Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 23 de enero de 2017

Visitando la Catedral, -II. Capilla de Santa Ana o del Maracaibo y Capilla de San Laureano.

Ya estamos dentro de la Catedral propiamente dicha. Como hay tantas cosas que ver, visitaremos primero, en el sentido de las agujas del reloj, las numerosas capillas y altares que rodean el templo, para pasar luego a los dos grandes bloques centrales donde se ubican la Capilla Mayor y el Coro. Antes, podemos mirar hacia arriba y contemplar altas, muy altas, las bóvedas, los pilares y las numerosas cristaleras que adornan techo y parte superior de las paredes.


Enfrente de la entrada, precisamente a los pies del recién restaurado pilar 5C del Trascoro, se ha colocado temporalmente la estatua de Juan Pablo II, obra del imaginero Juan Manuel Miñarro, a la espera de su definitiva ubicación en las calles de Sevilla. La situación final ha sido frente a la Puerta de los Palos de la catedral, junto al muro del convento de la Encarnación.
Juan Pablo II. Obra de Juan Manuel Miñarro.

Llama la atención la penumbra reinante en el interior del edificio, y más teniendo en cuenta la luminosidad intrínseca de la ciudad. Más aún cuando conocemos que existen ciento ocho vidrieras repartidas por el recinto; la explicación reside en la gran superficie y, sobre todo, la notable altura del mismo. Trabajaron en su realización notables artistas de la época, muchos de ellos llegados a España expresamente para participar en la magna obra. Hablamos de Enrique Alemán, Juan Jacques, Arnao de Flandes, Carlos de Brujas, Vicente Menardo, Sebastián de Pesquera, Mateo Martínez, Juan Bautista de León, Francisco Gutiérrez, Otto Kruppel o Virgilio Mattoni, que trabajaron entre los siglos XV y XX para combinar la luz y el color en nuestra Catedral.
Vidriera de las Santas Justa y Rufina. Juan Bautista de León, 1.685.
Giramos noventa grados a nuestra izquierda y comenzamos el recorrido.
Capilla de Santa Ana, de Maracaibo o de los Marmolejo.
Se llama igualmente Capilla de los Marmolejo, en honor a su fundador Diego Hernández Marmolejo, arcediano de Écija. 
Vista general de la Capilla de Santa Ana.
El altar de esta capilla se encuentra elevado sobre una tribuna cerrada con una balaustrada de hierro; tras ella, puede contemplarse un retablo pictórico realizado en 1.504 y dedicado a San Bartolomé. Se desconoce quién fue su autor, aunque un análisis detallado de sus características ha determinado que el trabajo es obra de dos artistas diferentes que no se han podido identificar. A través de la reja, estas son las únicas imágenes que pude conseguir:
Retablo de San Bartolomé.
En el banco del retablo aparecen distintas escenas de la Pasión de Cristo, Flagelación, Camino del Calvario, Crucifixión, Descendimiento y la Piedad. En el primer cuerpo pinturas de varios santos: Santiago el Mayor, San Blas, San Bartolomé, San Nicolás y San Sebastián. En el segundo cuerpo, dedicado a María, están representados San Juan Bautista, Santa Ana, La Virgen con el Niño, Santa Marta y San Miguel Arcángel.
San Bartolomé.
Virgen con el Niño.
Tribuna, altar y banco del retablo de San Bartolomé.
La lápida indica los enterramientos realizados bajo la capilla.
Otro elemento destacable de esta capilla es la imagen pintada sobre tabla del Cristo de Maracaibo, realizada en 1.560 y atribuida a Pedro de Villegas Marmolejo. A sus lados, hay relieves de la Virgen y San Juan. Anteriormente formaba parte de uno de los primeros retablos neoclásicos de la ciudad pero, ya en el siglo XX, se integró en un retablo realizado por Joaquín Bilbao en 1.919.
Muro frontal de la capilla.
Retablo del Cristo de Maracaibo.
El Cristo de Maracaibo se encontraba situado inicialmente en un retablo cercano a la Puerta de San Miguel, que había dotado en 1.561 María de Vejarano. Sin embargo, en mayo de 1.794, ante el auge que tomó la veneración a este Cristo, el Cabildo decidió buscarle un nuevo emplazamiento que, tras varios intentos (Capilla de San Laureano, Capilla de los Cálices), fue fijado definitivamente en la Capilla de Santa Ana. Se inauguró el domingo catorce de febrero de 1.796, cuatro días antes de la llegada del Carlos IV y su corte a Sevilla, con una misa a cargo del canónigo Juan López Becerra, gran promotor del culto a esta imagen y seguramente pariente mío.
Cristo de Maracaibo. Villegas Marmolejo, 1.560.
Inmaculada y Virgen con el Niño. Lado derecho del retablo del Cristo.
Esquina de los muros frontal y derecho de la capilla.
En el muro derecho está el sepulcro del que fuera arzobispo de Sevilla y cardenal, Luis de la Lastra y Cuesta, esculpido por Ricardo Bellver en 1.880. La figura del cardenal se encuentra de rodillas apoyada sobre un reclinatorio. Son de destacar los pliegues de la capa esculpidos en mármol. Se cuenta que el cardenal, hombre de buen comer y de buen beber, era "hombre de peso", y no solo por su influencia política, sino por su considerable porte, ya que llegó a pesar ciento cincuenta quilos, lo que le provocaba continuas crisis de apoplejía y considerable dificultad en la dirección de la diócesis.
Imágenes del sepulcro del cardenal Luis de la Lastra y Cuesta,
esculpido por Ricardo Bellver en 1.880.
 
