Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad.

Historia, leyendas y curiosidades de nuestra ciudad y sus alrededores

miércoles, 3 de mayo de 2017

Visitando la Catedral, -XXIX. El Coro, las Capillas de los Alabastros y la tumba de Hernando Colón.

Hemos terminado ya con las capillas laterales de la Catedral, por lo que pasaremos a visitar las dos estructuras centrales del templo, en las que se sitúan, respectivamente, el Coro y la Capilla Mayor.
Si nos colocamos con el mausoleo de Cristóbal Colón a nuestra espalda y comenzamos a andar, recorreremos el transepto o brazo transversal de la cruz latina que forma la planta de la Catedral, hasta llegar al crucero, lugar donde se cruzan los brazos longitudinal y transversal. A la derecha se encuentra la Capilla Mayor, que dejaremos para más tarde y, a la izquierda, el Coro.
Reja y bóveda del coro.
El Coro fue construido con muros de cantería por tres lados, ocupando el espacio comprendido por la cuarta y quinta bóvedas de la nave central, estando cerrado con una reja de estilo renacentista forjada por fray Francisco de Salamanca entre 1.518 y 1.523 y coronada con la representación del Árbol de Getsemaní.
Coro de la Catedral de Sevilla.
La sillería consta de dos cuerpos, con 117 sitiales de respaldos taraceados en estilo mudéjar, usando diversas maderas para dar un colorido especial a su ornamentación, con bajorrelieves de escenas del Antiguo y Nuevo Testamento. 
Se distinguen dos órdenes de asientos: la Sillería Baja, con cincuenta sitiales, y la Sillería Alta, con sesenta y cuatro. En ambos casos, los sitiales aparecen separados por pilares con pequeños doseles y repisas, en los que se ven pequeñas tallas de estilo gótico tardío. Otros motivos decorativos son los relieves que representan las “misericordias”, escenas que muestran temas profanos (costumbres y vicios de la época inspiradas en refranes, fábulas, el simbolismo de los bestiarios) y, en menor número, religiosos. Como característica específica, que tan solo comparte con la sillería del coro de la Catedral de Puebla (México), muestra los adornos de lacerías claramente mudéjares en los respaldos de la zona superior.
Sillería del lado izquierdo.
Sillería del lado derecho.
Los tres sitiales correspondientes al arzobispo y sus ayudantes muestran un gran trabajo escultórico, en tanto que en la silla destinada al rey, decorada con escudos de Castilla y León, aparece una inscripción que dice: «Este coro lo hizo Nufro Sánchez entallador... 1.475». No fue sin embargo el único tallista que trabajó en el coro pues, a su muerte, se hizo cargo su hijo, aunque por poco tiempo, y después, en 1.479, el maestro  Pyeter Dancart y su discípulo Juan Alemán. Se acabó la sillería hacia 1.511.
Detalle de la sillería.
El enorme facistol (atril en el que se colocan los grandes libros usados antaño para el canto de las horas litúrgicas) que se encuentra en el centro del coro es obra renacentista, realizado en madera y bronce. En su ejecución participaron los escultores Juan Marín, Gonzalo Hernández de Córdoba y Juan Bautista Vázquez, el Viejo, entre 1.562 y 1.565; los relieves en bronce se deben a  Bartolomé Morel (autor de la Giraldilla). La Virgen con el Niño que figura en el templete que corona el facistol, de excepcional calidad, en la que se aprecia claramente el estilo de Juan Bautista Vázquez, quien labró también el Cristo Crucificado y los Evangelistas que coronan todo el conjunto. También intervinieron el tornero Bañares y los herreros Robles, Trujillo y Juan del Pozo. Esta interesante pieza ha sido restaurada muy recientemente por el IAPH, con cargo al Cabildo Metropolitano de la Catedral.
Facistol del coro.
Presidencia del coro.
