Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 30 de junio de 2014

Reales Alcázares de Sevilla, -XI. El Palacio Mudéjar, primera parte.

Aparte del Apeadero y el Patio de Banderas, nos quedan por visitar los dos edificios más emblemáticos de los Reales Alcázares: el Palacio Gótico y el Palacio Mudéjar o del Rey don Pedro. Como mi intención es recorrer ambos entrado por sus respectivas puertas principales, no me queda más remedio que retroceder para buscar el Patio de la Montería. Para ello, bajamos las escaleras del Estanque de Mercurio, recorremos a la inversa los Jardines Viejos (de la Danza, de Troya, de la Galera, de los Poetas y del Príncipe) hasta llegar a la puerta que nos comunica con el Patio del Asistente; desde allí tomaremos el pasillo que nos conduce a al esquina suroeste del Patio de la Montería.
Fachada del Palacio Mudéjar.
Ya ante la fachada del Palacio Mudéjar, deberemos saber que fue mandado edificar por Pedro I a mediados del siglo XIV, durante el período más tranquilo de su reinado, terminándose en 1.366. Por tanto, a pesar de su aspecto exterior, se trata de un palacio cristiano desde sus comienzos, y no de una construcción árabe adaptada u ocupada por un rey cristiano. En su construcción intervinieron, por orden expresa del monarca, artesanos provenientes de Granada, Toledo o de la propia Sevilla.
Desde más cerca.
Se edificó sobre construcciones árabes preexistentes  en torno a un patio principal, que aglutina el espacio oficial del edificio, y otro secundario, que articula el espacio privado, sobre una superficie total aproximada de 2.550 m2.     
Las obras del nuevo palacio comenzaron por abrir una puerta en la antigua muralla almohade que separa el Patio del León del de la Montería, que no existía, lo que hacía que el visitante que entraba por la Puerta del León tuviese una perspectiva grandiosa del Palacio a través de este nuevo arco.
La puerta principal del Palacio Mudéjar consiste en un vano rectangular realizado con bloques de piedra almohadillados, escoltado por dos arcos polilobulados ciegos con altos alfices decorados con paños repletos de atauriques. Sobre ellos aparecen tres ventanas polilobuladas, la central de tres vanos y las laterales, geminadas. 
Desde la puerta del Cuarto del Almirante.
Sobre ellas, un azulejo en azul y blanco recoge la inscripción “No hay vencedor sino Alá”, rodeada de una orla con la leyenda, tanto en latín como en castellano antiguo, que reza: "el muy alto et muy noble et muy poderoso et muy conqueridor don Pedro por la gracia de Dios rey de Castilla et de León, mandó fazer estos alcazares et estos palacios et estas portadas que fue fecho en la era de mill et quatrocientos y dos años". Corona el conjunto un magnífico tejaroz de madera, exquisitamente labrado y policromado que, por su aspecto, debe haber sido recientemente restaurado. 
Fachada lateral.
Mientras que esta fachada principal apenas se ha visto alterada con el paso de los siglos, las laterales si han cambiado bastante. En época de los Reyes Católicos se cegaron los arcos de la planta baja y se construyeron las galerías de la planta superior en un estilo que es tardogótico, a pesar de las yeserías nazaríes del exterior. Cada paño consta de un gran vano central de medio punto, con triples arcos a los lados. El alero que coronaba originalmente la planta baja se reaprovechó para cubrir la nueva galería; aún son visibles los mechinales (agujeros en el muro) en que introducían los canecillos que soportaban originalmente el alero.
Parte alta de la fachada central.
Plano del Palacio Mudéjar.
Atravesamos la puerta de entrada y accedemos al vestíbulo, en el que, como es habitual en los edificios musulmanes, deberemos girar a un lado u otro. Resalta en él de forma especial la ancha cenefa de yeserías situada sobre el zócalo de azulejos con la leyenda, en caracteres árabes, que dice: “¡Gloria a nuestro señor el sultán Don Pedro, Dios le ayude y le conceda la victoria!”. Se trata de una frase que veremos repetida con frecuencia en nuestra visita.
“¡Gloria a nuestro señor el sultán Don Pedro, Dios le ayude y le conceda la victoria!”. 
Vista lateral izquierda del vestíbulo.
