Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

jueves, 18 de septiembre de 2014

Monasterio de San Isidoro del Campo, -IV. El Claustro de los Muertos y el Patio de los Evangelistas.

El Claustro de los Muertos era el centro de la construcción original, alrededor del que se organizaban las diversas dependencias del conjunto. De forma rectangular, en su centro vemos el inevitable pozo, rodeado por galerías en sus cuatro lados, formadas por arcos de medio punto enmarcados por alfices, cinco en dos de sus lados y tres en los otros dos, apoyados sobre pilastras cuadradas con los bordes biselados, todo ello construido con ladrillos.
Claustro de los Muertos.
El piso superior es de la misma factura, pero con doble número de arcos, en este caso peraltados, lógicamente más pequeños. Se sostienen sobre pilares octogonales con capiteles de estilo almohade. Ambas plantas lucen antepechos de ladrillos, decorados con rosetones de cinco lóbulos. 
Pila de agua bendita.
Aún se conservan algunas lápidas en el suelo del claustro.
Galería situada a nuestra derecha, según salimos de la iglesia primitiva. Al fondo se observa el arco de comunicación con el Patio de los Evangelistas.
Los muros de las galerías de este patio están profusamente decorados con pinturas murales, realizadas ya a instancias de los frailes jerónimos a partir del siglo XV. Se trata sobre todo de composiciones de lacerías, unas redondas y otras de ocho o doce lados, así como decoraciones vegetales a base de frutos, flores y hojas de acanto.
Escudo de los Guzmán.
En algunas zonas del patio se colocaron posteriormente azulejos que taparon las primitivas pinturas, como podemos ver en la siguiente fotografía:
Aquí podemos ver cómo se colocaron los azulejos sobre las antiguas pinturas murales.
Pinturas con los típicos motivos geométricos mudéjares.
Al frente vemos la entrada al Patio de los Evangelistas y, a la derecha, un armario-retablo.
Armario-retablo presidido por Jesucristo atado a la columna.
Imagen principal del retablo.
Vista del claustro y la espadaña desde este mismo lugar.
Al final de esta primera galería se encuentra el arco de comunicación del Patio de los Evangelistas, sin duda el lugar más interesante del monasterio desde el punto de vista pictórico, por presentar un interesante conjunto de pinturas al fresco fechadas en los años 30 del siglo XV.
Imágenes del Patio de los Evangelistas.
Si al entrar en el recinto nos damos la vuelta, veremos, flaqueando el arco de entrada, las figuras de los diáconos San Lorenzo y San Esteban.
Arco de paso entre el Claustro de los Muertos y el Patio de los Evangelistas, con pinturas de los diáconos Lorenzo y Esteban  a sus lados.
San Lorenzo, mártir.
En el muro izquierdo podemos ver un alto zócalo dotado de numerosas pinturas, con un banco de fábrica a los pies. En dicho zócalo se van alternando dibujos geométricos, adornos vegetales y escudos de armas con escenas y personajes relacionados con la vida de San Jerónimo, así como representaciones de los cuatro Padres de la Iglesia Latina.
Vista general del muro izquierdo del patio.
Siguiendo el sentido de las agujas del reloj, ya en el muro lateral, veremos las imágenes de San Gregorio Magno y San Agustín de Hipona. Sobre ellos aparece la representación del Árbol de la Vida. 
De izquierda a derecha, San Esteban, San Gregorio y San Agustín.
El Árbol de la Vida es una representación frecuente en casi todas las religiones, aunque cada una de ellas lo interpreta de forma distinta. En el cristianismo del siglo XV se nos muestra un árbol situado sobre un barco, que simboliza el transcurrir de nuestra existencia, el cual navega sobre un mar encrespado que es el mundo exterior, acechado por dos seres monstruosos. El árbol muestra en su base dos ratas royendo el tronco, como muestra de la enfermedad y la muerte.
El Árbol de la Vida.
En la copa del árbol se distinguen una serie de personajes distribuidos en dos niveles. En el superior aparecen el Papa rodeado de clérigos y monjas, en tanto que en el inferior son el rey y sus cortesanos los que parece que juegan alegremente. Finalmente, a los lados del árbol aparecen un ángel protector y el esqueleto que representa la muerta, que portan sendas filacterias cuyo texto se ha perdido. El contexto general de la pintura es claramente moralizante y ejemplo del sistema de castas típico de la época.
San Isidoro a la izquierda y, a la derecha, la escena principal del friso:
San Jerónimo dictando doctrina a los monjes.
A continuación, el escudo de armas de los Guzmán, la escena de San Jerónimo dictando a los monjes (la mayor del conjunto) y el escudo de Enrique de Guzmán, II conde de Niebla.
San Jerónimo dictando doctrina a los monjes. Siglo XV.
Seguidamente una decoración de lacerías de forma redonda, en cuyo centro se muestran dos calamares (efectivamente, calamares), símbolo de la Casa de Niebla y, después, las figuras de San Ambrosio y San Isidoro. Junto a este último, separado por una pilastra ochavada, vemos a Santa Paula, portando un libro y una rama.
Escudo de la Casa de Niebla y San Ambrosio.
San Isidoro (con él se completan los cuatro Padres de la Iglesia Latina) y Santa Paula.
A este mismo conjunto de pinturas pertenecen las que se guardan en el Museo Arqueológico Provincial que representan a San Mateo y a María Magdalena. Ya me preguntaba por qué se le llama Patio de los Evangelistas si no hay ninguno de ellos representado. La respuesta está en que se han perdido todos, excepto el mencionado San Mateo, y que seguramente estuviesen situados en las otras dos galerías.
La puerta que encontramos junto a ella conducía en su tiempo al Claustro de los Aljibes, todavía sin restaurar ni posibilidad de visita. En el corredor de comunicación se han instalado los servicios.
Muro exterior del Patio de los Evangelistas.
Al fondo podemos ver el Claustro de los Aljibes, sin restaurar todavía.
De nuevo en el interior del Patio de los Evangelistas, veremos otras dos galerías (no se permite el paso) en las que no aparece pintura alguna, no sé si porque no se hicieron en su tiempo o porque se perdieron en su totalidad. La pared correspondiente a los pies de iglesia primitiva presenta un vano rectangular, cegado, embutido en el interior de un gran arco escarzano. Sobre este aparece un gran rosetón típicamente gótico.
Aquí vemos las otras dos galerías del patio, de las que no se ha podido recuperar ninguna pintura.
Si nos damos la vuelta, mirando hacia la puerta por la que hemos entrado, se sitúa la representación de Santa Catalina, coronada y con una espada en su mano derecha y, al otro lado, San Sebastián, con espada envainada y las flechas, símbolo de su martirio.
Vista de la galería que acabamos de recorrer.
Santa Catalina aparece sobre una de las pilastras del arco apuntado.
Finalmente, señalar que las armaduras de ambas galerías están profusamente decoradas con pinturas.
Artesonado de la galería, decorado con numerosas pinturas.
Arco de entrada y salida al Claustro de los Muertos.