Adornan esta capilla una Inmaculada de la escuela de Murillo, Abraham y los tres ángeles, atribuida al pintor flamenco del siglo XVII Van Diepenbeek, y un Cristo servido por los ángeles, obra sevillana atribuida a Jerónimo Ramírez sobre 1.625. También hay dos trabajos en cobre, de origen flamenco y autor anónimo, que representan Las bodas de Caná y La multiplicación de los panes y los peces.
Tiene esta capilla dos vidrieras. La que se encuentra sobre la bóveda es obra de Enrique Alemán (sobre 1.478-1.483) y en ella aparecen las Santas Águeda, Lucía, Cecilia e Inés. La vidriera interior representa a la Sagrada Familia y está fechada en 1.797.
Santas Águeda, Lucía, Cecilia e Inés. Enrique Alemán 1.478-1.483.
Sagrada Familia, 1.797.
Capilla de San Laureano.
En esta capilla se colocó la primera piedra cuando se comenzó a construir la Catedral sobre la primitiva mezquita; como también fue la primera que se acabó, en ella se celebraron los Divinos Oficios mientras se construía el resto del templo.
Dos vistas lejanas (y oscuras) de la Capilla de San Laureano.
La decoración que reviste los muros de la capilla fue costeada por el canónigo de la Catedral Valentín Lampérez y Blázquez, quien dispuso que se le enterrase en ella, conservándose la losa sepulcral con su epitafio.
Losas sepulcrales de Valentín Lampérez y Blázquez y del arzobispo Alonso de Egea.
Capilla de San Laureano. Catedral de Sevilla.
Junto a la losa anterior se encuentra la sepultura del arzobispo Alonso de Egea, enterrado en 1.417. El arzobispo de Egea fue nombrado administrador perpetuo de la diócesis de Sevilla y más tarde Patriarca de Constantinopla. Fiel seguidor del Papa Luna, Benedicto XIII, sucedió en el cargo catedralicio al favorito del Rey Enrique III, envenenado por un misterioso don Gutierre, del que tan solo se conoce el nombre. 
En pleno cisma entre Aviñón y Roma, Alonso de Egea interviene muy directamente en las negociaciones durante el Concilio de Perpiñán, destinado a conseguir la unidad de la iglesia católica. En principio se logró un acuerdo: los dos Papas, Benedicto XIII e Inocencio VII abdicarían y se nombraría un nuevo y único Papa, pero unos años después, en 1.409, durante el Concilio de Pisa, se complica la cosa al ser nombrado un tercer Papa, Alejandro V, sin que abdicaran ninguno de los dos anteriores.
Arzobispo Alfonso de Egea (cortesía del Arzobispado de Sevilla).
En cualquier caso, el Concilio de Pisa marca el repliegue del Papa Luna, ya muy enfermo, a Peñíscola, y el regreso de Alonso de Egea a Sevilla, donde consta que se encuentra en octubre de 1.410 recibiendo al infante don Fernando que viene de la toma de Antequera. 
Finalmente, el cisma se resolvió en el Concilio de Constanza con el nombramiento de un único Papa, Martín V. Benedicto XIII falleció en Peñíscola en 1.423 sin haber renunciado a los derechos de los que fue despojado en Constanza. Su fiel Alonso de Egea murió seis años antes. En su lápida se puede leer:
AQUI YACE EL REVERENDISIMO SE-
ÑOR DON ALONSO DE EXEA PATRIARCA
DE CONSTANTINOPLA, Y ADMINISTRA
DOR PERPETUO DE LA IGLESIA DE SE-
VILLA. FINO MIERCOLES VISPERA DEL
CORPUS CHRISTI A 9 DE JUNIO DE 1.417.
Más espectacular es el sepulcro del cardenal Joaquín Lluch y Garriga, fallecido en 1.882. Fue labrado en mármol por el escultor Agapito Vallmitjana.