Este vestíbulo tiene forma rectangular, con dos arcos enmarcados por alfices de abundante policromía, que dividen la superficie en dos espacios cuadrados en los extremos y una zona central rectangular, algo que veremos en casi todas las estancias del palacio. El arco que está a nuestra izquierda está sostenido por pilastras, en tanto que el de la derecha reposa sobre columnas de mármol coronadas con capiteles adornados con motivos vegetales, según sostiene la tradición, procedentes de la antigua iglesia visigótica de San Vicente Mártir, que se levantaba en el Patio de Banderas.
Capitel en el lateral derecho del vestíbulo.
La cubierta, de madera, es plana, con múltiples huecos de formas geométricas y adornada en su totalidad con pinturas. El estado de conservación, al igual que el de los restantes techos del conjunto es impecable.
Cubierta del vestíbulo.
Ahora debemos elegir entre girar a la izquierda o a la derecha. Las primeras veces que acudí al Alcázar tuve que girar a la derecha porque la zona izquierda estaba cortada por tareas de restauración. En esta última ocasión (junio de 2.014) sucede al revés: la zona acotada se encuentra a la derecha. Mostraré las fotografías este lado en obras que hice en anteriores visitas, por el que se llega al Patio de las Muñecas, y luego comenzaré con el camino accesible en estos momentos.
Lado derecho del vestíbulo.
Lado derecho del vestíbulo, actualmente en obras: arco, puerta, bóveda y pasillo que conduce al Patio de las Muñecas.
El lado izquierdo de este vestíbulo sí permite su paso en la actualidad y, aunque un poco oscuro, permite obtener las siguientes fotografías:
Pasillo de comunicación del vestíbulo con el Patio de los Doncellas.
Armadura del lado izquierdo del vestíbulo.
El Patio de las Doncellas es el espacio más grande del palacio, y actúa como distribuidor de la zona pública de este. Tiene forma rectangular, con cuatro galerías formadas por arcos polilobulados sostenidos por dobles columnas de mármol blanco (en total veinticuatro arcos y cuarenta y ocho columnas). Los arcos centrales de cada lado son de mayor tamaño que el resto.
Vistas del Patio de las Doncellas.
El centro del patio está recorrido por un estanque que hace pocos años recobró su primitivo aspecto de patio de crucero, con los laterales rehundidos y ajardinados. Anteriormente, y desde la época de Felipe II, estos laterales estaban a nivel del estanque y embaldosados, con una fuente en el centro.
El estanque del patio recobró su formato original recientemente.
La planta superior, protegida por una balaustrada de mármol, también es añadida, en este caso durante el reinado de Carlos V. Está formada por arcos de medio punto sobre columnas (sencillas y dobles, alternándose) de mármol blanco. Un alero, sostenido por canecillos, remata el conjunto. El arquitecto real, Luis de Vega, fue el encargado del proyecto.
Planta superior del Patio de las Doncellas.
Arcada de la planta alta qubba.
Las leyendas epigráficas de las puertas de madera hacen mención a “los embajadores nobles y venturosos” que las cruzaron. Algún autor moderno ha creído ver en ellas una alusión directa a la visita diplomática que el historiador y erudito Ibn Jaldún hizo al lugar, a finales de 1.363 y principios del año siguiente.
Puerta adornada con trabajo de lacería.
Una de las cuatro galerías de la planta baja del Patio de las Doncellas.
Otra vista de las galerías.
Pasamos a recorrer ahora las dependencias que se abren a este patio. Situándonos en el pasillo que nos ha traído al patio, veremos que la galería izquierda no dispone de ninguna puerta, ya que es el límite del Palacio Mudéjar por ese lado (al otro lado estaría el Palacio Gótico). A nuestra derecha encontramos la Alcoba Real, a la que se entra por un gran arco de medio punto escoltado por ventanas geminadas. Se trata de un conjunto de dos dependencias rectangulares, unidas por sus lados más largos, en las que la más cercana al patio oficiaba de salón y la del fondo, más pequeña, constituía el dormitorio de verano del monarca. Separa ambas salas un magnífico triple arco de herradura enmarcado con alfiz, sobre el que se sitúan tres ventanas ciegas adornadas con celosías.
Alcoba Real. Sala exterior.