El antiguo órgano de la Catedral, fechado a finales del siglo XVIII, fue realizado por Jordi Bosch i Bernat, debiendo ser sustituido por ruina tras el derrumbe del cimborrio ocurrido en 1.888. El órgano actual (en realidad son dos grandes órganos gemelos que se levantan a los lados del coro) se debe a Aquilino Amezúa, estando fechado en 1.901, siendo las cajas de madera obra de Luis de Vilches y las esculturas de Pedro Duque Cornejo, todo ello procedente del instrumento anterior. Son obras espectaculares, representantes del más puro estilo barroco. Fueron restaurados por Gerhard Grenzing en el año 1.996. Dispone de cuatro teclados manuales, uno de pedal y alrededor de siete mil tubos.
Órganos de la Catedral.
Adosadas al exterior de los muros laterales del coro se encuentran situadas cuatro capillas a las que se llama Capillas de los Alabastros, realizadas en este material a comienzos del siglo XVI, siguiendo las trazas de Juan Gil de Hontañón y finalizadas por Diego de Riaño.
Si nos situamos frente al coro, las situadas al lado izquierdo son las capillas de la Concepción Chica y de la Encarnación.
Capillas de Alabastros: Concepción Chica y Encarnación. 
Capilla de la Inmaculada o de la Concepción Chica.
El 14 de febrero de 1.628 Jerónima Zamudio, viuda del jurado Francisco Gutiérrez de Molina, le encarga al escultor Martínez Montañés un retablo con una imagen de la Inmaculada Concepción para colocarlo en esta capilla funeraria. Tras continuos retrasos en la ejecución y el consiguiente pleito, Martínez Montañés justificó la tardanza en terminar la obra con la siguiente frase: “Será de las primeras cosas que haya en España y lo mejor que el susodicho haya hecho”. El tiempo le ha dado la razón, puesto que la talla de la Inmaculada que preside el retablo, que fue por fin inaugurado el 8 de diciembre de 1.631, está considerada como una obra de excepcional valor. Popularmente se la conoce como La Cieguecita por su mirada baja, con los párpados apenas abiertos.
Capilla de la Concepción Chica.
La Cieguecita. Juan Martínez Montañés, 1.630.
En el banco del retablo están colocados los retratos de los patronos de la capilla antes citados, que fueron pintados por Francisco Pacheco en 1.631. La hornacina central con la imagen de la Inmaculada está flanqueada por tallas de San Gregorio, papa y San Juan Bautista, así como relieves de San José, San Joaquín, San Jerónimo y San Francisco. Todas las tallas son de Martínez Montañés.
San Gregorio, papa.
San Juan Bautista.
Donantes de la capilla.
Escudos nobiliarios de los donantes.
Altar cerámico.
La Cieguecita está realizada en madera de cedro, mide 164 centímetros y está concebida según el modelo que describió Francisco Pacheco en su libro "Tratado del arte de la pintura". Se trata por tanto de una Virgen niña, con una larga melena que cae sobre la espalda. Viste larga túnica ceñida con un cíngulo que simboliza su doncellez y un manto sobre los hombros que se recoge con el brazo izquierdo, produciendo numerosos pliegues. La cabeza se adorna con una corona de doce estrellas que aluden a las doce tribus de Israel. En la peana aparecen los rostros de tres ángeles sobre un dragón que representan la derrota del pecado.
Se cierra la capilla con una reja barroca realizada hacia 1.630.
Detalle de la reja.
La verja que cierra su vecina, la Capilla de la Encarnación es también barroca, fechada igualmente en 1.630 y, como toda la ornamentación escultórica interior, fue costeada por sus patronos, don Juan Serón y su esposa doña Antonia de Verástegui.
Capilla de la Encarnación.
La Anunciación. Francisco de Ocampo, 1.630.
Parte alta del retablo y bóveda.
Banco del retablo.
Altar cerámico.
Detalle de la reja barroca.
Está presidida por un retablo realizado en alabastro, en torno a 1.630, por Francisco de Ocampo, mostrando la escena de La Anunciación. En el banco del retablo existen relieves de San Juan Bautista, San Juan Evangelista, Santo Domingo, San Francisco y San Antonio.
