Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 30 de septiembre de 2014

Monasterio de San Isidoro del Campo, -VI y final. Sacristía, Sala Capitular y Capilla del Reservado.

Tras la visita a la Sala del Artesonado, terminamos el recorrido de esta tercera galería del Claustro de los Muertos e iniciamos el de la cuarta y última. Como en las anteriores, numerosas pinturas murales elaboradas con técnica al fresco adornan las paredes y hornacinas presentes, según podemos ver en las siguientes fotografías:
Pintura en hornacina, en la que se representa a San Jerónimo con muchos de sus atributos habituales: el león al que libró de la espina, el sombrero cardenalicio de color rojo, la calavera que recuerda la fugacidad de la vida terrena y el libro como símbolo de sabiduría. En el lado izquierdo aparece San Sebastián en su martirio y, al otro lado, creo reconocer a San Juan Bautista.
Pinturas en el arranque de la cuarta galería.
Vista general de dicha ala del patio.
Segunda planta (no accesible) torre de la escalera de caracol y parte de la espadaña.
Hornacina de la cuarta galería, formada por un arco apuntado con pinturas de motivos vegetales en el intradós y figuras de santos a los lados.
Imágenes situadas en los laterales de la hornacina.
Otro tramo de galería.
El final de este ala está cubierto por una falsa bóveda de doble crujía 
con los nervios decorados por pinturas. 
La puerta que vemos en el lado derecho de la anterior fotografía nos conduce a la Sacristía, de planta rectangular, reformada en 1.615 y 1.668, en plena Contrarreforma, ampliándose en altura y longitud a costa del antiguo dormitorio común cisterciense y de la Sala Capitular, quedando el espacio resultante cubierto por un par de bóvedas de crucería. Las reformas del siglo XVII explican los  elementos barrocos que aparecen en la sala: yeserías, decoración pictórica de las bóvedas y cornisas, ménsulas con forma de ángeles, etc. Es la única sala del conjunto monacal en que se echa de menos un poco más de luz.
Vista general de la Sacristía.
Parte alta de la sala.
Doble bóveda de crucería, adornada con abundantes pinturas.
Una de las ménsulas sobre las que se apoyan los arcos.
La cabecera está ocupada por un retablo de la Virgen de la Antigua, presidido por una tabla de gran calidad atribuida a Cristóbal de Mayorga, con el Padre Eterno en el ático.
Retablo de la Virgen de la Antigua.
Sagrario del retablo.
La tabla de la Virgen de la Antigua es atribuida a Cristóbal de Mayorga. Siglo XVI.
El Padre Eterno en el ático.
En los muros laterales aparecen dos retablos-cajoneras con pinturas, según unos, de un discípulo de Juan de Roelas o, según otros, producto del breve paso por nuestra ciudad del pintor renacentista Juan Gui Romano; en cualquier caso, ambos serían del  siglo XVII, en tanto que la talla de los retablos, de claro estilo rococó, parece al menos un siglo posterior.
Retablo de Cristo atado a la columna. Siglo XVIII.
La pintura, en cambio, es del siglo XVII.
Ambos retablos son iguales, con sus formas adaptadas a los arcosolios en los que se encajan, mostrando la pintura central, con dos espacios rectangulares a los lados cubiertos por vidrios, que guardan reliquias (creo que hay alguna de San Eutiquio) y áticos en forma de conchas nervadas. Todo ello está profusamente adornado con motivos vegetales, guirnaldas, putti, espejos y curvas y contracurvas tan típicas del período rococó.
Retablo del entierro de Cristo. Siglo XVIII.
Como en el retablo anterior, la pintura es de principios del siglo XVII.
Empotrada en el muro junto a la cabecera aparece este hueco recubierto de azulejos con la inscripción: "DA DOMINE VIRTUTEM MANIBUS MEIS AD ABSTERGENDAM OMNEN MACULAM UT SINE POLLUTIONE MENTIS ET CORPORIS VALEAM TIBI SERVIRE", que con mi pobre conocimiento del latín me atrevo a traducir como "Señor, da fuerza a mis manos para limpiar la mancha de mente y cuerpo y así poder servirte".
La sacristía vista desde el retablo de la Virgen de la Antigua. La puerta que se ve a la izquierda es la que hemos usado para entrar desde el Claustro de los Muertos. La más pequeña, al fondo a la izquierda nos conducirá más tarde al antepresbiterio de la iglesia primitiva.
A la derecha del retablo de la Virgen de la Antigua, mirándolo de frente, hay una puerta que nos permite pasar a la Sala Capitular. Se trata de una estancia que ha sufrido numerosas reformas a lo largo de los siglos: a la llegada de los frailes jerónimos se eliminó el dormitorio común de la planta superior (igual que se hizo con la Sacristía), se trazaron cubiertas góticas y se realizó una completa decoración pictórica en sus muros en la que se alternan escenas de la vida de San Jerónimo y formas mudéjares, que veremos en detalle a continuación; en el siglo XVII se cubrieron las bóvedas de crucería con una falsa bóveda de cañón y se taparon los frescos iniciales con una decoración clasicista de estilo italiano (no olvidemos que el monasterio fue un importante foco luterano), al estilo del monasterio del Escorial. A día de hoy, la sala nos muestra ejemplos de ambas fases.
Sala Capitular desde la puerta de la Sacristía.
Según nos ilustra el rótulo correspondiente, en este lugar se reunían los monjes por la mañana, leían el martirologio, recordando los santos del día, y rezaban una oración, la “pretiosa”. Después de procedía a la lectura comentada de un capítulo de la regla de San Benito y a la confesión pública de las culpas. También era el sitio en que se comunicaban los hechos y noticias trascendentales del gobierno y de la administración del monasterio. Igualmente, en este espacio se producían los nombramientos y elecciones y, en las reuniones extraordinarias, se admitía a los novicios, se tomaban los hábitos o se hacían las procesiones.
Muro izquierdo.
Muro derecho.
Entramos en la sala y nos dirigimos al fondo. En nuestro camino, a la izquierda, veremos dos maquetas que nos ilustran de cómo era la decoración original de los muros. Una pena tanta pérdida. En la pared del fondo hay dos grandes puertas, una real y otra pintada y, sobre ellas, dos grandes pinturas: una escena que desconozco, en la que se ve a Jesús con una pala y un ángel arrodillado ante Él, y un Resucitado.
Gracias a la amable aportación de un lector he aprendido que se trata de la escena del Noli me tangere (no me toques) que se narra en el Evangelio de San Juan. En ella aparece María Magdalena arrodillada ante Jesús resucitado, al que ha confundido con un jardinero o agricultor (de ahí que se presente con una pala u otro instrumento de labranza) y la frase que pronuncia Cristo tiene el sentido de No me retengas.
Maquetas que muestran el aspecto original de la sala.
Noli me tangere (no me toques).
Resucitado sobre la pintura anterior.
Iniciamos el recorrido pormenorizado de la sala, comenzando por la izquierda y siguiendo el sentido de las agujas del reloj, aunque antes podemos dar un vistazo general a la sala desde aquí:
El frontal de la sala, visto desde los pies de la misma.
El robo de los asnos.
En esta pintura se refleja el robo de unos burros pertenecientes al monasterio, que fueron recuperados por el león que siempre acompañó a San Jerónimo.
Imposición del capelo cardenalicio.
San Jerónimo dictando a los monjes.
Jesús en el monte de los Olivos.
San Jerónimo.
Retablo de San Pedro.
Pintura central del retablo.
Escena de la Crucifixión.
Sagrario del retablo de San Pedro.
San Isidoro de Sevilla.
Arriba: preparación de la Crucifixión.
Abajo: partida de San Jerónimo a Tierra Santa.
Apostolado.
Apostolado.
Apostolado.
Apostolado.
Alegorías de la Justicia, la Caridad y la Concordia, virtudes del buen gobierno, 
situadas en las bóvedas de la Sala Capitular.
Tan solo nos queda ya por recorrer una pequeña sala denominada Capilla del Reservado o del Capítulo, que recibe este nombre por reservarse en ella el Santísimo durante el Jueves Santo. Se llega a esta capillita a través de una puerta situada en el muro lateral de la Sala Capitular. Se trata de un pequeño espacio cuadrado dedicado por entero a la figura de la Virgen. 

