Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 4 de enero de 2016

Capilla de Montesión.


El monte Sión es una colina situada en las afueras de la Ciudad Vieja de Jerusalén, en la que se celebró la Última Cena o donde está situada la tumba del rey David. Con el tiempo, y por extensión, se conoce como Sión a la Tierra de Israel y sus habitantes (los hijos de Sión).
Monte Sión, a las afueras de Jerusalén.
El origen, en 1.559, del convento y colegio de Santa María de Montesión hay que buscarlo, según recoge Ortiz de Zúñiga, en la donación de doña Mencía Manuel de Guzmán, viuda de Sancho Mexía de Melgarejo y nieta de los duques de Medina Sidonia y de Feria, de unas casas situadas en la collación de San Juan de la Palma, frente a la plaza del Caño Quebrado (luego de los Carros y actualmente de Montesión), así como 9.000 maravedíes anuales para su mantenimiento. Concluido en 1.601, la Orden de Santo Domingo fue la encargada de su dirección hasta agosto de 1927, en que la orden dominica vende al Colegio de Notarios de Sevilla la Iglesia del convento de Santa María de Montesión, así como la dependencia del convento anexa a la misma. 
El antiguo convento y colegio de Santa María de Montesión asoma tras las casas.
La Hermandad de Monte-Sión, fundada a finales del siglo XV, tenía cedida casi desde el inicio de la construcción del convento, una capilla con dos puertas de acceso, una que daba a la plaza y otra al compás del convento; se obligaba con ello a pagar 9.000 maravedíes al año durante tres años para abonar la totalidad de la deuda. Las obras de la capilla fueron costeadas por la señora Becerra, concluyéndose en 1671.

Los disturbios del 18 de julio de 1936 provocan la destrucción de la capilla y de prácticamente todo su interior, incluyendo el Cristo de la Salud, Libro de Reglas, retablo, pinturas, corona de la Virgen, los pasos…
Portada de la capilla y de la puerta de acceso al atrio del convento.
Tras su reconstrucción, llega a nuestros días una capilla de pequeño tamaño, con portada exterior muy sencilla, adintelada, coronada por una espadaña de un solo vano de medio punto. A su lado, el acceso al atrio de convento, que vemos asomar por encima de ambas.

Adornan la escasa fachada dos retablos cerámicos de la fábrica de Ramos Rejano, pintados por Alfonso Chaves Tejada en 1960: Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto, y María Santísima del Rosario. Con motivo del 450 aniversario fundacional, se ha instalado un retablo cerámico del Cristo de la Salud en la portada del atrio, pintado por Emilio José Sánchez Palacios en 2009.
Nuestro Padre Jesús Orando en el Huerto.
María Santísima del Rosario.
Atrio del convento. (Cortesía de www.retabloceramico.net).
Cristo de la Salud (Cortesía de www.retabloceramico.net).
El interior de la capilla está cubierto por un artesonado mudéjar (imagino que reconstruido tras los sucesos de 1936). Del muro del Evangelio cuelgan pinturas de la Virgen del Perpetuo Socorro en un marco rococó, Santa Ángela de la Cruz, Sagrado Corazón y una pequeña Virgen de Fátima en el interior de una hornacina. 
Vista general de la capilla.
Artesonado mudéjar.
Muro izquierdo de la capilla.
Virgen del Perpetuo Socorro.
Virgen de Fátima.
Más adelante aparece (lástima de estrechez de la capilla, que no permite contemplarlo en toda su grandeza) el retablo del Santísimo Cristo de la Salud. Recién restaurados recientemente por el profesor Enrique Gutiérrez Carrasquilla (la imagen) y Benjamín Domínguez López (el retablo), se pueden admirar ahora en todo su esplendor.
Retablo del Cristo de la Salud.
Cristo de la Salud.
El Cristo de Salud es advocación de la Hermandad desde muy antiguo. Se cree que la primera imagen venerada fue el llamado Cristo de la Salud o del Coral, de finales del XV, atribuido a Pedro Millán, que hoy podemos contemplar en la iglesia del convento de Santa Paula. A mediados del siglo XVII fue sustituido por una talla donada por una hermana desde tierras americanas, que se perdió en el 36. Tras el fin de la guerra, Luis Ruiz Muñoz, Mayordomo de la Hermandad, pagó de su propio bolsillo el actual Crucificado, tallado en 1954 por Luis Ortega Bru.


