Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

jueves, 25 de febrero de 2016

Convento de San Leandro, I. Historia y exterior.


Varios años llevaba intentando la visita de la iglesia del convento de San Leandro (mis primeras fotos del lugar son de 2.012) y, he aquí que descubro, en un apartado de la página de la Archidiócesis, que todos los días 22 de cada mes está abierta al público durante todo el día, en conmemoración de la onomástica de Santa Rita de Casia, que se celebra el 22 de mayo. Así que, tras fijar la fecha en el almanaque (servidor no usa agenda), esperé impaciente el día señalado.  
Fachada principal del convento de San Leandro.
Aprovechando la distribución de la finca, con tres fachadas al exterior, me encaminé hacia allá por la calle Imperial. Tras pasar la fachada trasera del palacio de los duques de Medinaceli (igual de estropeada como siempre), comenzamos a ver las estancias del convento. 
Fachada calle Imperial.
En primer lugar hay una edificación, casi un torreón de buen tamaño, que se adentra en la propia calle, estrechándola sobremanera; en una de sus caras vemos un retablo cerámico de la Virgen de Guadalupe y, arriba del todo, un escudo nobiliario bajo una corona real de hierro forjado. Es un curioso lugar para colocar ambos elementos.
Virgen de Guadalupe.
La otra cara nos muestra una pequeña torre con almenas, adosada al edificio, resto de alguna antigua distribución del recinto, que tiene situada en su esquina una columna de mármol blanco, a modo de protección contra los vehículos.
Fachada calle Imperial.
El resto de la larga fachada que asoma a esta calle es uniforme, con gran cantidad de ventanas cegadas, seguidas de otras sin cegar (a la altura de la entrada de servicio del convento) y terminada en un gran torreón cuadrado en la esquina de la Plaza de San Leandro, que tiene su gemelo en el otro extremo.
Resto de la fachada de la calle Imperial.
La fachada correspondiente a la plaza de San Leandro y a la calle Zamudio incluye la portada de acceso a la iglesia. Consta de un vano de medio punto enmarcado por pilastras toscanas, rematado por un frontón cortado, en cuyo  centro se sitúa un corazón ardiente, símbolo de la comunidad agustina; a los lados aparecen dos remates piramidales coronados con esferas. El conjunto se cubre mediante un frontón curvo con una cruz de piedra.
Fachada a la plaza San Leandro.




Portada de entrada a la iglesia del convento.
El corazón llameante atravesado por flechas, símbolo de la comunidad agustina.
Junto a esta puerta vemos un retablo cerámico de la década de 1.950, dedicado a Santa Rita de Casia, firmado por Cerámica Santa Ana y de pintor desconocido.

Aquí vemos la cerámica de Santa Rita, antes y después de la restauración.
El tramo de la fachada correspondiente a la calle Zamudio es totalmente liso, de blancos muros, a excepción de los vanos de las ventanas, protegidas con fuertes rejas.
Tramo de fachada de la calle Zamudio.
Así estaba hace poco tiempo.
La entrada principal del convento se sitúa en la plaza de San Ildefonso, frente a la iglesia del mismo nombre. Presenta numerosas e irregulares ventanas y una portada muy semejante a la anterior. El vano es, en este caso, rectangular, con frontón curvo cortado y hornacina con figura de terracota del titular del convento, al que le falta la mano derecha. A los lados de la portada vemos un azulejo con el nombre del monasterio y una placa de mármol con una cita del Ocnos de Luis Cernuda.
Fachada principal. Plaza de San Ildefonso.
Portada de acceso al convento.

Detalles.
La fachada principal se prolonga hacia la calle Caballerizas, mostrando el mismo esquema que en la calle Zamudio: muros blancos y numerosas ventanas protegidas por fuertes rejas.
Fachada a la calle Caballerizas.
El exterior del edificio ha sido sometido a una somera intervención (repellado, pintura y poco más) que ha lavado la cara del conjunto, aún muy necesitado de ayuda para solventar los importantes problemas estructurales que padece.
Estado de una de las estancias.
Entramos ya por la puerta principal, como si fuéramos al torno a comprar las famosas (desde muy antiguo) Yemas de San Leandro, y accedemos a un pequeño compás. Tiene dos galerías sostenidas por tubos metálicos y una tercera con columnas. En su perímetro se encuentran la puerta reglar y los locutorios, así como el torno y las estancias dedicadas a obrador.
Entrada al Patio del Torno.
Imágenes del Patio del Torno.
Torno del convento.
La puerta reglar se dispone en recodo y nos conduce al claustro o Patio Prande. Este cuenta con una doble galería de arcos, peraltados en planta baja y de medio punto en la superior, apoyados sobre columnas de mármol y enmarcados por alfices. Alrededor de este claustro se disponen las principales dependencias: iglesia y coro bajo, sacristía interior, sala capitular, refectorio y el despacho de la abadesa.
Puerta reglar.
Además del principal, el cenobio tiene varios patios más: Patio de la Cruz (zona calle Imperial), Patio de San José (en la zona de la esquina de Zamudio y plaza San Ildefonso) Patio del Noviciado (con fachada a Caballerizas) y un patinillo en la zona de lavaderos. A ello hay que sumar el jardín conventual, de buenas dimensiones, con pozo y fuente, que se alarga hacia el fondo de la finca hasta ser vecino de los jardines de la Casa de Pilatos.
Claustro. Cortesía de Diario de Sevilla.
Antes de pasar a visitar la iglesia, de la que haremos un recorrido en profundidad, ya con fotos, repasemos un poco la historia de las Madres Agustinas en nuestra ciudad.
El convento de San Leandro de las Madres Agustinas es uno de los cenobios más antiguos de la ciudad de Sevilla. Se tiene constancia documental de que ya existía en el siglo XIII, aunque situado entonces fuera de las murallas, frente a la Puerta de Córdoba, en el lugar del actual convento de Capuchinos, en un lugar conocido como “Degolladero de los Cristianos”.
Coro ¿alto? del convento de San Leandro.
Cortesía de ABC de Sevilla.
Su aislada situación, que favorecía el asalto de los ladrones y maleantes, provocó en 1.369 el traslado a su actual emplazamiento (tras un fugaz paso por la calle de los Melgarejos, en la parroquia de San Marcos), bajo el patrocinio del propio Pedro I. El rey había confiscado eses casas a Teresa Joffre por su apoyo a los enemigos del rey. Dos siglos más tarde se procede a una profunda remodelación que incluyó la construcción de una nueva iglesia (la que hoy conocemos) y la redistribución del resto de dependencias. Francisco Pacheco atribuyó esta obra a Juan de Oviedo, aunque documentalmente solo constan las intervenciones de Asensio de Maeda y los maestros albañiles Juan de los Reyes y Juan Manuel.
Coro ¿alto? del convento de San Leandro.
Cortesía de ABC de Sevilla.
Saltamos de nuevo dos siglos y, ya en plenitud del barroco, se le dota del magnífico retablo que hoy la adorna, amén de otras intervenciones menores.
El siglo XIX, como tantas veces hemos comentado desde estas páginas, fue tremendamente difícil para las monjas agustinas. La invasión napoleónica, la desamortización de Mendizábal y La Gloriosa dejaron su huella en la congregación.
Refectorio. Fuente: Antonio del Junco.