Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

domingo, 24 de mayo de 2015

Utrera. Iglesia Parroquial de Santiago, el Mayor, -III y final. El misterio de las momias.

Ya hemos llegado ante el Retablo Mayor, de claro estilo neogótico. Consta de banco y dos cuerpos divididos en tres calles. La calle central está ocupada por una talla de bulto redondo que nos muestra a Santiago peregrino, en tanto que sobre él aparece un relieve del santo representado blandiendo la espada durante la batalla de Clavijo. 
Retablo Mayor.
Primer cuerpo del retablo.
Una talla de Santiago, peregrino, preside el retablo.
En los lados se acomodan pinturas realizadas en 1.927 por Gustavo Gallardo, copias de los paneles del tríptico que realizó Frans Francken, el Viejo (siglo XVI) para el Hospital de las Bubas, que actualmente se expone en el Museo de Bellas Artes de Sevilla: los cuatro Evangelistas, el Ecce Homo, el Descendimiento, la Crucifixión y el camino del Calvario.
El Descendimiento.
Los cuatro Evangelistas.
Segundo cuerpo del retablo.
Camino del Calvario.
Relieve de Santiago matamoros.
Calvario.
Ángel lampadario.
Lado de la Epístola del transepto, visto desde la cabecera de la nave del Evangelio.
En la cabecera de la nave de la Epístola se encuentra el retablo de Santa María Magdalena, penitente, gemelo del visto anteriormente de la Virgen del Socorro. La acompañan San Antonio con el Niño y San José, con un relieve de la Virgen auxiliando a las Ánimas del Purgatorio en el tabernáculo y numerosas pequeñas imágenes sobre el altar: San Pancracio, Virgen de Pilar, San Judas Tadeo, Corazón de Jesús y San Isidoro,
Retablo de Santa María Magdalena.
La Magdalena entre San Antonio de Padua y San José.
Banco y Sagrario del retablo.
Pasamos ante la puerta de la Sacristía, situada en la mismísima esquina de la nave y, en el comienzo de esta, llegamos ante la Capilla de Santa Ana. Un arco de medio punto que aún conserva pinturas de aspecto mudéjar, cerrado con una artística reja de forja, nos permite acceder a su interior, ocupado por un retablo barroco con forma de arcosolio. En la hornacina vemos a Santa Ana instruyendo a la Virgen Niña, acompañada de San José y San Joaquín, con San Miguel Arcángel en el remate. Figuras y retablo son del siglo XVIII.
Capilla de Santa Ana.
Retablo de Santa Ana.
Santa Ana instruyendo a la Virgen.
Junto a esta capilla podemos observar una talla de la Inmaculada Concepción en el interior de una hornacina practicada en la pared a nivel del suelo.
Inmaculada Concepción.
En estos momentos nos encontramos en el transepto del lado de la Epístola, por lo que mirando hacia la nave del Evangelio podremos observar la Capilla de los Gitanos y la gran pintura de San Cristóbal sobre el arco de acceso.
Brazo del Evangelio, visto desde la nave de la Epístola.
Avanzamos por el muro de la Epístola hasta la Capilla del Cristo de Santiago, dotada (como el resto de las capillas del templo) de una bonita reja barroca, enmarcada por restos de pinturas seguramente del mismo período. Igual decoración muestran las paredes laterales y la bóveda de media naranja sobre pechinas, dotada de linterna, que cubre la sala.
Capilla del Cristo de Santiago.
Un retablo neoclásico con un único cuerpo protegido por vidrios alberga imágenes de la Virgen de los Dolores y San Juan Bautista, situadas a los lados del Santísimo Cristo de Santiago, interesantísima talla de madera de nogal policromada, anónima de estilo gótico tardío y fechada en la primera mitad del siglo XV. El Patrón de la ciudad desde 1.675 se representa ya muerto, fijado mediante tres clavos a una cruz de caoba de ocho lados que sustituyó a la primitiva arbórea (que se conserva y que pienso que se debería restituir a su lugar) tras la restauración llevada a cabo por Francisco Berlanga en 1.990.
El Cristo de Santiago, acompañado por la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista.
Remate del retablo y bóveda.

