Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 22 de abril de 2015

Visitando la Catedral, -XXXII y final. La iglesia del Sagrario.

Gran desconocida en nuestra ciudad, todos hemos pasado docenas (cuando no cientos) de veces ante ella sin que nos llamara la atención. Y no es de extrañar, pues su situación, adosada a obra tan magna como la Catedral, provoca la creencia de que se trata de una entrada más del templo metropolitano. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que se puede considerar que es una iglesia grande dentro de otra más grande aún de la que, además, administra los servicios parroquiales.
Vista de la zona de la Catedral ocupada por la iglesia del Sagrario.

La tradición popular afirma que la Hermandad Sacramental del Sagrario de la Catedral fue fundada por doña Teresa Enríquez, "La Loca del Sacramento", en 1.511, año en que llegó a Sevilla como integrante del séquito del rey Fernando, el Católico y de su segunda esposa, Germana de Foix. Traía consigo la famosa bula Pastoris Aeternis expedida en Roma el 21 de agosto de 1.508 por el papa Julio II, concediendo indultos y especiales privilegios para las cofradías eucarísticas que se iban instituyendo bajo el patrocinio de la noble dama en todos los reinos españoles.
Enterramiento de doña Teresa Enríquez, la Loca del Sacramento. Su cuerpo incorrupto se conserva en el monasterio de las franciscanas concepcionistas de Torrijos, Toledo.
Digan lo que digan las modernas enciclopedias digitales, la iglesia del Sagrario actual no es la que se instaló originalmente en el tramo del Patio de los Naranjos comprendido entre la Puerta del León y el extremo noreste de la Nave del Lagarto. Se puso bajo la advocación de San Clemente, en memoria  del día la conquista de la ciudad (23 de noviembre de 1.248, festividad de dicho santo). Ya comentábamos en la visita a la Capilla Real que los restos del rey Santo, de Alfonso X y de la esposa de este, Beatriz de Suabia, descansaron temporalmente en la capilla del Sagrario que se había instalado en este lugar en 1.579, promovida por el creciente culto 
Puerta de comunicación con el Patio de los Naranjos.
Los años de uso y la fragilidad de los elementos empleados (madera, yeso, ladrillo) para su construcción desgastaron progresivamente el lugar de culto hasta el punto de que, a comienzos del siglo XVII, un grupo de prohombres, encabezados por el ya varias veces nombrado Mateo Vázquez de Leca, propone (y consigue) la construcción de un nuevo lugar de culto.
Cúpula de la iglesia del Sagrario, vista desde el Patio de los Naranjos.
El nuevo templo, actual iglesia del Sagrario, se instala en el lado de poniente del Patio de los Naranjos, en la esquina que forman la calle Alemanes y la avenida de la Constitución. Se encarga su diseño y construcción a Miguel de Zumárraga, maestro mayor del templo catedralicio, auxiliado por Alonso de Vandelvira y el ingeniero militar Cristóbal de Rojas, sobre todo en aspectos relativos a la cimentación y cuestiones técnicas. Y es que, la proximidad del arenal sevillano y el terreno cenagoso se constituyó en la principal preocupación de arquitectos y canónigos por motivos obvios.

Se tomó como modelo a la iglesia del Hospital de las Cinco Llagas, edificada bajo la dirección de Hernán Ruiz, el Joven. Parte de una planta de cruz latina, con brazos laterales muy cortos y crucero coronado por una bóveda troncocónica, muy parecida a la de la Capilla Real, de casetones y decoración a cargo de los hermanos Borja: Pedro, Pablo y Felipe. El resto de la nave se cubre con dos grandes bóvedas vaídas sostenidas por potentes pilastras cajeadas. Más especiales son las tribunas que recorren lateralmente la nave.
Portada del Evangelio, entrada habitual de acceso al templo..
En el sobrio exterior del edificio, la fachada se divide en tres cuerpos superpuestos con escasa ornamentación; los dos inferiores tienen ventanas ciegas. Posee el templo tres puertas, una en el muro de la Epístola, cegada, que se abriría al Patio de los Naranjos, otra a los pies, por la que se accede desde la Catedral (normalmente cerradas las puertas de cristal que las separan) y una tercera, que sirve de entrada habitual a los fieles y comunica con la avenida de la Constitución. Todas ellas son relativamente modestas y de estilo clasicista.
Frontón de la portada, con las jarras de azucenas y la Giralda, símbolos catedralicios, en el tímpano.