Sepulcro del cardenal Joaquín Lluch y Garriga.
Detalle.
El retablo dedicado a San Laureano, que debió realizarse entre 1.700 y 1.702, es de autor desconocido y consta de dos cuerpos con columnas salomónicas. En la hornacina central se representa a San Laureano, vestido de obispo y con un cuchillo en la mano que simboliza su martirio; a su derecha se representa al santo orando y a la izquierda la aparición del ángel que le indicó que partiera de Sevilla. En la parte superior se representa el martirio del santo flanqueado por ángeles enmarcados también en columnas salomónicas.
Retablo de San Laureano.
Relieve de San Laureano orando.
San Laureano presidiendo el retablo.
Aparición de un ángel a San Laureano.
Ático del retablo: el martirio de San Laureano.
El desconocido autor del retablo debió encargase igualmente, a tenor de la semejanza de estilos, de las magnificas molduras que enmarcan las cinco pinturas dispuestas en los muros de la capilla, que fueron realizadas por Matías de Arteaga coetáneamente al retablo. Los temas de estas pinturas son La resurrección de un joven en Marsella por intervención de San Laureano, San Laureano ante el Papa Virgilio en Roma, La curación de un tullido en Roma por intervención de San Laureano, El martirio de San Laureano y La entrega de la cabeza de San Laureano al clero de Sevilla. 
La curación de un tullido en Roma por intervención de San Laureano.Matías de Arteaga, 1,700-1.702.
Esquina derecha de la capilla, con La entrega de la cabeza de San Laureano al clero de Sevilla.
Zona izquierda del muro central. Arriba: San Laureano ante el Papa Virgilio en Roma. Abajo: La resurrección de un joven en Marsella por intervención de San Laureano.
San Laureano nació en Hungría, de padres nobles, aunque paganos. Convertido al cristianismo por influencia de un familiar, llegó a ser obispo de Sevilla entre los años 522 y 539. Ese mismo año deja la ciudad, debido a la presión arriana, no sin antes advertir: "Haced penitencia, pues Dios está enojado y tiene el brazo levantado para heriros". 
En lo que hoy es Francia es perseguido y capturado por Totila, rey de los ostrogodos, seguidor del arrianismo, quien ordena su decapitación en Bourges el día 4 de julio del año 546. Tras su muerte, el santo se aparece a un eremita, al que entrega su cabeza para la traslade a Sevilla. Cuando esta llegó a Sevilla, desapareció la epidemia de peste que asolaba la ciudad, tal como el santo había predicho antes de su partida.
Busto-relicario de San Laureano. Sacristía Mayor.
La reja que cierra la capilla es de 1.702, y sobre ella se abre una vidriera, realizada por Enrique Alemán en 1.485, estando representadas Santa Catalina, Santa María Magdalena, Santa Marta y Santa Margarita. En el interior de la capilla existe otra vidriera realizada por Vicente Menardo en 1.572, con representaciones de San Isidoro, San Laureano y San Leandro.
Vidriera superior: Santa Catalina, Santa María Magdalena, Santa Marta y Santa Margarita. Enrique Alemán, 1.485.
Vidriera inferior. San Isidoro, San Laureano y San Leandro. Vicente Menardo 1.572.
San Laureano es la última capilla del lado sur de la Catedral, y en ella terminamos esta entrada.