Aquí vemos el tramo de la nave de la Epístola recorrida hasta ahora.
La Capilla de San José es de estilo neoclásico con abundancia de mármoles de diferentes colores combinados para buscar la mejor armonía. Pares de columnas con fustes estriados y capiteles de orden corintio articulan el único cuerpo del retablo, en el que tan solamente luce el conjunto de San José llevando de la mano al Niño Jesús. Tanto las tallas como el retablo están fechados en el siglo XVIII.
Capilla de San José.
Retablo de San José.
El último tramo de esta nave está ocupado por un arcosolio apuntado que enmarca una puerta, a modo de alfiz, con el fondo y el intradós decorados con pinturas. También observamos dos esculturas de pequeño tamaño que parecen representar a los santos hermanos Leandro e Isidoro.
Curioso arcosolio en el muro de la Epístola.
San Leandro.
San Isidoro.
Muro de los pies de la nave de la Epístola.
El coro se encuentra, exento, a los pies de la nave principal, estando situado sobre él un órgano de buen tamaño y factura, de estilo neoclásico, fechado a mediados del XVIII. Desgraciadamente, no funciona e incluso le faltan tubos.
Órgano neoclásico. Siglo XVIII.
En los muros de la iglesia, según referencias, aparecen una serie de lienzos con escenas de la vida de la Virgen, la Adoración de los pastores, los Desposorios y San José con el Niño, todas ellas del siglo XVIII. Desafortunadamente, la poca luz hace que, excepto el San Cristóbal antes comentado situado sobre la puerta de la Capilla de los Gitanos, sea imposible apreciar detalle alguno.
En la Sacristía se sitúan un bufete de piedra (Andrés Zabala, 1.764), cuatro blandones de plata (Gargallo y García, 1.785), un ostensóreo de finales del XVIII, un copón de 1.745, un cáliz de oro de 1.785 y un arca eucarística barroca.
En estancias interiores se guardan las insignias de la Inquisición que provienen del antiguo convento de Santo Domingo, hoy transformado en mercado de abastos.
Sin embargo, los objetos más curiosos que se custodian en este templo son tres momias (en una de ellas dicen que se puede observar que contiene un feto en su interior) conservadas en un armario que se guarda en una cripta. Nada se sabe sobre estos restos y cuando se pregunta al párroco, la respuesta es invariablemente la misma: “Dejemos a los muertos en paz”.
Las momias de la iglesia de Santiago.
Cortesía de De Utrera no es cualquiera.
La hipótesis más creíble parece apoyarse en el hecho de las grandes obras realizadas en el templo durante el siglo XVIII. Es muy posible que durante las mismas se excavaran solerías y enterramientos y salieran al exterior cadáveres momificados de forma natural, los cuales /y esto sí es extraño) se conservaron en el exterior en vez de volver a recibir cristiana sepultura como era norma en la época.
En fin, termina aquí el recorrido de esta gran iglesia parroquial de Utrera que, visto lo visto, presenta prácticamente iguales defectos y virtudes que la de Santa María de la Mesa. En lo segundo, la grandiosidad de sus construcciones y lo valioso de sus bienes muebles. Sería interesante, en mi humilde opinión, mejorar el acceso (habría que permitir el paso a personas de movilidad reducida mediante rampas), ampliar horarios, mejorar la iluminación e incluir algún rótulo que informe al visitante de lo que está viendo.
A esta última consideración se añade el curioso hecho, extendido al resto del patrimonio utrerano, de la escasa información existente en internet sobre sus monumentos, sean religiosos o seglares. Se observa muchísima información cofradiera, rociera, flamenca y torera que, muy lógicas y naturales en esta villa, no logran rellenar el hueco de la poca información artística y patrimonial. Tampoco se logran localizar monografías, tesis o artículos sobre este tema, ya sean procedentes de la Universidad de Sevilla, la Olavide u otras instituciones, que sí están presentes (y abundantes) en otras localidades de similar fuste (Carmona, Marchena, Écija, Osuna).
No crea el lector que no recomiendo la visita a Utrera. Todo lo contrario; animo a recorrer sus calles y visitar sus monumentos, y a que hablen, escriban y publiquen fotografías de tan bonito lugar. 


Imposible el acceso a este templo para personas con movilidad reducida, debido a la existencia de gradas exteriores con numerosos peldaños y ausencia de rampas.