Entramos por esta última y, a nuestra izquierda, vemos la nave con el Retablo Mayor al fondo, en tanto que a los pies se sitúa la portada que comunica con la esquina noroeste de la Catedral.
Vista general de la iglesia del Sagrario desde los pies.
Muro de los pies de la iglesia.
Sobre las pilastras discurren las tribunas antes comentadas, en las que se sitúan las grandes esculturas realizadas por José de Arce en 1.657, que representan a los cuatro Evangelistas y a los cuatro Padres de la Iglesia Latina. También fue el autor de otra imagen que, representando a San Clemente, coronaba el exterior de la bóveda del crucero; se retiró en el último tercio del siglo XVIII.
Los cuatro Evangelistas y los cuatro Padres de la Iglesia Latina, esculpidos por José de Arce en 1.657. 
El Sagrario dispuso, no de una cripta, sino de un auténtico panteón funerario, destinado al enterramiento de arzobispos de la Diócesis de Sevilla. Las ventanas situadas en el exterior de la iglesia, en las gradas al nivel de la calle, proporcionan luz natural. La cripta fue estrenada, por su deseo expreso, por el dominico fray Pedro de Tapia, uno de los mayores mecenas de las obras del Sagrario. 
Cripta del Sagrario. Cortesía de Historiarte Sevilla.
El Retablo Mayor actual es obra de Francisco Dionisio de Ribas, siendo Pedro Roldán el autor de las tallas y Valdés Leal el encargado de la policromía. Procede de la antigua capilla de los Vizcaínos, situada en el desaparecido convento de San Francisco, de donde fue trasladado en 1.840, tras las desamortizaciones, al lugar que ahora ocupa. 

Retablo Mayor. Francisco Dionisio de Ribas y Pedro Roldán.
Inicialmente presidía el templo un retablo realizado por Jerónimo Balbás, terminado en 1.712, con esculturas de Duque Cornejo, que fue muy celebrado e imitado en la ciudad. Sin embargo, el cambio de los gustos hacia el estilo neoclásico y la fobia por lo barroco preconizado por la corte borbónica, provocó que, en 1.824, el retablo fuera destruido, tal como suena; tan solo se salvó el relieve de San Clemente (al fin y al cabo titular del templo) que corona el retablo actual.
Retablo Mayor de la Catedral Metropolitana de México, de Jerónimo Balbás, muy semejante al que existía originalmente en esta iglesia del Sagrario.
Volviendo al retablo actual, podemos comprobar que la escena central del montaje consiste en un gran altorrelieve que recoge el momento del Descendimiento, apareciendo en las calles laterales figuras de santos, mientras que, en el borde inferior, un friso representa la Entrada de Jesús en Jerusalén. Junto a este se hallan sendos bustos de San Pedro y San Pablo, obras modernas (1.860) del escultor Vicente Hernández. 
En el ático podemos apreciar dos ángeles junto a una escultura de la Verónica que sujeta un paño con el rostro de Cristo. Todo este conjunto se remata con el relieve de San Clemente antes comentado, que se ve con dificultad a causa de la red protectora que cubre todo el recinto.
El Descendimiento de Cristo.
Desde otro ángulo.
La Verónica se sitúa en el cuerpo superior y, en el remate, la imagen de San Clemente, procedente del antiguo retablo.
Dos tondos con las imágenes de San Pedro y San Pablo escoltan la custodia de plata, con un relieve de la Entrada en Jerusalén situado sobre ellos.
Sagrario-manifestador de plata.
Pequeño Crucificado de estilo gótico ubicado en el presbiterio.
El órgano de localiza en un lateral del presbiterio.
Pila Bautismal del templo.
Dos ángeles lampadarios, de estilo muy cercano a los Roldán (¿quizá de Luisa?) están colocados en las pilastras del arco toral más cercano al presbiterio.
A los dos lados del crucero, se sitúan sendos retablos del siglo XVIII, realizados con mármoles de diferentes colores. Ambos se llevaron a cabo siguiendo las disposiciones testamentarias del arzobispo Salcedo y Azcona. 
Tradicionalmente se han atribuido estos retablos a Pedro Duque Cornejo, debido al presunto parecido con el retablo de la capilla de la Antigua. Sin embargo, documentos encontrados en el Archivo de Protocolos permiten establecer la autoría de los artistas intervinientes.
Retablo del Crucificado.
