Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 15 de marzo de 2017

Visitando la Catedral, XVII. Capilla del Mariscal. ¿No cabe la puerta? Entonces abrid hueco a través del retablo.


Hoy comenzamos un recorrido para el que nos va a hacer falta una brújula (es una broma… ¿o no?). Nos vamos a separar de las naves centrales, entrando en un pequeño laberinto de salas, pasillos, patios y capillas que forman el lugar desde el que se dirigía el día a día de la Catedral: las Estancias Capitulares.
Capilla del Mariscal.
El inicio de este paseo se encuentra en la esquina sureste de la nave principal, junto al altar de Santa Justa y Santa Rufina donde finalizamos la entrada anterior. A la derecha del mismo, vemos una espléndida reja, realizada en 1.555 por Pedro Delgado, siguiendo un diseño del entonces maestro mayor Martín de Gaínza; en su remate figura una soberbia representación  a doble cara del Santo Entierro.
Lado exterior de la reja de la capilla.
Lado interior de la reja.
Igualmente, a Martín de Gaínza se le deben las trazas de la capilla aunque, por la fecha de su fallecimiento, 1.556, es posible que su sucesor en el cargo, Hernán Ruiz II, también interviniera de alguna manera.
La mencionada reja da paso a la Capilla del Mariscal, dotada por Diego Caballero de la Rosa, rico mercader y armador de buques, Mariscal de la Isla de la Española y Caballero Veinticuatro de la ciudad, el cual entregó al Cabildo de la Catedral de Sevilla en 1.553, la nada despreciable suma de 26.000 maravedíes para fundar una capellanía en la que situar el retablo pictórico que persiste en la actualidad, verdadera joya del arte renacentista.
También pagó 300 ducados a los pintores Pedro de Campaña y Antonio de Alfián para la elaboración del retablo y las pinturas que lo ocupasen. A su vez, el de Campaña subcontrató la hechura de la parte arquitectónica con Pedro de Becerril, al que abonó por su labor 60 de los 300 ducados del encargo. Las pinturas sobre tabla se atribuyen todas al flamenco, en tanto que Antonio de Alfián se encargaría de las pinturas del resto del retablo.
Muro derecho de la capilla.
Retablo de la Purificación de la Virgen. Pedro de Campaña, 1.555.
El retablo estaba situado originalmente en el muro opuesto al actual pero, debido al inicio de las obras de la Sala Capitular y la Sala de Cuentas, era necesario abrir un paso hacia dicha zona... y aquí empezaron los problemas. Se le propuso a don Diego la permuta del lugar de la capilla, a lo que se negó el mariscal, pero una noche, “con premeditación, alevosía y nocturnidad” se abrió una puerta (la que hoy día comunica con la Sala de Ornamentos), por orden del Cabildo, a través del retablo, que quedó lógicamente muy dañado. El patrono entabló pleito con la autoridad eclesiástica y, no solo lo perdió, sino que pocos años después se practicó un nuevo paso, igualmente sin permiso, el que actualmente nos lleva al Antecabildo. Ahora fue el hijo del mariscal, también Diego de nombre, el que pleiteó, aunque ignoro el resultado de la discordia. El caso es que en 1.560 el retablo ocupaba el lugar actual y la capilla era lugar de paso entre la zona administrativa y de gobierno del Cabildo y la zona pública de la Catedral.
Don Diego Caballero, su hijo y su hermano Alonso. Lado izquierdo del banco del retablo.
Jesús entre los doctores. Centro del banco.
Doña Leonor de Cabrera, su hermana doña Mencía y sus hijas. Lado derecho del banco.
El retablo de la Purificación de la Virgen tiene planta poligonal, adaptándose a la forma del muro ante el que se sitúa. Se compone de banco, cuerpo con tres calles, ático y remate. Conforman las calles cuatro columnas muy decoradas con relieves y pinturas, sobre las que se apoya un entablamento decorado con candelieri típicamente renacentistas.
Aparecen en el lado izquierdo del banco un retrato de don Diego Caballero, su hijo y su hermano Alonso, en el centro Jesús entre los doctores y, a la derecha, otro retrato con doña Leonor de Cabrera (esposa de don Diego), su hermana doña Mencía (esposa de Alonso) y sus hijas. 
Tabla central: La Purificación de la Virgen, también conocida como La Presentación de Jesús en el templo.
En el cuerpo principal, la tabla central, de mayor tamaño que las demás, representa La Purificación de la Virgen, también conocida como La Presentación de Jesús en el Templo; en ella, Pedro de Campaña recrea grabados de Durero y Rafael, realizando una de las mejores composiciones de la pintura renacentista española. El conjunto de figuras femeninas que intervienen en esta escena tiene una significación alegórica, ya que cada una de ellas simboliza las virtudes que habían de adornar a la Virgen en su vida futura; así se pueden identificar a la Caridad, Templanza, Justicia, Fortaleza, Prudencia, Fe y Esperanza.
Calle izquierda del retablo.
Santo Domingo de Guzmán.
Santiago en la batalla de Clavijo.
A la izquierda de la tabla principal encontramos a Santo Domingo (arriba) y a un políticamente incorrecto en la actualidad Santiago en la batalla de Clavijo (abajo); a la derecha, La imposición de la casulla a San Ildefonso (abajo) y La estigmatización de San Francisco (arriba). En el ático vemos La Resurrección de Cristo y, más arriba, en el remate, El Calvario; en los lados, sobre las columnas exteriores podemos observar dos pequeñas tallas que representan a San Pedro y San Pablo.
Calle derecha del retablo.
San Francisco recibiendo los estigmas.
Imposición de la casulla a San Ildefonso.
San Pedro.
San Pablo.
Una vidriera de Arnao de Flandes (sobre 1.556) con la escena de Los Desposorios de la Virgen, ilumina la capilla.
Como hemos podido comprobar tras la visita, esta capilla nos muestra, quizá como ninguna otra de la Catedral, el paso del estilo gótico al renacentista. Gótica es la capilla, con su bóveda nervada y su arco apuntado, y renacentista es la reja, el retablo e incluso las dos puertas "practicadas" en su interior. En las estancias interiores podremos comprobar como el  gótico  ya ha desaparecido, dejando paso a unas formas ya decididamente renacentistas.