Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 22 de septiembre de 2014

Monasterio de San Isidoro del Campo, -V. Refectorio y Sala del Artesonado.


Regresamos al Claustro de los Muertos y seguimos como antes el sentido contrario de las agujas del reloj llegando, casi al final de la galería, a la puerta del Refectorio, de traza típica gótico-mudéjar. 
Galería oeste del Claustro de los Muertos.
Entrada al Refectorio.
La sala tiene forma rectangular, ocupando el ala oeste del Claustro de los Muertos; está cubierta con bóvedas de crucería cuatripartita, apoyadas sobre ménsulas, con los nervios profusamente decorados con pinturas. 
Vista general del refectorio.
Los nervios de las bóvedas y los arcos están decorados con pinturas.
La pintura mural de la Sagrada Cena que preside la sala es obra original del siglo XV.
La sala está presidida por una pintura mural de La Sagrada Cena, fechada en el siglo XV, al igual que los escudos nobiliarios que aparecen en los muros. Los lienzos que cuelgan de las paredes, son, en cambio, del XVII. Estas pinturas son de de mediana calidad y, algunas de ellas, descubiertas abandonadas durante la última restauración, están bastante deterioradas.
En el muro izquierdo se muestran escenas de la vida del San Isidoro, incluidos algunos de sus milagros. El lado derecho está ocupado por imágenes que no he podido averiguar si corresponden a representaciones de los Apóstoles, los Evangelistas o los Padres de la Iglesia, de autor desconocido.
El milagro de las abejas.
"Siendo San Isidoro niño de pocos meses la nodriza le acostó en el jardín y luego fue a otros quehaceres olvidando completamente en qué sitio había dejado el niño. Pasados algunos días fue Severiano al jardín y se sentó, llorando la pérdida de su querido Isidoro, cuando vio una gran multitud de abejas que subían hacia el cielo y bajaban luego a posarse sobre el niño perdido, formando una música melodiosa con sus zumbidos. Atónito Severiano ante tal espectáculo, corrió a avisar a sus criados y familias que se pasmaron ante el niño cubierto con panales de miel que las abejas fabricaban dentro de su boca, sobre su rostro y sobre todo su cuerpo; cogió el padre el cuerpo de su hijito, derramando lágrimas de ternura, y todos auguraron grandes cosas de aquel niño, en tanto que las abejas remontaron el vuelo hacia el cielo, donde las perdieron de vista." 
El milagro del pozo.
"Siendo jovencito San Isidoro, sintió la natural repugnancia al estudio en su edad, y que asimismo se juzgaba incapaz de aprender todo aquello que esperaban de él, por cuyo motivo una mañana quiso huir del martirio del estudio y de los castigos del maestro, poniendo tierra por medio. Salió de Sevilla, y alegre y contento de verse en plena libertad, se fue alejando por aquellos campos hasta que el cansancio y el calor le forzaron a buscar refrigerio a la vera de un pozo; como no pudo sacar el agua y el sitio estaba desierto, se puso a contemplar un madero que sobre el brocal del pozo servía de apoyo para sacar el agua, no atinando con la causa de que mostrara en su superficie profundos canalones; del mismo modo intrigó su curiosidad el espectáculo que ofrecían ciertas piedras llenas de agujeros. Vino a sacarle de su abstracción cierta mujer que al llegar al pozo y contemplar tan precioso niño, seducida por su candor y belleza, le interrogó qué hacía en aquel lugar, a lo que el niño contestó exponiendo su duda; cayó en gracia a la mujer la pregunta del pequeño y le dijo: 'Estas ranuras del madero se hicieron con el roce de las sogas al sacar el agua y los agujeros de las piedras con las gotas de agua que se caen de las vasijas'. Ilustrado el jovencito con luz del cielo comprendió que su inteligencia no era tan dura como el madero ni como la piedra, labrados por una cosa tan blanda como el agua, y resolvió volver a sus estudios advertido ya de que con tenacidad y constancia dominaría todas las ciencias y vencería todos los obstáculos, como sucedió, según veremos." 
El arrebato de San Isidoro. 
