Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

lunes, 27 de febrero de 2017

Visitando la Catedral, -IX. Altar de Plata y capillas laterales.

El llamado Altar de Plata es un monumento efímero que se montaba para ensalzar las celebraciones litúrgicas y para mayor gloria del Sacramento. Antiguamente se levantaba ante el Altar Mayor durante las octavas del Corpus y de la Inmaculada.
El Altar de Plata en su ubicación y configuración actual.


El proyecto inicial se debe al arcediano Mateo Vázquez de Leca, muy proclive a ambos cultos, que en el año 1.647 encargó al platero Mateo Gutiérrez la construcción de una urna con dos ángeles, que complementaran las piezas del ajuar eucarístico de la catedral que se exponían.

En 1.672, el canónigo Francisco de la Puente Verástegui solicitó a Luis de Acosta la realización de un trono de plata y, nueve años después, el cabildo encomendaba al platero de la catedral, Diego de Gámez, la ejecución de un frontal de plata que sirviese de peana al trono. Sin embargo, el proyecto definitivo, con forma de retablo, altar de gradillas y remate de un gran sol, tal como se reproduce en la pintura de Domingo Martínez que se expone en el Pabellón de Entrada, se debe a los arzobispos Jaime de Palafox (1.685-1.701) y Luis de Salcedo (1.724-1.741) y a los plateros Juan Laureano de Pina y Manuel Guerrero de Alcántara. Este montaje incluía los bustos-relicario de San Pío y San Laureano (que actualmente se exponen en la Sacristía Mayor) y las esculturas de cuerpo entero de San Isidoro y San Leandro. Por último, entre 1.770-1.772, el canónigo Pedro José del Campo mandó construir una urna nueva y restaurar el conjunto a los plateros José Alexandre y Juan Bautista Zuloaga y al escultor Cayetano de Acosta, entre otros.
Configuración definitiva del Altar de Plata en el año 1.700.
Pintura de Domingo Martínez. Pabellón de entrada de la Catedral de Sevilla.
Durante la invasión francesa las piezas que conforman el altar fueron trasladadas a Cádiz para evitar el expolio, y estando allí se perdieron varias de sus partes, fundidas para sufragar gastos de guerra.
Como puede apreciarse en la mencionada pintura de Domingo Martínez, el altar se configuró como una monumental estructura efímera desmontable, que servía de trono eucarístico para la apoteosis del Santísimo Sacramento, expuesto en un gran ostensorio con forma de sol que ocupaba el centro de este suntuoso y espectacular escenario de plata.
El altar, visto desde otros ángulos.
En la actualidad se expone permanentemente delante de la Puerta de la Concepción, En el centro, bajo el sol, se sitúa una imagen policromada de la Virgen de la Granada, de autor anónimo sevillano. A sus lados vemos las magníficas tallas en plata de San Isidoro y San Leandro, realizadas por Duque Cornejo y Guerrero de Alcántara. Ante ellos se muestran siete de los doce grandes candeleros de Andrés Segura, que el arzobispo de Méjico y virrey de Nueva España, Juan Antonio de Vizarrón, regaló en 1.741 al cabildo catedralicio.
Zona central, con el gran manifestador con forma de sol, bajo el que se sitúa la imagen de la Virgen de la Granada, con San Isidoro y San Leandro a los lados.
En la esquina izquierda más cercana al visitante podemos admirar un atril de plata, cincelado con forma de ángel, anónimo del siglo XVIII. En la esquina derecha de ese mismo lado se encuentran otro atril, este con la forma habitual, y una peana barroca con ciriales neoclásicos del siglo XIX, así como una cruz procesional de plata sobredorada con esmaltes, del XVII.
Atril de plata. Anónimo, siglo XVIII.
Ciriales de plata.
