Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

sábado, 11 de marzo de 2017

Visitando la Catedral, -XIV. La Capilla Real, las muchas tumbas del cuerpo incorrupto de San Fernando y las leyendas sobre el origen de la Virgen de los Reyes.

La Capilla Real presenta dos características poco usuales. Por una parte, es de estilo renacentista, mientras que casi todo el resto del edificio es gótico (con la excepción de la zona del Pabellón y las estancias capitulares, que también son renacentistas). Por otra, está situada en la cabecera del templo, zona reservada habitualmente a la Capilla Mayor. La explicación de ambos hechos es única: el ábside de la Catedral de Sevilla es patrimonio de la Casa Real, que debía conceder permiso para su construcción, y ese permiso no llegó hasta los tiempos de Carlos I, época en la que el gótico había dejado paso al renacimiento.



30 de mayo en la Capilla Real.
Esta circunstancia nos lleva a hacernos la siguiente pregunta: ¿dónde estuvieron sepultados Fernando III, Alfonso X y Pedro I, entre otros, desde su fallecimiento hasta el siglo XVI? Pues repartidos en dos capillas reales “provisionales” dentro del templo. En una de ellas se guardaron los restos de Fernando III, Beatriz de Suabia y el infante Fadrique Alfonso de Castilla, asesinado a manos de Pedro I en el Alcázar, y hermano gemelo de Enrique de Trastámara. En la otra capilla reposaron María de Padilla y su hijo Alfonso. Ambas capillas fueron demolidas en el siglo XV para dejar espacio a la Capilla Real.
Sepulcro de Alfonso X, el Sabio.
En la Capilla Real reposan actualmente los mencionados Fernando III, su esposa Beatriz de Suabia y el hijo de ambos, Alfonso X, además de Pedro I, su esposa María de Padilla (es opinión propia; para otros será su amante) y uno de los hijos de ambos, Alfonso de Castilla; igualmente se encuentran allí Juan de Castilla, hijo de Pedro I y Juana de Castro, y el antes nombrado Fadrique Alfonso de Castilla, hijo de Alfonso XI de Castilla y Leonor de Guzmán.
Sepulcro de Beatriz de Suabia.
Pasada revista a los “habitantes” de la capilla, veamos su historia arquitectónica. Por los motivos antes expuestos, su construcción no comenzó hasta 1.551, año en que fue otorgada mediante subasta pública a Martín de Gaínza, quien dirigió las obras hasta su fallecimiento, apenas cinco años después. En ese momento tan solo se habían levantado los muros exteriores y la venera del presbiterio, presentando ya, además, problemas de cimentación. Se interrumpen los trabajos hasta 1.562, cuando el entonces maestro mayor de la Catedral, Hernán Ruiz, el Joven, se hace cargo de los trabajos. Tampoco pudo terminar los mismos, pues murió en 1.569. Fueron finalmente Pedro Díaz de Palacios, Juan de Maeda  y su hijo Asensio de Maeda los que finalizaron la capilla en 1.575. Sin embargo, no fue hasta cuatro años después, ya bajo el reinado de Felipe II, que no se trasladaron los restos reales a su definitiva ubicación.

