Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

martes, 17 de marzo de 2015

Visitando la Catedral, -XXVI. Capilla de la Virgen de la Antigua. Leyendas de sus milagros. La Maldición Gallega.


En el muro situado junto al Altar de Concepción, vemos una puerta con arco de medio punto abocinado, con su parte superior (arquitrabe, frontón, tímpano, pináculos) decorada con elementos platerescos. El intradós del arco nos muestra varias esculturas de santos y, sobre las pilastras, San Pedro y San Pablo.
Entrada lateral a la Capilla de la Virgen de la Antigua.

Esculturas en el interior de la puerta lateral: San Juan Evangelista, Santiago el Mayor, Santiago el Menor y San Andrés.
Según cuenta la leyenda, durante el asedio de la ciudad de Sevilla por los cristianos, un ángel condujo al rey Fernando al interior de la mezquita principal donde, detrás de un muro que se hizo transparente, pudo ver la imagen de la Virgen de la Antigua. Al parecer, los musulmanes habían construido su templo sobre una antigua basílica visigótica en la que se encontraba esta pintura; como quiera que su religión siente un curioso respeto por la figura de la madre de Cristo, no destruyeron la imagen, sino que se limitaron a ocultarla, levantando un tabique que la escondiese. Con el tiempo, se olvidó su presencia en el lugar hasta la llegada de las tropas castellanas. Cuando el rey Fernando entró triunfante en la ciudad el día de San Clemente, 22 de diciembre de 1.248, su primera orden fue rescatar la pintura de la Virgen de la Antigua de su cárcel de piedra.
Virgen de la Antigua. Siglo XIV.
Evidentemente, se trata de una leyenda piadosa, ya que la efigie de la Virgen data claramente del siglo XIV y, además, no se tiene constancia alguna de la presencia de una nave paleocristiana o visigótica en el solar que hoy ocupa la Catedral. Otros hechos milagrosos se vinculan a esta advocación de la Virgen, como es el caso de la aparición de Nuestra Señora de la Antigua a los musulmanes y la caída del muro que la ocultaba, acontecimientos ambos reflejados en las pinturas que decoran los muros de la capilla.
Lo que sí es cierto es que la imagen medieval fue pintada en el frente interior de un pilar almohade situado a la entrada de la capilla de San Pedro, en la primitiva catedral mudéjar, frente al antiguo mihrab que no se derribó durante la construcción de la catedral gótica. Se mantuvo en el mismo lugar hasta que el arzobispo Cristóbal de Sandoval y Rojas encargó al arquitecto Asensio de Maeda el traslado en 1.578 de este pilar de la Antigua a la capilla donde recibe culto desde entonces, al que se incorporó después el retablo de mármol contratado con Pedro Duque Cornejo en 1.734. Ese mismo año, se reconstruyó la bóveda primitiva, típicamente gótica, con nervaduras, labor realizada por Diego Antonio Díaz.
El retablo, visto desde la entrada principal.
Anteriormente a estas modificaciones, durante el año 1.500, el cardenal Diego Hurtado de Mendoza decidió situar en ella su enterramiento, ordenando elevar la altura de la nave (inicialmente era la misma que la del resto de capillas laterales) y duplicar la anchura, para poder acomodar debidamente su sepulcro.
Retrato de Diego Hurtado de Mendoza. Cortesía de Archidiócesis de Sevilla.
Actualmente, la capilla de la Virgen de la Antigua tiene dos entradas; una lateral, desde el Altar de la Concepción, y otra frontal, que comunica directamente con la nave central de la Catedral. Está presidida por un retablo en cuyo centro vemos la imagen pintada al fresco de la Virgen de la Antigua, en estilo bizantino. La Virgen sostiene a su Hijo con la mano izquierda y con la derecha una rosa, mientras que el Niño sujeta un pájaro. Sobre su cabeza dos ángeles mantienen en el aire una corona, que fue realizada en 1.929 con motivo de la coronación canónica de la imagen y, más arriba, otro ángel muestra la inscripción Ecce Maria venit. A los pies de la Virgen, y a escala muy reducida, aparece la figura arrodillada de una donante que se identifica con doña Leonor de Alburquerque, esposa de don Fernando de Antequera quien, según la tradición, aparecía en el lado opuesto, aunque actualmente no queda rastro de su imagen.
Retrato del arzobispo Luis de Salcedo y Azcona. Cortesía de Archidiócesis de Sevilla.