En el muro del fondo, situado sobre el vano apuntado de la Puerta de la Concepción cuelga un lienzo de gran tamaño pintado por Alfonso Grosso en 1.966, que representa la Alegoría de la Consagración del Misterio de la Inmaculada Concepción en 1.854, sobre el que se abre el rosetón contiene la vidriera de la Ascensión, obra de Carlos de Brujas de 1.558.
Alegoría de la Consagración del Misterio de la Inmaculada Concepción en 1.854. Alfonso Grosso, 1.966.
Vidriera y bóveda sobre la Puerta de la Concepción. 
El vitral es de Carlos de Brujas, de 1.588, y representa la Ascensión.
Visto este majestuoso Altar de Plata, lo rodeamos, dejándolo a nuestra derecha, para visitar las dos pequeñas capillas que se sitúan a los lados de la Puerta de la Concepción. Encontramos primero la Capilla de Belén, situada dentro de un arcosolio gótico cerrado por una reja sencilla de comienzos del siglo XIX. 
Capilla de Nuestra Señora de Belén.
El estrecho espacio se encuentra ocupado por un pequeño retablo tallado por Jerónimo Franco en 1.692, con pinturas de la Virgen de Belén, de Alonso Cano (1.635) y, en el ático, la Santísima Trinidad, de Virgilio Mattoni (1.901). Sobre el altar del retablo aparecen dos pequeñas figuras policromadas que parecen representar a San Joaquín y Santa Ana.
Retablo de Nuestra Señora de Belén. Jerónimo Franco, 1.692.
Virgen de Belén. Alonso Cano, 1.635.
Santísima Trinidad. Virgilio Mattoni, 1.901.
¿San Joaquín?
¿Santa Ana?
En la parte superior del muro se abren dos vidrieras de Arnao de Flandes del siglo XVI: por un lado San Pablo, San Juan Bautista y San Roque y, por otro, la escena de La Venida del Espíritu Santo. En el muro opuesto se sitúan la Resurrección de Cristo, de Carlos de Brujas y, debajo, San Mateo, San Judas Tadeo y San Felipe, de Arnao de Flandes, ambas del XVI igualmente.
Arriba: San Pablo, San Juan Bautista y San Roque. Abajo: La Venida del Espíritu Santo. Ambas de Arnao de Flandes, siglo XVI.
La Resurrección de Cristo. Carlos de Brujas, 1.558.
Nos queda la Capilla de la Asunción de Durango, situada a la derecha (mirando la puerta desde el interior) de la Puerta de la Concepción. Recibe tal nombre por su promotor, el Jurado Nicolás Martínez Durango, fallecido en 1.516, enterrado en ella junto a su mujer, Inés Díaz de Sotomayor, y sus herederos.
Capilla de la Asunción de Durango.
Poca información he encontrado de este pequeño espacio catedralicio. El lienzo que ocupa el retablo de principios del XVII es una representación de la Asunción de la Virgen, de Gregorio de Ferrari. Se trata de un pintor genovés a caballo entre los siglos XVII y XVIII, alumno de Fiasella y socio de su suegro, Domenico Piola, que realizó el grueso de su labor pictórica en su Génova natal. Esta Asunción, de la que no he podido averiguar cómo llegó a nuestra catedral, está fechada sobre el año 1.700.
Asunción de la Virgen. Gregorio de Ferrari, sobre 1.700.
Ático del retablo.
Los laterales del retablo están ricamente labrados, mostrando numerosas escenas de santos y, sobre sendas peanas, a los lados, se sitúan dos tallas de bulto redondo y tamaño académico, de estilo bizantino, que no he logrado identificar: ¿San Francisco Javier?¿San Juan Nepomuceno? a la izquierda y ¿Santo Tomás de Aquino? a la derecha.
Lateral izquierdo del retablo.
Santo desconocido.
Lateral derecho.
Santo desconocido.
En el altar del retablo aparece también una bonita custodia de plata, con escena central de la advocación del Amor: un pelícano picándose en el pecho para alimentar con su sangre a los polluelos que hay bajo él.
Custodia de plata.
Terminamos aquí el recorrido de esta entrada.