Arcos de separación entre las dos salas de la Alcoba Real.
Sala interior de la Alcoba Real.
Los techos de ambas dependencias son diferentes y de gran mérito. La zona de sala dispone de una cubierta plana, de madera, con exquisitos calados y estilo plenamente mudéjar. La zona de descanso, en cambio, presenta una inusual cubierta ojival adornada, eso sí, con pinturas en su totalidad. Esta dependencia se separa mediante un arco polilobulado de otra más pequeña, se traza cuadrada, que imagino que sería ya el dormitorio-dormitorio del rey; dispone de artesonado diferente, aun más hermoso si cabe que los anteriores.
Artesonado de la Alcoba Real.
El Patio de las Doncellas desde el interior de la Alcoba Real.
Salimos a la sala exterior de la Alcoba Real y a nuestra derecha se abre una puerta que nos lleva al Salón de los Pasos Perdidos. Al parecer, recibe ese nombre porque su única misión es comunicar la Alcoba Real y el Patio de las Doncellas con el Patio de las Muñecas. Para ello dispone de las tres puertas que muestro a continuación.
Puerta de comunicación entre la Alcoba Real y el Salón de los Pasos Perdidos (vista desde dentro de éste).
La cubierta se restauró en 2.008, descubriéndose que, aunque la sala  es de la época de Pedro I, el artesonado parece ser de tiempos de los Reyes Católicos, a juzgar por los anagramas descubiertos durante la intervención.
Cubierta del Salón de los Pasos Perdidos.
Comunicación entre el Salón de los Pasos Perdidos y el Patio de las Doncellas.
Nuestro camino continúa hasta el Patio de las Muñecas (cruzamos la puerta que está frente a la que hemos usado para venir de la Alcoba Real). Si el Patio de las Doncellas era el centro de la vida pública de palacio, este lo era de la vida privada. Según teoría de algunos autores, aun no plenamente confirmada, en este lugar se asentaría el antiguo alcázar almohade del siglo XI.
Arco entre el Salón de los Pasos Perdidos y el Patio de las Muñecas.
Intradós de dicho arco y cubierta de una de las galerías del Patio de las Muñecas.
Es de reducidas dimensiones, pero de gran belleza y proporción. La planta baja se corresponde con la construcción mudéjar, siendo remodelado y ampliado durante diversas épocas. Desgraciadamente, ha sido la zona del Palacio Mudéjar que más intervenciones ha “sufrido” a lo largo de los siglos: entre los siglos XVI y XVII fue construida la planta superior; posteriormente, durante la residencia de Fernando VII en la ciudad, no se le ocurrió otra cosa al ilustrado monarca que mandar encalar las yeserías polícromas de la mayoría de salas y patios; después vino Isabel II, quien ordena terminar el segundo cuerpo y la balaustrada y cubrir el patio entero con una montera de vidrio; finalmente, los duques de Montpensier también añadieron su granito de arena (las cabecitas que dan nombre al Patio y diversas yeserías copiadas de la Alhambra) mientras les terminaban el Palacio de San Telmo.
Patio de las Muñecas.
Así las cosas, lo único queda original de la época del rey don Pedro son las columnas de mármol procedentes de Medina Azahara y los arabescos de la planta baja (los de la parte alta fueron rehechos en 1.843).
Consta de cuatro galerías, separadas del patio por abigarrados arcos decorados con azulejos y arabescos. Estas habitaciones privadas conservan las columnas de la época califal que proceden de Medina Zahara, (los atauriques de la parte superior fueron rehechos en 1.843).
Otras vistas del Patio de las Muñecas.
El nombre de Patio de las Muñecas se le aplica, como hemos adelantado, a partir del siglo XIX, en que se tallaron en el yeso de los arcos 2, 4, 8, 9 o hasta 12 caritas, según versiones, que semejan pequeñas muñecas. Según la tradición, quien encuentra estas por sí mismo atrae la buena suerte, y las mocitas casaderas encuentran marido (tengamos en cuenta que en esos años no existían Facebook, Twitter, ni eDarling).
Una de las caritas que dan nombre al patio.
Más detalles.
Fin de la primera parte del recorrido.

El interior no presenta dificultad para personas con movilidad reducida pues los pocos y pequeños escalones que hay en su interior están provistos de rampas.