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viernes, 30 de junio de 2017

Museo Arqueológico de Sevilla, -VII y final. Los tesoros.

En la entrada anterior terminamos el recorrido de la planta principal. Ahora nos dirigimos, necesariamente usando el ascensor, a la primera planta, en la que se exponen los tesoros de este museo.

Hasta hace poco, esta planta estaba reservada a labores administrativas, pero con el descubrimiento del tesoro de Tomares, se tomó la decisión de agrupar aquí las piezas más valiosas. Se trata de la sala dedicada a los tesoros tartesios/fenicios/romanos encontrados. 

La estrella del lugar es, sin lugar a dudas, el tesoro del Carambolo. Nos encontramos con una reproducción del magnífico conjunto de piezas de oro, en relación a su contexto original: un santuario dedicado a divinidades fenicias. Si bien hasta hace poco se ha atribuido el yacimiento del Carambolo a los indígenas tartesios, intervenciones más recientes (Álvaro Fernández, Araceli Rodríguez, 2.007), que llegaron el estrato de pavimento rojo del santuario (1.020-810 a.C.) permiten afirmar que se trataba de un establecimiento religioso de los primeros fenicios que remontaron el Guadalquivir desde Cádiz  hasta la factoría de Spal.
Las piezas que actualmente se muestran son réplicas exactas de los originales, que se encuentran guardados en una caja de seguridad bancaria, realizadas con total fidelidad por el afamado orfebre Fernando Marmolejo.. 

El Tesoro está fechado en los siglos VII-VI a.C. y proceden del cerro del Carambolo, en Camas, Sevilla. Lo forman 21 objetos: 16 placas rectangulares, 2 pectorales o colgantes, 1 collar y 2 brazaletes. Se halló casualmente en el año 1958, durante una reforma en el edificio del Tiro del Pichón en Camas, originando posteriores excavaciones llevadas a cabo por don Juan de Mata Carriazo.

Las piezas se encontraban dentro de una estructura oval, en la que además había abundantes huesos de animales y cerámica del tipo que se ha denominado "carambolo", lo que ha hecho pensar en un posible espacio de culto o destinado a algún ritual. La interpretación más aceptada afirma que servían de exorno para un dignatario religioso o político, o quizás para dos, ya que aunque todos los elementos que componen el tesoro parecen haber salido de un mismo taller, se pueden identificar dos conjuntos en base a la decoración. Una interpretación reciente propone la posible utilización de algunas piezas en el adorno de toros sagrados, basándose en paralelos arqueológicos y etnográficos.
Sobre el origen legendario, que no histórico, de este Tesoro, se puede consultar la entrada "Leyenda del Tesoro del Carambolo" en este mismo blog:


En la misma sala podemos ver una pequeña figura. Se trata de la representación de la diosa Astarté, bronce fundido a la cera perdida, fechado en el siglo VIII a.C., también procedente del cerro del Carambolo.

Esta pequeña escultura representa a la diosa fenicia Astarté, sentada sobre un escabel, en cuya parte frontal lleva una inscripción cuya traducción sería: 

"Esta ofrenda la ha hecho B}lytn, hijo de D}mlk, y Bdb} l, hijo de D}mlk, hijo de Ys}l, para Astarté, nuestra Señora, porque ella ha escuchado la voz de su plegaria". 

Se trata del testimonio más antiguo y extenso en lengua fenicia hallado en la Península Ibérica, datado entre los siglos VIII y VII a.C. 

Era la patrona de la ciudad de Tiro, capital fenicia, de la que procedían la mayor parte de los colonizadores que llegaron a la Península Ibérica. En nuestras tierras es probable que los indígenas la asimilasen a la diosa madre de carácter astral, protectora de la vida, de la fecundidad y de la muerte. 

En las siguientes fotografías aparecen piezas recogidas del cerro del Carambolo y otras localizaciones de época tartesia.
Otra joya del Museo es el Bronce Carriazo, datado entre 625 y 575 a.C. Este relieve en placa, dorado en origen, representa a la diosa de la fecundidad portando dos flores de loto esquematizadas. Astarté se sitúa entre dos relieves de aves de influencia centro-europea. Otros detalles pertenecen a la cultura egipcia, como el peinado, las flores de loto que sostiene en ambas manos o el collar de flores y capullos de loto o papiro. Esta confluencia de aportaciones culturales del Mediterráneo oriental con las llegadas de centro-europa es frecuente en los productos artesanales destinados a la élite de la sociedad tartesia. En este caso, se interpreta como un suntuoso bocado de caballo, en forma de placa calada, fundido en bronce en una sola pieza. 