Preside la estancia el retablo de Santa Ana, realizado por Martínez Montañés para la iglesia, siendo trasladado posteriormente a esta ubicación, ampliándose y policromándose de nuevo.  Es el primer retablo en que se usó el arco tripartito en el ático, en el que aparecen tres lienzos del siglo XVIII.
Retablo de Santa Ana. Martínez Montañés y Andrés Ortega, 1.591-1.609.
Santa Ana, la Virgen con el Niño y San Joaquín.
Las tallas están realizadas en madera de cedro, estofadas con oro y policromadas,
todas del mismo tamaño: 88 centímetros.
Óleos sobre lienzo del ático: Santa Paula, con libro y báculo de abadesa, San Jerónimo y una santa, portadora de la palma del martirio, a la que no he podido poner nombre. 
Los muros están decorados con pinturas realizadas en 1.636 mostrando motivos de candelieri, decoración floral, cartelas con los símbolos de las letanías, ángeles y marcos que encuadran un conjunto de cuadros con escenas de la vida de la Virgen: El Nacimiento de la Virgen, La Presentación en el templo, Los Desposorios, La Anunciación, La Visitación y El Tránsito.
EL Nacimiento de la Virgen.
Los Desposorios de la Virgen y La Presentación en el templo.
La Visitación y La Anunciación.
El Tránsito de la Virgen.
Decoración del techo de la capilla, con representación del Espiritu Santo en el centro.
Uno de los candelieri que adornan esta sala,
con el símbolo de la Virgen en la parte superior.
Hemos terminado el recorrido y nos disponemos a regresar. Para ello, debemos retroceder por la Sala Capitular y la Sacristía y, en esta, en vez de salir al claustro (que queda a nuestra izquierda) cruzaremos una pequeña puerta que hay enfrente, la cual nos conduce por un pequeño pasillo a los antepresbiterios de ambas iglesias, desde donde podremos admirar más de cerca los retablos y sepulcros que vimos a la entrada.
Pila de agua bendita situada en el pasillo que lleva de la Sacristía a los antepresbiterios.
Como colofón, y a título personal, me gustaría destacar la amabilidad del personal que atiende a las visitas (nada que ver con el de hace unos años), la buena iluminación, la rotulación de las salas en las que se explica historia y contenido de las mismas y el buen estado de lo restaurado.

Desgraciadamente, solo se llevó a cabo el arreglo de la zona gótica, apenas un 25 % del total de conjunto, tardándose doce años (vale, con la crisis del 93 por medio), así que no me quiero ni imaginar cuándo estará terminado la totalidad de esta joya que tenemos tan cerca.