Otras vistas del Cristo de la Salud.
En el muro central vemos el barroco retablo mayor, instalado en la capilla tras la guerra civil, debido al incendio del anterior. Presenta tres hornacinas, aveneradas las laterales, más pequeñas, y con cubierta de casetones la central. El día de la visita ocupaba la del lado izquierdo una litografía de la Virgen del Rosario (imagino que por encontrarse en proceso de restauración la original), con la talla de Jesús orando en el huerto en el centro y el Ángel confortador a la derecha. Ignoro si es disposición habitual de las imágenes, pues en otras publicaciones veo diferente ordenamiento. 
Primer cuerpo del retablo mayor.
Jesús Orando en el Huerto.
La autoría de Jesús Orando en el Huerto se reparte principalmente entre Jerónimo Hernández (1578) y Pedro Roldán (1670).  Bermejo y Carballo (1882), González de León (1884), José Gestoso (1892) o Heliodoro Sancho Corbacho (1947) se han inclinado por el segundo, atendiendo principalmente a la morfología, en tanto que Celestino López Martínez, ya en el siglo XX, según documento encontrado en Archivo Notarial de Protocolos, y Palomero Páramo (1981) apoyan a Jerónimo Hernández. Hay un tercer grupo, formado por los historiadores Bernales Ballesteros y García de la Concha Delgado (1986) y los  profesores González Gómez y Roda Peña (1991, 1992), que opinan que las cinco figuras que componían en otro tiempo el primitivo paso de misterio de la Oración en el Huerto, fueron ejecutadas en 1578 por Hernández, aunque posteriormente solo quedaron las del Señor y el Ángel, que serían reformadas hacia 1670 por Roldán, cuando se renovó la canastilla del paso del Señor por Bernardo Simón de Pineda. En fin, un lío.
Detalle.
Egudiel, el Ángel Confortador, también es de autor discutible; en este caso, Luisa Roldán, la Roldana, se une al dúo de Jerónimo Hernández y Pedro Roldán.
En cuanto a restauraciones, en 1921 Joaquín Gómez realiza nuevas alas, sustituidas en 1955 por las actuales, de Luis Ortega Bru. Asimismo, en 1987, Luis Ángel Ortega León realiza nuevo cuerpo anatomizado que sustituya al de candelero, insertando en el mismo cabeza, piernas, antebrazos y manos originales. De ello dejó constancia el autor firmando en la parte interna del muslo derecho. Por fin, entre septiembre de 1995 y enero de 1996, la obra es restaurada por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico.
Egudiel, el Ángel Confortador.
Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos es una imagen de candelero, en labores de restauración en estos momentos. Su origen es aun más complicado que los anteriores. Tradicionalmente era atribuida al taller de Roldán, y más concretamente a su hija Luisa; más modernamente, Roda Peña, González Gómez y la propia Hermandad consideran más probable que se trate de una talla anónima de finales del XVI con importante intervención barroca posterior. Otros autores la atribuyen, con gran imaginación, a Andrés de Ocampo, Balduque (Arenas) o Hita del Castillo (José María de Mena).
Fue restaurada por Francisco Buiza en 1976 y, veinte años después, por Enrique Gutiérrez Carrasquilla en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.
Litografía de Nuestra Señora del Rosario.
El ático del retablo nos muestra pequeñas imágenes de San Antonio de Padua, Santo Domingo de Guzmán y San Ramón Nonato.
Ático del retablo.
San Antonio de Padua.
Santo Domingo de Guzmán.
San Ramón Nonato.
Curioso adorno de una de las vigas del siglo XVII que sostienen la  tribuna (no había otro sitio donde fijar la cámara).
Niño Jesús.
Azulejo que recuerda la visita de la Esperanza Macarena a su regreso tras recibir la Medalla de Oro de la ciudad.
Lápida en el piso.
Archivo de Protocolos. Suele estar cerrado y, si está abierto, no dejan hacer fotografías.