La traza de los dos se debe a un platero, Tomás Sánchez Reciente (autor igualmente del retablo plateado que luce en la capilla Sacramental de la Hermandad de Pasión, en la iglesia del Salvador), y no a un arquitecto o retablista. La ejecución fue confiada a un especialista en el trabajo en piedras duras, Manuel Gómez. Las esculturas fueron contratadas con Cayetano de Acosta, en 1749, tanto las de piedra como las de madera. También se usaron varias esculturas donadas al Sagrario en 1657 por el antes nombrado fray Pedro de Tapia.

Crucificado, del portugués Manuel Pereira (siglo XVIII).
El de la izquierda está presidido por un Cristo Crucificado, con María Magdalena a sus pies, ambas del portugués Manuel Pereira (siglo XVII). Las restantes imágenes representan a San Buenaventura, San Juan Nepomuceno y San Cayetano. En el banco, dentro de una hornacina hay una Dolorosa.
San Buenaventura.
San Juan Nepomuceno.
San Cayetano.
Dolorosa.
La figura central del retablo de la derecha es una Inmaculada, también de Duque Cornejo. Flanquean a la Virgen sendos arcángeles, Gabriel y Rafael, figurando un San Miguel en el cuerpo superior. En la hornacina del banco, un Niño Jesús con una calavera a sus pies, simbolizando el triunfo sobre la muerte.
Retablo de la Inmaculada.
Inmaculada, de Pedro Duque Cornejo.
Arcángel Gabriel.
Arcángel Miguel.
Arcángel Rafael.
Triunfo de Cristo sobre la muerte.
Fueron contratadas con Cayetano de Acosta las imágenes de San Juan Nepomuceno, San Cayetano, San Luis de Francia, la Virgen con el Niño, los tres Arcángeles y el busto de la Dolorosa. Donadas por fray Pedro son el Crucificado, María Magdalena, el Niño Jesús en la hornacina y la Virgen del Rosario, todas de Manuel Pereira (excepto el Niño, anónimo castellano). El resto de figuras son de Pedro Duque Cornejo.
El púlpito de mármol, de la escuela estepeña del siglo XVIII, procede del antiguo convento de San Francisco.
Púlpito de la escuela estepeña.
Desde el otro lado.
Una vez visitados los tres altares principales de la iglesia, volvemos a la puerta de entrada para seguir de forma ordenada las capillas laterales. Todas ellas son de escasas altura y profundidad, lo que impide un excesivo lucimiento en su decoración.
Si nos colocamos de espaldas a la Portada del Sagrario (la que comunica la iglesia con la Catedral, veremos que el templo tiene ocho capillas, cuatro en el lado derecho y otras cuatro en el izquierdo. Las de lado derecho son:
Capilla de Santa Bárbara. Desgraciadamente, siempre la he encontrado a oscuras, lo cual repercute en la calidad de las fotos. Sobre el retablo fechado alrededor de 1.680 podemos contemplar la Santa titular flanqueada por Santa Elena y ¿Santa Teresa?. En el ático, un relieve de Santa Ana con la Virgen. 
Capilla de Santa Bárbara.
Retablo de Santa Bárbara.
Cortesía del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.
De izquierda a derecha: ¿Santa Teresa?, Santa Bárbara y Santa Elena.
Parte alta del retablo, con relieve de Santa Ana y la Virgen Niña. 
Capilla de la Hermandad Sacramental. La imagen de la Inmaculada que preside esta capilla es de principios del XVIII y se encuentra en un retablo atribuido a Juan de Valencia. Junto a ella se coloca también el bellísimo Niño Jesús esculpido por Martínez Montañés en 1.606 para la Hermandad Sacramental, que procesiona en la festividad del Corpus. Es una talla de altísima calidad, que sirvió de modelo para las infinitas copias que se hicieron (y se siguen haciendo) desde entonces.
Capilla de la Hermandad Sacramental.
Virgen del Pilar.
Niño Jesús, de Juan Martínez Montañés.
Procesiona todos los años el día del Corpus Christi.
Inmaculada.
Capilla de San Antonio. El retablo que preside esta capilla proviene de otro lugar que no se conoce, siendo adaptado al lugar en 1.667 por Bernardo Simón de Pineda. Posee una escultura del muy representado en nuestra ciudad San Antonio de Padua con el Niño en el centro y otra de San Miguel Arcángel en el ático, así como dos ángeles apoyados en el frontón. En el muro izquierdo, dentro de una hornacina, veremos una pequeña Virgen del Pilar con enorme corona.