El retablo, de 1.738, costeado por el arzobispo Luis de Salcedo y Azcona, fue diseñado y realizado por Juan Fernández en mármoles de colores, con las esculturas talladas por Pedro Duque Cornejo. En el primer cuerpo aparece la titular de la capilla, acompañada por tallas de San Joaquín y Santa Ana. El segundo está presidido por una imagen de Cristo Salvador, con los Santos Juanes a los lados.
El retablo de la Virgen de la Antigua, visto desde la puerta lateral.
Altar del retablo.
Primer cuerpo del retablo, con la Virgen de la Antigua escoltada por San Joaquín y Santa Ana.
San Joaquín.
Virgen de la Antigua.
Santa Ana.
Segundo cuerpo del retablo, con la imagen de Cristo Salvador y, a los lados, los Santos Juanes.
San Juan Bautista.
Cristo Salvador.
San Juan Evangelista.
El frontal de plata del altar es de estilo rococó, de finales del siglo XVIII, al igual que la mayor parte de las sesenta lámparas de plata que cuelgan en los laterales de la capilla. 
En el muro izquierdo se ubica el bello sepulcro del cardenal  Diego Hurtado de Mendoza, tallado en Italia por Domenico Fancelli en 1.510. 
Sepulcro del cardenal Diego Hurtado de Mendoza, 1.510.
Detalle del cenotafio.
Nacido en Guadalajara sobre 1.443, el cardenal fue hijo segundón de familia noble y, por lo tanto, destinado a servir a la Iglesia, según costumbre de la época. Su tío era nada menos que don Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo y Sevilla, llamado popularmente El Gran Cardenal o El Tercer Rey, por la influencia de que gozaba en la corte de los Reyes Católicos. A este familiar uniría su carrera eclesiástica durante toda la vida. Fue deán de Sigüenza, obispo de Palencia y, en 1.487, obtuvo el arzobispado de Sevilla. Sin embargo, no pudo hacer realidad su principal deseo: el arzobispado de Toledo, que quedó vacante a la muerte de su tío. En vez de Mendoza fue nombrado un fraile confesor de la reina, llamado Jiménez de Cisneros. En el año 1.500 fue designado cardenal de Santa Sabina y patriarca de Alejandría, falleciendo en 1.502 de enfermedad pulmonar. En realidad, el cardenal Hurtado de Mendoza fue más ayudante de su tío y diplomático de la corte que pastor de almas.
En la peana del altar reposan los restos de otro arzobispo, Gaspar de Zúñiga y Avellaneda. Era nieto de Gutierre de Cárdenas, financiero de los Reyes Católicos, y de Teresa Enríquez, La Loca del Sacramento, de la que hablaremos más adelante cuando abordemos la iglesia del Sagrario. Obispo de Segovia primero, y de Santiago de Compostela después, solicitó la sede de Sevilla cuando la peste asoló las tierras compostelanas, solicitud que fue aprobada en un tiempo asombrosamente corto. No cayó bien este asunto entre el clero y los ciudadanos gallegos, que consideraban que Compostela tenía más categoría que Sevilla y que, por tanto, el obispo había huido por miedo a la peste. Esta enemistad fue el comienzo de la llamada Maldición Gallega, a saber: todo obispo que pase de la sede de Santiago a la de Sevilla morirá prontamente. De hecho, Zúñiga no llega a pisar Sevilla vivo ya que, tras cumplir un encargo del rey, fallece en Jaén cuando se dirigía a tomar posesión de su cargo sevillano.
Retrato del arzobispo Gaspar de Zúñiga y Avellaneda.
Cortesía de Archidiócesis de Sevilla.
Esta "maldición" también se cumplió en el siguiente arzobispo que tuvo la ciudad, Luis Fernández de Córdoba, igualmente procedente de Santiago. Apenas duró un año escaso.
Evitó el mal fario el ocupante del otro sepulcro (obra esculpida por Duque Cornejo) de esta capilla, el arzobispo Luis de Salcedo y Azcona. Dirigió la archidiócesis durante casi veinte años, impulsando gran cantidad de construcciones religiosas: ampliación de la Capilla de la Antigua, dos altares nuevos en la iglesia del Sagrario, un nuevo órgano para la Catedral, el altar de San Francisco de Borja de la iglesia de San Luis, la capilla del convento de Santa María de los Reyes, el altar mayor del convento de las capuchinas, destruido por un incendio años antes, el Palacio de Umbrete, edificado sobre las antiguas casas de los prelados, y la iglesia de la Consolación; y si no edificó el seminario fue porque lo alcanzó la muerte, pues tenía los terrenos en Triana e incluso había nombrado ya rector y vicerrector. Sin olvidar que cada año repartía la nada despreciable cantidad de 50.000 ducados entre los menos favorecidos. Ni que decir tiene que fue en su tiempo un prelado enormemente popular.