En el muro trasero del coro se sitúa, como es natural, el trascoro. Obra única en España, según relata Ceán Bermúdez: “Es lo que más distingue esta Catedral de las otras de España por su extensión y claridad”. Para su construcción se usaron mármoles, jaspes, bronces, esculturas y pinturas. Fue diseñado por el arquitecto Miguel de Zumárraga en 1.619, aunque la obra se interrumpió al año siguiente para permanecer parada durante una década. En 1.631 se reanudaron los trabajos, que prosiguieron hasta su finalización, en 1.635. 
Trascoro de la Catedral de Sevilla.
Debido a los retrasos, al cambio de traza y al hecho de que parte de los adornos ya estaban ejecutados, el aspecto final quedó excesivamente recargado, debiendo el autor acoplar los diferentes elementos de la manera mejor posible. Pese a todo, la riqueza de los materiales con que está construido otorga a este trascoro una importante fastuosidad.
Dispone de dos puertas grandes para acceder al coro y dos más, de menor tamaño, situadas en los extremos, que conducen a sendas escaleras de caracol, que nos llevan a las tribunas de los órganos.
Lado derecho del trascoro.
Lado izquierdo del trascoro.
La pintura de Santa María de los Remedios, que preside el altar de este trascoro, es de estilo gótico sevillano, estando datada hacia 1.400; en ella se advierte una clara influencia de la pintura sienesa del Quattrocento. A la izquierda de la Virgen aparece la figura de un obispo y a sus pies un clérigo arrodillado que debe ser el donante de la pintura.
Zona central.
Santa María de los Remedios.
Bajo la Virgen de los Remedios, vemos una representación de San Fernando entrando en Sevilla, firmada y fechada por Francisco Pacheco en 1.634.
Entrega de las llaves de la ciudad a San Fernando. Francisco Pacheco, 1.634.
Si nos ponemos de espaldas al Trascoro, a media distancia entre éste y la Puerta de la Asunción o Principal, en una zona recientemente restaurada, veremos en el suelo una serie de lápidas de mármol blanco y otra mayor, de bronce fundido. Esta última corresponde al enterramiento de Hernando Colón, uno de los mayores historiadores de la ciudad de todos los tiempos y padre de la Institución Colombina.
Losa sepulcral del canónigo Pablo Francisco Estasio.
Enterramiento de Hernando Colón.
Volvemos al Trascoro y seguimos rodeándolo para visitar las dos Capillas de los Alabastros situadas en la nave del Evangelio.
La primera de ellas es la Capilla de la Estrella. Se trata de una capellanía constituida por Rodrigo Franco en 1.566. De estilo gótico exterior y renacentista por dentro, su traza se debe a Hernán Ruiz, el Joven, incluidos el enterramiento y la alacena lateral. De Jerónimo Hernández fue el retablo original, de 1.567, con pinturas de Pedro Alfián, en tanto que Pedro Delgado es el autor de la manufactura de la reja. 
Capilla de la Estrella.
La ocupa en la actualidad un retablo rococó realizado por Jerónimo Franco en 1.770, en el que se da culto a la imagen original de la capilla, que recibe la advocación de la Virgen de la Estrella, atribuida a Nicolás de León, artista francés colaborador de Diego de Riaño, Hernando de Esturnio y Francisco de Ledesma, entre otros. Desgraciadamente, la talla de la Virgen fue aparatosamente policromada con motivo de la inauguración del nuevo retablo. En los laterales se encuentran esculturas de San Joaquín y Santa Ana.

Retablo de la Virgen de la Estrella. Jerónimo Franco, 1.770.
Virgen de la Estrella. Nicolás de León, siglo XVI.
Ático del retablo y bóveda de la capilla.
Altar de la capilla.
La cuarta y última Capilla de los Alabastros es la Capilla de San Gregorio. Al igual que la anterior, se debe el retablo a Nicolás de León. Gótica y plateresca, se llama así por una escultura de San Gregorio colocada en la hornacina central. El santo porta un libro en el que se encuentra la firma de su autor, Manuel García de Santiago (mediados del siglo XVIII). La reja que cierra esta capilla se fecha en 1.650, obra de Marcos de la Cruz.
Capilla de San Gregorio.
San Gregorio. Manuel García de Santiago. Mediados del siglo XVIII.
Altar de la capilla.
Laterales de la capilla.
Finaliza aquí la entrada de hoy.