Capilla de San Antonio de Padua.
San Antonio con el Niño Jesús.
Ático del retablo.
Capilla de la Virgen del Rosario. La imagen central, que representa a la titular, fue tallada por el escultor de origen portugués Manuel Pereira a finales del XVII y donada a esta iglesia como parte del legado del arzobispo Pedro de Tapia. La hornacina barroca y los adornos de la Virgen datan del siglo XVIII. Está flanqueada por San Juan Evangelista y Santo Domingo de Guzmán, mientras que en el ático se representa a este último santo en el momento de recibir el Santo Rosario de manos de la Virgen.
Virgen del Rosario.
Virgen del Rosario. Detalle.
Recorramos ahora las capillas del lado izquierdo, pero a la inversa, en dirección a la salida:
Capilla del Cristo de la Corona. En ella se encuentra un retablo neoclásico con columnas corintias pareadas talladas en mármol, que encuadran las esculturas de un Nazareno del siglo XVI, una Dolorosa, San Francisco Javier y San Luis Gonzaga. En los muros laterales se disponen dos lienzos representando a San Hermenegildo y a San Fernando, firmados por Ángel de Saavedra, III duque de Rivas, de mediados del siglo XIX. El Cristo de la Corona y Cruz a Cuestas es titular de la Hermandad del mismo nombre que tiene su sede en esta iglesia, que procesiona el Viernes de Dolores por las calles de la feligresía
Capilla del Cristo de la Corona.
Cristo de la Corona, anónimo del siglo XVI y Dolorosa.
San Luis Gonzaga.
San Francisco Javier.
Capilla de San Millán. El retablo del siglo XVIII, en su color, sin policromar, está presidido por San Millán, conteniendo otras imágenes, como Santa Catalina, San Roque, Santa Gertrudis y una Dolorosa arrodillada. En el ático aparece un relieve de la Trinidad y en el cuerpo inferior otro relieve con el Martirio de San Pedro de Arbués, inquisidor aragonés asesinado, según la tradición, por judíos falsamente conversos.
Capilla de San Millán.
San Millán fue un simple pastor que vivió en el siglo V en tierras fronterizas entre Castilla, La Rioja y Aragón, ejerciendo este oficio hasta los veinte años. Entonces recibió la llamada de la fe en su variante ascética, algo bastante frecuente en la época, yéndose a vivir con Félix, el eremita, con quien permaneció tres años. Nombrado párroco de Berdejo, su tierra natal, por el obispo de Tarazona, fue acusado por otros clérigos de dilapidar los caudales eclesiásticos, tras lo cual, se retiró a vivir a una cueva excavada por él mismo en la Sierra de la Demanda hasta su muerte, a los 101 años. Su sepulcro se convirtió en lugar de peregrinación al que acudían nobles y reyes castellanos y aragoneses para encomendar sus batallas contra los musulmanes.
San Millán.
Siglos después, el rey García Sánchez, tras fundar el monasterio de Santa María la Real, de Nájera,  quiso enriquecerlo trayendo los cuerpos de Santos de la comarca, entre ellos el de San Millán. Sin embargo no pudo llevar a cabo el traslado pues los bueyes que portaban el cuerpo se detuvieron en un lugar concreto, del que no hubo forma de moverlos. Viendo en este hecho un mensaje divino, el rey ordenó la construcción del que sería el monasterio de Yuso en ese mismo lugar, donde descansa desde entonces el santo.
Arca con los restos de San Millán, en el monasterio de Yuso. 
Cortesía de Wikipedia.
Capilla de San José, antigua de San Nicolás. Sobre un retablo barroco tallado entre 1.694 y 1.698, se encuentra la figura central de San José, atribuida a Pedro Roldán. En el banco se sitúa un grupo escultórico del Buen Pastor realizado en 1.738 y en los laterales se hallan sendas imágenes de San Simón y San Judas, fechables a finales del XVII. Debajo vemos una reproducción de pequeño tamaño de la Virgen de los Reyes. Las paredes se decoran con una serie de pinturas al temple con escenas de la vida de San Nicolás, realizadas a mediados del siglo XVIII. 
Capilla de San José.
Talla de San José, atribuida a Pedro Roldán.
San Clemente, papa (nada que ver con el del Palmar).
Llama la atención el altar de plata situado ante el retablo, acompañado de atril y candelabros a juego y las dos lámparas, también de plata, que iluminan la capilla. 