La Capilla Real se abre mediante un gigantesco arco de medio punto apoyado sobre pilastras, en el que hay esculpidos doce relieves que representan a los Reyes del Antiguo Testamento, según traza de Pedro de Campaña y ejecución de Pedro de Campos y Lorenzo de Bao. Ellos son también los autores del relieve de La Visión de Isaías que se encuentra sobre el altar mayor, los ángeles que adornan la venera del ábside y el friso que rodea la capilla.
Reja de la Capilla Real, vista desde afuera. 
Se cierra la entrada con una magnifica reja diseñada por Sebastián Van der Borcht, costeada por el rey Carlos III y colocada en 1.773. En el remate de la reja aparece la figura de San Fernando a caballo recibiendo las llaves de Sevilla a manos de Axafat, su último cadí moro, obra de Jerónimo Roldán.
Axafat entregando las llaves de la ciudad a Fernando III en presencia de ¿San Clemente? 
Aquí vemos la escena desde el interior de la capilla.
La amplia capilla es de planta rectangular, cerrada en su cabecera por tres semicírculos, siendo mayor el central, en el que se sitúa el Retablo Mayor. Estos semicírculos forman las cabeceras de las tres naves en que se divide la capilla. Además, son claramente visibles desde el exterior del templo, a la izquierda de la Puerta de los Palos, pues sobresalen del perímetro de la Catedral. Los laterales de esta nave central están ocupados por arcos con tribunas, en cuyas claves aparecen dos efigies de caballeros que la tradición popular cree representan a los hermanos Diego y Garci Pérez de Vargas, que representaron un importante papel en la toma de ciudad.
Semicírculos exteriores del ábside de la Capilla Real.
Escudos reales decoran el exterior del ábside de la Capilla Real.
Interior de la Capilla Real.
Cubre la capilla una bóveda de media naranja, apoyada sobre pechinas, con adorno interior de casetones, en los que aparecen multitud de bustos y cabezas de reyes esculpidas, así como numerosos angelotes, rematado el conjunto por una linterna. Por cierto, que esta linterna hubo de ser reparada por Sebastian van der Borcht tras los daños sufridos a consecuencia del terremoto de Lisboa, en 1.755.
Dos vistas de la bóveda de la capilla.
En los laterales del ábside se abren hornacinas en las que se alojan esculturas que representan a las Santas Justa y Rufina, San Leandro y San Isidoro, San Lucas y San Juan, San Mateo, San Marcos, San Pedro y San Pablo. Son imágenes realizadas por Diego de Pesquera con la colaboración de Juan Marín, entre 1.571 y 1.574.
Algunas de las esculturas de Diego de Pesquera que adornan el ábside.
La Capilla Real está presidida por un retablo ensamblado entre 1.643 a 1.649 por el escultor Luis Ortiz de Vargas. En la hornacina principal del retablo y bajo un dosel de plata recibe culto la imagen de la Virgen de los Reyes, que tiene al Niño sobre sus rodillas. Ambas figuras son góticas del siglo XIII, probablemente de taller francés, o quizá de escuela castellana con importante influencia francesa. Esta talla tiene en su interior un mecanismo de madera que, en el pasado, permitía poner en movimiento la cabeza y las manos de ambas figuras. Hoy día ya no funciona.
Retablo de la Virgen de los Reyes. Luis Ortiz de Vargas, siglo XVII.
En su origen se entremezclan la historia y la leyenda, existiendo numerosas versiones. Según creencia popular, un día llegaron a la corte de Sevilla tres jóvenes vestidos a la francesa. Pidieron hablar con el rey al que comunicaron que eran artistas y que estaban a su disposición para lo que necesitase. El rey Fernando les contó su sueño y su intención de conseguir una imagen lo más parecida. Afirmaron los artistas poder complacerlo, pero necesitaban una sala grande totalmente cerrada y que los dejaran trabajar sin interrupciones. Así se hizo. A los tres días, una criada curiosa, viendo que no salían de allí ni para comer, miró por la cerradura sin distinguir persona alguna, pero sí vio una figura en el centro de la sala. Se avisó al monarca, que mandó abrir la sala y allí estaba la imagen que él había soñado, ataviada igual que en el sueño, sonriendo con el Niño en los brazos, y ni rastro de los tres jóvenes. Se llegó a la conclusión de que estos eran, en realidad, tres ángeles que habían descendido del Cielo para que el piadoso rey viese cumplido su deseo. 
Virgen de los Reyes, durante la procesión de cada 15 de agosto.
También se cuenta que fue donada al rey San Fernando por el monarca francés Luis IX (San Luis de Francia), primo hermano suyo (en mi opinión, la versión más creíble). 

Se dice igualmente que, durante el cerco a Sevilla, el rey Fernando la vio en sueños y mandó hacer una talla de su visión, que le acompañó en la reconquista. Los artífices llegaron a labrar hasta cuatro imágenes de la Madre de Dios: la Virgen de los Reyes que hoy se venera en el monasterio de San Clemente; la Virgen de las Aguas, que recibe culto en la iglesia del Salvador; la Virgen de los Reyes, titular de la Hermandad de los Sastres, establecida en la iglesia de San Ildefonso, y la Virgen de los Reyes cuya imagen recibe culto en esta Capilla Real de la Catedral. 
Virgen de las Aguas. Iglesia del Salvador.
Virgen de los Reyes. Monasterio de San Clemente.
Virgen de los Reyes. Iglesia de San Ildefonso.
Otra versión afirma que fue encontrada por el ejército cristiano y el rey no quiso separarse de ella. Su llegada a la Catedral parece ser que fue por mediación de Alfonso X, el Sabio, según narraba en la Cantiga 324, para que presidiera un altar principal del templo metropolitano. 

