mudéjar, como los azulejos realizados por Diego y Juan Pulido. 
Jardines del Cenador de la Alcoba o de Carlos V.
Pequeña fuente de los Jardines del Cenador de la Alcoba.
Vista de los Jardines del Cenador de Carlos V desde la Galería de Grutescos. A la derecha se puede ver la portada, en el centro el Cenador, a la izquierda se sitúa el Jardín del Laberinto y, al fondo, se intuye, entre las sombras, el Cenador del León.
Fachada sur del Cenador.
En el pavimento aún se puede observar, si la escasa iluminación y el polvo lo permiten, el mapa del primitivo Jardín del Laberinto (que estaba situado en el actual Jardín de la Cruz), en tanto que los capiteles de las columnas de la galería exterior son de origen genovés.
Interior del Cenador de la Alcoba.
Artesonado del Cenador, protegido mediante una red.
Galería sur del Cenador de la Alcoba, justo frente al Jardín del Laberinto.
Junto al de la Alcoba se encuentra el Cenador del León. Diseñado por Diego Martín Orejuela y construido entre 1.644 y 1.645, el autor dispuso un pabellón a modo de pequeña capilla, con un gran arco de medio punto flanqueado por hornacinas y registros rectangulares a los lados y, sobre la línea de imposta, pilastras rematadas con potentes ménsulas. 
Cenador del León.
Culmina en una cornisa recorrida por mútulos y dos aletas realizadas a modos de frontón. Como remate del conjunto dispuso una bóveda semiesférica ornamentada con azulejos, sobre zócalo. En el interior abrió en uno de los frentes un vano. La cubierta es de media naranja sobre pechinas. Se desconoce la procedencia del León. 
León que da nombre al Cenador, de origen desconocido.
Interior del Cenador.
Fuente central.
Estanque del Cenador del León, con el Cenador de Carlos V detrás y la Galería de Grutescos al fondo.
Regresamos a la galería sur del Cenador de la Alcoba de donde veníamos y, tras un largo banco corrido cubierto de azulejos, veremos el Jardín del Laberinto. Como ya comentamos antes, sustituyó en 1.914 al original desaparecido en 1.910 tras la construcción del Jardín de la Cruz. Está trazado con setos de tuya, mirto y ciprés, según modelos renacentistas preexistentes. 
Jardín del Laberinto.
Entre los Austrias, el laberinto tenía un significado esotérico: un laberinto no es un espacio lúdico, es un trayecto de búsqueda, un camino iniciático, de peregrinación, de pruebas, de peligro, de incertidumbre y de ceremonias, como lo era el del Minotauro. Es un camino del alma, plagado de tribulaciones, tentaciones, fracasos, hasta alcanzar la gracia. Por ello, en un Palacio Real como es el caso del Alcázar de Sevilla no podía faltar este símbolo.
Un amigo que me encontré por allí.
De los Jardines del Alcázar tan sólo nos resta la Galería de Grutescos y los jardines correspondientes a la Huerta del Retiro, es decir, el Jardín de los Poetas y el del Marqués de la Vega Inclán, que dejaremos para la próxima visita.

El recorrido de estos jardines en sí mismos no presenta obstáculos para personas con movilidad reducida. Sin embargo, el acceso requiere bajar algunos escalones.