Altar de plata de la capilla.
Lámparas de plata.
Capilla de las Santas Justa y Rufina. Está presidida por una imagen del Sagrado Corazón que procede de la capilla de San Andrés de la Catedral; allí no tuvo mucha devoción, ya que es de un estilo que se sale del típico barroco que tanto nos gusta en esta ciudad. Sin embargo, como los sevillanos somos tan noveleros, aquí en el Sagrario se ha convertido en una de las imágenes más veneradas y, al contrario que en la Catedral, la feligresía la ha aceptado muy gustosamente. Sobre un retablo de Luis de Vilches, realizado en 1.736 y dorado por José Barrera, podemos ver las santas titulares y diversas tallas de santos: Santa Rosa de Lima a la izquierda y San Felipe Neri a la derecha.
Capilla de las Santas Justa y Rufina.
Sagrado Corazón de Jesús, procedente de la capilla de San Andrés de la Catedral.
Tallas de las Santas Justa y Rufina.
Alrededor de 1.690, el pintor Matías de Arteaga que era miembro de la Hermandad Sacramental de esta iglesia, pintó una serie de nueve óleos sobre temas bíblicos relacionados con la Eucaristía. La Hermandad aún conserva estas pinturas que forman parte de su patrimonio. Sin embargo, están expuestas en zona no accesible al público en general, por lo que aún no he podido verlas, aunque incluyo algunas imágenes por cortesía del IAPH.
Las mencionadas pinturas nos muestran las siguientes escenas:
· Abraham y Melchisedec. El sacerdote Melchisedec, presenta el sacrificio del pan y del vino a Abraham. 
· El racimo de la Tierra de Promisión. Moisés envía a explorar la tierra de Canán. Los exploradores vuelven con racimos de uvas. 
· El paso del Jordán. Los israelitas atraviesan el río Jordán camino de la tierra prometida. 
· La ofrenda de Abigail a David. Abigail, esposa de Nabal, evita el enfrentamiento de este con David, ofreciéndole el sacrificio del pan y del vino. 
· El traslado del Arca de la Alianza a Jerusalén. El rey David, tañendo una lira, conduce el Arca de la Alianza acompañado de su pueblo. 
· Elías y el Ángel. Elías es perseguido por Jezabel; desfallecido en el desierto, un ángel se le aparece y le da pan y agua. 
· Esther ante Asuero. Esther intercede ante el rey persa para que revoque el edicto de exterminio de los judíos. 
· La parábola de los invitados a la boda. El rey, que simboliza a Dios, quiere llenar su mesa de invitados. A todos llama, pero no todos acuden. Algunos no se presentan adecuadamente. En el centro de la escena se produce la expulsión del invitado indigno 
· La Adoración del Cordero Místico. Matías de Arteaga y Alfaro, 1.690. Veinticuatro ancianos adoran el trono en el que el Cordero Místico se muestra esplendoroso rodeado de ángeles. 
La Iglesia del Sagrario es sede de las siguientes Hermandades: 
· Hermandad de la Corona y Nuestra Señora del Rosario. Aunque de antiguo origen, ha sido recientemente reorganizada. 
· Hermandad Sacramental. Su fundación se remonta al siglo XVI y continua activa. En el mes de abril realiza una procesión que tiene por objeto administrar la Eucaristía a las personas impedidas que viven en las inmediaciones de la parroquia. La comitiva se inicia con un grupo de niños que son conocidos como niños carráncanos, los cuales portan cirios rojos y van vestidos con una indumentaria especial que data del siglo XVIII. También procesionan el día del Corpus, tras la Inmaculada y delante del Niño Jesús, el domingo siguiente al Corpus (solo dentro del Patio de los Naranjos) y el Jueves Santo, en el traslado del Santísimo al Monumento. 
· Hermandad de la Pura y Limpia del Postigo. Fundada en el siglo XVII.
Capilla e imagen de la Inmaculada. Postigo del Aceite.
Esta visita a la iglesia del Sagrario pone fin al recorrido por la Catedral de Sevilla. He procurado que el mismo sea lo más extenso y pormenorizado posible (mejor que sobre y no que falte) aunque, inevitablemente, han quedado lagunas en el camino (zonas en obras, falta de permisos, lugares no accesibles). En cualquier caso, un blog es algo vivo, que se regenera continuamente, por lo que a medida que las lagunas se vayan rellenando actualizaré los artículos correspondientes.