Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

sábado, 13 de septiembre de 2014

Monasterio de San Isidoro del Campo, -III. El maestro Martínez Montañés.

Las iglesias nueva y antigua están unidas por dos arcos, uno de gran tamaño y otro pequeño, que conducen al mismo sitio. 
Ya en el interior de la primitiva iglesia, a nuestra derecha veremos el coro, que ocupa casi la mitad de la nave; al frente, un arco nos comunica con el Claustro de los Muertos; sobre el arco, el órgano y, a la izquierda, la joya más preciada del monasterio: el retablo dedicado a San Isidoro y San Jerónimo trazado, ensamblado y tallado (incluidas las imágenes) por Juan Martínez Montañés entre 1.609 y 1.613, época de pleno esplendor del Lísipo andaluz. Para su elaboración contó con la ayuda, ahí es nada, de Juan de Mesa, Francisco Villegas, Juan de Oviedo, el Mozo y Francisco de Ocampo, encargándose Francisco Pacheco de la policromía.
El presbiterio visto desde el coro.
El coro visto desde el presbiterio.
El Retablo Mayor fue encargado por fray Juan Bautista, Procurador Mayor del monasterio, quien pudo costearlo merced a las abundantes rentas que entraban en caja por el arrendamiento de las numerosas fincas rústicas que poseía el cenobio.
El estilo se encuentra a caballo entre el renacencimiento y el barroco, siendo denominado por no pocos autores como protobarroco. La madera de borne es utilizada para la estructura del retablo en tanto que para las imágenes se usa el cedro.
Retablo de San Isidoro y San Jerónimo. Martínez Montañés, 1.613.
Esta obra de arte se compone de dos cuerpos de tres calles cada uno, con sotocoro y ático, separadas por columnas de orden corintio. La calle central nos muestra, arriba, a San Isidoro con vestiduras de obispo y, en el primer cuerpo, un San Jerónimo penitente que poco tiene que envidiar al de Torrrigiano del Museo de Bellas Artes. A los lados del primer cuerpo vemos las imágenes de los Santos Juanes.
Primer cuerpo del retablo.
San Juan Bautista.
Relieve de la Adoración de los pastores.
San Jerónimo penitente. Finales de 1.611.
Relieve de la Adoración de los Magos.
San Juan Evangelista.
La calle de la izquierda está ocupada por relieves de la Adoración de los pastores (abajo) y la Resurrección (arriba) de Jesucristo. En la calle de la derecha aparecen las escenas de la Adoración de los Magos (abajo) y la Epifanía del Señor ante sus discípulos (arriba).
Segundo cuerpo.
Relieve de la Resurrección de Jesucristo.
San Isidoro.
Epifanía del Señor ante sus discípulos.
El ático está coronado por una Asunción acompañada por San Joaquín y Santa Ana y de representaciones de las cuatro virtudes cardinales: Prudencia con un espejo, Justicia con una balanza, Fortaleza con una columna y Templanza con una jarra. Finalmente, sobre todas las figuras, un Crucificado con dos ángeles a sus pies.
Ático.
Asunción de la Virgen.
Los muros del antepresbiterio están ocupados por los sepulcros de los fundadores del monasterio, don Alonso Pérez de Guzmán y doña María Alonso Coronel. Fueron esculpidos en mármol igualmente por Martínez Montañés, lo que constituye una rareza, pues son las únicas que sobreviven de las tres tallas de tema seglar que el genial escultor realizó en toda su vida. Originalmente se encontraban situados en el centro del presbiterio, pero en 1.609 fueron desplazados a los muros laterales, con el fin de acomodar el retablo encargado a Martínez Montañés.
Sepulcro de Guzmán el Bueno.
Detalle.
Enterramiento de su esposa, María Alonso Coronel.
Detalle.
Entre el sepulcro de doña María y la puerta de entrada al Claustro de los Muertos está instalado un retablo, habitualmente presidido por un Nazareno, aunque el día de la visita se encontraba la talla en la parroquia de Santiponce. La soberbia efigie ha estado atribuida hasta hace poco a Pedro Roldán, pero últimamente los expertos parecen decantarse más por la autoría de José de Arce.
Nuestro Padre Jesús Nazareno. Siglo XVII.
Cortesía de www.islapasionforos.mforos.com.
A los lados la hornacina del Nazareno vemos dos imágenes de santas. A la izquierda creo identificar a Santa Paula, mártir de los siglos III-IV, copatrona junto a San Ciriaco de la ciudad de Málaga. A la figura de la derecha no he sido capaz de ponerle nombre; se agradecería la ayuda en este sentido. En el sagrario aparece una pequeña figura de San Eustaquio, mártir igualmente del siglo II, en tanto que el ático se corona con la efigie de un Sanjuanito.
Dos vistas del Retablo del Nazareno.
Altar del retablo con la inscripción:
"AQUÍ YACEN LOS MUY MAGNÍFICOS SEÑORES DON ÁLVARO DE GUZMÁN, HIJO DEL ILUSTRÍSIMO DON JUAN DE GUZMÁN, DUQUE DE MEDINA SIDONIA, Y DOÑA MARÍA MANUEL, SU MUJER, HIJA DEL ILUSTRÍSIMO DON LORENZO SUÁREZ DE FIGUEROA, CONDE DE FERIA".
Santa Paula, mártir. Copatrona de Málaga (pendiente de confirmación).
Santa desconocida.
Ático del retablo con imagen de Sanjuanito.
Puerta de comunicación con el Claustro de los Muertos, situada en mitad del muro de la Epístola.
Sobre la puerta está situado el órgano.
A los pies de esta iglesia primitiva se sitúan los sitiales del coro, de principios del XVII, tallados en madera de nogal, ciprés y naranjo. Son en total 43 en la zona alta y 29 en la baja, con su correspondiente facistol (espectacular, nada que envidiar al de la catedral) en la entrada, sobre el que se han situado tallas de querubines bajo una Inmaculada de estilo rococó (segunda mitad del XVIII). El lugar habitual del facistol en un coro, el centro, está ocupado por unas vitrinas en la que se exponen una serie de libros muy antiguos, dos de ellos corresponden a cantos litúrgicos, en tanto que el resto, lamentablemente, no están rotulados.
Facistol.
Soporte del facistol.
Vista general del coro.
Detalle.
Muro a los pies de la nave.
Libros de cantos litúrgicos.
Oficio de Misas de tiempo ordinario. Siglo XVI. Oro, temple y tinta sobre pergamino.
Encuadernación en tabla forrada con piel.
Oficios de Misas de Difuntos. Siglo XVIII. Tinta sobre pergamino.
Encuadernado en tabla forrada en piel.
 
Otros ejemplares expuestos.
Sobre los sitiales se exponen una serie de lienzos de buen tamaño y regular factura, que representan motivos diversos.
San Cristóbal.
Como diría Valdés Leal: Finis gloriae mundi.
San Isidoro Matamoros en la batalla de Baeza,
ayudando a Alfonso VIII en la conquista de la ciudad.