Sepulcro del arzobispo Luis de Salcedo y Ascona. Siglo XVIII.
En los laterales de la capilla aparecen una serie de pinturas que narran la historia de la Virgen de la Antigua, junto con varios pasajes y figuras de santos; estas pinturas fueron realizadas por Domingo Martínez, ayudado por Andrés Rubira, entre 1.734 a 1.738. Tradicionalmente se ha considerado que muchas de ellas eran  actualmente copias de escasa calidad, ya que las originales se perdieron durante un incendio en 1.889. Sin embargo, con motivo de su restauración, hace ya unos años, se comprobó que el fuego tan solo había afectado a las situadas en la zona del muro derecho más cercana a la verja de la capilla. Efectivamente, estas pinturas se rehicieron chapuceramente, pero el resto, una vez limpiadas y restauradas nos muestran la maestría del pintor quien, si acaso, se permitió alguna licencia técnica, considerando la gran altura a que estaban situadas las imágenes. La distribución de las mismas en los muros está indicada en los pies de foto.
Muro derecho de la Capilla de la Antigua.
Sor María de de Jesús de Agreda. Muro derecho del presbiterio.
Sepulcro del arzobispo Luis de Salcedo y Ascona. Detalle.
Pinturas del muro derecho de la capilla. Todas de Domingo Martínez.
Arriba: La Aparición de la Virgen a los musulmanes.
Abajo: San Leandro, La Traslación de la imagen de la Virgen y San Laureano.
Pinturas del muro derecho, zona cercana a la verja.
Arriba: San Diego de Alcalá curando enfermos.
Abajo: Cristo curando al ciego.
En los medallones: San Fernando, San Abundio, San Hermenegildo y Santa Florentina.
Pinturas del muro izquierdo.
Arriba: La caída del muro de la mezquita que ocultaba la Virgen.
Abajo: San Carpóforo, La Visita nocturna de San Fernando a la Virgen  y San Isidoro. 
Muro izquierdo. Puerta lateral de la capilla.
Arriba: El venerable Contreras presentando cautivos redimidos a la Virgen.
En los medallones: San Luis de Francia, San Luis de Tolosa, San Luis Beltrán y San Luis Gonzaga. 
Una de las múltiples lámparas de plata que adornan esta capilla.
La Virgen de la Antigua despertó gran devoción en Cristóbal Colón y otros muchos navegantes, como podemos comprobar al ver sobre la verja multitud de banderas de países iberoamericanos. 
Las banderas de países iberoamericanos atestiguan la gran devoción a la Virgen de la Antigua entre los navegantes españoles y portugueses.
Caso especial fue el de la expedición de Magallanes y Elcano: los dieciocho supervivientes de los casi 250 iniciales de la circunnavegación se postraron a sus pies apenas llegar a Sevilla tras su titánico viaje. Con tal motivo, en septiembre de 2.011, se colocó una inscripción sobre bronce en la puerta de la capilla que recuerda el 489 aniversario de la gesta.
Placa de bronce en conmemoración del 489 aniversario ¿? de la circunnavegación de Magallanes y Elcano.
Las reproducciones de la pintura original de la Virgen de la Antigua fueron llevadas desde España al continente americano: Santo Domingo, Panamá, Ciudad de México, Bogotá, Tunja, Chiriví (Nuevo Colón), Lima, Cuzco, etc. La Virgen de la Antigua ocupa un lugar importante en la Catedral de México (desde 1.652), así como en la Catedral de Lima.
Como curiosidad, podemos comentar que el suelo de esta capilla está literalmente cubierto de lápidas de mármol blanco, debido a la enorme devoción que despierta esta Virgen, tanto en la ciudad como en los propios canónigos.
No queda un centímetro de espacio en la capilla sin estar cubierto de lápidas.
La monumental reja que cierra esta capilla es obra de varios autores a lo largo de más de treinta años. Se comenzó en 1.565, siguiendo un diseño realizado por Hernán Ruiz II, por el rejero Juan López y la concluyó Rodrigo de Segovia en 1.601.
Reja de la capilla.
Dos vistas de la entrada principal de la Capilla de la Antigua.
La vidriera que ilumina el interior de la capilla  es moderna, realizada por Zettler a finales del siglo XIX, con diseño del José Gestoso, y en ella se representa a San Fernando.
San Fernando. Casa Zettler, siglo XIX.