Es la Patrona de la archidiócesis de Sevilla desde 1.931. En ese año, importantes disturbios se produjeron en la ciudad, consecuencia de los cuales tuvo lugar la quema de algunas iglesias y conventos, quedando destruida, entre otras muchas, la talla de la Virgen de la Hiniesta, tradicionalmente considerada como Patrona de la ciudad. Ante esta pérdida, el Cabildo solicitó de forma urgente al Vaticano el nombramiento de la Virgen de los Reyes como Patrona, que fue rápidamente concedido por Pío XII. Cada quince de agosto procesiona por las calles de la ciudad con motivo de la festividad de la Asunción de la Virgen.
El retablo de la Virgen de los Reyes, desde otro ángulo.
En los laterales del retablo figuran las esculturas de San Joaquín y Santa Ana, obras de hacia 1.649, aunque suelen quedar ocultos por candeleros y ramos de flores colocados en el altar.

El frontal del altar de plata situado ante la Virgen es de Juan Laureano de Pina, de 1.719, aunque fue retocado veinte años después por José de Villaviciosa. Los laterales fueron labrados por Domínguez en 1.739. El frontal de la peana de jaspe sobre la que se expone la urna que contiene el cuerpo incorrupto de San Fernando, también de plata, es de los plateros Villaviciosa y Resiente. Toda ella se adorna con abundantes motivos vegetales y con una serie de escenas y símbolos que muestran la virtudes del difunto y la apoteosis de los reyes hispanos. Está considerada como la obra cumbre de la orfebrería barroca sevillana.
Urna de plata con el cuerpo incorrupto de San Fernando. Tan solo se puede visitar el 30 de mayo.
La urna, de plata y plata sobredorada, es obra de Juan Laureano de Pina, terminada en 1.719.
A los pies de la urna de San Fernando aparecen cuatro epitafios con el mismo texto traducido a diferentes idiomas: castellano, hebreo, latín y árabe.
Las capillas de los laterales son semejantes, con un pequeño retablo y sacristía propia cada una, estando cubiertas por sendas tribunas. La de la izquierda muestra en un retablo de Juan de Torres de 1.648 una imagen de un Ecce Homo de Francisco Terrili. La puerta que vemos permite acceder a la sacristía, utilizada actualmente como sala de juntas, en la que se guardan diversos objetos históricos relacionados con San Fernando, tasels como su espada, piezas de orfebrería y algunas pinturas de mediano valor. La tribuna de esta capilla alberga un órgano neoclásico realizado por Antonio Otín Calvete en 1.807. El sepulcro de Alfonso X, el Sabio,  fue realizado en 1.948 por Antonio Cano y Carmen Jiménez.
Capilla lateral izquierda y sepulcro de Alfonso X.
El retablo de la capilla opuesta es de Luis de Figueroa, presidido por San Antonio de Padua. Vemos sillería de coro y facistol, fechados en la segunda mitad del XVIII, regalo de Carlos IV. La sacristía contiene varias pinturas, entre las que se pueden citar San Fernando entrando en Sevilla, de finales del siglo XVII, La Anunciación y La Huida a Egipto, ambas del primer cuarto de siglo XVIII. El sepulcro de Beatriz de Suabia es de Juan Luis Vasallo, también de 1.948. 
Capilla lateral derecha y sepulcro de Beatriz de Suabia.
Una vez visitada la capilla, en lo posible, hay que considerar que su aspecto actual es muy reciente, aproximadamente de mediados del siglo XX. En un principio, tras la remodelación de la antigua capilla, se dispusieron en 1.597 los ataúdes de plomo con los restos de Fernando III (en el centro), Alfonso X y Beatriz de Suabia (a los lados) ante el altar de la Virgen de los Reyes. Acompañaban a los féretros sendas estatuas sedentes, realizadas en plata y cuajadas de piedras preciosas, que en señaladas fechas eran sacadas en procesión.