Por encargo de su hermano San Leandro, escribió a San Gregorio Papa un opusculito sobre la Bienaventuranza, con tanta perfección en el fondo y en la forma, que al leerlo el Papa adivinó, inspirado por el Espíritu Santo, cuál había de ser San Isidoro, y enajenado exclamó: “He aquí otro Daniel, y más que Salomón”. Quedó con tantas ganas de conocer al joven Isidoro el Sumo Pontífice después de haber leído su librito, que en varias ocasiones se lo declaró a San Leandro. Llegó a conocer este deseo del Papa el joven Isidoro y cierta noche de Navidad se salió de la iglesia al terminar la primera lección de Maitines, y en un momento se vio arrebatado y puesto en Roma en la iglesia donde el Papa cantaba, a su vez, los divinos Oficios, quien le conoció al punto, y dando gracias a Dios, corrió a él y le abrazó; después fue devuelto el joven a la iglesia de Sevilla en la misma noche y antes de que los clérigos terminaran los dichos Oficios. 
Nombramiento de San Isidoro como obispo tras la muerte de su hermano San Leandro.
San Isidoro dictando su doctrina.
Descubrimiento del cuerpo incorrupto de San Isidoro.
Traslación de San Isidoro a León.
Escudos nobiliarios situados en el muro derecho.
Lienzos descubiertos durante la última restauración del monasterio.
En este espacio se muestran algunos objetos en el interior de vitrinas: cálices, bandejas, relicarios, un Crucificado de marfil…
Niño Jesús. Atribuido a Francisco de Ocampo, 1.607.
Virgen con el Niño. Escultura en barro cocido y policromado.
Atribuida a Lorenzo Mercadante de Bretaña, mediados del siglo XV.
Portapaz, cáliz y copón. Siglos XVI, XVII y XVIII, respectivamente.
Bandejas de latón. Siglo XVI.
Relicarios de cobre esmaltado de principios del siglo XVII.
Crucificado de marfil tallado. Siglo XVII. 
De vuelta al claustro principal comenzamos el recorrido de una nueva galería, encontrando, a mitad de la misma, un pasillo, también decorado con pinturas murales, que nos conduciría al Claustro de los Aljibes que, como comentamos antes, no está restaurado.
El Claustro de los Muertos visto desde la puerta del refectorio.
Otra de las galerías del Claustro.
Más pinturas murales en las galerías.
Pasillo de comunicación con el Claustro de los Aljibes, todavía no restaurado.
Junto a este pasillo se abre la estancia más pequeña que veremos en la visita, la Sala del Artesonado. El nombre le viene de la decorada cubierta de madera pintada primorosamente, muy semejante a la que vimos en la galería del Patio de los Evangelistas.
La pequeña Sala del Artesonado.
Artesonado que da nombre a la sala.
La orientación intelectual y el estudio de las Sagradas Escrituras son la seña de identidad de los frailes jerónimos, más allá de la reproducción documental o bibliográfica, habitual en otros monasterios. Por ello, no es de extrañar que en este monasterio surgiera uno de los focos más activos de la Reforma de Lutero en España. La consecuencia de este apoyo a la Reforma fue el enjuiciamiento y ejecución en la hoguera del prior y varios de los frailes del cenobio, como fray Morcillo y fray Miguel. Otros lograron huir y extender su nueva fe fuera de nuestro país, lo que hace que el monasterio sea más conocido fuera que dentro de nuestras fronteras, siendo lugar de peregrinación para los evangelistas de todo el mundo. Tan importante es para ellos este recinto, que en época reciente llegaron a comprar parte del edificio. 
Biblia del Oso. Casiodoro de Reina, 1.569.
Uno de los monjes que logró huir fue Casiodoro de Reina quien, instalado en Basilea, dedicó doce años a la traducción del Antiguo y Nuevo Testamento de textos hebreos, griegos, latinos y incluso hispano-sefardíes, naciendo así la Biblia del Oso, primera traducción de la Biblia al castellano, publicada en 1.569. El nombre se debe a que la portada estaba presidida por un oso apoyado en un árbol que intenta alcanzar un panal de miel, marca del impresor que realizó la obra, pues estaba prohibido incluir símbolos religiosos en traducciones de los Libros Sagrados. 
Esta edición fue revisada en 1.602 por Cipriano Valera, dando lugar a la llamada Biblia del Cántaro, que sigue siendo el texto actual de la Comunidad Evangélica cristiana de habla hispana. En la sala se exponen en una vitrina una serie de libros antiguos, entre los que se encuentran sendos ejemplares de las Biblias del Oso y del Cántaro (facsímiles, por supuesto). Al conjunto de ambas ediciones se le suele llamar edición Reina-Valera o, simplemente, R-V.
Biblia del Cántaro. Cipriano Valera, 1.602.
Otras tres piezas expuestas en la sala.
Desgraciadamente son tan solo algunas piezas del incontable patrimonio documental y bibliográfico con que llegó a contar la institución, hoy dispersado o, peor aún, destruido de manera lamentable.