Como curiosidad, comentar que debe su nombre a don Juan de Mata Carriazo, Catedrático de Prehistoria e Historia de España Antigua y Medieval de la Universidad de Sevilla, que la encontró, como si se tratase de una novela, entre viejos cachivaches del Jueves, especie de rastro sevillano que se celebra en la calle Feria desde la conquista de Sevilla por Fernando III (siglo XIII).
Bronce Carriazo. Villamanrique de la Condesa, Sevilla. Siglo VII a.C.
Objeto con representación de diosa alada.
Cerro el Berrueco, El Tejado (Salamanca). Siglo VII a.C.
Fragmento de pavimento ritual de conchas en la zona de acceso
al Santuario del Carambolo. Siglos VIII-VII a.C.
Vitrina con objetos relacionados con el dios Baal-Melkart.
Estatuilla de bronce del dios Melkart. Siglo VI a.C.
Lleva la piel de león cubriéndole la cabeza y la espalda, y se encuentra en posición de arrojar una lanza con el brazo derecho. En el izquierdo, que lo extiende hacia delante, es de suponer que portase un escudo. 
Se suma al contenido de la sala el llamado Tesoro de Ébora, descubierto en el cortijo de Ébora, en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, y fechado en los siglos VII-VI a.C. En total, 92 piezas de oro y 38 piezas de corbalina. Probablemente corresponden a distintos momentos cronológicos, según diferentes criterios tipológicos y formales. Se suelen atribuir estas piezas a un ajuar femenino.
Tesoro de Ébora.
El Tesoro de Mairena, fundido, forjado, troquelado y laminado en oro y plata es otro importante conjunto del Museo. Procede de Mairena del Alcor, Sevilla, y se ha datado como procedente del siglo III a.C.

Se trata de un conjunto compuesto por trece piezas: un torque, dos brazaletes, una diadema, una fíbula, un cinturón, una pulsera, un anillo, dos colgantes y tres vasos de plata. Se desconoce el contexto en el que se halló,  aunque probablemente fuese ocultado durante la segunda mitad del siglo III a.C., en un momento de inestabilidad, asociado bien a la conquista cartaginesa, bien a la segunda guerra entre romanos y cartagineses. Aun siendo de producción local, la técnica y la decoración combinan elementos de influencia centro-europea y mediterránea.

Tesoro de Coria. Hasta el actual cerro de San Juan, en Coria del Río (Sevilla) llegaba la costa que en aquel entonces formaba la marisma del Guadalquivir. Allí hubo un asentamiento fenicio en el siglo VIII a.C., responsable del santuario del que proceden los objetos expuestos en la siguiente vitrina:
Tesoro del Coria del Río, Sevilla. Siglo VIII a.C. También reproducción (Fernando Marmolejo) de dos de los seis candelabros encontrados en Lebrija.
La última incorporación al museo (temporal de momento) es el llamado Tesoro de Tomares, uno de los tesoros de monedas romanas más grande del mundo y, sin duda, el mayor de España. No en vano las 53.000 monedas (más de 500 kilos) que lo forman se distribuyen en 19 ánforas como las usadas para almacenar aceite. Están fechadas a finales del siglo III d.C.-principios del siglo IV. Fueron descubiertas en abril de 2016, durante el transcurso de una obra pública.
De momento se expone tan solo de forma temporal.
Parte del Tesoro de Tomares.
Ya hemos terminado la visita al interior del Museo Arqueológico de Sevilla. Tan solo nos queda contemplar algunas obras que se muestran el galería de salida hacia la puerta principal:
Mausoleo de fray Alberto Casaus. Antiguo convento de San Pablo, Sevilla. Siglo XVI.
Gárgola gótica. Antiguo convento de San Francisco, Sevilla. Siglo XV.
Gárgola gótica. Antiguo convento de San Francisco, Sevilla. Siglo XV.
Pedestal de estatua romana del siglo II d.C.
Hallado en una villa o explotación agrícola romana de cierta entidad, apareció encajado en una estructura de piedra para la obtención de aceite y cubierto por un nivel de tejas que permitieron fecharlo en época romana tardía, reaprovechando un antiguo pedestal traído desde la cercana ciudad de Naeva (Cantillana), que en este momento se encontraba en decadencia.
Mausoleo de don Nicolás Griego Ariascho. Parroquia de Omnium Sanctorum, Sevilla. Siglo XVI.
Sepulcro de fray Serafín Cavallí. Antiguo convento de San Pablo, Sevilla. Siglo XVI.
Hemos finalizado el recorrido de esta interesante museo sevillano. Según leo recientemente en prensa, está falto de fondos para realizar una importante restauración que corrija las goteras y humedades que lo aquejan. Igualmente, sería interesante una ampliación de la zona expositiva, pues según creo, los fondos de la institución que no se encuentran a la vista son más numerosos que los que sí lo están. Esperemos que "quien corresponda" tome la decisión de forma rápida y correcta.