Con motivo de la canonización de Fernando III, en 1.679, se planteó la necesidad de redistribuir la capilla, apartando del cuerpo del nuevo santo los de su esposa e hijo. Los ataúdes de estos últimos se colocaron en las hornacinas de los muros laterales, Fernando III quedó en un relicario situado aproximadamente donde estaba antes, con un altar adosado para su culto; más tarde se colocaría en la urna de plata de Juan Laureano de Pina. Alfonso X y su madre pasaron a ocupar las hornacinas a la entrada de la capilla, quedando los ataúdes como antes, a la vista, cubiertos por paños fúnebres y acompañados por coronas reales colocadas sobre cojines, hasta que en los años cincuenta del pasado siglo se dispusieron estatuas orantes sobre los cuerpos, que quedaron ocultos tras unos frentes ornamentales imitando sarcófagos. Los demás féretros, junto con el de Pedro I, se acomodaron en la cripta de la capilla. De las valiosas estatuas sedentes no ha quedado ni rastro.
Imagen del sepulcro de Beatriz de Suabia anterior a 1.950.
Aparece su féretro pero no la estatua orante.
Desgraciadamente, las capillas laterales, las sacristías de ambas y la cripta no son visitables, ni siquiera el 30 de mayo, efeméride del fallecimiento de Fernando III, y uno de los pocos días del año en que se puede visitar de forma turística la capilla y hacer fotografías. Como es de imaginar, las colas son grandes y el gentío impide recrearse con la cámara. El resto del año la capilla se abre tan solo para los oficios religiosos, momento totalmente inadecuado para tomar cualquier tipo de imagen. Es por ello que a pesar de tratarse del espacio artísticamente más importante del templo (opinión propia) es, en cambio, el lugar más desconocido del mismo. No me quejo, que conste; no hay que perder de vista que la Catedral es un lugar de culto antes que nada y que en algún sitio tendrán que oficiar la Santa Misa. Sin embargo, quizá fuera interesante para todas las partes que algunos días determinados del año se abriese al público en general con un horario que no moleste las celebraciones religiosas.  
Un amable lector me indica que hay otra forma de visitar esta Capilla Real. Los detalles aparecen más abajo, en los comentarios.
Féretros en la cripta de la capilla. Cortesía de www.egrupos.net.
Reliquias de San Leandro. Cortesía de www.egrupos.net.
Cripta de la Capilla Real. Wikipedia.
Recientemente (los diez meses de obras terminaron en junio de 2.012) se procedió a hacer una intervención mixta de investigación histórica/arqueológica y de restauración en la solería de la Capilla Real, a cargo de veinte jóvenes de la escuela-taller de la Fundación Forja XXI (hoy desgraciadamente desaparecida), bajo la dirección del arquitecto de la Catedral, Alfonso Jiménez.

Los resultados de la actuación han sido numerosos e interesantes. Se ha encontrado una cimentación perteneciente a un ábside ochavado de tres lados, datados en la primera mitad del siglo XIV. Apareció también otra cimentación, más tardía (1.433) que atravesaba la capilla de norte a sur.
Restauración de la solería de la Capilla Real.
Se documentaron dos enterramientos en el muro de la antigua mezquita, de la época en que esta era ya usada como iglesia cristiana. En el extremo oeste aparecieron los restos del muro oriental de la aljama (siglo XII).

Otro descubrimiento fue una solería de ladrillos de barro cocido bicolores, rojos y amarillos, dispuestos en espina de pez, al parecer la primera que se colocó en la capilla, fechada en 1.576, de la que se ha extraído un cuadrado de un metro de longitud para ser expuesta en la Catedral.

Cuando se desmontó el rosetón central se encontró un rectángulo perfectamente delimitado por los puntos de anclaje de lo que se supone era una balaustrada. Los expertos creen que en ese punto podría encontrarse la primera tumba de San Fernando en la Capilla Real, antes de ocupar su actual ubicación. Y es que el cadáver del rey ha sido muy viajero; veamos por qué.
Anclajes de la reja que rodeaba el túmulo de San Fernando entre 1.573 (fecha de finalización de la capilla plateresca) y 1.679, año en que se canonizó al rey o 1.719 que se terminó la urna de plata.
Desde su muerte, el cuerpo de Fernando III ha ocupado varios lugares en la Catedral. El día siguiente del fallecimiento, ocurrido el 30 de mayo de 1.252, fue enterrado en lo que hoy serían las gradas del altar mayor. Allí permaneció hasta 1.433, año en el que se empezó a construir el edificio gótico. En ese momento el cuerpo del rey, junto a los de su hijo y su esposa, se llevó al salón principal de la Colombina, en la planta adyacente a la nave del Lagarto, mientras se levantaba el actual espacio plateresco. La capilla se terminó en 1.573 con la colocación de la solería, ahora encontrada. A partir de ahí, hay dos hipótesis: unos piensan que la familia real estuvo en este lugar y que San Fernando fue trasladado posteriormente a la urna tras su canonización y, por tanto, sería la tercera tumba del monarca. Hay otra corriente que asegura que sería un elemento intermedio mientras que se labraba la urna de plata, que tardó en finalizarse cincuenta años. 
La urna de San Fernando, en todo su esplendor. Cortesía de Wikipedia.
Sobre la capilla se abren dos vidrieras, ambas de Arnao de Flandes. La primera de ellas representa Los Cuatro Evangelistas,  en tanto que la otra muestra a Cristo con la cruz a cuestasEn el interior del recinto vemos dos vidrieras decoradas con escudos reales, realizadas en 1.574 por Vicente Menardo, que han sufrido numerosas restauraciones posteriores.